Artículos

Doctrina de la Separación Bíblica


Deseo en primer lugar dejar en claro con el permiso del lector, el hecho que siervos de Dios en tiempos pasados y aún recientes han hablado (estoy convencido en una manera mucho más competente) acerca de la doctrina Bíblica de la separación. Es necesario afirmar que en tiempos recientes la doctrina bíblica de la separación ha sido proclamada por aquellos creyentes de las Escrituras, como atacada por los que descuidada o maliciosamente se han adherido a una teología liberal y permisiva; pero es también necesario afirmar que la relevancia de tal tema es de suprema importancia para el pueblo de Dios en días como estos, donde el ecumenismo y las diversas formas de asociaciones y confraternidades violan el mandamiento de la separación de la impureza, del pecado, de la mundanalidad, pero sobre todo del error doctrinal.

Mi intención con la publicación de este artículo es presentar una revisión fresca a este tema sin perder de vista su esencia Bíblica ni su carácter obligatorio.

Comencemos diciendo, pues, que la separación no es una sugerencia de parte de Dios para Su pueblo, sino un claro mandamiento que tiene un propósito triple: 1) La bendición de Dios en un pueblo apartado, 2) La preservación del daño que sufre una iglesia como resultado de asociaciones con grupos ecuménicos y 3) La utilidad concedida en el servicio al Señor a través de un testimonio distintivo – Si tenemos en cuenta estos tres puntos, de seguro nos ayudarán a una mejor comprensión no sólo de la doctrina como tal, sino de las razones de su institución y de las bendiciones de su acato.

Levítico 19:1 Habló Jehová a Moisés, diciendo 2 Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.

Es evidente que Dios es quien habla, es la Palabra de Dios llamándonos a la santidad. No es Moisés aún con toda la autoridad que le fue delegada. Es Dios quien demanda la santidad de un pueblo. Es Dios quien establece el estándar a seguir y el mandato a obedecer. Es el Señor quien de manera explícita muestra el patrón de vida para los suyos – Es obvio que siendo El santo, sus hijos también lo sean, es claro que este versículo nos muestra un destello del más sublime de Sus perfecciones (o atributos): la santidad. No hay ninguna excusa que el creyente o la iglesia local pueda esgrimir para no desear la santidad, para no enseñarla, pero sobre todo para no vivir en ella – No hay manera alguna de evadir el llamado a unas vidas santas, tanto desde las perspectivas de un creyente, como de las de la iglesia.

Entonces, habiendo dejado en claro 3 aspectos que se derivan de este pasaje, a saber: 1) Quién es el que ha hablado (El Señor) 2) Qué tipo de llamado ha sido hecho (A ser santos, separados) y 3) Cuál es el carácter del llamado (Obligatorio, porque El es santo), pasemos a examinar las dos perspectivas del llamado a ser santos (separados de la inmundicia representada por las asociaciones que Dios ha prohibido en Su Palabra):

Separación bíblica del error desde la perspectiva individual del creyente

De manera trágica, el cristiano desprevenido está convencido que su asociación con otros cristianos, independiente de cuál sea la posición doctrinal de estos, es algo normal y no hay nada de malo en ella. El texto dice «Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios» – La palabra santo implica una separación de quien está contaminado y de las cosas que este predica y practica. Juntarnos en lazos de comunión desigual  tiene en las Escrituras un nombre claro:  «culpabilidad por asociación». (Se hace referencia a la palabra  desigual porque: qué puede haber en común entre una persona que cree en la Biblia como su autoridad de vida y conducta, y una persona quien llamándose creyente sólo la mira como un patrón moral no autoritativo?)

En primer lugar, nuestro deber es estar separados del mundo caído del cual hemos sido rescatados. Pablo exhorta a los creyentes a no participar en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien a reprenderlas.

Efesios 5:12 porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.

Es una total vergüenza si hablamos con aprobación o si actuamos con indiferencia de las cosas vergonzosas que suceden en el cuerpo de Cristo como si no fuesen graves. Culpabilidad por asociación es pues, la culpa de la que nos hacemos acreedores al establecer algún tipo de alianza o unión, bien sea de palabra o de obra, con aquellos con los cuales Dios ha ordenado no tenerla.

