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Presentar defensa de la fe: una orden clara

Una fe: una y solo una hermosa fe que debemos defender

Hermanos, bien sabemos lo que la Palabra nos dice…

Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.Judas 1:3
Esa fe ha sido dada una vez y para siempre a los creyentes del Señor. Esa fe trata no solo del Evangelio, sino de Todo el Consejo de Dios revelado de forma clara, infalible, perfecta y suficiente en las Escrituras. Ahora, el fundamento de esta fe es el mensaje del Evangelio de la gracia del Señor Jesucristo y como los planetas de la Vía Láctea giran alrededor del sol, así el Evangelio es el centro que ilumina, y alrededor del cual gira nuestra fe.

¡2 grandes órdenes, no sugerencias!

Es necesario recordar y entender que (en general) tenemos dos mandatos como creyentes acerca de esa bendita fe. Son mandatos y no opciones. En primer lugar, enseñar y proclamar esa fe que por solo gracia recibimos:

Id, y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandadoMateo 28:19-20

Y en segundo lugar, y no menos importante que la orden anterior, estar siempre preparados para defenderla: 

Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros1 Pedro 3:15

Aunque hablar a otros e instruirles en la verdad que creemos es en parte defenderla (y defenderla en parte conlleva a enseñarla) estas dos órdenes Divinas no son iguales ni significan lo mismo, aunque sin duda pertenecen a una misma orden: ser luz y sal del mundo al cual no pertenecemos.

El primer mandato se refiere a la exposición clara, ordenada, coherente y persuasiva de las doctrinas cristianas. El segundo mandato se refiere a la defensa lógica (o apología) de nuestra fe a través de razonamientos Escriturales. Con estos argumentos Escriturales nosotros podemos mostrar la consistencia y coherencia de la verdad al mismo tiempo que, por la gracia de Dios, dejamos al descubierto la incoherencia e inconsistencia de la mentira. Insisto, esa presentación de argumentos Escriturales es una pieza clave en el derribamiento de los argumentos contrarios, que se levantan con altivez contra el conocimiento de Dios.

Al final de cuentas, a Dios le ha placido usar la defensa que hacemos de nuestra fe, a través argumentos Bíblicos (que siempre son lógicos y veraces) para exponer y derribar todo argumento hereje y mentiroso; de ahí que cada vez que nos negamos a presentar defensa de la Verdad de Dios en Su Palabra, lo que hacemos es aceptar (de un modo u otro) como cierta la mentira que no queremos refutar con la Verdad.

¡Usemos el palustre sin dejar de ceñirnos la espada!

Tenemos, pues, estas dos órdenes que debemos cumplir (presentar y defender la fe) que bien se pueden ilustrar como un hombre que toma el palustre en una mano y una espada afilada en la otra. Leemos en Nehemías 

“los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada”. Nehemías 4:17
e inmediatamente después de dar esta declaración tan importante, prosigue diciendo:
porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos

Debemos proclamar la verdad, mientras que al mismo tiempo debemos estar preparados para dar defensa de esa verdad. Ambos elementos son necesarios para el avance del Reino del Señor. Y aunque estoy seguro que entendemos la importancia de ambos puntos, deseo enfocar este artículo en el aspecto de la defensa… en otras palabras, en el deber que tenemos los creyentes de ceñirnos la espada de la Verdad sobre nuestros lomos y estar preparados para desenvainarla y contender (pelear, defender, argumentar claramente) en la defensa de nuestra fe.

¿Por qué debemos defender la fe?

Porque el Espíritu Santo, autor de las Escrituras, así lo ordenó de manera Soberana. El Santo Espíritu de Dios inspiró al Apóstol Pedro, quien usó su pluma para recordarnos perpetuamente nuestro deber de

estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros1 Pedro 3:15
. La palabra en griego «preparados» referida aquí hace alusión a dos cosas:

  1. A estar prevenidos. Debemos prever, y procurar conocer de antemano aquellas cosas que pueden ser usadas para atacar nuestra fe en un futuro cercano o lejano, y tomar las medidas necesarias para tener la capacidad de contrarrestarlas de manera comprensible, razonable y bíblica.
  2. A estar dispuestos. Debemos estar bien dispuestos, con una buena actitud, para ser usados por el Señor con el fin de defender nuestra bendita fe. El Señor concederá la gracia a quien sea diligente en estar preparado para hacer defensa de la fe, pues se trata de Su verdad. Te pregunto, ¿estás preparado? Me gozaré mucho si respondes afirmativamente. Pero continúo preguntándote, ¿estás decidido, dispuesto y resuelto a defender la fe cuando llegue el momento, ante quien sea? Espero que respondas que sí, de todo corazón, a estas dos preguntas.

Busca que el Señor te fortalezca. Busca que el Señor te dé el querer defender la fe como el poder hacerlo. Ruega y pide en oración la gracia para hacerlo, no vaya a ser que recibas un golpe del oponente que te toma descansando y te derribe. Ve un paso adelante, mantente preparado y ten convicción firme para que las tormentas de la argumentación incrédula no te lancen al mar de la duda. ¿Por qué? Porque defender la fe aumenta tu fe.

