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Cristianos, Iglesia y Matrimonio Homosexual ¿Cuál debe ser nuestra respuesta?

La cantidad de material que se ha escrito desde una perspectiva evangélica al respecto de la legalización del matrimonio entre miembros del mismo sexo, es impresionante. Desde opiniones totalmente opuestas, pasando por opiniones conciliatorias y llegando a opiniones en favor.

Yo a la verdad, no deseo escribir sobre lo que he visto en las noticias, ni sobre lo que he leído en las redes sociales; tampoco quiero escribir sobre este tema de una manera emocional o subjetiva. He tomado varios días para analizar el tema y he encontrado que no todo el que escribe argumentando razones lo hace de una manera ordenada y aquellos que no se han pronunciado al respecto, no necesariamente están a favor de tal locura.

Creo que la cordura y la contundencia no son elementos mutuamente exclusivos y precisamente, veo que muchos de los artículos que he leído, carecen de ambos elementos.

El homosexual no tiene excusa en los genes

Para comenzar deseo dejar en claro que el homosexualismo no es una condición hereditaria, es decir, no hay genes que hagan que una persona sea o no homosexual. El homosexualismo es una manera voluntaria de vivir su vida y de ejercer su sexualidad.

Cuando hablamos de una persona homosexual, no hablamos de una persona que nació con esa condición. Tampoco hablamos de una persona que a pesar de sus trágicas experiencias como niño a adolescente, sólo tuvo esa opción por tomar.  Cuando hablamos de una persona homosexual, hablamos de una persona que independiente de su edad, plena y responsablemente decide atraer y sentirse atraído por una persona del mismo sexo.

Entonces, afirmamos categóricamente que el homosexual no es una víctima de la naturaleza, no es una persona que no tuvo otra opción, sino una persona que voluntariamente decidió tomar esa opción. En el momento que veamos al homosexual como la consecuencia de las circunstancias que lo rodean, perderemos de vista la responsabilidad del hombre, y con esto, hacemos a Dios responsable del homosexualismo en el mundo… y tal cosa no sería sino un disparate.

¿Es el homosexualismo pecado?

Independiente si aborrezco la acción de un hombre o si simpatizo con ella, debemos dejar a un lado las emociones y hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué dice Dios al respecto? Si continuamos especulando o sincretizando con la sociedad que nos rodea, de seguro jamás llegaremos a una respuesta bíblica. Una vez más, la clave para determinar si una acción u omisión, palabra o pensamiento es pecado, nos la proporciona la Palabra de Dios. ¿Qué dice entonces el Señor al respecto del homosexualismo?

Matrimonio

Bueno, para comenzar, el matrimonio es definido como la unión de un hombre y una mujer.

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Gén 2:24
Ese fue el primer matrimonio sobre la faz del universo.

Un hombre y una mujer fueron los participantes. El matrimonio por definición excluye la participación de dos personas del mismo género. Si dos personas del mismo género se unen para convivir y tener relaciones de índole sexual, esto no es matrimonio: es un estado de convivencia homosexual, llamada en muchos países, unión homosexual… Jamás debe ni puede ser llamado matrimonio.

Cualquier re-definición de matrimonio que altere o modifique la definición de la Biblia, es totalmente inválida e inaceptable y todo genuino creyente la debe rechazarla con prudencia y con contundencia teniendo en cuenta la solemne advertencia de

No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.Deu 4:2

Uso natural de cada género (o relaciones sexuales)

La Palabra del Señor entonces, no sólo es clara en lo que respecta al matrimonio, sino muy clara en lo que respecta a las relaciones sexuales entre personas del mismo género. Voy al grano, a menos que el lector niegue la existencia de Dios, crea que Dios no inspiró la Biblia, crea que Dios lo dijo y que después cambió de opinión, la Biblia nos dice que tanto para el hombre como para la mujer está absolutamente prohibido tener actos ilícitos (sexualmente hablando) entre su propio género

No te echarás con varón como con mujer; es abominación.Lev 18:22
Fíjense en lo incisivo del sustantivo abominación.

En el hebreo, significa: Asquerosidad, repugnancia. Pero, nos hacemos la pregunta… ¿Para quién es repugnante? Bien, para quien lo dijo. ¿Quién lo dijo?

