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¿El conocimiento Bíblico produce orgullo?

 

No hay fundamento alguno en la Escritura que haga pensar que la abundancia de conocimiento bíblico conduzca al orgullo. Por el contrario, la correcta enseñanza de las Escrituras aboga que es la falta del conocimiento escritural lo que lleva a la soberbia. Quizás esto sea diferente a lo que usted alguna vez ha escuchado.

1) En primer lugar, es muy común escuchar en círculos carismáticos y pentecostales “que la letra mata“, en respuesta al interés que alguien demuestra por conocer alguna doctrina, o al refutar a su “pastor o apóstol” por medio de la Palabra, probando que las prácticas de la iglesia o su predicación contradicen la Escritura. “La letra mata” es parte de un versículo en 2 de Corintios
el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica 2 de Corintios 3:6
Y por cierto, si a usted lo han advertido con las palabras “la letra mata“, ¡lo más seguro es que le citaron este texto muy, pero muy fuera de contexto!

La relación de este versículo con un abundante conocimiento de la Escritura es un típico ejemplo incorrecto en círculos pentecostales y carismáticos.

Quienes afirman que no es muy bueno conocer mucho, ignoran el contexto de este pasaje, justificando así su pereza para estudiar la Biblia y lo más grave de todo es que usan la Biblia misma para sustentar su ignorancia al respecto. ¡Como diciendo que es necesario estudiar la Biblia para que la Biblia nos diga que no la debemos estudiar mucho!

Otro aspecto a considerar es el de los pastores perezosos y falsos maestros que no conocen la Escritura pero que tampoco quieren que otros la conozcan. Ahora, para defender su posición y para cerciorarse que nadie conozca la verdad o descubra su ignorancia, sacan su “As bajo la manga” a través de la seria advertencia: “La letra mata“.

Me pregunto… A cuyos corazones el Señor, por medio de su Santo Espíritu, despierta para escudriñar Su Palabra, ¿la propia Palabra podría matarlos? ¡Jamás! Procedamos entonces a examinar este versículo:

La palabra “letra” en este versículo hace referencia, usando la figura conocida por el nombre de antonomasia1, a la Ley. La Ley es santa, justa, buena, perfecta y espiritual, pero al ser nosotros una raza caída, por naturaleza vendida al pecado, somos todo lo contrario a lo que la Ley Divina es: impíos, injustos, malos, imperfectos y carnales. Y puesto que la Ley Divina es el estándar máximo de la santidad de Dios por medio de la cual Él demanda absoluta perfección de Su creación, somos hallados pecadores (transgresores de ella), estando de esta forma bajo su maldición y, por consiguiente, bajo la ira del Santo Dios de la Ley, amenazados con ser aplastados justamente con todo su peso, sin compasión alguna, a causa de nuestra violación e incumplimiento a la misma.

En ese sentido la letra, es decir, la Ley, mata y no da vida; nos condena y no nos salva. En cambio en el Nuevo Pacto, vemos que la única forma de salvación es a través de la fe en nuestro Señor Jesucristo, quien cumplió toda la Ley del Señor que estaba en nuestra contra, recibiendo la maldición de ella y la ira de Dios, para salvarnos del pecado y sus consecuencias y darnos, por gracia a través de la fe en Él, paz con Dios.

2) En segundo lugar, quizás, también a usted le han enseñado que “el mucho conocimiento envanece” y que debemos permitir que el Espíritu (quién sabe por qué acto misterioso y místico) nos lleve al conocimiento de la verdad fuera del estudio de la Palabra que Él inspiró para que fuese
la palabra profética más segura1 Pedro 1:19
. Pero Cristo dijo:
el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi Nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dichoJuan 14:26
 ¿Cómo podría el Espíritu Santo enseñarnos y recordarnos todas las cosas que Cristo dijo, sino por medio de la revelación que Él mismo inspiró para tal propósito, es decir, por medio de la Escritura? Pues
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el HijoHebreos 1:1-2
 Deseo enfatizar que no puede haber conocimiento alguno de la verdad salvífica, ni de cualquier otra doctrina, sino únicamente por Su Palabra, que es indiscutiblemente fuente infalible del conocimiento de Dios.

