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1 Corintio 14 – Qué sucedió realmente en la Iglesia de Corinto?

 ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. (1 Corintios 14:26).

¿Cómo interpretamos la descripción de Pablo de un culto de adoración en 1 Corintios 14:26? Este versículo y los siguientes son fundamentales para el debate sobre la adoración. ¿Debería la adoración ser reverente y ordenada, o debería estar caracterizada por informalidad, exhuberancia, espontaneidad e innovación? Este pasaje provee la respuesta. Los defensores del nuevo estilo de adoración dicen que Pablo provee aquí una imagen de adoración que es totalmente informal y desinhibida. Piensan que mucha gente contribuía y muchos dones eran ejercitados. A la luz de esto, los promotores del nuevo tipo de adoración están muy contentos de que muchas iglesias se estén apartando ahora del estilo formal, predecible, y ordenado que ha dominado el escenario de los que han amado la Biblia durante generaciones. Dicen que el sistema tradicional de adoración está encorsetado, restringiendo así al culto a un número limitado de componentes, mientras que el nuevo estilo no tiene trabas y está abierto al “flujo” del Espíritu, así como los cultos en Corinto.

Ciertamente, si uno mira superficialmente el versículo clave, parece hablar de una libertad notable y de múltiples contribuciones. “¿Qué hay, pues, hermanos?”, dice Pablo, “Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación”. Sin embargo, antes de que mostremos que esta impresión de total libertad está muy lejos de la realidad, debemos señalar que las palabras de Pablo nunca pueden justificar el fantástico énfasis musical del nuevo estilo de adoración, porque la única música mencionada es “un salmo”. Mientras que es casi seguro que esta palabra es un término general que incluye un himno, las primeras iglesias no tenían nada parecido a los conjuntos y orquestas de hoy en día. Pablo no menciona siquiera un solo instrumental. ¡Es increíble lo que algunas personas pueden ver en este versículo!

Descartado eso, hay un enorme error en la idea de que Pablo describe aquí una adoración informal y desinhibida. La cuestión clave es ¿a quién se está dirigiendo Pablo? Es necesario un examen sensato y cuidadoso del pasaje. ¿Está hablando a toda la iglesia, o solo a los líderes? Si está dirigiéndose a toda la iglesia, entonces podría estar dando una imagen de un culto libre para todos, y con un gran número elevado de gente participando. Pero si está hablando sólo a los líderes de la iglesia (aquellos que poseen dones de revelación y enseñanza), quienes tienen la responsabilidad de organizar la adoración, la situación en tal caso es bastante diferente. Entonces, ¿a quién se dirige Pablo? La respuesta radica en las palabras “cada uno de vosotros”. ¿Quiénes eran estos participantes? ¿Era toda la congregación o solo los ancianos? La primera pista es el gran tamaño de la iglesia de Corinto. No hubiera sido posible para todos o incluso para mucha gente el contribuir en un culto de adoración. Debido a esto, el “cada uno de vosotros” de Pablo, se dirige más probablemente a los líderes.

Además, Pablo restringe severamente su “cada uno de vosotros” en el versículo 34, diciendo “vuestras mujeres callen en las congregaciones”. Si “cada uno de vosotros” se refiriere a toda la iglesia, se ha convertido ahora en “la mitad de vosotros”. Esto muestra que él no quería dar a entender que: o todo el mundo o cualquiera en la congregación debería participar en dirigir el culto. De nuevo, el “cada uno de vosotros” pronto resulta ser solo unos cuantos hombres, porque Pablo pone un estrecho límite en los profetas, diciendo: “Los profetas hablen dos o tres” (versículo 29). El número máximo permitido de profetas es tres, y preferiblemente dos. ¿Cuántos profetas había en Corinto? No se nos dice, pero en Hechos 13 tenemos un retrato de la iglesia de Antioquia, posiblemente de tamaño similar, y encontramos que solo había cinco profetas y maestros en esa iglesia. Incluso este número se redujo cuando Dios habló a través del Espíritu Santo, diciéndoles que enviaran a dos en servicio misionario (Saulo y Bernabé), dejando solo tres profetas y maestros. Aprendamos de esto que no había muchos profetas y maestros, incluso en iglesias muy grandes. La imagen de una adoración libre para todos, abierta e informal, de una manera exuberante, lentamente se desmorona a la luz de estos versículos.

Después Pablo da la misma regla para los que hablan lenguas. “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete” (versículo 27). Si no había intérprete, y por tanto no había autentificación de la revelación dada, el que hablaba tenía que permanecer en silencio. El “cada uno de vosotros” de Pablo se ha modificado ahora tres veces. Pero debemos modificarlo aún más. El “cada uno de vosotros” de Pablo debe ser definido en el contexto de su insistencia en otra parte de las Escrituras en tener pastores cualificados y aprobados. Desde el principio de la iglesia, las personas a cargo eran nombradas porque poseían los dones requeridos, carácter, y preparación para el trabajo; y además tenían que ser aceptados por la gente. Había un ministerio de enseñanza establecido. No todo el mundo, ni tampoco cualquiera podía traer una palabra de instrucción en el culto solo porque quisieran.

