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El movimiento de las iglesias en casa: Definición y consideraciones preliminares

Advertencias en amor: Cero debates.

Cada vez que soy animado a escribir al respecto de un tema en particular, mi temor más grande entre muchos otros es que el lector se lleve la impresión que; 1) lo que he escrito cubre todos los puntos y perspectivas al respecto del tema que estoy tratando, 2) lo que he escrito es todo lo que he podido o querido decir, o 3) Lo que he escrito, lo he dicho con el ánimo de polemizar. Quienes verdaderamente me conocen, saben que “huyo a las polémicas” pero “doy batalla a muerte por la verdad cuando hay que hacerlo”.

Si usted, amable lector, quiere refutar, criticar, debatir o desmentir este artículo, siéntase en plena libertad de hacerlo; de hecho, está en toda la libertad de hacerlo, pero en sus propios grupos, dominios, perfiles de redes sociales o sitios web. Después de haber vivido a primera mano el tema de las iglesias en casa y de haberlo estudiado, lo que he considerado a bien decir, lo he dicho en las palabras que usted leerá en el siguiente artículo, y eso es todo lo que tengo que decir al respecto de ese tema… al menos en el futuro cercano.

Debido a la extensión de este escrito, he decidido -casi a regañadientes- fragmentarlo en varias partes:

    Introducción al movimiento de las iglesias en casa
  1. Distintivos del movimiento de las iglesias en casa, Parte 1
  2. Distintivos del movimiento de las iglesias en casa, Parte 2
  3. Conclusión

Nota introductoria: en este movimiento hay hermanos en la fe.

Hablar del movimiento de las iglesias en casa no es algo fácil. Y no es fácil porque hay diferentes corrientes dentro de ese movimiento que creen diferentes cosas y que se caracterizan por diferentes prácticas. Por ejemplo -y el lector me sabrá excusar tan odiosa comparación- hacer una crítica del movimiento de las iglesias en casa (IEC como nos referiremos a éste, a partir de este punto) no es tan fácil como, por ejemplo, hacer una crítica de “los falsos testigos de Jehová”.

En el caso de estos últimos, sabemos por la Escritura que ninguno de ellos es hermano en la fe; mas no siempre es así en el caso de los primeros. Esa es la razón por la que deseo ser particularmente cuidadoso y justo al tratar el tema a continuación.

En las IEC hay hermanos en la fe y eso es innegable. Sí, en este movimiento abundan herejes, incrédulos, profesantes carentes de gracia y rebeldes, pero en él también hay hermanos en la fe. Es en virtud de estos últimos por los que, insisto, me aproximo este tema con tanto cuidado como el Señor me conceda, pero sin dejar de transmitir el mensaje que me he propuesto a transmitir.

A los hermanos que estén inmersos en este movimiento les pido perdón de antemano si mis comentarios personales los ofenden. Mi intención al escribir este artículo no es ofender a nadie sino traer tanta luz como el Señor me lo permita al respecto de las herejías de los precursores de este movimiento; en especial, de aquellos que más han influenciado América Latina.

A la postre, mi propósito será el de aportar pruebas que inclinen al lector a llegar a la conclusión de que este movimiento no tiene la legitimidad que sus adherentes claman, y por ende, que no tiene razón de ser desde la perspectiva Escritural.

Definiendo el concepto de iglesias en casa: ¿fácil?

Antes de tratar un tema, y en especial, cuando es probable que existan ambigüedades de términos, siempre es prudente proceder en primera instancia a identificar estos términos para luego proceder a definirlos. Si no definimos esos términos de manera apropiada, podremos caer en el peligro de usarlos, de explicarlos y de debatirlos, y de que aquellos con quienes estamos interactuando, crean que estamos hablando de una cosa, cuando en realidad quizás podamos estar hablando de otra.

Dicho esto, considero que lo primero a lo que le debemos dar significado es a la palabra “iglesia”… y con el permiso de los lectores, haré uso de la definición provista en un reciente artículo de la autoría de este autor.

No toda congregación de personas que profesan la fe cristiana es una iglesia cristiana legítimamente instituida para la gloria del Señor, por medio de la obediencia a Su Palabra, para la proclamación del Evangelio y el ejercicio de la disciplina. Aquella definición simplista de que la iglesia es el conjunto de dos o más personas reunidas en el nombre del Señor Jesucristo debe ser examinada con más cuidado que el que muchos tienen en el presente.