3)Otros han experimentado la actitud de algunas personas a las cuales se ha visto estudiando mucho y quienes se han convertido en gente fría y arrogante, y de ahí derivan su repulsión por el estudio escritural, concluyendo de forma errónea que el abundar en conocimiento bíblico inevitablemente lleva al orgullo, convirtiendo de esta manera el pecado de la ignorancia bíblica en una virtud. Recordemos que el mismo Señor condenó la ignorancia de Su Palabra al decir:
Escudriñad las EscriturasJuan 5:39
De este tercer tipo de personas hablaré en otro artículo, pronto a ser publicado.

Definiendo el conocimiento Bíblico, conforme a la Biblia

Definamos, en primer lugar, el conocimiento bíblico como el entendimiento racional y correcto de las enseñanzas de las Escrituras por medio de la operación del Espíritu Santo en el intelecto de la persona (el cual, como parte del ser, fue afectado por la Caída).

“Si eso es así, ¿entonces dónde queda la fe?”, preguntará quizás alguien. ¿Qué consideras por fe?, sería mi réplica. Porque si crees que la fe es un salto al vacío o una confianza ciega, estás errado, muy errado. La fe que predica la Escritura es un conocimiento seguro de las enseñanzas bíblicas, por el cual se afirma y se tiene por cierto todo lo que esta enseña. Esta fe es don de Dios.

Cuando usted es llamado a tener fe a través de la obediencia a su pastor o a su “apóstol”, o quizás cuando él o ella lo advierte de que no estudie tanto porque “la letra mata” y “el conocimiento envanece“, ¿podrá usted decir que su obediencia a quien le ordena que no conozca tanto de la Biblia, es fe o producto de la verdadera fe? ¿Es su obediencia a la orden del “ungido” o del “apóstol” una fe escritural? ¡La respuesta es no! Fe, como lo mencionamos antes, no es un salto al vacio ni tampoco una auto-sugestión de que lo que le dice el pastor de su iglesia es cierto.

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17
La fe es un don de Dios que “viene por el oír (o el leer), y el oír (o el leer), la Palabra de Dios”. ¿Se fijan, pues, en que la fe y el conocimiento Escritural están íntima e indiscutiblemente ligados entre sí? Sin conocimiento de las Escrituras, no puede haber fe, ya que este es uno de los componentes de este don de Dios.

El orden correcto.

Así, entonces, habiendo el Espíritu Santo regenerado el corazón del hombre (preparándolo para recibir la verdad de Su Palabra que Él mismo ha inspirado), viene el mensaje del Evangelio que entra por los oídos o por los ojos (a través de la lectura del Evangelio); y de nuevo el Señor, por medio de este mensaje, obra en el corazón para que esa información oída o leída sea tenida por cierta por la persona que escucha o lee la Palabra. Y esta fórmula, aunque es la de la conversión, también aplica para el resto de la vida del creyente: quien lee o escucha otra parte del Consejo de Dios, tras la operación de convencimiento del Espíritu en su corazón, cree esa parte del Consejo de Dios, conforme el sabio tiempo del Señor.

Teniendo esto claro, entonces, debemos comprender que como cristianos tenemos el deber de escudriñar las Escrituras, tal como Esdras quien

había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretosEsdras 7:10
 Escudriñar es inquirir y examinar con atención y mucho cuidado alguna cosa, e inquirir es investigar cuidadosamente algo. Ese es nuestro deber tocante a la revelación que el Señor nos ha dado. Dios nos ha dado una revelación especial, la cual somos capaces de recibir, comprender y utilizar, y nuestro deber ante ella es estudiarla diligentemente. Esa es toda nuestra teología:
el estudio de la Biblia como registro infalible de la revelación de Dios.Robert J. Sheehan

Aclarando esto, vuelvo a lo que decía al principio: es la falta de conocimiento de las Escrituras la que produce orgullo y altivez, no la abundancia de este. El verdadero conocimiento que penetra el alma y el corazón, santifica; pero la sola información recibida, y no entendida, produce orgullo, al igual que el ‘conocimiento parcial o superficial’. Solo Dios, a través de Su gracia al concedernos que entendamos el significado profundo y real de la enseñanza bíblica, puede bendecirnos y santificarnos intelectualmente y en práctica, y ultimadamente, es la gracia de Dios a través de esa comprensión de las verdades bíblicas la que produce en nosotros humildad. Esa humildad es inevitable cuando Dios concede la gracia de la comprensión de Su verdad.

