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Guardando nuestro entorno e influenciándolo – Mateo 5.13

Mat 5:13  Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.  

El Sermón del Monte ha provisto y continúa proveyendo grandes lecciones para el pueblo de Dios desde que fue proclamado hace casi 2000 años.

Salarium

La sal ha sido usada por el hombre desde hace miles de años y sus propiedades saborizantes y conservantes son apreciadas por todos. La sal ha sido usada, aun como método de pago. ¿Se sorprendería usted si le dijera que la palabra salario proviene del latin salarium que significa “pago de sal”? Los soldados romanos en muchas oportunidades recibían su paga con sal, por una sencilla razón: La sal era fundamental en prevenir que la carne se pudriera, y por ende de gran valor en la vida en tiempos antiguos.

Aspectos técnicos

Muchos comentaristas se debaten si el Señor hace referencia a las propiedades “conservantes” o “saborizantes” de la sal. Exegéticamente hablando, hay espacio para ambas aplicaciones, pero sin lugar a duda alguna, creemos que el Señor se refiere particularmente a la propiedad “conservante” de la sal. De otra parte, no vemos sostén exegético alguno del que algunos amigos “hechan mano” para sustentar el reconstruccionismo. Es imposible que este versículo sea usado para tal fin porque la sal que preserva la carne de la putrefacción no tiene el poder para recrear la carne que ya se ha podrido y cuyo proceso de descomposición es irreversible.

Palabras más, palabras menos…

Si vemos al mundo como un trozo de carne y a los cristianos, cada uno como un grano de sal, es inevitable llegar a la conclusión de que el único trozo de carne que no se ha podrido es aquel sobre el cual la sal ha sido puesta… la iglesia del Señor.

¡Al grano con la enseñanza!

Al decir “vosotros sois la sal del mundo”, la enseñanza que el Señor quería aplicar en el corazón de sus oyentes era esta “vosotros sois aquel elemento que preserva el mundo de total putrefacción.” Si bien los hijos de Dios no han sido llamados a reconstruir un mundo que está bajo maldición Divina, sí hemos sido llamados –y somos responsables– de preservar en primera instancia nuestros entornos inmediatos (familia e iglesia) de la putrefacción mundana que los rodea.

En segunda instancia, somos llamados a proclamar el Evangelio en la sociedad en la que vivimos. Como grano de sal, el cristiano debe ser consciente que es responsable de no permitir que la putrefacción en la sociedad avance sin que haya una oposición firme y permanente de su parte… oposición que por supuesto es piadosa y basada por la Escritura.

¿Qué implica esto?

  • A nivel ecleciástico
    • Debemos afectar activa y positivamente nuestro entorno social y proclamar el Evangelio. Esta es la obra más grande que podemos hacer para prevenir que la sociedad se degenere más.
  • A nivel secular
    • Debemos aprovechar cualquier labor, función, título o cargo social eminente (si es el caso) que el Señor nos conceda, con el fin de instaurar prácticas piadosas o de cambiar, reemplazar o modificar prácticas que promuevan la putrefacción de la sociedad en la que trabajamos. El punto es este: sea cual sea su trabajo, cerciórese que usted afecta a la sociedad de manera piadosa y no que la sociedad lo afecte a usted de manera maliciosa. Recuerde la advertencia: 

pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.  

  • A nivel personal
    • Debemos hacer obras de misericordia para con los pobres, los presos, las viudas, los huérfanos y demás necesitados. En este punto debemos tener sumo cuidado. Estas cosas no pueden ni deben ser entendidas como un sustituto del servicio al Señor que le debemos a nivel de iglesia local ni tampoco ninguna de ellas debe afectar nuestra mayordomía en la iglesia local. Estas obras a nivel personal las podemos llevar a cabo de manera privada, mostrando así el amor nuestro para con “malos y buenos, justos e injustos”. Una última cosa: no se le olvide que quizás algunos de los miembros de la iglesia están en gran necesidad: ¡ejercítese con ellos primero! ¡supla la necesidad de algún miembro del cuerpo local, antes de suplir la necesidad de “alguien de afuera” – No se te olvide Gálatas 6:10

Gál 6:10  Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Conclusión

Sin la presencia y sin la influencia activa de los santos, el mundo sería el infierno. La tierra se pudriría si no hubiera sal para preservarla, tú cristiano, eres aquella sal que Dios usa para sazonar la insipidez de este mundo y para conservarlo de la corrupción total.

¡Que Dios nos conceda la gracia para conservar nuestros hogares e iglesias libres de la influencia del mundo… que Dios nos conceda la gracia para perseverar en la proclamación del Evangelio a nuestras familias (inconversas), en nuestros vecindarios y en lugares de empleo (como sea apropiado y sabio hacerlo)… que el Señor nos conceda la gracia y los medios para que “la luz de nuestras obras alumbren delante de los hombres y los hombres glorifiquen al Señor”… y finalmente… que Dios les conceda a aquellos de sus hijos que ocupan eminentes cargos públicos, temor e instrumentalidad, para que desde esos cargos ellos puedan -por la gracia de Dios- contrarrestar de alguna manera o en algún grado la descomposición de la sociedad sobre la que ejercen influencia!

Los dejo con una frase de C.H. Spurgeon

Entonces, queridos amigos, si la gracia de Dios está en ustedes, en ustedes hay una propiedad definida que tiende a preservar a otros de ir tan lejos en el pecado como de otro modo lo hubieran hecho…

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