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El Cristiano en el mundo… ¿Qué esperar de este mundo caído?

¿Qué es el mundo?

La Escritura nos da varios significados de la palabra mundo. Entre ellos tomamos los 3 más destacados, enfatizando que este artículo gira en torno a la tercera definición.

  1. El mundo como algo material, como tierra habitable.
  2. Personas. La gente que habita en el 
  3. El mundo en su sistema corrupto

Entremos entonces en materia…

Algo que el verdadero creyente debe conocer es que, este mundo tiene sus valores invertidos, es un mundo que se encuentra totalmente en contra de Cristo, y por lo tanto de Su Palabra y de Su iglesia amada. Afirmamos que este mundo tiene los valores invertidos porque a lo que es malo, llaman bueno; y lo que es bueno, llaman malo (Isaías 5:20). Ese es el caso con pecados como la fornicación. La Biblia la prohíbe, y está en contra de ella, pero el mundo ahora la ve normal, no le interesa lo que las Sagradas Escrituras digan acerca de ella, es decir, lo que Dios mismo dice acerca de ella, tal y como también acontece con la homosexualidad, la mentira, las borracheras, etc., pecados que se han vuelto muy aceptables por esta sociedad caída, que día tras día, de diversas formas, los defiende.

Entonces, ¿qué debemos esperar los genuinos creyentes diariamente de este mundo caído? A esto la Biblia responde:

Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra Juan 15:18-20

¿Cómo es el mundo?

Este es un mundo que nos sonríe, pero dentro de sí nos odia. Convive con nosotros pero quisiera que estuviésemos lejos de él. De este solo debemos esperar aflicción, persecución, odio,  ataque y calumnia; pero hay algunas denominaciones que se esmeran en decir que no es así como si el Evangelio fuese es un cuento de hadas, una lámpara mágica que ofrece felicidad y confort para todos, que no tiene dificultad alguna, que se puede tener gozo total en este mundo, que el fin del hombre es el placer y el gozo terrenal; ¡Oh! pero cuán alejadas están estas congregaciones de la verdad, cuán corrompidas se encuentran escrituralmente para llegar a decir tales herejías.

A decir verdad, la Biblia enseña algo distinto. El mundo puede ser legítimamente comparado con un campo de batalla y nuestras vidas mientras estemos en el, como una batalla feroz. Una batalla que arrecia, un batalla entre la Iglesia de Cristo y el mundo que le aborrece, y muchos de los cristianos profesantes tan campantes en el mundo buscando lo material, la unción, el placer, el beneficio propio.

Preguntémonos entonces…

¿Es posible afirmar que pueda haber un verdadero creyente en medio de la batalla que esté buscando el relajo, la paz con el enemigo, el descanso y el confort? Ciertamente no!

¿Qué hay de aquellos profesantes de la fe cristiana, escondidos tras un teclado, haciendo uso del poder que le dan métodos impersonales como las redes sociales en vez de estar batallando contra el mundo, bien sea en el evangelismo de su iglesia, en la enseñanza de los niños en la escuela dominical o en las labores de culto de su iglesia local?

En el mundo no hay nada de lo que el genuino creyente se pueda alimentar ni que pueda alentarlo en medio de la angustia. Por el contrario, el mundo es la fuente de angustia y de toda oposición del creyente. ¿Por qué, pues, muchos que profesan la fe cristiana, buscan refugio en el mundo, buscan amar y ser amados por quienes aborrecen a Cristo, por quienes menoscaban la autoridad de Su palabra, y por quienes aborrecen a Su iglesia?

En primer lugar, el mundo aborrece a los verdaderos creyentes por decir la verdad, pero decir la verdad, según la Biblia, es la mejor manera de demostrar el amor, pues el amor “se goza de la verdad” (1 Corintios 13:6). Nosotros, los genuinos creyentes, por la gracia de Dios, llamamos pecado, al pecado,  y no podemos ponerle otro nombre que desobediencia, a la desobediencia; y así Dios lo manda.

De esto tenemos claros ejemplos en la Escritura, tales son:

  • El rechazo de Caín a su hermano Abel
  • El odio de  las cortes faraoínicas hacia Moisés
  • La persecución de Absalón contra David
  • El ataque de la casta religiosa judía contra Pablo
  • La aflicción que Nerón le generó a Pedro, y las multitudes de rebeldes que, con odio y furia, mataron a los mártires, y que aún en estos días hacen.

Estos son solo pocos ejemplos, pero quienes son cristianos fervientes seguramente saben de qué estamos hablando porque están en el mismo campo de batalla.