A lo que quiero ir es a que el verdadero conocimiento de las Escrituras es consistente con los frutos que produce. La impresión de la doctrina santa del Espíritu en el corazón de Sus hijos a través del estudio bíblico, concede gracia al corazón para caminar en piedad y santificación. Por eso el apóstol Pedro escribió que

todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia2 Pedro 1:3

Note las partes resaltadas. En primer lugar: “Nos han sido dadas”, ¿qué cosas? Todo lo que necesitamos para llevar una vida de rectitud. ¿Quién nos ha dado esto? El poder de Dios. ¿A través de qué el divino poder nos ha dado todas las cosas que necesitamos para llevar una vida de rectitud (esto es, acomodada a Su Ley)? El verso nos contesta: “mediante el conocimiento de Aquel”. Mediante significa por medio de. De ahí que el instrumento por medio del cual Dios nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para llevar una vida conforme a Su Ley, sea el conocimiento de Sí mismo, en el cual crecemos al estudiar Su Palabra, pues conocer Su revelación es conocerlo a Él.

La fórmula bíblica queda entonces así: si recibimos el conocimiento de la Palabra de Dios, por el poder del Espíritu Santo, llevaremos en consecuencia una vida alineada con la Ley Divina. No hay escapatoria para quienes tiran de lado la Ley Moral, o intentan hacer excepciones para sus vidas pecaminosas. Hay una consistencia y coherencia inseparables entre el verdadero conocimiento y los frutos que este produce. Así, quien lleve una vida no digna del Señor y del Evangelio (Filipenses 1:27; Colosenses 1:10), el tal no ha comprendido como debería las enseñanzas bíblicas, y posiblemente esté carente de gracia en su corazón. Considero pertinente copiar las palabras de Charles Spurgeon en este lugar:

El beneficio de la lectura debe llegar al alma a través del entendimiento. Tiene que haber un conocimiento de Dios antes de poder amarle. Tiene que haber un conocimiento de las cosas divinas, tal y como son reveladas, antes de poder disfrutar de ellas. Debemos procurar entender, en la medida que nos permitan nuestras mentes finitas, qué es lo que Dios quiere decir con esto o aquello. Si no es así, podemos besar el libro sin amar su contenido; podemos reverenciar la letra, sin tener respeto a Dios, que es el que nos habla en esas palabras. No nos podemos sentir alentados con algo que no entendemos, ni encontrar una guía para nuestra vida en aquello que no comprendemos; tampoco es posible moldear nuestra personalidad de acuerdo con la Palabra si no la entendemos.Charles Spurgeon

Frases típicas que son usadas para que usted no conozca la verdad

Se preguntarán ustedes por qué he escrito este artículo. Bien, porque he notado durante un largo tiempo gran ignorancia en el área del conocimiento bíblico y ha sido evidente como pastores y supuestos líderes religiosos insisten una y otra vez que el conocimiento bíblico es nocivo para la fe del creyente.

Se escuchan muy a menudo frases como:

1Necesitamos menos conocimiento y más santidad

Respuesta: No es posible entender realmente alguna parte de la enseñanza divina sin ser ‘movido’ por esta a santificarse. El conocimiento verdadero de la Palabra, santifica, y la falta o parcialidad de este, no lo hace.