El concepto de iglesia cristiana no se apoya tanto en el número de personas de una asamblea, como en el orden y los propósitos Escriturales con las que se reúne dicha asamblea. El caso puntual es el motín de Éfeso en el que el autor inspirado usa la palabra ἐκκλησία (ekklesia) para referirse a una aglomeración de personas que gritaban una cosa, y otra sin tan siquiera saber por qué se habían reunido. Otros pasajes que corroboran un uso legítimo de la palabra iglesia (ekklesia) en el sentido general de la palabra son Hechos 19:39 y Hechos 19:41

Así pues, no siempre podemos darle el nombre de “iglesia cristiana” simplemente a un grupo de personas que profesan la fe cristiana y que se reúnen en un lugar determinado. De hecho, el gran teólogo Bautista J.L. Dagg afirma de manera acertada al respecto de la iglesia:

“Que en algunos casos una verdadera iglesia cristiana se reunía en casas de familia, es algo que no podemos negar. Pero lo que no podemos afirmar es que cada asamblea de cristianos en la que la palabra ekklesia era usada, era una iglesia cristiana en el pleno sentido de la palabra” – Manual of Church Order. J.L. Dagg DD. Pág 82-83

Dicho esto, la iglesia local desde la perspectiva Neotestamentaria debe ser definida en términos de la organización y el orden de quienes conforman el cuerpo del Señor, de su adherencia al patrón establecido por el Señor en la Escritura y de los propósitos para los cuales se reúnen. Si esto es verdad, -y creo que esta definición es difícil de disputar- sigue que una iglesia jamás debe ser equiparada a una mera pluralidad de creyentes reunidos en una casa o en cualquier otro lugar.

Aclaro que esta última aclaración ha sido necesaria, pues muchos de los adherentes del movimiento de las IEC afirman esto, a saber, que toda pluralidad de creyentes reunidos en una casa es una iglesia.

Con base en lo anteriormente dicho, asumo como ciertos los siguientes 3 axiomas:

  • Una casa (o cualquier otro lugar de reunión) no convierte a una pluralidad de creyentes en iglesia.
  • El carácter bíblico de una iglesia no lo define su lugar de reunión, y;
  • No toda reunión de creyentes es una iglesia.

Habiendo pues -intentado al menos- definir la palabra iglesia tan brevemente como haya podido, y siendo evidente que la palabra iglesia nada tiene que ver con el lugar en el que se reúne la asamblea, sino con las características de la asamblea, con su obediencia a la Escritura, y con los propósitos con los que se reúne dicha asamblea, es pertinente que ahora intentemos definir de manera correcta el movimiento de las IEC.

A este movimiento de las IEC, también se le conoce como iglesias simples, iglesias abiertas, iglesias integradas, micro iglesias, o iglesias orgánicas.

Intentando tener en cuenta las múltiples variantes de este movimiento, y con el riesgo de sonar simplista, pero tratando de ser justo al hacerlo, al hablar de IEC hablo del movimiento que asevera que una iglesia bíblica es aquella pluralidad de creyentes que se reúne en una casa porque la Escritura presenta pruebas de que ese es el modelo por ellos a seguir.

Básicamente el movimiento de las IEC arguye que los cristianos tienen que buscar adherirse más a la Escritura, reuniéndose para adorar al Señor en casas de familia porque fue el modelo adoptado por los creyentes del Nuevo Testamento los primeros “300 años de la iglesia”. (Hablaré mucho más ampliamente al respecto de este punto en la segunda parte de este artículo)

Pero no nos equivoquemos, la insistencia por parte del movimiento de las IEC de que las iglesias se reúnan en casas, es sólo una de muchas diferencias entre este movimiento y las iglesias evangélicas de doctrina ortodoxa. Uso la palabra ortodoxa, porque sorprendentemente personas como Matt Chandler, quien es conocido por muchos como un “maestro de la verdad y defensor de la sana doctrina” avala la obra de uno de los impulsores del movimiento de las IEC.

No puede haber suficientes libros escritos acerca de las majestades y excelencias de Cristo. Ver a Jesús tal como es, nos transformará de un grado o gloria a otro. Todo es acerca de él, por él y para él. Estoy agradecido de que Frank y Leonard hicieran este trabajo y lo estén poniendo a disposición de muchos. Matt Chandler. Pastor principal - The Village Church.

Así que las diferencias entre las iglesias evangélicas que por la gracia de Dios andan por las sendas antiguas, y el movimiento de las IEC, no se limita a cuestiones de forma, sino de forma y de fondo. De hecho, además de la discrepancia al respecto de los lugares de reunión, hay en realidad hay una plétora de diferencias entre las dos (el oficio pastoral, el gobierno de la iglesia, la libertad del creyente, el rol de la mujer en el culto público, la cena del Señor, la suficiencia de las Escrituras y el futuro escatológico y la “reconstrucción de este mundo” caído, entre muchos otros.

