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El Inconmesurable Amor de Cristo para con su Pueblo

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.Romanos 8:35-37 

Es un concepto asombroso para nosotros que Cristo Jesús, el Señor de la gloria, la segunda persona de la Trinidad, ame entrañablemente a su pueblo. En este versículo tenemos una oportunidad para entender una minúscula parte de ese poderoso amor que no tiene comparación alguna.

“¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Pablo pregunta, e inmediatamente nombra las fuerzas que tratan de separanos. Nos damos cuenta de inmediato que estas fuerzas se hallan personificadas en la palabra “quién”, como si se tratara de una persona; y en cierto sentido estas fuerzas son de carácter personal ya que el enemigo de nuestras almas está detrás de ellas para tomar ventaja y utilizarlas en el oscurecimiento de nuestra visión del amor de Cristo.

En otro tiempo antes de su conversión, el autor de este artículo (el Dr. Peter Masters) pensaba que el amor de Dios era un amor impersonal o “semi-personal ‘, algo así como el tipo que vemos en organizaciones de beneficencia. Podemos apreciar que incluso los gobiernos en cierta medida apoyan ciertas obras benéficas. Además del gobierno existen organizaciones de carácter benéfico que trabajan para aliviar la pobreza o la necesidad de las personas. Estas organizaciones, pese a que quizás la mayoría tengan nobles objetivos, no pueden mostrar realmente ni el amor personal, ni la ternura, ni el afecto ni tampoco el respeto por aquellos a quienes ayuda a través de su generosidad. Es más, no se espera que lo hagan. Son entidades sociales, y si bien pueden tener agentes individuales en contacto directo con las personas a las que beneficia, en términos generales su benevolencia no es un acto personal de amor. Puede que sin duda haya sentimientos en los corazones de los donantes, pues son conscientes que sus contribuciones ayudan “a la carne y a la sangre”, pero esto no es un amor de carácter personal.

Sin embargo, cuando pensamos en el amor de Cristo, no debemos dejarnos influir por la noción de un amor meramente benévolo, pues el amor de Cristo es un afecto personal e indescriptiblemente profundo, por difícil que sea para nosotros comprender. Es de veras asombroso que nuestro Creador, el Hijo eterno de Dios, el Creador del cielo y la tierra, Quien es todo en todo y llena todas las cosas, tuvo desde la eternidad tierno afecto por su pueblo. Y aún así, Cristo se ha unido a cada uno de los suyos: aun a los más débiles, a los más jóvenes y a los más pequeños; y se ha unido con tan entrañable cariño e infinito afecto, que el entenderlo está más allá de las capacidades limitadas de nuestras mentes.

Cristo vino al mundo, tomando cuerpo y personalidad humana para llevar el dolor y el castigo que nos merecíamos, sintiendo y soportando la ira de Dios, en esas seis terribles horas en la Cruz del Calvario, ira con la cual nosotros deberíamos haber sido castigados. Cristo pagó el precio para asegurar nuestra salvación eterna, allí en la Cruz “nos vio en su mente”, conociendo El ya de antemano a aquellos por cuyos pecados sufría; y los sufrió y soportó todos a causa de ese inconmensurable amor personal para con nosotros.

Tan grande, puro y glorioso fue su amor por nosotros que no evitó ningún dolor. En uno de nuestros himnos, cantamos: “¡Oh, el profundo, profundo amor de Jesús,” y es así, pues se remonta más allá del tiempo, en la eternidad pasada; antes que nuestros padres nos concibieran, estábamos ya en su corazón. Desde la eternidad pasada vio nuestro difícil futuro y nuestra condición pecaminosa, y determinó ser quien llevase nuestros pecados para demostrar así que es Cristo quien ama nuestras almas.

No podemos ver o imaginar el origen del amor de Cristo, sin embargo, sabemos que nunca cesará y que continuará en el eterno y glorioso futuro, porque ninguno de aquellos sobre quienes fijó su amor incondicional, y por quienes sufrió, murió y resucitó de entre los muertos, jamás perecerá. Él les llevará gloriosamente a las moradas celestiales y allí estarán seguros para siempre.