Habló Jehová a Moisés…Lev 18:1
Era Dios quien estaba hablando. Es Dios quien nos dice en su Palabra: “Las relaciones homosexuales son asquerosas y repugnantes para mi… no hagáis tal cosa…” Dios dice claramente: las relaciones homosexuales son abominación y nosotros no debemos tratar de re-interpretar algo tan claro como
No te echarás con varón como con mujer; es abominación.Lev 18:22
. El homosexualismo es pecado, sin lugar a dudas, independiente de que la comunidad LGBT lo entienda, lo niegue o lo ignore.

Es pecado, es una violación en contra de las normas y leyes santas de un Dios que es Santo. No debemos transar ni re-definir la palabra pecado, tampoco las consecuencias del pecado y mucho menos la Santidad y la Justicia de Dios.

No te echarás con varón como con mujer; es abominación.Lev 18:22

Este es uno de los pasajes bíblicos más claros en toda la Escritura… El hombre que persista en “echarse o acostarse” con un hombre es merecedor del justo juicio de Dios, fue advertido, es inexcusable porque conoce la opinión de Dios al respecto.

¿Aplican estas palabras en particular en días como los nuestros?

Bueno, ese es otro problema. Aún dentro de la iglesia profesante, existen personas que argumentan que esas prohibiciones son arcaicas y que ahora “somos libres en Cristo”. Lo que estas personas fallan en entender es el significado de la libertad en Cristo. No me ocuparé de ese aspecto en ese momento. Baste decir que la libertad en Cristo no se constituye en licencia para pecar. Sólo deseo recordar que el pasaje de Levítico trasciende el AT y que no es una prohibición moral transitoria; de hecho, es reiterada en el Nuevo Testamento.

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 6:10 … heredarán el reino de Dios. 1Co 6:9
«echarse con varones» hace referencia al acto no natural donde una parte del cuerpo del hombre es destinada para que reemplace las funciones de la mujer. Este pasaje, sin embargo, no excluye la práctica homosexual entre las mujeres que se echan con mujeres como si fueran hombres.

Es sencillo entender entonces que el homosexualismo es un pecado. Dios lo aborrece, lo encuentra repugnante, lo prohíbe y advierte contundentemente de las consecuencias a quienes practican tales cosas sino buscan su perdón.

No sólo tales prácticas son llamadas “asquerosas y repugnantes” en el AT, sino que en el NT también encontramos los siguientes dos adjetivos que complementan perfectamente los dos primeros, los calificativos usados para describir las relaciones homosexuales son estos: “Vergonzosos e indecentes”. Eso quizás le ayude al lector a entender la magnitud de la posición del Señor al respecto de las prácticas homosexuales.

Ambas relaciones (es decir, al homosexualismo entre mujeres y al homosexualismo entre hombres) son llamadas actos vergonzosos.

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, Rom 1:27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.Rom 1:26

¿Acaso Pablo no habla bajo la inspiración del Espíritu de Dios? ¿Acaso Pablo no tenía compasión por el pecador? Claro que sí! Pero antes de sentir tal compasión, Pablo tenía la obligación de darnos a conocer qué es lo que sucederá con aquellos “que se echan con varones”. La consecuencia de la práctica perversa del homosexualismo es clara: «No heredarán el Reino de Dios». Puede que el homosexual no esté interesado en Dios ni en el futuro que le aguarda, pero algo es cierto: Ni el homosexual ni ninguno de los seres humanos -creados a imagen y semejanza de Dios- puede deshacerse de su parte moral. Puede que trabajen fuertemente en acallar sus conciencias pero jamás podrán suprimirlas. ¿Que quiero decir? Que en lo profundo de sus seres, ellos saben que lo que hacen no sólo no es natural, sino aberrante. Una vez más, puede que externamente lo nieguen rotundamente, pero internamente, ellos saben que lo que hacen está mal.

¿Cómo debe reaccionar la iglesia cristiana ante los homosexuales?

Exactamente de la manera que lo hace con el ladrón o con el mentiroso o con el iracundo o con el avaro… debemos tratarlo con prudencia y afecto. No podemos prohibirles la entrada a nuestras congregaciones o permitírsela para luego discriminarlos. Esas no son actitudes cristianas.

Debemos buscar que hablen con el pastor de la congregación. De no ser esto posible, quien habla con el o ella, debe ser recordado que es una persona en pecado, necesitada de Cristo como cualquier otro pecador y totalmente necesitada de escuchar el Evangelio. Quien habla con ellos debe tener en cuenta que la prioridad es el Evangelio y no la consejería. Jamás se debe caer en el error de mencionar su pecado, si es que él o ella no desea hacerlo de manera explícita. Seamos prudentes, hermanos! Actuemos siempre en obediencia a la Palabra de Dios pero tengamos cuidado como tratamos a estas personas necesitadas de la gracia de Dios.