Veamos este ejemplo: si bien sabemos que ser amigos de un ladrón no nos convierte en ladrones, de cierto tenemos que entender que al no «condenarle» (a través de una reprensión en amor a la luz de las Escrituras) ni separarnos de ellos (dejando en claro las razones del por qué de nuestro distanciamiento), nos hacemos cómplices de su pecado o error, por virtud de nuestra asociación: es decir, al no reprenderlo explícitamente, estamos alentándole implícitamente a que continúe en su error y en la práctica de su pecado. Si tenemos alianza con el ladrón, puede que no seamos juzgados por hurto, pero si lo seremos por cómplices! Pues habiendo conocido de su maldad y  habiento tenido la oportunidad de «denunciarle», no lo hicimos; y no sólo no lo hicimos sino que peor aún, continuamos a su lado – No nos separamos y al no estar separados, no hubo distinción entre nosotros y el ladrón (entre lo santo y lo profano) – Alguien quizás diga: Ah! Yo era amigo del ladrón pero no robaba con el, ó, yo era amigo del ladrón y le amonesté para que no robase, pero continué teniendo compañía con el – ambas cosas lo hacen culpables por asociación!

Ahora contemplemos la culpabilidad por asociación, con personas u organizaciones cuya doctrina es diferente a las doctrinas del Evangelio de la gracia redentora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo. La asociación, compañía o amistad con quienes no creen la Palabra de Dios, o con quienes diciendo creerla no la obedecen, es contaminante y perjudicial para la vida del creyente. Tal unión es una muestra clara de desprecio para con la bondad de Dios al ordenarnos (principalmente para Su gloria y de manera secundaria, para beneficio nuestro) que no estemos unidos en yugo desigual, como lo dice la Palabra:

2 Corintios 6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

Aunque la aplicación común de este pasaje es la unión matrimonial de un creyente con un incrédulo, la aplicación primaria del mismo es la separación del mundo. Es de suprema relevancia analizar las fronteras semánticas del término «estar en yugo». «Estar en yugo» quiere decir: tener compañerismo, participar en los esfuerzos de otro y tener comunión en asuntos de fe… Mientras que podemos «estar en yugo» con un creyente obediente a las Escrituras, ciertamente no debemos NI PODEMOS estar en yugo desigual con el incrédulo o el que llamándose hermano, está desobedeciendo las Escrituras, esto está extrictamente prohibido.

Todos estos términos (participar, compañerismo o comunión) implican una asociación y una asociación desigual conlleva a la culpabilidad, pues el pecado consiste en contaminarnos con lo profano, siendo santos y apartados por el Señor! al tener algo en común con aquellos con los que no debemos tener absolutamente nada en común!

Nótese la palabra incrédulo. Tendemos a asociar el incrédulo con todo aquel que se niega a creer en las verdades bíblicas que nos hablan acerca de Dios, de la condición pecaminosa del hombre y de Cristo y la salvación que ofrece a todo aquel que se arrepiente sinceramente de sus pecados y en fe, vaya a Cristo y confíe en Su obra redentora en la cruz del Calvario. Pero estamos equivocados si creemos que la palabra incrédulo sólo se refiere a tal persona – Hace referencia implícita también a todos aquellos que llamándose creyentes, desobedecen la Palabra de Dios, bien sea por ignorancia o por malicia, mostrando así en su desobediencia, incredulidad por la validez de los mandamientos del Señor. Es pues claro, que el principio de incredulidad del que nos habla este pasaje se puede aplicar a aquellas personas que que son desobedientes a los mandamientos del Señor al adoptar y enseñar doctrinas que no están en Su Palabra – Con personas (que llamándose creyentes) o iglesias (que llamándose evangélicas) estén en desobediencia a la Palabra de Dios, simplemente no debemos asociarnos y por el contrario debemos tener mucho cuidado de no contaminarnos (doctrinalmente hablando, claro está!) por medio de una asociación.

Pueden ser compañeros la justicia y la injusticia ? Cuando hablamos de los santos del Señor, nos referimos a aquellos quienes han sido justificados por Dios Padre cuando habiendo recibido la gracia salvadora en sus corazones, se han vuelto de sus caminos de perversidad (arrepentimiento para salvación) y han confiado en Cristo y en su obra redentora en la cruz del Calvario, depositando su vida en El, en total sometimiento. Cómo es pues posible que una persona creyente, justificada por Dios, busque juntarse con alguien quien dice profesar la fe cristiana pero que con sus palabras u obras desobedientes, refleja desprecio por la Palabra? Es factible que haya una persona que habiendo sido justificada por la gracia de Dios, busque alianza o compañía con alguien que vitupera sus mismas doctrinas? Es un absurdo! Por supuesto que esto no puede ser. Y eso es precisamente lo que Dios nos manda en Su Palabra por medido el apóstol Pablo, a manera de pregunta irónica: «¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?»