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.Juan 17:17
2La iglesia no es un aula de teología, sino de santificación

Respuesta: Esta es una incorrecta analogía de la iglesia con algo tangible como un aula de clases. La correcta teología (el correcto conocimiento del Señor y de su Palabra) precede la santificación. Es más, es un requisito divino para avanzar en santificación. De hecho, ¿cómo sabe usted qué es la santificación sino por la correcta teología? ¿Cómo podrá usted apartarse de la suciedad e inmundicia, sino conoce lo que Dios considera sucio e inmundo? Y de la misma manera, ¿cómo lo agradará, si usted ignora lo que a Dios le place? Tenga cuidado amigo, porque la ignorancia bíblica y la carencia de conocimiento teológico en muchas ocasiones conduce al pietismo. (La palabra pietismo es frecuentemente asociada con cualquier persona o movimiento que trate, por medio de una moralidad propia y una piedad personal, reemplazar el conocimiento de las verdades Escriturales como norma de vida.)

3Puedes ser teológicamente astuto pero dramáticamente inmaduro espiritualmente

Respuesta: La Biblia enseña que la madurez espiritual es dejar de ser niños en nuestra manera de pensar, y para ello necesitamos adentrarnos a la fuente de verdad: las Escrituras  

Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.1Co 14:20
4La fe es lo que importa, no el conocimiento

Respuesta: Quien dice esto, hace de la fe algo que no es. Quien afirma esto, hace de la fe un gran y peligroso salto al vacío, algo bruto, algo místico. La Biblia nos enseña que la fe es certeza y convicción, refiriéndose a que es un seguro conocimiento que se debe tener de las enseñanzas de las Escrituras, aferrándose a él al tenerlo como verdad infalible, necesaria, suficiente y autoritativa. “Es el don de Dios por medio del cual una persona obtiene la certeza de las enseñanzas bíblicas y adquiere una segura convicción de que todo lo que la Escritura enseña es verdad y nada más que la verdad”.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.Hebreos 11:1

Tengamos todos sumo cuidado

Todas estas cosas suenan piadosas, pero ya vimos que la verdadera piedad es precedida por el verdadero conocimiento, lo cual hace que estas cosas sean engañosas tras un atuendo de piedad.

Así que, hermanos, les exhorto con gran amor, en cumplimiento al mandato de

exhortaos los unos a los otros cada díaHebreos 3:13
, a que, en imitación a los creyentes de Berea, estudien a profundidad las Escrituras sin cesar, para que con ellas, como si fuesen lentes con aumento medicados por el Médico de las almas, vean correctamente todas las cosas.

No se dejen engañar por personas (llámense pastores o “apóstoles”) que ignoran las Escrituras y quieren que ustedes también las ignoren. Ellos se hacen maestros olvidando que

no muchos deberían llegar a ser maestros en la iglesia, porque los que enseñamos seremos juzgados de una manera más estrictaSantiago 3:1

Muchos otros enseñan con malicia cosas antibíblicas para su propia conveniencia terrenal y carnal. Mas

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.1 Juan 4:1
Y, ¿cómo podrá usted saber la diferencia entre lo bíblico y lo anti-bíblico, entre lo santo y lo profano, entre la verdad y la mentira, entre la doctrina y la herejía, si usted no se detiene a escudriñar las Escrituras que son útiles para instruir en justicia (2 Timoteo 3:16) y juzgar, así, con justo juicio (Juan 7:24)?

También le recuerdo que las Escrituras han sido inspiradas por Dios

A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra2 Timoteo 3:17
y es esta (La Escritura) la herramienta por medio de la cual Dios capacita a Su Pueblo. Usted debe estar preparado para la buena batalla, y esto será imposible si no aprende a manejar el arma de la verdad.

Recuerde que el conocimiento de las Escrituras, el cual es una orden del Señor como ya vimos (Juan 5:29; 1 Timoteo 4:16), no produce orgullo. Cuando Dios obra con gracia en el corazón, este nunca se endurece, sino que siempre es ablandado. El conocimiento Suyo, entre más abunde en nuestros corazones, más humildes nos hará. De hecho, no hay forma de crecer más en humildad que conociendo a nuestro soberano Dios.

Pero… ¿de verdad usted conoce usted a Dios?