¿Qué pasa si tenemos familiares homosexuales?

Podemos escoger amigos, pero no nuestra familia. Debemos dar gracias a Dios y a Su Providencia por la familia que Él nos ha dado en su infinita sabiduría. Pero sin lugar a dudas, tenemos un deber de testificar, de llamar pecado al pecado y de exhortar a la obediencia a Dios. Debemos mostrar Amor en nuestras exhortaciones y anhelar en oración ganarlos para Cristo. Puede que no veamos los frutos del Evangelio, pero quizás Dios los «alcance» mucho después que hayamos partido hacia Él.

Esto viene, sin embargo, con una observación. Jamás debemos participar de actividades públicas con familiares homosexuales cuando van acompañados de sus «compañeros». Debemos dejarles saber que les queremos y que nos importan, pero jamás nuestro interés por su bienestar espiritual justifica que tengamos que participar en actos donde ellos o ellas deciden mostrar públicamente a sus «compañeros»… Nuestra presencia en tales situaciones podría ser interpretada como un aval de sus prácticas abominables.

Advertencia Final

Pero he aquí un llamado a todo el pueblo de Dios: Por muy repugnante y asquerosas que nos parezcan las prácticas homosexuales (y de hecho lo son, sin lugar a duda alguna) no debemos caer en la trampa de descuidar nuestra propia vida y testimonio.

Es muy fácil para un creyente promedio denunciar este pecado con pasión, pero cuán difícil parece ser para muchos de quienes eufóricamente denuncian estos pecados, entender los suyos propios. Cuidado! Jamás argumento o favorezco la opinión de que nuestro pecado nos impida juzgar una situación pecaminosa en otra persona… eso no es lo que quiero decir. Lo que deseo dejar en claro es que el pecado que es evidente en los demás nos debe llevar a una profunda examinación profunda de los nuestros.

Muchos de los grandes comentaristas argumentan que en el caso de la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio, quienes la acusaban, eran ellos mismos culpables de adulterio. Yo encuentro válido y creíble el razonamiento de estos grandes comentaristas.

Así, que os ruego, iglesia de Cristo, que firmes en la Palabra, actuemos con prudencia. Seamos contundentes en denunciar el pecado, pero consecuentes de tener nosotros mismos, vidas alejadas del pecado.

Breves conclusiones…

  1. Los cristianos deben tener sumo cuidado de no caer en la trampa de buscar alianzas con iglesias o personas que vituperen el Evangelio, simplemente porque tampoco están de acuerdo en el tema de las uniones homosexuales. Esto no es un garante para la unión en labores ministeriales.
  2. El homosexual no es una condición hereditaria o genética… es un estado voluntario y consciente de quien decide atraer y ser atraído por miembros del mismo género. En otras palabras, la causa de la homosexualidad en una persona es el pecado, no una condición genética o social.
  3. El cristiano no odia a los homosexuales, sólo ama a Dios más que a todas las personas o cosas
  4. El cristiano debe someterse a las leyes de la tierra donde vive. Existen excepciones de carácter moral y ético que el cristiano debe considerar antes de desobedecer una ley terrenal. Esto debe ser hecho no a la carrera sino en profunda oración, no en emociones sino en objetividad, no de acuerdo a lo que creo, sino de acuerdo a lo que la Palabra de Dios dice al respecto. Estas excepciones varían de acuerdo a la nación donde vivamos.
  5. El cristiano sostiene que el término “matrimonio homosexual” es un absurdo en sí. El matrimonio es la unión de un hombre con una mujer, exclusivo de otros y otras, conforme a Génesis 2:24.
  6. Jamás ninguna iglesia debería aceptar como legítimo el concepto de “matrimonio homosexual”
  7. Una iglesia cristiana jamás debería oficiar ceremonias entre incrédulos (pecadores no arrepentidos) Esto incluye a personas homosexuales.
  8. Los pastores deben proteger a sus iglesias y estar preparados para pagar las consecuencias de la obediencia a Cristo y de serle y mantenerse fieles a Su Palabra.
  9. Los cristianos no cerramos las puertas de nuestras iglesias a la comunidad LGBT, los invitamos por el contrario a congregarse y a buscar la bendición salvífica de la gracia de Dios entre nosotros.
  10. Los cristianos no le cerramos las puertas del Reino a la comunidad LGBT, los llamamos al arrepentimiento y esto lo hacemos, no basados en nuestros gustos o disgustos, sino en la autoridad de la Palabra de Dios
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