Continuando con nuestros cuestionamientos… es imaginable que alguien que siendo salvo y rescatado de las «tinieblas a la luz verdadera» ahora busque apoyar las obras de las tinieblas? Es concebible que una persona quien ha sido rescatada por el evangelio de gracia de nuestro Señor Jesucristo, ahora busque trabajar o apoyar o alentar a alguien quien cree o predica un evangelio diferente? No llama Dios a estas personas anatemas?

Gálatas 1:8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Es, pues, el anatema, algo agradable al Señor? Vemos en las Escrituras que no lo es, pero qué acerca de lo que tiene el anatema, es decir, de su cuerpo doctrinal, de sus creencias, de su testimonio, etc… son estas cosas agradables al Señor? Me sujeto en silencio a la respuesta de las Escrituras a tal pregunta:

Josué 6:18 Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis.

Es evidente que las asociaciones o uniones con aquellos que creen y predican un evangelio diferente no sólo son abominación ante el Señor, sino también causa de que Su Espíritu sea contristado. El creyente debe tener especial cuidado de que su vida no sea causa de una reprensión Divina como consecuencia de su contaminación del anatema: Estas cosas fueron dejadas a nostros en al AT, para que sirvan como ilustraciones de claras advertencias en lo que respecta al desobediente y a todo loque el cree, predica y practica. Una asociación con el anatema, es decir, con alguien quien llamándose Cristiano y predica un evangelio diferente al de nuestro bendito Salvador, hace que la persona sea hallada culpable por asociación.

Aunque doctrinalmente hablando, el grado de castigo para ambos es distinto, tanto el creyente como el anatema son recipientes de la ira de Dios. El primero, al no haber sido obediente al llamado celestial de separación haciendo distinción entro lo santo y lo profano; y el segundo, por la perversidad de predicar y torcer las Escrituras no sólo para su perdición, sino para la perdición de otros.

Cómo podemos tener comunión con aquellos que muestran desprecio hacia los mandamientos del Señor? Será que Dios nos permite tener comunión con aquellos que están en error doctrinal? Será que el estar en comunión con aquellos en error doctrinal es beneficioso para la vida del creyente, honroso para la iglesia a la que pertenece y que tal compañía glorifica el nombre de Cristo? Por supuesto que no. No podemos trabajar, ni alentar, ni animar, ni asociarnos, ni aún decir Amén a las oraciones de quien enseña y practica otras doctrinas.

Gálatas 1:10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres?

De manera clara observamos que el favor de Dios no viene como consecuencia de una unión entre un hijo suyo y aquel que proclama un evangelio diferente… en tales asociaciones pecaminosas, la persona bien puede ganar el favor temporal del hombre y perder la bendición de Dios, pero ultimadamente esta es la pregunta que todos los verdaderos cristianos debemos hacernos: A quién debemos agradar? Si al hombre, entonces quizás no somos creyentes? y Si a Dios, entonces porqué no arrancar de raíz las asociaciones con aquellos que creen, predican y viven un evangelio diferente al que Cristo nos dio en Su Palabra?

1 de Tesalonicenses 3:6 Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 7 Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros … 14 Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence

Si esta desobediencia ‘menor’ requiere una respuesta tan firme de parte nuestra, entonces, ciertamente, comprometer las verdades bíblicas y estar de acuerdo con alguna idea, palabra u obra que no está avalada por las Escrituras es una cuestión sumamente grave. El propósito de la disociación es necesaria para que el que anda en desorden o en error doctrinal se avergüence, pero si nosotros como creyentes no nos separamos del tal, entonces cómo podrá notar esta persona o pastor su propio error, si en vez de reprenderlo con amor y con la Palabra de Dios, le alentamos, le deseamos lo mejor o decimos amén a sus oraciones?

El texto del libro de

Levíticos 19 (Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios)

nos ordena a que de la misma manera como Dios está separado del pecado, estemos nosotros también separados del pecado. Pero que separación puede haber del pecado si estamos asociados con el que lo practica? Que beneficio espiritual puede haber con la proclamación de una doctrina bíblica, si estamos trabajando, apoyando o animando a quien predica una doctrina que no lo es?