Son tantas y de tantos tamaños estas diferencias, que las hay hasta en cuestiones como el número de miembros que debe tener una iglesia. Juzguen ustedes…

Los expertos afirman que 15-20 adultos es el número de máximo crecimiento que usted debe permitir en una iglesia en casaLibro Preguntas Frecuentes, House2House
Si cruzamos la barrera de las veinte personas, el grupo deja de ser orgánico y comienza a convertirse en una iglesia formal, incluso sintiendo la necesidad de seguir una agenda establecida.Wolfgang Simson, The House Church Book, p. 3
Es posible que tengamos que cambiar nuestra mentalidad para darnos cuenta de que una iglesia promedio estaría compuesta de sólo ocho, diez o doce personas; una iglesia grande, quince; y una «mega iglesia» no incluye a miles de asistentes, sino a veintiuno o veintidósWolfgang Simson, The House Church Book, p. 4

Al estudiar el movimiento de las IEC, usted encontrará, pues, abundancia de diferencias, y no será ajeno a sorprendentes novedades doctrinales, todas con un tinte postmoderno.

Con el riesgo de sonar repetitivo, quien escribe este artículo siente en este punto la necesidad de insistir que definir este movimiento no ha sido, ni jamás será un asunto fácil. Esto se debe a la diversidad que existe en las mismas entrañas de este movimiento: diversidad de características, diversidad de maestros con diversidad de espectros doctrinales, diversidad de prácticas y diversidad de propósitos, entre otros: El movimiento de las IEC no se distingue por ser una corriente ideológica homogénea caracterizada por ciertos distintivos afines a todos sus adherentes, sino por ser una corriente heterogénea compuesta de muchos afluentes ideológicos que van desde el calvinismo reconstruccionista hasta el pragmatismo carismático.

Recuerde: una «iglesia bíblica que se reúne en una casa» no es lo mismo que una «iglesia» que clama ser bíblica porque se reúne en una casa. A las primeras las hemos visto a lo largo de la historia, las últimas, sólo en los últimos 20 años. Las primeras se adhieren a la Escritura, las segundas se partan de ella sustancialmente, evidenciando no sólo errores de forma, sino profundos e insalvables errores de fondo»

Esto nos lleva a considerar un segundo punto…

El origen de sus enseñanzas

El movimiento de las IEC no comienza en el NT, como sus adherentes argumentan. Este movimiento es el resultado de la ola reconstruccionista[i] que aparece con John Rushdoony, y que otros como Frank Viola y Leonard Sweet -entre otros- han perpetuado muy bien.

Si bien el origen de este novedoso movimiento quizás date poco antes de la década de los años 70, es alrededor de las décadas de los 70 y 80, que el movimiento de las IEC comenzó a tener cierto auge, principalmente en USA y en el Reino Unido. En américa latina, y en especial en Colombia, este incipiente y novedoso movimiento ha salido a la superficie sólo durante los últimos 10 a 15 años.

A pesar de que la mayoría de los adherentes al movimiento de las IEC tienen matices reconstruccionistas, no todos sus adherentes han sido influenciados por “maestros” reconstruccionistas conservadores en doctrina, como Rushdoony. Quiero decir, no pocas IEC se han levantado sobre teologías, propias de líderes arminianos, Neocalvinistas e incluso, de líderes carismáticos. Y ese precisamente es el caso en Colombia.

Al respecto de lo anterior, lo que el autor de este artículo ha podido presenciar y conocer desde su llegada a este país en el año 2013, es que pocas corrientes de las IEC en Colombia se fundamentan en la teología reconstruccionista de John Rushdoony (calvinista), mientras que la mayoría restante ha sido erigida sobre el “novedoso soporte teológico” de personas como Frank Viola (ecuménico y continuista) y Leonard Sweet (Metodista y también continuista).

Mi crítica del movimiento de las IEC (principalmente en Colombia) no pretende abarcar todo el espectro de desviaciones teológicas que caracteriza este movimiento, sino llamar la atención del lector al respecto de la novedad de las doctrinas con las que sus “padres precursores” Viola y Sweet, han influenciado a sus adherentes.

Continúe leyendo la parte dos (2) de este artículo en la que comenzaremos a hablar de los distintivos del movimiento de las iglesias en casa y de su distanciamiento, tanto del modelo Escritural como de los registros de la historia que testifican de las prácticas de la iglesia.


[i] Movimiento que arguye de que el reino de Dios está creciendo en tal manera, que antes del regreso de Cristo, los cristianos cubrirán el mundo y lo gobernarán por medio de la institución de la ley civil que Dios le dio a Israel en el Antiguo Testamento -Teonomía- Si bien la teonomía es parte y quizás la esencia del reconstruccionismo, es verdad que no es el todo. El reconstruccionismo apunta a la sujeción al señorío de Jesucristo de todo lo social, lo moral, lo político, lo judicial, militar, lo familiar, lo artístico, lo educativo y hasta lo musical, etc.

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