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El deber de congregarnos y de ser puntuales

Acabo de leer un pequeño chiste, y quiero hacer una meditación sobre ello:

Mamá, no quiero ir hoy a la iglesia… Pero hijo, ¡tú eres el pastor!»

Mañana es el Día del Señor. Imagina que el pastor de tu iglesia no vaya porque le dio pereza, o «le cogió la tarde» (negligencia) y prefirió no ir para no llegar a deshora. ¿Qué pensarías de tu pastor en esos casos?

O, no seamos tan radicales. Piensa que llega tarde a la congregación porque salió tarde de su casa, o se levantó de cama más tarde de lo que debía o salió a ras, sin pensar en un posible trancón. ¿Qué pensarías de tu pastor en estos casos? Si eso pasara una vez, aunque no es correcto, sería entendible, ¿cierto? Aceptaríamos como iglesia la disculpa del pastor. A todos nos puede llegar a pasar, por eso debemos ser sumamente cuidadosos y no condescender con nuestra pereza ni ser descuidados con nuestro deber.

Ahora imagina que tu pastor toma la costumbre (hábito repetitivo) de llegar tarde a la iglesia, por la razón que sea; o imagina que toma el hábito o costumbre de no ir a la iglesia algunas veces. Dime, ¿qué pensarías de tu pastor? Si lo juzgamos conforme a las Escrituras, con justo juicio, ¿cuál sería nuestra conclusión frente a ese pastor? Algunos me dirán: «no es irrepensible, se le puede acusar de negligente y perezoso; un pastor jamás debería ser así». Otros quizás digan: «no es apto para enseñar, pues su ejemplo y testimonio son desastrosos».

Es cierto eso. Todo argumento que se levante en contra de esa actitud del pastor, lo más posible, es que sea correcto. No está bien que un pastor haga eso. Lo desacreditaría como Siervo de Cristo (y esto aplica a todo servidor de la iglesia).

Ahora, hermanos, ¿ustedes hacen lo mismo? Sé que ustedes no son los pastores de la iglesia, quizás tampoco ancianos o diáconos, y en el caso de las mujeres, quizás no presten ningún servicio en la congregación por el momento (lo cual espero que todo creyente pueda llegar a hacer, pues somos llamados a servir), pero ¿llegas tarde a la congregación, por la razón que sea? Es entendible que llegue a pasar alguna vez, por alguna razón de fuerza mayor o imprevista, ¿pero aprendiste de eso? ¿Has tomado como costumbre ser impuntal en tu asistencia a la congregación?

Ahora, déjame ir un poco más allá. ¿No te congregas teniendo una iglesia bíblica para hacerlo? ¿Has tomado como hábito repetitivo no congregarte? ¿O algunas veces sí y otras no? ¿Te da pereza madrugar? ¿O te da pereza regresar de nuevo en la tarde? Quizás me des esta excusa: «Ah, hermano, es que la iglesia queda muy lejos de mi casa». ¿Y eso qué? Si, por ejemplo, no hay un hospital cerca, ¿te dejas morir o haces todo lo posible para llegar al que esté más cerca, aunque esté un poco lejos y te toque tomar dos buses, manejar un par de horas o caminar un largo trayecto? Es el Señor quien lo ordena en Su Palabra, ¿es esa la excusa que le presentarás?

Tu pereza no es una excusa. Tu negligencia no es una excusa. Tu lejanía del local no es una excusa. Tu «ya fui por la mañana, el resto de tarde es para mí», no es una excusa, porque es el día del Señor, no el tuyo. Tampoco es una excusa que, pudiendo asistir entre semana (si hay algún estudio bíblico o reunión de oración) digas que fuiste el domingo. ¿Por qué dejarías de estar con los santos del Señor, adorar con ellos y aprender de las Escrituras, si puedes hacerlo? ¿O, realmente, no haces parte del grupo de santos del Señor?

¿El chiste es gracioso, no? Pero no es nada gracioso que tal cosa llegase realmente a ocurrir. Tú quizás ves la falla en el pastor, ¡y la hay si hace lo que he planteado! Sin duda, deberá ser amorosamente exhortado; ¿pero tú haces lo mismo? «Como X lo hace, pues yo también».

¿Desde cuándo la desobediencia de alguien es excusa para mi propia desobediencia?

Prepárate para el día del Señor. ¡Tienes 6 días para hacerlo! Deja listas tus cosas. Acuéstate más temprano si te da dificultad levantarte. Ora al Señor por ello. Sal de casa más temprano si la ruta demora o suele haber trancón. Congrégate en una iglesia sana, aunque esté lejos.

Gloria al Señor porque puedes hacerlo, cuando tantos que quieren, por muchas razones de fuerza mayor, realmente no pueden. Pero si tu puedes, hazlo; ¿acaso un cristiano no tiene el deseo de obedecer a su Señor? Sí, debe tenerlo, y eso incluye el participar de esta orden y medio de gracia público estipulado en Su Palabra:

no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbreHebreos 10:25

Congregarse no solo es deber del pastor (incluso si no tiene que predicar ese día), sino también de cada oveja; al fin y al cabo, tanto el pastor como los demás creyentes son ovejas de Cristo, y es Él quien ha dado el mandato de que nos congreguemos. ¿Cómo te comportas tú frente a esa orden? ¿Y cómo reaccionas ante los hermanos que fallan en esto? «Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor».

El Señor les bendiga con Él.

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