Los genuinos creyentes experimentan el rechazo del mundo

Los genuinos creyentes han experimentado de una u otra forma el rechazo de otros supuestos compañeros de batalla (creyentes) por no querer desertar con ellos hacia el mundo. Los genuinos creyentes que denuncian por medio de advertencias el mal que estos desertores de la causa de Cristo causan a las filas de Su ejército, entenderán muy claramente lo que estamos diciendo.

Aún mis amados hermanos, aún mis amados compañeros de batalla, nuestras familias se llenarán de odio contra nosotros y aborrecerán la causa que amamos y que defendemos. Nuestros propios seres amados en la carne (familia) se unirán en muchas ocasiones para causarnos dolor y daño.

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.Mateo 10:34-36

El mundo aborrece a quien no se somete a su perversa manera de vivir

El mundo nos aborrece porque lo que abunda en nuestros corazones es la Verdad del Señor, y de eso hablamos (Mateo 12:34).  La verdad es una joya más valiosa que la vida, más brillante que la fama y la reputación, de más valor que la unidad, y más necesaria que la paz. La verdad es el nudo que une y da armonía, pero sin ella, estas cosas son imposibles.

El mundo nos aborrece porque no hacemos lo que ellos gustan de hacer, porque no somos como ellos, porque no avalamos su desobediencia, al contrario, dependemos de la gracia de Dios para oponernos a ella con vigor. La vida de un creyente es una vida en oposición hacia el mundo y eso es una verdad indiscutible.

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos 1 Pedro 4:1-5

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo1 Juan 2:16

¿Qué esperar del mundo?

Querido lector, la Palabra de Dios no nos ha ocultado esta verdad. Nos la ha dicho de forma clara y contundente: del mundo no podemos esperar nada bueno. A los profetas los mataron, igual hicieron con los apóstoles, y con nuestro Señor Jesucristo no fue distinto, y recuerde que “el siervo no es mayor que su señor”. Así que les recordamos con gran amor en Cristo que no nos hagamos vanas ilusiones de una vida en paz y armonía, tal como se vende hoy en día por muchas personas que dicen ser pastores de rebaños.

El mundo nunca ha estado, y jamás estará de acuerdo con Cristo y Su Palabra, y atacará a todos quienes sigan las pisadas de Él, y obedezcan sus órdenes.

Aliento Divino en nuestra lucha

1Recuerde: Dios ha dicho esta verdad en Su Palabra: que seremos aborrecidos por causa de Él. Él jamás prometió que no tendríamos aflicción, ni que las artimañas y ataques del enemigo jamás causarían raspadura alguna, antes bien, nos advirtió en Su Palabra que así habría de ser. Pero amado compañero de batallas, también prometió que estará con nosotros hasta el fin, y que seremos sostenidos, alentados y sustentados con Su Diestra de Poder.

2La gracia de Dios sobreabunda en medio de las dificultades y se desborda en medio del feroz campo de batalla en el que nos encontramos.

3No temamos. Ciertamente somos pocos, pero estamos con el Todopoderoso. No nos amedrentemos. Ciertamente somos torpes en ocasiones, pero jamás el enemigo de nuestras almas tendrá el gozo de vernos caídos para siempre en el campo de batalla, pues la Diestra de Poder de nuestro Dios nos levanta para darnos consuelo!

4Quien nos ayuda en este trasegar es el Santo y Excelso Espíritu del Dios Vivo. Él es quien nos consuela cuando el mundo nos ataca. No debemos desconfiar de nuestro Señor cuando las oleadas de aflicción que este mundo ha de lanzarnos, se aproximen con fuerza y poder, porque Cristo ha vencido al mundo. El Espíritu de Cristo es nuestro ayudador cuando creamos no poder más y al mismo tiempo es nuestro consolador cuando en medio de la batalla suframos penalidades como buenos soldados de Cristo.

Que no se te olvide…

La verdad de la Palabra de Dios es una joya valiosa, más valiosa que la vida en este mundo pasajero, recuérdelo. Hallemos confort y paz, no en este mundo que no puede dar lo que no tiene, sino en el Espíritu del Dios Vivo y finalmente, roguemos para que la gracia de Cristo y el amor eterno de Dios Padre nos habilite para hacer frente, de manera obediente y decorosa, ante un mundo que desconoce a Dios, que niega a Cristo y que blasfema del Espíritu Santo.

Cristiano, ánimo! Ame la verdad de la Palabra de Cristo, vívala en su propia vida, defiéndela con pasión y conocimiento, proclámela con fervor, téngala por joya excelsa y jamás negocie con ella. Aún, si es necesario, prepárese en Cristo para pagar con su vida el precio de amar esa Verdad y de testificar que las obras del mundo son contrarias a la Verdad.

Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal 1 Pedro 3:17
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