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¿Cómo es su amor por Dios ?

El hombre tiene diferentes maneras de dar respuesta a esta sublime pregunta. Unas personas responderán en función de sus emociones (ej.: ¡Oh, yo amo a mi Dios muchísimo!) y quizás otros lo harán sin haber entendido el carácter y la envergadura de la pregunta en cuestión (ej.: ¡Oh, yo amo a mi Dios porque él me da todo lo que yo le pida!). Sin embargo, para contestar apropiadamente a esta pregunta es necesario apelar a la Escritura. Si entendemos qué es lo que ella nos dice al respecto del amor que Dios demanda de sus criaturas, ciertamente no seremos engañados fácilmente por el subjetivismo o el emocionalismo que suelen rodear frecuentemente las respuestas que se suelen escuchar con frecuencia.

En la Escritura, el Espíritu de Dios, de manera clara e infalible, inspira a Moisés para que escriba una de las órdenes más elevadas que el hombre pueda recibir de su Hacedor.

Deut 6:5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

En este versículo, encontramos el estándar perfecto de Dios, que por cierto contrasta notablemente con nuestro carácter mediocre y muchas veces tibio.

El texto dice “amarás a Jehová tu Dios”. Esta es una orden de carácter universal sin lugar a dudas. El Señor es el creador de toda la raza humana; su sustentador, su cuidador y por supuesto, su Dios. Por tanto, toda la raza humana está en la obligación de amar a Dios. (Aunque las razones no las daremos en este artículo, sobra decir que la razón principal del porqué una persona debe amar a Dios es esta: Dios ha ordenado que lo amemos. ¡Dios es Dios[1]! y debemos amarlo por quien es Él.

Pero el texto va más allá de la orden de amar a Dios porque Él así lo demanda. Ahora el texto nos muestra el grado de amor con el que debemos amar a Dios: “de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.”

La idea en el versículo es esta: el Señor demanda que todas las facultades corporales y espirituales del individuo manifiesten su amor por Dios en unidad. En términos prácticos, amar a Dios como Él ordena en su Palabra implicaría que todos nuestros afectos, que nuestra adoración, nuestra gratitud y nuestra entrega sean para Él y para Él solo. Amar a Dios con todo nuestro ser, implicaría también que cada vez que escuchemos la voz “del magistrado” en nuestras consciencias, respondamos sin vacilar buscando siempre estar en paz con Dios. Amar a Dios también requiere que sometamos nuestras voluntades a la voluntad revelada por Él en su Palabra; en otras palabras, amar a Dios implica que nuestra voluntad, se sujete a Dios y a su Palabra, y siempre haga lo que Dios ordena y jamás, lo que Dios aborrece. Amar a Dios, también implica que nuestro espíritu, siempre esté en comunicación con Él (por medio de la oración) y que siempre sea alimentado por medio de la Palabra y los medios de gracia. Por otro lado “amar a Dios con todas nuestras fuerzas” requiere que todo el cuerpo del que él nos ha dotado, todas las facultades con las que Él nos ha bendecido, todo el aliento de vida con el que Él nos ha sostenido y todas las fuerzas que de Él provienen, se emplearían principal y preferencialmente a amarlo, a servirle y a obedecerle; pero también, a buscar el bienestar del prójimo.

Quiero preguntarte, querido hermano ¿Amas a Dios “de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”?

A pesar de nuestra incapacidad de amar a nuestro Buen y Soberano Rey de la manera perfecta que Él merece y que Él mismo ordena, la orden de Deuteronomio 6:5 es inmutable.

A eso sin embargo hay que agregar -y jamás a manera de justificación- que mientras estemos en este cuerpo de muerte, y mientras nuestra batalla en contra del remanente de pecado que permanece en nuestros corazones continúe, la realidad es que no podemos amar al Señor de la manera perfecta como Él ordena, ni en el grado sumo del cual Él es digno merecedor. Bien dijo un pastor en cierta ocasión “Señor, perdóname por no amarte como debo. Señor, gracias por no castigarme como merezco”.

Surge una pregunta de inmediato ¿Están los creyentes en continuo pecado por no amar a Dios como Él mismo ordena? La respuesta es No, y la base de esa respuesta es Cristo.

Los creyentes no están en pecado por no amar al Señor Jehová nuestro Dios con “todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” sencillamente porque esa orden es el resumen de la primera tabla de la Ley de Dios (los primeros 4 mandamientos) y la ley de Dios no justifica ni tampoco condena al verdadero creyente, sino que se constituye como el estándar y canon de su vida.

Mar 12:30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.[2] v31 Y el segundo[3] es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

De esta manera, la Ley Moral de Dios (los 10 mandamientos) es el estándar perfecto y santo de un Dios que demanda perfección y santidad en el amor que el ser humano le debe a Él, y en el que también le debe a su prójimo. ¡Qué grande es el amor de Dios para con sus hijos que no nos cuenta nuestras falencias al amarlo como pecado para condenarnos! La segunda ¡Cuánto más me debo esforzar para amar a Dios y para amar a mi hermano!

Si bien nosotros no podemos, repito, mientras estemos en este cuerpo de muerte que es distraído y asediado por el pecado, amar a Dios de una manera perfecta, ¡damos gracias a Cristo quien como nuestro representante ama al Padre de la manera perfecta en la que sólo Él lo puede hacer! Así pues, el amor perfecto de Dios Hijo a Dios Padre hace posible que, en nuestra justificación, la falencia inherente a nuestra naturaleza humana al no poder amar a Dios de manera perfecta no nos hubiese sido contada como pecado.