¿Qué quiere decir entonces el apóstol cuando dice “cada uno de vosotros”? ¿Cómo puede ser todo el mundo, si lo hace imposible disminuyendo las contribuciones al mínimo? Solo hay una solución. En este punto de la carta a los Corintios, no se está dirigiendo a toda la iglesia, sino solo a los líderes. Cada uno de ellos podía tener la ocasión de participar. Estos eran hombres nombrados en obediencia a los estándares enseñados por Pablo (que en su momento serían consagrados en 1 Timoteo 3)[1].

No debería sorprendernos encontrar a Pablo dirigiéndose a los líderes, porque al final del capítulo doce habla de los apóstoles, profetas y maestros de la iglesia. Después, aborda por un momento el precioso y desafiante capítulo trece sobre el amor. Después, en el capítulo catorce, lógicamente continúa enfocándose en profetas, maestros, y los que hablan en lenguas. (Los últimos eran también profetas, que algunos han llamado “profetas júnior”, porque trajeron un mensaje inspirado). En el versículo 26, por tanto, tenemos palabras que se dirigen a los líderes. En este contexto “cada uno de vosotros” tiene perfecto sentido. En conexión con profetas, hay una instrucción interesante en el capítulo 14, versículo 30: “si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero”.

Parece que en Corinto había algún grado de desorden con los líderes. Maestros con dones estaban demasiado ansiosos por abrirse camino a toda costa con tal de contribuir. Para corregir esto, los líderes son guiados por muchas reglas definidas. Es así que la imagen del culto de la iglesia en 1 Corintios 14 apoya la adoración tradicional de los que creen en la Biblia, la cual es reverente, ordenada, estructurada y guiada adecuadamente por pastores responsables o ancianos. No apoya el nuevo estilo de adoración súper informal e innovador.

¿Cómo debería ser un culto?

No siempre es apreciado todo lo que Pablo tiene que decir acerca del estilo correcto de adoración en 1 Corintios 14. En este capítulo aparecen cuatro palabras muy poderosas que establecen el deseo del Señor de una adoración armoniosa, y cómo los líderes del culto deberían organizar el culto. Estas palabras presentan tanto un reto como una reprensión a la situación de adoración presente.

No de confusión

La primera palabra está en 1 Corintios 14:33  “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos”. Puede parecer que Pablo simplemente está corrigiendo el clamor y la conmoción, pero eso no es enteramente lo que tiene en mente. La palabra griega traducida por “confusión” describe inestabilidad y desorden, gente que actúa por su cuenta y no de acuerdo con las reglas o el orden esperado. Denota un individualismo descoordinado (incluso anarquía). El sustantivo griego es la forma negativa del verbo “colocar o asentar” o designar. Pablo dice que Dios no es el autor de expresión libre y desinhibida. No es el autor de aquello que no está puesto en su lugar u organizado o establecido. Él desea un enfoque ordenado, reflexivo y guiado.

Entre otras cosas, este versículo desaprueba que los que guían el culto lo hagan de una manera improvisada. También desaprueba un culto formado a base de  contribuciones impremeditadas (tales como las profecías espontáneas de hoy en día, lenguas y palabras de sabiduría). Hay desde luego, una excepción notable a esto. La reunión “doméstica” de oración de una iglesia requiere de muchas contribu­ciones de oración que no han sido previamente organizadas, excepto por el anuncio de los temas de oración. Se esperaría que los himnos, la lectura de la Palabra y la exhortación hubieran sido previamente organizados por la persona que preside la reunión; pero en cualquier caso, la reunión de oración de la iglesia local tiene una garantía especial por sí misma en el Nuevo Testamento.[2]