Separación bíblica del error desde la perspectiva del cuerpo de Cristo

Las asociaciones o alianzas se forman con un propósito en mente, veamos el siguiente ejemplo: La unión bautista se formó con el fin de conseguir una unidad doctrinal y con la idea de prestar ayuda a pequeñas iglesias a consolidarse en su tarea de difundir el mensaje de las Buenas Nuevas. En el momento en el cual algunos de los miembros de esta organización se apartaron de los ideales bíblicos en  los que tiempo atrás habían creido, en pos de la crítica de las Escrituras como Palabra de Dios autoritativa y suficiente, tal agrupación perdió toda legitimidad y bien debía ser disuelta – Era menester de los miembros que abogaban por la suficiencia de las Escrituras separarse de este grupo que ya mostraba síntomas herejes!

En el caso de las agrupaciones carismáticas y pentecostales, o de la iglesia católico-romana, o de los grupos ecuménicos, acerca de los cuales ya existe un largo historial de error doctrinal y de herejía, entonces no debería ni siquiera pasar por la mente de una iglesia verdaderamente sometida a la voluntad de Dios revelada en las Escrituras, estar en algún tipo de asociación – Por el contrario, debería de haber una disociación inmediata!

Las uniones de trabajo o de comunión con otras iglesias no se pueden formar sin el establecimiento previo de una base común. ¿Podemos tener comunión con aquellos que vituperan la causa de Cristo? No! Y he aquí una solemne advertencia … Si a sabiendas de estas anomalías y errores doctrinaleso entramos en algún tipo de alianza con iglesias que predican un evangelio basado en conceptos humanos, es decir, un evangelio que atrae a sus desprevenidos seguidores por medio de ideas que apelen a la mente carnal, a las sensaciones y al manipuleo emocional de las personas,  entonces somos irremisiblemente culpables por asociación!

Las verdaderas iglesias de Cristo deben tener sumo cuidado, pues las asociaciones abren la puerta a la influencia. Las asociaciones se forman a partir de cierto grado de confianza entre las dos partes: confianza en lo que el otro piensa o en lo que hace. Esta confianza permitirá que las ideas y prácticas fluyan más fácilmente entre las partes aliadas y usualmente la parte afectada es aquella que recibe el error más del que lo transmite, es decir, con más facilidad se infecta una iglesia local que ha permanecido en la sana doctrina de las Escrituras de una asociación con una iglesia en error, que la iglesia en el error se vea afectada positivamente de aquella con quien se asocia. Es por eso que la experiencia demuestra que el movimiento negativo de influencias fluye por lo general sólo en una dirección.

Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con su falda de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No. Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: Quedará inmunda (Hageo 2:11-13)

Lo que era cierto para Israel en el reino físico-simbólico es verdad para nosotros en el reino espiritual. Cuando una iglesia cuyo culto está regulado por la palabra de Dios entra en una alianza con otra iglesia cuyo culto está basado en los estilos y las modas del mundo, es muy probable que la mala influencia de la una, sólo fluya en un solo sentido hacia la otra: en el pasaje anterior cuando lo santo toca lo simple, no hay transmisión de la santificación, mientras que si la hay cuando lo profano toca lo santo!

La más grande tragedia es cuando la iglesia de Cristo no distingue entre lo santo y lo profano – Dónde están sus maestros, sus diáconos, sus ancianos a los que se les encargó de velar no sólo por las almas, sino también por la salud del cuerpo doctrinal de sus iglesias? Bien lo dice el profeta Ezequiel:

Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio… Ezequiel 22:26

¿Luego, debemos separarnos de aquellas iglesias con las cuales diferimos en puntos como si tienen los cultos evangelísticos en la mañana y no en la tarde o incluso por ciertas opiniones políticas o quizás aún si no tienen escuelas dominicales para niños? Por supuesto que no! Estas cosas son irrelevantes. Pero sin duda alguna es deber cerciorarnos si la iglesia con la cual buscamos tener comunión:

  1. Se adhiere a las Escrituras,
  2. Las reconoce como suficientes y autoritativas,
  3. También está separada de otras que profesan el error y no tiene alianza con ellas,
  4. Es caracterizada por una predicación fidedigna que honra el  Evangelio (y que no usa métodos engañosos como el decicionismo)
  5. Es apasionada por el evangelismo y usa métodos de evangelización que honren las Escrituras.