Ahora que hemos sido justificados, no somos condenados por no amar a Dios Padre de la manera perfecta y con el estándar elevado que Él ordena. Ahora que hemos sido declarados “justos” delante de Él, podemos decir “Señor, aunque no puedo amarte como lo ordenas, sí anhelo hacerlo: te pido me concedas la gracia para hacerlo tanto como me des fuerzas para hacerlo.” También el hijo de Dios puede decir “Anhelo el día en el que con un cuerpo glorificado te pueda amar con todas mis fuerzas, y en el que con un alma perfeccionadas pueda amarte con todo mi corazón”.

Hermanos, si bien Cristo es la razón por la que no somos castigados por no amar a Dios como debemos, es apropiado traer una palabra de advertencia antes de dar fin a esta breve meditación. Ninguno de los hijos de Dios se goza de no poder obedecer ese primer y ese segundo gran mandamiento como Dios ordena.[4] Por el contrario, la Escritura evidencia tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que el amor del hombre para con Dios va íntimamente ligado a la obediencia de sus ordenanzas y mandamientos.

El A.T. es claro en esta relación:

Deu 11:1 Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días;

y el N.T. lo es aún más

Juan 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama.

¿Cuánto amas a Dios? Bueno… la medida perfecta de tu amor por Dios, sólo la sabe Dios mismo. Nuestros corazones son “engañosos y perversos, más que todas las cosas” Jeremías 17:9, y una de las cosas en la que somos engañados muy a menudo es en creer que nuestros corazones están llenos de amor por Dios mientras desobedecemos la Ley Moral de Dios, perfectamente resumida por el Señor mismo en Marcos 12:30-31. Es nuestra obediencia a la Ley Moral de Dios (no de carácter justificante, ni tampoco condenatorio), el termómetro que indica cuánto amamos a Dios.

Así que si alguien te formula la pregunta ¿Cuánto amas a Dios? Quiera el Señor darte la consciencia para responder “le amo, pero no lo suficiente” … “le amo, pero no de manera perfecta” … “le amo, no por nada que esté en mí, sino porque Él me amó a mí primero” … “le amo, en medio de mi imperfección”.

Quiera Dios recordarte que el amor a Dios y la obediencia a sus mandamientos es un notorio hilo doctrinal que va desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, y que por lo tanto no es posible desligar el amor por Dios de la obediencia a su bendita Ley.

Si queremos amar a Dios antes de finalizar el día, más de lo que le amábamos al comenzarlo, debemos empezar por pensar en su amor para con nosotros. Su amor para con nosotros es un amor perfecto (no está manchado por el pecado), invariable (no depende de estados de ánimo ni de circunstancias algunas), infinito (porque todos los atributos de Dios, incluso el amor, es infinito), eterno (porque nos amó desde antes de la fundación del universo) y desinteresado (porque Dios no necesita nada de nosotros).

Hermano, que la pregunta ¿Cuánto amas a Dios?, te lleve a orar en acción de gracias por el amor de Dios para contigo. Que esa pregunte te lleve a meditar en tu santificación personal. Que esa pregunta, por la gracia de Dios, te lleve a pensar más y más en el amor de Cristo desde dos puntos de vista:

1) Hacia arriba. Es el amor perfecto de Cristo para con Dios Padre (manifestado en la obediencia perfecta a la Ley) lo que hace que no seas condenado por no amarle como Él lo ordena en su Ley.

2) Hacia abajo. Es el amor perfecto de Cristo para contigo la causa por la que, sufriendo y en agónico dolor, subió a la Cruz del Calvario para morir en tu lugar y así, un día en el cielo, tu le puedas adorar de manera perfecta conforme a su excelso estándar Divino e infinito.

Pero hasta que eso suceda, la pregunta que debemos hacernos a diario es ¿Cuánto amas a Dios? Y la respuesta, Él nos la da en su Palabra. Si bien los hijos de Dios son justificados de no amarle de manera perfecta y absoluta, sí somos quienes por la gracia de Dios entendemos que somos responsables de obedecer sus mandamientos, porque no hay amor a Dios sin obediencia a su bendita Ley.

 Juan 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama.

1 Juan 2:4  El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;


[1]Deu 7:9 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;

Jos 2:11b …porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

Sal 48:14 Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; El nos guiará aun más allá de la muerte.

[2] Es principal en el sentido de que este deber de amar a Dios de manera perfecta (por medio del cumplimiento de los primeros 4 mandamientos) precede al de amar al prójimo de manera perfecta (por medio del cumplimiento de los siguientes 6 mandamientos). Es principal, también, en el sentido de que no hay deber más grande que el que tiene una criatura de amar, servir y adorar a su Dios (a Dios se le adora, al prójimo, no).

[3] No es que haya solo dos mandamientos. Los mandamientos son muchos, pero los únicos vinculantes para el creyente, son aquellos 10 que comúnmente se les conoce como La Ley Moral. Aquí el punto es notar que el segundo mandamiento al que nuestro Señor se refiere es simplemente el sumario perfecto de los mandamientos 5 al 10.

[4] El primer y gran mandamiento es amar a Dios de manera perfecta. El segundo y gran mandamiento es amar al prójimo de manera perfecta.

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