Sino de paz

La segunda palabra clave de adoración en 1 Corintios 14 es “paz”. Pablo dice: “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz”. La palabra griega no se refiere a la paz del campo,  o al silencio, sino a una paz que es opuesta a la guerra o separación. Es la palabra para reconciliación y armonía, y deriva del verbo “unir”. Las partes que componen el culto no deben ser discordantes, sino que deben “acoplarse” unas con otras para que sea un cultoarmonioso, no una colección de fragmentos desconectados. Esto no necesariamente significa que organicemos lo que a menudo se llama un culto temático de adoración, en el que cada himno, lectura y oración contienen el tema que va a ser presentado a continuación en el sermón. Significa que todos los componentes bíblicos de adoración contribuyen a un todo comprensible. ¿El culto combina por ejemplo, alabanza objetiva, confesión, acción de gracias subjetiva y afirmación de grandes doctrinas? ¿Hay instrucción y enseñanza? Y ¿existe una aplicación pastoral con devoción, donde se examinen y reten corazones? ¿Hay lugar para la intercesión? ¿Están todos estos elementos representados en un culto que está unido en cada una de sus partes? ¿Hay una entidad armoniosa? Esto, dice Pablo, es lo que el Señor requiere, y no ocurre cuando un culto está compuesto principalmente por música. Descubrimos que, invariablemente, tales cultos se han saltado la lectura de la Biblia, y no tienen más que una oración breve y superficial. Los líderes de la adoración han intentado crear cierta forma de armonía musical, pero todo a expensas de que exista una armonía con todos los temas necesarios para la adoración.

Hágase todo decentemente

La tercera palabra significativa de adoración en 1 Corintios 14 aparece en el versículo 40: “pero hágase todo decentemente”. La palabra griega significa literalmente “bien formado”. La NVI lo traduce como “de una manera apropiada”. En otras palabras, un culto debe estar bien conformado y debe ser apropiado para su propósito. Esto confirma y consolida el punto anterior. Un culto debe estar bien formado, en el sentido de estar equilibrado y bien proporcionado. Imaginemos a un alfarero trabajando con un pedazo de barro, moldeándolo con sus manos mientras la mesa gira. Tiene una idea clara de cómo conseguir un producto bien formado de alfarería. No hace la parte de arriba ni la base demasiado grande. Todo está adecuadamente equilibrado. Todo es hecho “decentemente” o bien formado. Un culto de adoración no solo debería contener todos los componentes correctos, sino que también estos deben estar unidos en la proporción adecuada. El culto no es un entretenimiento, sino un balance de temas espirituales inteligentes. Esta tercera palabra de Pablo también significa que el culto debe ser apropiado para cosas sagradas, y no más adaptado a cosas del mundo y profanas; el culto debe ser de carácter reverente. Tampoco es apropiado utilizar los ritmos de una discoteca o de un salón de baile en la adoración a Dios. No es apropiado para el que dirige la adoración comportarse como un maestro de ceremonias. Todas estas cosas no son adecuadas.

Con orden

La cuarta palabra importante de adoración está también en el versículo 40. Pablo dice: “pero hágase todo decentemente y con orden”. Este es un término de suma importancia, confirmando todo lo que Pablo ha dicho, y hablando de nuevo de la necesidad de un arreglo metódico u orden en un culto. Cuando el término griego es aplicado al ejército, se refiere a los arreglos fijos de hombres en rangos, formaciones y configuraciones de batalla, de acuerdo con los planes de los generales. En Lucas 1:8 la palabra se usa para describir cómo Zacarías llevaba a cabo diligentemente sus obligaciones en el Templo de acuerdo con la secuencia prescrita.

Orden en la adoración significa que los cultos son organizados de acuerdo con las reglas y patrón de la Biblia. Obviamente la palabra no debe ser forzada hasta el punto de lo absurdo, pues los apóstoles no leían sermones manuscritos, o escribían liturgias. Sin embargo la palabra orden nos dice que una congregación acepta y se somete gozosamente a un estilo de adoración dado por Dios, donde la innovación, los artificios, la exaltación del ser humano, y el entretenimiento se dejan fuera. La reverencia existe junto con todos los componentes de adoración que nuestro General celestial requiere. “Orden” supone obediencia a Dios. También supone previsibilidad, un componente esencial del orden.

Estos cuatro términos prueban que un culto de adoración debe ser bien planeado; debe contener todos los elementos vitales de la adoración; debe estar bien proporcionado; y en conformidad con los estándares de Dios. La informalidad, espontaneidad y exuberancia alegada  por los defensores de la nueva adoración no se encuentran en absoluto en 1 Corintios 14,  pues todo es reverencia, seriedad y obediencia a Dios. El verdadero poder y la gloria se encuentran en la gozosa alabanza de creyentes que adoran al Señor de la manera que Él ha elegido.

  


[1] Junto con muchos pasajes de las Escrituras que establecen los requisitos de los predicadores, hay una exhortación bien conocida a Timoteo: “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4.13). La palabra “lectura” (en griego) se refiere a la lectura pública. Esto muestra que los predicadores eran los que leían la Biblia en el curso de un culto. Este deber es puesto junto con la exhortación y la enseñanza de doctrina como parte del trabajo de predicación de un anciano de la iglesia. Leer la Biblia en el culto era definitivamente el papel de Timoteo.

[2] Véase The Power of Prayer Meetings (El Poder de la Reunión de Oración), Peter Masters, un folleto de la revista en inglés Sword and Trowel.

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