Recordamos cuán pacientemente, Cristo nos llamó y nos trajo hacia a sí mismo, y cómo repetidamente ha perdonado todas nuestros defectos, nuestras fallas y nuestro distanciamiento de él; también, todas aquellas palabras necias y acciones pecaminosas. Sin embargo, en su infinita paciencia y clemente corazón, nos ha traído al arrepentimiento y ha establecido nuestros pies una vez más en la roca de nuestra salvación, ha restaurado nuestro gozo y comunión con El, y escuchando nuestras oraciones.

“Quién” se pregunta el apóstol, “nos separará del amor de Cristo?”¿Qué fuerza o poder nos podrá separar de su afecto, de su cuidado para con nosotros y de la cercanía desde donde siempre escucha nuestros clamores?

1Constancia del Amor Divino

Así que, consideremos algunas ideas sobre el amor de Cristo. Amamos a un esposo, a una esposa, a un hijo, a un padre o a un amigo, pero ¿cuán constante es nuestro amor? En el mejor de los casos es espasmódico o intermitente, o por lo menos lo expresamos de manera vacilante. A veces no es expresado suficientemente ni a través de palabras ni de acciones, incluso para alguien que ama esto es muy triste. Pero el amor de Cristo, y esto es casi incomprensible, se expresa constantemente hacia nosotros en la paciencia con la que nos perdona, en su ayuda, en su cercanía, en su cuidado para con nosotros, e incluso en la manera perfecta como nos disciplina.

Incluso, cuando el Señor permite que en nuestras vidas sucedan contratiempos, el desea traernos de nuevo a nuestros sentidos con el fin de que nos apartemos del pecado y nos arrepintamos; Crsito mide y supervisa la corrección para que nunca sea demasiada ni cruel, sino siempre justa y de acuerdo con su perfecta sabiduría. Nuestro primer clamor en genuino arrepentimiento y dedicación, restaura el gozo y la paz, y nos permite ver que el amor de Cristo siempre es constante, nunca disminuye y es eterno.

Si el amor de Cristo para con nosotros es fiel y constante, ¿qué sucede con nuestro amor para con El? Hemos sido redimidos. Tenemos la mayor de las  riquezas imaginables. Tenemos vida espiritual en Él, y hemos sido hechos herederos del Cielo. Tenemos facultades espirituales. ¿Qué más entonces podemos desear? A pesar de esto, vamos muy a menudo por la vida sintiendo lástima por nosotros mismos a causa que carecemos quizás de una mera cosa terrenal, o porque algo terrenal se daña. ¿Cómo podemos reaccionar de tal mala manera ante las pérdidas terrenales,  cuando tenemos riquezas mucho más grandes de las de los multimillonarios? ¿No deberíamos expresar nuestro amor a él cada día, todos los días, en aquel tiempo que dedicamos para alabarle, agradecerle y orar?

¿No deberíamos mas frecuentemente expresar nuestro amor, con acción de gracias por la seguridad concedida y por las bendiciones y ayuda recibidas? ¿No deberíamos expresar nuestro amor por Cristo, en la planificación de lo que vamos a hacer por él en las próximas horas – A quién vamos a hablar de Él, o a quién le mostraremos bondad en su nombre? De la manera como Cristo se deleita en planificar la eternidad para nosotros, diciendo: “Voy a preparar un lugar para ustedes, ‘¿no deberíamos también nosotros servirle desinteresadamente siempre?

2Protegiendo nuestro tesoro

Leía hace poco el capítulo 8 del libro de Esdras, leía acerca del peligroso viaje de Esdras, cuando fue a Jerusalén en el 458 AC. Cuando reunió a los levitas y a los demás y se dispuso un lugar de reunión a las orillas de un río llamado Ahava, en alguna parte de Babilonia. Su largo viaje era particularmente peligroso. Esdras había declinado tener una guardia armada del rey de Persia. Estaba avergonzado de aceptar ayuda del Rey, pues la había afirmado que Dios estaba con ellos, y que Él los protegería. El peligro sin embargo era inmenso porque llevaban un gran tesoro, y había muchos bandidos a lo largo de la ruta.

Al leer este relato, aunque este no sea el sentido primario del mismo, no podemos dejar de pensar en nuestro viaje por la vida llevando el tesoro de nuestra salvación, nuestra nueva naturaleza, nuestro conocimiento invaluable, nuestro título de propiedad de los cielos, y el depósito del amor de Cristo en nosotros. La gente que iba con Esdras guardó el tesoro y cuando este tesoro se contó y se pesó en la casa del Señor en Jerusalén, se halló que estaba completo. La pregunta es, ¿Mantendremos nuestro tesoro intacto?