Honra a tu Señor y respeta Su honor. Prepárate para dar razón del por qué eres cristiano. Siempre deberás defender tu fe. Siempre llegará ese momento, quizás sea ante tus amigos, en tu trabajo, frente a tu familia o en la universidad. Cuando ese momento llegue, siempre tendrás la obligación de proclamar la verdad y de hacerlo de manera ordenada y clara. No puedes callar, no puedes suprimir la verdad; no fuiste salvado para permanecer en silencio permitiendo que la fe sea pisoteada y el nombre del Salvador sea vituperado.

En algún momento de tu vida te pedirán razón del por qué crees lo que crees y del por qué no crees aquello que rechazas. Así que es menester saber cómo defender la Verdad de una manera que honre al Dador de esa bendita Verdad.

¿Cómo se defiende la fe?

Para comenzar, es supremamente necesario enfatizar que la fe cristiana no es una fe ciega. La fe cristiana no es una nube mística llena de extrañeces o ideas inexplicables e irracionales. Un genuino creyente, por el contrario, entiende lo que cree, por ejemplo, un genuino creyente sabe por qué es cristiano. En contraste, el carismatismo ha alejado a las personas de la inteligencia y la racionalidad con la que el Señor ha dotado al ser humano, promoviendo el éxtasis descontrolado de emociones y en muchos casos, pidiéndoles que sacrifiquen el don de la razón en favor de las percepciones sensoriales. Pero es aquí donde las Escrituras nos llaman a mantener nuestro raciocinio bien despierto y a no sacrificarlo en ningún momento.

Nuestra facultad para pensar debe permanecer encendida, de ahí que no tengamos una fe ciega. ¿Entiendes lo que crees? Si no es así, tampoco podrás proclamarlo y mucho menos defenderlo. 

En pocas palabras, defender la fe desde la perspectiva bíblica, es presentar un conjunto de razones Escriturales (o argumentos), de forma ordenada y lógica, de tal manera que estos sustenten la verdad que queremos defender. Por ejemplo, ante el argumento «Dios es injusto porque no todos se salvan«, debemos identificar 2 aspectos: 1) Cuál es la verdad que está siendo atacada que debemos defender (Dios es justo) y 2) Cómo defenderla con la Palabra. Una vez más, la defensa de nuestra fe demanda la presentación de argumentos Bíblicos que son siempre verdaderos, claros y ordenados (lógicos).

El siguiente ejemplo es simplemente una muestra del proceso de razonamiento para defender la verdad «Dios es justo» de la acusación «Dios es injusto porque no todos se salvan»

Las verdades bíblicas (versículos) que deberían ser usadas en la defensa de la verdad en este caso, podrían ser las siguientes:

  • Dios es justo
    • Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días. Salmo 7:11
  • Dios no es injusto
    •  Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo?Romanos 3:5
  • Dios paga a cada uno conforme el fruto de sus obras
    • Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. Jeremías 17:10
  • El pecador no arrepentido jamás será salvo
    • … No os equivoquéis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, V10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. s…1 Corintios 6:9

Tenemos entonces que el razonamiento bíblico construido con base en las anteriores verdades puede ser presentado de la siguiente manera:

  • Si Dios es injusto entonces Dios no dará a cada persona conforme sea el fruto de sus obras.
  • Y si Dios no da a cada persona conforme sea el fruto de sus obras entonces Dios puede permitir que entre en Su Reino toda persona que vive, practica y ama el pecado.
  • Y como la conclusión a la que llegamos es una falacia conforme a la Escritura (pues Dios no permitirá que el hombre no regenerado que ama el pecado herede el Reino de Dios), entonces concluimos que la proposición usada  «Dios es injusto porque no todos se salvan» es también una falacia.

El anterior es un simple ejemplo. No pretendo que ese breve ejemplo se convierta en un modelo para defender la fe. Solo repito enfáticamente que el creyente sabe y entiende lo que cree y debe estar preparado para diferenciar entre la falacia y la verdad de la Palabra, y está en la obligación de usar argumentos claros y Escriturales para derribar los falsos argumentos.

Imitadores de Pablo…

Pablo, por ejemplo, dijo que estaba

puesto para la defensa del EvangelioFilipenses 1:17
Aún más, ¿acaso no lo vemos en todas sus cartas dando razones y argumentos que confirma y diferencia el Evangelio de la Gracia de Jesucristo de las falsificaciones y engaños de sus adversarios? Seamos, pues, imitadores del apóstol. Tenemos un mensaje perfecto que al menos debemos exponer y defender de manera clara y racional porque el hombre es un ser con el don de la razón.

De la misma manera como Pablo defendió la fe ante los herejes y filósofos, también la defendió de aquellos que se llamaban «hijos de Abraham» y de profesantes de la fe. Sucede igual con nosotros, casi 2000 años más tarde. Están aquellos que atacan nuestra fe: desde adentro (quienes se hacen llamar cristianos) y desde afuera (quienes pertenecen a otra religión), ante los cuales también hay que defenderla.

