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Amando a Dios según las Escrituras

Si me amáis, guardad mis mandamientos. Juan 14:15

Las personas incrédulas que tienen su mente moldeada por el mundo, tienen sus propias maneras de hacer las cosas. Comúnmente se oye tanto a creyentes genuinos como a incrédulos decir que aman a Dios, pero esto, la mayoría de veces, a su propia manera. Pero en el cristianismo no hay espacio para nuevas maneras, ni lugar para formas distintas a las estipuladas en las Escrituras. En éste, el fin no justifica los medios. Sólo hay maneras bíblicas y no bíblicas, obediencia o desobediencia, formas verdaderas o formas falsas. ¡No hay otra manera de proceder!

Ahora debemos preguntarnos: ¿Nuestra manera de amar a Dios se somete a la directriz que nos es dada en el versículo 15 del capítulo 14 de Juan?

Si me amáis, guardad mis mandamientos

Al leer esto, muchas personas toman como excusa el hecho de que hay una gran cantidad de mandamientos en la Biblia, pero el verdadero creyente demuestra que ama a Su Señor cumpliendo con aquellos preceptos que por la gracia de Dios conoce. No sobra decir en lo absoluto, que el creyente los conoce porque Cristo en Su Palabra se los ha enseñado. Puesto de  otra manera, si el creyente hipotéticamente solo conociese un precepto, cumpliéndolo demuestra que ama a Dios, como por ejemplo:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”Juan 15:14
Vale la pena hacer hincapié en las Palabras del Maestro: “Como yo os he amado”, pues, habiendo afirmado esto, el Maestro aclara que alguien que no haya sido amado por Dios no tiene ni el deseo ni la gracia para obedecerle, ni mucho menos la dicha de amarle.

1. La obediencia a Dios es producto de un corazón regenerado.

Lo primero, pues, en lo que debemos fijarnos si queremos obedecer a Dios es en el hecho de que no podemos obedecerlo, a menos que hayamos nacido de  nuevo. Es una verdad esencial. El nuevo nacimiento es el acto de la gracia de Dios por medio del cual cambia los afectos, los hábitos, los pensamientos y la voluntad del hombre, pues estos desde su nacimiento están llenos de pecado. Por esto, la obediencia a Dios es producto de ese corazón nuevo al cual Dios le ha inyectado Su Gracia Redentora, tal como dice la Palabra:

Os daré un corazón nuevo y pondré un Espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obraEzequiel 36:26, 27
Entonces, demostramos nuestro amor por Dios a través de la obediencia, y a su vez, el deseo de obedecer Su Palabra es producto de un nuevo nacimiento. Por esto, en primera medida, es necesario nacer de nuevo.

2. El llamado a vivir.

En segundo lugar, debemos saber que no hay mandamientos más grandes que: arrepentirse (Hechos 17:30) y creer en Jesucristo (1 Juan 3:23). Estas dos “gracias gemelas” son el regalo más grande que jamás el hombre pueda recibir. Ningún mandato y ningún otro deber tiene verdadera importancia hasta haber, por la gracia Divina, cumplido con estos dos mandatos conforme al llamado del Señor Jesucristo.

El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelioMarcos 1:15
Pero he aquí una solemne advertencia, cuídese de creer que la salvación para con Dios se basa en sus obras y méritos y en su cumplimiento de los mandatos divinos. Traiga a memoria el primer punto, mientras tiene presente la Palabra de Dios que le recuerda que la salvación es por gracia
por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríeEfesios 2:8-9

3. La obediencia a Dios no es una carga.

En tercer lugar, la obediencia no es una carga, es un deleite de un corazón que alguna vez estuvo muerto en pecado, y que ahora vive para Cristo. Y, al no ser una carga, la obediencia ha de ser pronta, completa, voluntaria, sometida y completamente alegre, en agradecimiento al favor inmerecido que nos dio nuestro Señor. Tal como expresó Philip Lancaster:

La obediencia no es hacer lo que se me dice cuando siento que ya no puedo seguirla evadiendo. No es hacer la mayor parte de lo que se me dice. No es hacer lo que se me ha dicho con un espíritu quejumbroso y abatido. La obediencia es hacer lo que mi autoridad me dice que haga, y hacerlo prontamente, completamente y alegremente. Cualquier otra cosa es rebelión