Tengamos mucho cuidado, porque son estas cosas las que están en el centro de una posible asociación que quizás está a punto de formarse. Si estas cosas no son un común denominador entre las partes que buscan cierta asociación o comunión, entonces tenemos que replantearnos la idea de cualquier tipo de unión!

¿Significa todo esto que sólo puedo asociar con aquellos que tienen exactamente las mismas creencias que tenemos y que siguen exactamente las mismas prácticas de la iglesia a la que pertenezco? Por supuesto que no! No hay que hacer de la doctrina de la separación bíblica un club exclusivo y cínico separatista – Esto sería gran pecado también! La separación bíblica no debe dividir a las familias terrenales como si los creyentes y los no creyentes no pueden sentarse a comer juntos en la misma casa. Existen diferentes ámbitos dentro de los cuales los diferentes grados de asociación sean apropiados.

El cuerpo de Cristo debe cerciorarse de no contaminarse a través de asociaciones herejes, ni movimientos ecuménicos ni por nada ni nadie, quienes aparentemente profesando el nombre de Cristo, enseñen creencias anti-bíblicas y doctrinas que lindan con la herejía, entre los cuales vale la pena resaltar el movimiento carismático, con sus doctrinas y prácticas anti-bíblicas más representativas:

  1. Adoración extática y sentimental
  2. Profecías y lenguas
  3. Sanidades y milagros por medio de supuestos ungidos
  4. Liberaciones de demonios
  5. Y su bien conocida doctrina de la prosperidad

Escapemos de este movimiento! escapemos no por miedo a el sino por temor de nuestro Dios! No sea que siendo contaminados por sus errores doctrinales, la bendición de nuestro Dios sea restringida en nuestras vidas, seguida por un acto de disciplina y corrección, y Su Santo Espíritu también se “retire” de las iglesias que han sido contaminadas por tales asociaciones!

Observaciones útiles

Cuidado

Por supuesto, la persona que busca ser obediente a la doctrina de la separación bíblica debe examinarse a sí mismo en constante oración para protegerse contra el modelo farisaico e hipócrita. Sin embargo, si después de considerar sus motivos en oración y a luz de las Escrituras, ve que tal motivación se deriva de un deseo genuino de obedecer la Palabra de Dios y de un celo por salvaguardar las gloriosas doctrinas del Evangelio de nuestro Señor (y ser salvaguardado por El), la verdad es que no puede, ni debe permanecer en silencio ante el error doctrinal.

La persona o iglesia que perciba la necesidad de separarse de otros creyentes, de falsos pastores y maestros, de uniones, de asociaciones o de ministerios que están sumergidos en el error, está obligado (como ya lo dijimos) a orar y a cerciorarse que a la luz de las Escrituras si existan los motivos bíblicos para tal acción – Hay que tener discernimiento sin lugar a dudas, y si hay lugar para ejercer la discreción (como lo señalamos en las líneas a continuación) entonces esta se debe aplicar con cuidado; esto con el fin de no tomar medidas desproporcionadas cuando no ameritan y de evitar tratar un asunto menor como si fuera un asunto importante.

Discreción

Tiene que haber por supuesto margen de discreción a la hora de separarse de otros creyentes que están en el error. Tenemos que preguntarnos por ejemplo, ¿cuánto saben ellos que están en un error? ¿Es la persona un creyente joven en la fe? Es quizás una persona querida de avanzada edad, que nunca ha estudiado de manera seria los problemas ni las consecuencias que acarrea la no separación del error? Quizás una persona puede pertenecer a un grupo o a una iglesia que ha hecho de los errores doctrinales su «pan de cada día», pero puede que tal persona esté muy incómodo con la postura del grupo y se halle en el proceso de tomar una acción pertinente en el asunto. Tales personas deben ser alentadas y en tales casos no nos debemos separar de ellos, sino orar y alentarles en privado a que busquen la dirección del Señor en Su Palabra. Un ejemplo claro lo hallamos en la conversación entre nuestro Señor Jesucristo y Nicodemo. El trato de nuestro Señor hacia Nicodemo difiere del lenguaje mucho más fuerte que tenía hacia los fariseos en general. Obviamente, el Señor Jesús distinguía entre el grupo en general y alguien dentro de ese grupo como Nicodemo, que había comenzado a cuestionar la validez de la religiosidad ortodoxa Judía.