Internamente algunos se levantan y gritan, por ejemplo: “No es suficiente la fe en el Evangelio para ser salvos, sino también la obediencia a la Ley”. ¿Estamos, en este caso por ejemplo, preparados para responder bíblicamente ante esta mentira? Y están aquellos que desde fuera se levantan y gritan muy seguido: “No hay Dios. Nuestro universo es producto de la evolución que es, sin lugar a dudas, un hecho científico”. De nuevo pregunto, ¿estamos preparados para responder bíblicamente antes estos argumentos de arena? Son de arena, pero debes tener cuidado, te pueden caer en los ojos e irritarte si no estás preparado.

Exortaciones en el amor de Cristo

Así que, hermano, te exhorto a que dejes de lado la comodidad en la que posiblemente te encuentras, y a que tomes el palustre (para la proclamación de la Verdad) y la espada (para la defensa de la misma) . En campo de guerra no hay tiempo para las siestas. Pero si ya te has estado preparando, te animo que continúes en ello. El Señor dijo que venía en breve, y así será. Dediquemos nuestra breve vida a Su causa. Que las fuerzas que Él nos da sean usadas para el avance de Su Reino. Que nuestra prioridad sea Su Reino y Su justicia. ¡No más dormir! ¡No más complacencia! No más «que el pastor defienda la fe». No solo es su responsabilidad, también es la tuya.

Aunque sabemos que estamos en «tiempos malos» y que el error irá aumentando en cantidad y en tamaño, nosotros no debemos ni desanimarnos ni tampoco desmayar. Nuestra vida es un constante caminar en la trinchera. Mas tenemos la confianza de saber que peleamos en campo ganado. La verdad, al final, triunfará sobre todos.

¿Te excusas en el progreso de este mundo caído para no cumplir tu deber? ¿Acaso de esa forma no contribuyes a que este mundo caído continúe por su sendero como si nada? Sé tú el alto en su camino. Prepárate para morir defendiendo la fe como buen soldado de Jesucristo, si llega a ser necesario. Pero que no suceda que vivas confortablemente y mueras cobardemente prefiriendo tomar una actitud pasiva ante la mentira. Una fe por la cual no se esté decidido a morir, es una fe que no vale la pena; y una convicción sin fundamento es inútil en el campo de batallas en el que vivimos.

El testimonio de los mártires nos da una sublime enseñanza, como diciéndonos: “soporta la afrenta por el Evangelio, de quien sea que venga, pues mayor es nuestro Dios que el mundo”. La misma sangre de nuestro Señor nos dice: “soporta la afrenta del Evangelio, de quien sea que venga, pues mayor soy Yo que el mundo”.

¡Vamos, vosotros, los que por la gracia de Dios habéis sido enlistados como soldados de Jesucristo! Esforzaos en contrarrestar la mentira con la verdad, a menos que creáis que la verdad no tiene poder. No te hablo de que te esfuerces por cambiar el mundo, ese no es nuestro llamado. Te animo a que te esfuerces para que el Reino del Señor avance en este mundo caído. Si no te esfuerzas, el Reino del Señor avanzará, ¿pero estarás tú entre las obedientes tropas del Señor de los Ejércitos?

No hay excusas que puedas elevar frente al Señor que todo lo conoce. No te engañes. ¿Estás preparado para la buena batalla? No necesitamos más que Su mandato y el saber que tiene toda autoridad en la tierra, para obedecerle. Él nos ha ordenado que estemos preparados para defender la fe que nos ha dado una vez y para siempre. Así que, ¿cuál es nuestro deber? ¿Acaso ignorar esta orden? ¿Acaso reemplazarla por otra? ¿Acaso es dejarla en hombros de los otros hermanos y cruzarnos de brazos? ¡No! Esforcémonos y seamos valientes y roguemos la gracia de Dios para cumplirla con todo esfuerzo y fervor.

Instruyamos a los hombres en la verdad pero jamás olvidemos la obligación que tenemos como creyentes de defender esa verdad ante el mundo que nos rodea, incluyendo amigos, compañeros de trabajo o de estudio y familiares. Dios hará el resto, pues sólo Él es el único que puede cambiar la visión humanista por la visión cristiana bíblica. ¿Y qué sabes tú si serás instrumento en Sus manos para tal propósito?

Una vez más te pregunto, y te pido que seas sincero, ¿estás preparado y preparándote para presentar defensa de tu fe? ¡Quiera el Señor permitir que esta pregunta resuene en tu corazón, como si viniera de Dios mismo, de tal forma que a las siguientes órdenes (que en esencia son las mismas)

contended ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Judas 1:3
Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros1 Pedro 3:15

Puedas por la gracia de Dios decir de aquí en adelante: Sí, Señor estoy preparado!

Que así sea en todos nosotros para la gloria y honra de Dios.

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