Nuestro viaje no es desde Ahava a Jerusalén, pero si lo es, desde el momento de nuestra conversión hasta la gloria. Estamos llevando el tesoro del amor de Cristo, conscientemente apreciando nuestra conversión. Recibimos nuestra nueva naturaleza, con gran gozo y paz y fe, y comunión con Cristo –en quien hay incalculables tesoros y riquezas. Tenemos que cuidarlo y mantenerlo hasta que entremos en Su casa, en la Jerusalén eterna, y echemos nuestra corona ante los pies del Señor. Debemos orar por ayuda, para que nada robe el amor de Cristo de nosotros -nuestra paz, nuestras creencias, nuestra fe, nuestra confianza, nuestro amor, nuestro servicio- y seamos desviados del camino. Debemos orar y tener cuidado de no volver a nuestras viejas costumbres. Mantengamos nuestro tesoro hasta el final de este peligroso viaje para llevarlo intachable y completo por todo nuestro peregrinaje hasta el final.

Esposos y esposas, ¿se reflejan mutuamente el amor de Cristo? En caso que exista una pérdida indigna e injustificada de la paciencia de unos para con otros, o que seamos irritables o que nos perturbemos por cosas que no valen la pena, estáis listos para extender a la otra parte la paciencia que Cristo te extendió a ti? Siempre expresando su amor, siempre tratando de que el otro esposo sea feliz? Con todo el amor que Cristo nos ha mostrado, ¿cómo podemos ser impacientes, crueles e irracionales entre sí? El amor de Cristo siempre nos reta y nos anima a imitarle.

Por supuesto, hay muchos aspectos en los que el amor de Cristo para con nosotros no puede ser devuelto. Varias veces he mencionado su paciencia, pero nunca podemos ser pacientes con él. Sólo podemos devolver Su paciencia a través de nuestra devoción y servicio. Del mismo modo, nos llamó a sí mismo, nuestra salvación es iniciativa soberana de Dios y no nuestra. No podemos tomar iniciativas con él, pero si obedecerle: Él es nuestro Señor y nosotros somos sus siervos.Su generosidad no puede ser devuelta, porque el sobreabunda en bendiciones y dones para con nosotros, ¿cómo entonces le podemos enriquecer? Él nos santifica, haciéndonos mejores personas, moviendo nuestra conciencia por medio de su Espíritu, pero no podemos santificarle, porque él es santo.

Hay muchos aspectos en los que el amor de Cristo no se puede devolver en especie. El amor de Cristo en muchos de sus aspectos y en su carácter glorioso y en su extensión, es un camino donde el tráfico fluye en un solo sentido: De El hacia nosotros, y es nuestro deber devolverlo en la forma que podamos, y amarlo con todo nuestro corazón. Ninguna película ficticia que pueda describir el amor de una persona por otra, puede asemejarse al amor de Cristo por su pueblo, pues es inconmensurable e incomprensible. En amor, El nos informa acerca de lo que hace y piensa en su Palabra. Él nos consuela en todas nuestras aflicciones. Él nos concede gozo y felicidad de acuerdo con nuestras necesidades. Nos inspira en todo lo que hacemos cuando encomendamos nuestros caminos a él.

3¿Quién nos separará? …

Pero nuestro pasaje bíblico pregunta: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” ¿Pueden los intentos orquestados del diablo llevarnos lejos del amor de su amor? Será que la ‘tribulación’ nos separará, pregunta Pablo? Esa palabra hace referencia a los problemas externos, pero por supuesto, ningún problema externo nos puede separar del amor de Cristo. Nunca somos abandonados. Él está siempre cerca. Cuando clamamos su nombre, siempre interviene, a veces quitando el problema, y otras veces fortaleciéndonos para que lo llevemos, pero siempre somos consolados. A través de estas cosas continuamos en comunión con El y nuestros problemas quizás sean utilizados para testificar a otras personas, para que ellos no sólo escuchan nuestras palabras acerca de Cristo, sino que puedan ver como obtenemos Su ayuda en nuestros problemas.