4. Los mandamientos de Dios son para nuestro bien.

En cuarto lugar podemos ver que lo que nos dice:

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…Romanos 8:29
 Y, entonces, ¿para qué cree usted que es esa lluvia de preceptos y mandatos, sino para conformar más a los creyentes a la imagen de Jesús? ¿Para qué cree usted que Dios ha dado libre acceso a través de Cristo a Su Trono de Gracia, sino es para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro? ¿Para qué cree usted que Dios ha dejado Su Espíritu Santo sino es para que tengamos la fuerza de obedecerlo y así crezcamos más en santidad? ¿Para qué cree usted que Jesús es nuestro intercesor, sino para que Su Iglesia sea hecha gloriosa sin arruga y sin cosa semejante, sino que sea santa y sin mancha?

Por eso cada ley, cada mandato, cada precepto, cada ordenanza y cualquier otra cosa que en Su bendita Providencia el Señor tenga para nosotros, es ultimadamente para Su gloria y también (aunque en menor grado) para el beneficio espiritual de los suyos, esto es, para asemejarnos más a Cristo, en quien Dios tiene total agrado y complacencia.

Aplicaciones prácticas:

1) Ante todo, pregúntese si en verdad usted ha recibido de Dios el poder para obedecerle. ¿Cae continuamente en pecado? ¿No ora? ¿No tiene deseo alguno por las leer y meditar en las Escrituras? ¿No se congrega? ¿No sirve al Señor? ¿No ama Su iglesia? y ultimadamente, ¿no obedece nada de lo que sabe que debe hacer? Sino es así clame con todo su corazón por esa obra regeneradora del Espíritu de Dios en usted, y cobre aliento porque: 

…Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.Salmo 51:17

2) Si después de haberse sincerado con usted mismo y sobre todo, después de haber confrontado su testimonio con la Verdad de la Palabra de Dios, usted tiene la gracia de la certeza de su salvación, concéntrese en aquellos mandamientos que conoce como “Amar a los hermanos” y “Servir a los de la familia de la fe”, y esfuércese en la gracia de Dios por cumplirlos. Dependa de Dios en oración. Recuerde su debilidad y bástese de la gracia de Dios para andar en el Camino estrecho hacía el Cielo guardando Sus preceptos divinos.

3) Meditemos en que la presencia del Espíritu Santo ahora mora en nosotros, y nos fortalece y alienta para hacer conforme Él inspiró en Su Palabra. Recuerde que si ha nacido de nuevo usted no está solo, el Espíritu Santo mora ahora en usted. Y, aunque es su deber cumplir los mandamientos divinos, esto se constituye en la obra de Dios en usted. No olvide su deber, pero tampoco olvide el poder del Espíritu Santo en usted.

4) Tanto como usted conoce lo que Dios ha mandado, eso enseñe a los hombres siendo usted ejemplo primeramente. Que su testimonio ‘hable’ junto con sus palabras y refuerce las mismas. La gran comisión dice:

enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado
Predique el Evangelio, enseñe lo que Dios ha mandado, pero adorne sus creencias y su fe con un testimonio piadoso.

5) Si tenemos a Cristo como intercesor delante de Dios Padre y al Espíritu Santo como nuestro Consolador en medio de nuestra debilidad, para recibir gracia y ser fortalecidos para cumplir sus mandamientos, tal como dice el verso 16:

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre
, ¿qué nos abstiene de obedecerlo? ¿De qué más precisamos para cumplir con Sus preceptos? ¿Qué se interpone si tenemos al Dios Todopoderoso como nuestro ayudador? Tome aliento nuestro corazón en estas palabras y que nos esforcemos en Su gracia para amarlo conforme a Su Palabra: cumpliendo sus mandamientos.

Oh, mis hermanos, que podamos meditar en esto y agradecer a Dios en el Nombre de Jesucristo por lo aprendido, y poder cantar juntos con la gran nube de testigos que hay detrás de nosotros este hermoso himno:

“Como el sol irradia,
Sobre el tierno lirio
Que contento se doblega,
Dios omnipresente,
Ilumina mi alma,
Y feliz yo te obedezca:
Haz que así Tú en mi
Seas reflejado
Y tu amor probado”.

►Puede ver un sermón sobre el tema dando clic en el siguiente link: Obediencia a Dios: la única manera de demostrarle nuestro amor.

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