¿Se encontrará al morir con su Juez o con su Padre? ¿Con un Dios conocido o un Dios desconocido? No olvide que conocer las Escrituras es conocer a Dios, y rechazar el estudio de las Escrituras es gran muestra de orgullo e ignorancia, además de ser una gigantesca falta de respeto al Señor. Si Él nos concedió un libro, por medio del cual conocerle y conocer la Verdad, ¿seremos tan soberbios de tirarlo de lado y decir “no me importa”, o decir: “no acepto eso (o no únicamente eso) yo quiero voces y sensaciones”? Eso no debe ser así. Su orgullo de no querer estudiar las Escrituras es muestra de su falta de conocimiento divino. Usted no conoce a Dios, y por eso no quiere conocerlo más. Pero nosotros

conoceremos, y proseguiremos en conocer a JehováOseas 6:3
 en Su Palabra.

Recuerde también que tiene la oportunidad de acercase al Autor de las Escrituras y suplicar Su ayuda para comprender Su libro, ¿quién mejor que el propio autor para decirnos qué quiso decir al escribir esto o aquello?

Por último…

Tenemos, pues, dos tipos de personas a los que amablemente me refiero en este artículo. Primero: quienes están llenos de orgullo por “estudiar las Escrituras”, y segundo: quienes no las estudian porque temen desobedecer a sus pastores, a los ungidos o a los apóstoles.

Si usted posee orgullo y es altivo tras estudiar las Escrituras, no puedo decir más sobre usted, sino que no ha entendido lo que allí está escrito.

La Biblia, quizás sea un libro que a usted le apasione ojear todos los días, pero si usted no crece en humildad al estudiarla, usted no está entiendo ni las jotas ni las tildes que están allí impresas. Puede que para usted sea un lindo libro, quizás su favorito, pero si el tesoro del conocimiento de la gracia no se ve reflejado en usted, es porque tal tesoro no se encuentra en usted, y este Sagrado Libro, que no es como cualquier otro libro, se ha convertido en su vida en un libro como cualquier otro.

Así que le exhorto a que se arrepienta de su orgullo y se acerque humillado y contrito al Dios de gracia, quien jamás despreciará un corazón así (Salmos 51:17).

Comentario final de nuestro pastor:

“Deseo dirigirme a aquellos amigos quienes por la gracia del Señor, tienen un sincero deseo de agradar a Dios por medio del estudio de la Escritura. Me dirijo a aquellos quienes han sufrido en carne propia el desaliento de sus líderes religiosos de no estudiar tanto la Palabra de Dios. Me dirijo en especial a aquellos quienes tienen el deseo de escudriñarla y de comparar “Escritura con Escritura” para ver si las doctrinas que se reciben desde el púlpito de la congregación son ciertas o no.

Amigo, cuando usted recibe una orden que va en contra del conocimiento de la Escritura, sepa usted, que jamás esa orden proviene de la Escritura, por lo tanto, jamás vendría de Dios. Obedezca, y obedezca pronto a Dios antes que al hombre. Tome el ejemplo de la Biblia cuando a los apóstoles se les permitió tener libertad a cambio de no predicar la verdad. La verdad no le conviene a los falsos maestros.

En la primera ocasión Pedro y Juan respondieron 

Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;Hechos 4:19

Pero en la segunda oportunidad que tuvieron de testificar, afirmaron unánimes y de manera inequívoca 

Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Hch 5:29

Amigo, no tema el castigo de Dios por anhelar el conocimiento Bíblico que solo viene tras leer la Escritura y que solo Dios lo puede otorgar. Tema por el contrario desconocer la Escritura, tema a creerse un cristiano cuando quizás ni siquiera conoce el camino a la Cruz; a estas cosas, tema; mas no a escudriñar la Escritura con el deseo de agradar a Dios y andar en santidad. Tema a Dios y no al falso maestro que ignora la Escritura y que se esfuerza para que usted también la desconozca, para poder así subyugarlo a las mentiras que él o ella predica, con la excusa demoníaca de “no se llene de conocimiento, solo crea”.”

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1 Figura retórica de pensamiento que consiste bien en sustituir un nombre apelativo por el de la cualidad que le caracteriza o que se le atribuye, bien en sentido inverso.

Ejemplo: “un Rafael”, por “un gran pintor”, o “el Apóstol”, por “Pablo”.

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