Entonces, a manera de bono, nuestros problemas nos desapegan del mundo. Muy a menudo, cuando nos estamos enamorando del mundo o de las garras de sus cosas materiales, un gran problema surge, quizás una dificultad o una gran decepción, y nos percatamos de nuevo de lo vacío y de a falta de fiabilidad de este mundo caído, y de sus defectos, falsas promesas y pecado. Entonces somos llevados a mirar y a depender de Cristo aún más, y nuestros corazones se llenan de nuevo con la certeza de que nada nos puede separar del amor de Cristo.

¿Con qué frecuencia consideramos el famoso versículo 28 de

 Sabemos que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que son llamados conforme a su propósitoRomanos 8:28

El apóstol también menciona la persecución como una fuerza que amenaza con oscurecer el amor de Cristo, y Pablo conocía lo que era en realidad una persecución por causa de la verdad. Podemos ser condenados de alguna manera a causa de nuestro amor por Cristo, pero siempre le perteneceremos, y aún nuestros esfuerzos darán frutos, aunque no los veamos por nosotros mismos. En cualquier forma de persecución el Señor se acerca mas a nosotros, y esto nos lo recuerda en el Sermón del Monte. Cuán bendecidos y supremamente gozososestaremos como resultado de la persecución. Los ojos del Señor están sobre nosotros y podemos decir: “Su corazón sabe lo que siento y su afecto me rodea. Dios le ha asegurado personalmente a su pueblo que ellos tendrán gran bendición en medio de la tribulación ”

4Amor Compasivo

Pablo menciona el hambre y todas las formas de carencia que pueden dolernos y que nos ponen en dura prueba. Sin embargo de la misma manera, Cristo colocará sus brazos divinos alrededor nuestro y puede utilizar nuestras pruebas de una manera notable. A medida que avanzamos a través de estas duras pruebas, habrán señales constantes de su amor. En todas las angustias, debemos pensar en la eternidad gloriosa que nos aguarda, en la riqueza espiritual que sólo hay en El y que tenemos por El, y sobre todo, en el precio que Cristo ha pagado por su pueblo. ¿Cómo –razona el apóstol Pablo (inspirado divinamente)- podemos ser abandonados y quedarnos sin su amor? Si estamos en desnudez, si vivimos en la pobreza, si corremos peligro, si somos víctimas de la guerra, si lo perdemos todo en los desastres o si somos violentados a espada o por medio de otro tipo de violencia… Ninguna de estas cosas puede terminar con el amor de Cristo para con nosotros. Somos siempre suyos, le pertenecemos, su mente está siempre en nosotros, su corazón está constantemente por nosotros: Cristo es nuestro y nosotros, suyos.

5El Amor que disciplina

Pablo procede a citar el Salmo 44

“Como está escrito, Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos llevados como ovejas al mataderoSalmo 44

Alguien en cierta ocasión me comentó que la disciplina de Dios no es mencionada específicamente por el apóstol… A lo que respondí: “¡Por supuesto que lo es!” en este versículo. El Salmo 44 es un salmo de lamento nacional de los Judíos, Dios había retirado su bendición y el pueblo estaba bajo castigo como consecuencia de sus pecados. El salmista, en nombre del pueblo, declara el deseo de arrepentirse y volverse de sus maldades y de ser bendecido por el Señor una vez más. Ellos deseaban ser bendecidos por el Señor y ser protegidos por Su presencia y poder. El Salmo 44 es una oración de un pueblo en disciplina, y este es el salmo que es citado por el apóstol. En efecto, por lo tanto, apreciamos que aún la disciplina no nos puede separar del amor de Cristo.

Ya hemos mencionado que la disciplina es el amor de Cristo que nos trae de nuevo a él. Vemos el amor de Cristo en las palabras de

y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo” Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina.Hebreos 12:5-7

El amor de Cristo, incluso en la disciplina nunca es cruel, pero si muy beneficioso. ¿Qué sucede si no nos corrige? Qué sería de nosotros? Cuando pecamos en rebeldía contra de El y de Sus santos estándares, cuán lejos entonces divagaríamos de él! Qué sufrimiento traería a nuestras vidas la ausencia de disciplina Divina ! Es Su amor el que nos trae de regreso.