Sin embargo, cuando se trata de alguien que sabe exactamente lo que está haciendo y ha fijado en su corazones continuar por este camino de compromiso a pesar de que se le amonestado con amor y a la luz de los principios bíblicos, del tal debe haber una separación total – No debe haber duda al respecto!

Viviendo en el mundo

Sin embargo, no todas las alianzas con los impíos implica ser culpables por asociación. Pablo aclara esto para nosotros amablemente en sus instrucciones a los Corintios:

1 Corintios 5:9 Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; 10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. 11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.

Los cristianos pueden trabajar junto a los no cristianos, estudiar con ellos, incluso vivir con ellos en la misma familia; en tales casos no culpabilidad por asociación imputada al creyente. Dios no llama a los cristianos a salir del mundo, sino a que sus testimonios brillen en medio de ellos, cual luz fulgurante de una gran lámpara que irrumpe en las densas tinieblas. Tales asociaciones naturales y seculares no transmiten culpa ni pecado. De hecho, las Escrituras rechazan la idea de que hay culpa por asociación sobre la base de asociaciones naturales:

El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo… Ezequiel 18:20

La culpa es un asunto muy personal y particular y no puede normalmente ser transferido de una persona a otra. En ninguna parte de este artículo o de ninguno otro que exponga este tema de una manera honesta,se sugiere que la culpa por asociación significa que la culpa de de la persona en error, se convierte en la culpa del que le apoya y no le amonesta, No! La falta en sí radica en la desobediencia de separarnos del anatema (o de aquel que predica un evangelio diferente (Catolicismo) o de aquel que lo tuerce de una manera sorprendente (Carismatismo) – el pecado radica en el hecho de comprometer la verdad del Evangelio y de las doctrinas que conocemos con la falacia y las posibles herejías de quien apoyamos o con quien nos juntamos.

Las malas compañías puede dar lugar (de hecho en la mayoría de las ocasiones termina siendo así) a una directa participación en las obras erráticas y herejes de las tinieblas: si este es el caso, entonces se pasa a ser culpables por asociación (cuando había sólo asociación con el error doctrinal) a ser culpables por acción (cuando se participa activamente en la propagación de tal error doctrinal)

Conclusión

Querido lector, permíteme recordarte una vez más: tenemos que tener gran cuidado de aquellos, que llamándose cristianos, están enseñando o promoviendo doctrinas cuyas bases no sean las Escrituras y sólo las Escrituras, cuyo objeto no es Cristo y sólo Cristo y cuya salvación no sea por Gracia y solo Gracia! En días como estos, las impurezas doctrinales abundan y los concilios, coaliciones y otros grupos en los que a diario la obediencia se sacrifica en favor de la doctrina son populares. Es por eso que hoy, quizás más que nunca antes es de gran relevancia ser obedientes a la doctrina de la separación bíblica. No seamos partícipes del pecado como consecuencia de una asociación directa o indirecta con aquel «hermano que persiste en desobedecer». No desobedezcas aquella clara orden de nuestro Dios, cuando con tanto amor nos ordena a que «seamos santos, porque El es santo»

No nos olvidemos tampoco de la santa advertencia que hallamos en libro de Apocalipsis:

Apocalipsis 18:4 Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío,para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.

Qué es ella? Babilonia es representada aquí como una «habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo…»

Acaso no se le puede llamar así a aquellas iglesias que predican de manera maliciosa la doctrina de la prosperidad?  
Acaso no se le puede llamar así a aquellas iglesias que promueven prácticas místicas y enseñan en seminarios de renombre, prácticas no bíblicas, como las meditaciones contemplativas?
Acaso no se le puede llamar así a aquellas iglesias que promueven la adoración mundana y carnal que no se conforma con el patrón Escritural?
Acaso no se le puede llamar así a aquellas iglesias que promueven tantas otras doctrinas anti-bíblicas, demeritando la suficiencia de las Escrituras?

Quizás eres tu aquel a quien el Señor le dice hoy » Salid de ella, hijo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas…»

Vas a persistir en tu desobediencia a Dios para agradar al hombre … O vas a obedecer a Dios, así sufras el ignorante rechazo de quienes aman el coqueteo con el mundo y lo que el mundo ofrece que no se conforma al patrón de las Escrituras.

0
  Artículos relacionados