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¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?

¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?Amós 3:3

Piensen en la iglesia local como un grupo de agricultores y labradores a quienes les es dada una porción del inmenso terreno que pertenece al Señor del mismo para que lo administren, lo aren, lo cultiven y extraigan de él frutos para su Señor. Él es quien los ha contratado, les ha dado las órdenes a seguir (pues es Su campo el que van a arar y deberán hacerlo bajo los reglamentos del Dueño del mismo) y los ha puesto en equipo, ya que tiene como lema que “mejores son dos que uno”.

El interés y motivación que infunde en ellos es que trabajen duro para producir frutos. Ese es el propósito que los une y los hace esforzarse bajo un mismo ánimo, ¿o acaso trabajaran dos juntos, en una misma empresa como socios, si no estuvieren de acuerdo? De ahí que tengan un mismo propósito y un mismo fin: a través del cumplimiento de las reglas del Señor, transformar el aún árido campo en un hermoso cultivo que exalte el Reino para el cual ahora trabajan. ¡Ah!, véanlos cómo trabajan todos juntos, uniendo fuerzas, animándose, corrigiéndose y poniendo sus diferentes dones al servicio del otro y del Reino. ¡Ah!, miren cuán bueno y cuán delicioso es que trabajen los hermanos juntos en armonía de propósito.

Pero imaginen que de en medio de los contratados para trabajar en aquella porción de tierra, se levante uno entre ellos y comience a cuestionar la manera como aramos y siempre hemos arado, pero no lo hace objetivamente yendo a los reglamentos del Señor, pues en ellos no halla base para su discordia, sino que lo hace subjetivamente a través de sus propias percepciones, donde se fundamenta todo su alboroto. Tal es la molestia de este hombre que después de varias murmuraciones contra los trabajadores del Reino, contra el Reino y contra el Señor del mismo; después de varios insultos; después de tergiversar varias de las reglas; después de varios intentos hipócritas fallidos de unión para intentar que sus convicciones personales fueran aplicadas; después de tomar, quizás, a dos o tres consigo, se va de aquella parcela lanzando semillas de odio y destrucción, las cuales rápidamente son quitadas del terreno por los agricultores obedientes.

Amigos, sin embargo, esta parcela tiene que ararse con o sin aquel hombre. Claro que lo veremos partir con cierto grado de tristeza porque toma un camino errado y dedicará sus fuerzas en trabajar en lo que no lo saciará. No obstante, por otro lado, no alegramos también: alguien que no ayudará a la tarea que se nos ha dado, no sirve para esta labor y podría ser más un estorbo que una ayuda su rebelde presencia entre nosotros. Así que seguimos, ahora sin él. Damos el aviso de su partida al Señor de la tierra, no porque él no lo supiera ya, pues su mensaje al darle aquella nueva es: “Trabajó con nosotros, pero no era de nosotros; porque si hubiese sido de nosotros, habría permanecido con nosotros; pero salió para que se manifestase que no todos son de nosotros”.

Así, entonces, después de ese incómodo suceso que les recuerda que su deber es también el cuidado del campo el cual estaba siendo atacado desde adentro por un supuesto trabajador, se gozan en lo sucedido, exaltan la sabiduría de su Señor y, como es digno de Él, siguen trabajando de buena gana. Sí, con un trabajador menos, pero, además, con un obstáculo menos para el avance del Reino, la armonía y la obediencia. En verdad “es preciso que entre [nosotros] haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre [nosotros] los que son aprobados”.

Sea Dios honrado por la protección que da a Su Iglesia.

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