Además, dice Pablo en

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.Romanos 8:37

Cristo no sólo ama sino, que ama con una tenacidad que nos llevará triunfantes hasta la victoria final. Luego, en un lenguaje enfático, el apóstol dice: “Por lo cual estoy seguro” que nada nos puede separar del amor de Cristo. Lo que quiere decir es que el está totalmente convencido y que tiene gran paz en el asunto que considera. Está totalmente satisfecho; no hay debate o intranquilidad alguna en su mente en lo que respecta al amor de Cristo. “Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados” nos pueden separar del amor divino.

6El amor extremo

La muerte, el rey de los terrores, ha sido derrotado por Cristo en el Calvario, y los creyentes llegarán sin duda alguna a la orilla triunfal para entrar en el gran salón de recepciones del Rey. No se puede hablar con precisión sobre ese maravilloso lugar ni tampoco describir su grandeza, ni acerca de las personas que nos recibirán allí. Las únicas descripciones de la presencia de Dios y de la acogida de los que entran, se encuentra en el libro de Apocalipsis; son de carácter simbólico, es decir, no literal. Leemos de la existencia de todo tipo de piedras preciosas, o al menos de su apariencia en color y en gloria. Pero sólo estos símbolos le indican a nuestras mentes una dirección que aún no pueden explorar por completo, sugieren maravillas más allá de nuestras presentes facultades de comprensión.

Se nos dice en las Escrituras que seremos recibidos por personas, incluidos aquellos con los que hemos hablado la palabra de vida. Podemos suponer que habrá seres queridos que han llegado al Cielo antes que nosotros. Ante todo, estará el Señor mismo junto con sus ángeles. Quién sabe cuántos peregrinos entrarán en la gloria! pues el número de los elegidos es enorme, y muchos de estos aquí en la tierra reciben su “llamado a casa” cada segundo .

Las áreas de recepción en este mundo (como en la de un hotel o en la sala de llegadas de un aeropuerto, etc.) son muy a menudo una confusión y un caos total. Pero no puede haber desorden o confusión en el Cielo. El salón de recepciones del Rey será sublime, ordenado y perfecto; impregnado de emoción, temor, alegría y asombro. Allí, los espíritus salvos llevan la imagen de Cristo, emanando pureza, belleza y amor más allá de cualquier cosa que hayamos visto o conocido en la tierra. Los ciegos ven, los sordos oyen, los mudos hablan… la alabanza y la gloria llenan el lugar –es una experiencia asombrosa para el creyente, es el más grande de todos sus días.

Aunque todavía en esta vida terrenal, nuestra constitución humana tiene miedo de la muerte y aún de rechazo para con la misma. Sin embargo, en el espíritu, debemos desearla y gloriarnos en ella, ya que para nosotros aquel día será el día más grande de todos, es el día en que el alma toma vuelo y entra en la eternidad. Es el momento en el que entramos en la presencia de Aquel quien fijó su amor en nosotros, de Aquel que nos ha redimido y amado sin disminución o interrupción alguna; si, Cristo nos ha amado cada segundo de nuestras vidas y lo hará hasta el final, hasta que lo veamos en su majestad y gloria.

Los factores que amenazan el amor de Cristo

La vida no nos separará del amor de Cristo, dice Pablo, sin embargo puede amenazar en hacerlo. Los honores y el amor por las cosas mundanas y terrenales puede por un momento eclipsar nuestra conciencia del amor de Cristo, y diluir nuestro amor por él, pero nunca impedir su amor por nosotros.

Los ángeles, dice Pablo, nunca se interpondrán entre nosotros y el amor de Cristo. En los primeros días de la iglesia algunos herejes insensatos sostuvieron que los ángeles si se podían interponer en el camino. Ellos se imaginaban que los ángeles eran los intermediarios entre las personas y Dios, y que Dios debía ser “abordado” a través de ellos. Estas ideas no eran nada más que mera ficción de carácter destructivo, de ahí que Pablo descarta con desprecio estas necedades. Los ángeles buenos son ayudadores en nuestro gozo y nunca impedirían que disfrutemos del amor de Cristo para con nosotros. Cristo nunca usará una burocracia angelical, diciendo a aquellos gloriosos espíritus: ‘Ve y expresa mi amor a mi pueblo, porque yo no los puedo alentar ni socorrer personalmente en este momento. Nuestro Señor es Dios verdadero y su poder y amor son continuos. El amor de Cristo es eterno y nunca cesa de ser, y la manifestación de tal amor nunca es delegada a los seres inferiores.

Los ángeles caídos -principados, ni potestades- tampoco pueden obstaculizar el amor de Cristo. Algunos cristianos cometen el error de pensar que éstos pueden cortarnos el paso del activo y continuo amor de Cristo, y en algunas ocasiones un alma preocupada teme que alguien haya puesto una maldición sobre ellos o en su casa o su coche. Saben que hay personas con intereses malévolos y ocultos y se sienten vulnerables si los provocan a ira. Así que erróneamente atribuyen a los ángeles caídos y al diablo poderes que no poseen para interferir con los creyentes.

Pero la Escritura es clara -los demonios de la oscuridad no pueden hacer nada para interponerse en el camino del amor de Cristo para con su pueblo. Un hijo de Dios no puede ser sometido a ninguna maldición. Ninguna de estas cosas puede dificultar su caminar espiritual. Los ángeles buenos no obstruyen el amor de Cristo, ni los ángeles malos pueden obstaculizar el amor de Cristo por su pueblo.

“Estoy convencido”, dice Pablo, “que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir … ” Cuando el apóstol Pablo escribió esta carta, Nerón era el emperador de Roma, y sus persecuciones en contra los creyentes se extendían a lo largo y ancho del imperio Romano. Pablo mismo pronto sería martirizado por orden del emperador. Y sin embargo dice que ni lo presente, ni las cosas buenas o malas, nos impedirán gozar o nos separarán del amor de Cristo. Tampoco podrían hacerlo las cosas por venir. Cualesquier cosa que acontezca en un futuro, recordemos que el amor de Cristo siempre está en total control y siempre está dirigido hacia su pueblo.

“Ni lo alto”, es decir -la fama, la elevación, la satisfacción, la felicidad, la realización o el hono- jamás disminuirá el amor de Cristo por su pueblo. Estas cosas pueden hacer que perdamos de vista a su amor por un momento, pero pronto la atracción por estas cosas será disipada, y volveremos a apreciar el tesoro incomparable del amor de Cristo, que una vez más, nunca disminuyó.

Tampoco podrá la “profundidad” remover el amor de Cristo, ni mucho menos eliminarlo, quizás refiriéndose aquí a la pena, el dolor profundo o la tristeza. Puede ser que un creyente sufra depresión, pero sin importar lo mal que nos sentimos, esos sentimientos no nos pueden desligar del invencible e inquebrantable amor de Cristo, y debemos constantemente recordarnos esto. No hay calumnias, decepciones o tristezas que pueden dislocar su gran amor. Es posible que hayamos perdido a una persona muy querida, pero nunca estaremos aislados del amor de Cristo. Él nunca, nunca traicionará a ninguno de sus hijos. En El, poseemos el tesoro más preciado que jamás podamos anhelar: el amor eterno del Dios de toda gloria.

Mira la manera tan hermosa y sublime con la que el apóstol Pablo nos muestra el versículo 39: “ni lo alto, ni lo profundo,” dice Pablo, “ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios.” Ningún ser creado, ningún poder o fuerza angelical, demoníaca o terrenal, animado o inerte, tiene el poder para controlar, interferir o deshabilitar el amor de Dios el Padre, o el amor del Espíritu Santo o de Cristo, nuestro Señor. Es el amor de todas las personas de la Trinidad, visto sobre todo por nosotros en Cristo Jesús, nuestro Salvador; un amor que es eterno, que es afirmado constante, que es perfecto, y lleno de bondad.

¡Cuánto debemos amar a Cristo! Cuán esmerados y cuidadosos debemos ser en conservar nuestro tesoro intacto a lo largo de nuestro camino a casa, nuestra Jerusalén! Asegurémonos que siempre mantengamos viva la constante realización y apreciación de tal tesoro. Reflexiona a menudo en ello, alaba y agradece a Dios por Su amor. – El sorprendente, incomprensible e infinito amor de Cristo por su pueblo.


[1] El archivo PDF acerca de este artículo (El Amor de Cristo) puede ser descargado aquí: El inconmesurable amor de Cristo para con su pueblo
[2] Esta es una traducción al español del artículo del Dr. Pater Masters (pastor del Tabernáculo Metropoltano de Spurgeon) titulado The Immeasurable, Personal Love of Christ to His People
[3] Esta no es una traducción oficial del equipo de traducciones del Tabernáculo Metropolitano.

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