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El concepto del peregrinaje

Tomado del Magazine “Sword and Trowel” 2014, 1ra edición. Escrito por el Dr. Peter Masters 

¿Estamos preparados para nuestra peregrinación? O esperamos recibir satisfacción y beneficios de esta tierra extraña? El concepto del peregrinaje es tremendamente importante en la vida del cristiano, pues le aporta al creyente la guía necesaria en todas las circunstancias de la vida.

«Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. (Hebreos 11.13) .

La Biblia está llena de ejemplos de peregrinaje. El capítulo 11 de Hebreos habla entre otros de Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac y Jacob, quienes son descritos como «extranjeros y peregrinos sobre esta tierra».

El término “extranjeros” literalmente hace referencia a personas de una cultura y un idioma diferente. “Peregrinos” son aquellos que viven temporalmente en un país extranjero, lejos de su propio pueblo.

En la Biblia la palabra peregrino implica un viaje –viajar a casa– de la manera como lo describe Hebreos 11:14. En él se describen los que «buscan un país”. Los peregrinos bíblicos viven en otro país junto a la comunidad residente, pero no se integran plenamente. Están allí por un tiempo para luego ir a casa. Ellos pueden alcanzar logros y hacer cosas que redundan en el beneficio del país donde viven (de la manera como lo hizo José), mas nunca dejarán de ser peregrinos.

Los peregrinos no son expatriados. Los expatriados son quienes optan por establecerse voluntariamente en otro país, bien sea porque están haciendo su carrera allí, o porque les gusta más que su propio país. Observemos que la mayoría de los “expatriados” están donde están porque quieren estar allí. Pero el forastero o el genuino peregrino al que la Palabra de Dios hace referencia, no tiene ningún deseo ardiente de estar donde está, con excepción de servirle al Señor, de laborar en la salvación de las almas y de amar a Su familia. El principal interés de un peregrino no está en el país donde reside en la actualidad.

Decíamos que el concepto de la peregrinación o del peregrinaje es tremendamente importante para el cristiano, porque en todas las circunstancias de la vida brinda una precisa orientación sobre la posición del creyente. Sin este concepto llegamos a ser excesiva e innecesariamente sensibles a todos los problemas y las pruebas en esta vida. El concepto del peregrino es supremamente importante en tiempos actuales pues un número creciente de evangélicos abogan por ser una «culturalmente progresista» o quieren convertirse en «culturalmente relevantes», exhortándonos a estar más involucrados en este mundo. La misma palabra “peregrino” tiene un sonido de advertencia que nos recuerda de nuestro deber de ser distintos y apartados para Cristo.

La nueva enseñanza de hoy dice que debemos amar este mundo, hacer las cosas que hacen los mundanos, cantar sus canciones, escuchar sus géneros musicales, bailar sus danzas, ver sus películas, etc.

Ese libro famosísimo: El progreso del Peregrino, muestra poderosamente el significado del término “Peregrino”. Recordamos también cómo Jacob habló de «los días de mi peregrinación”, y lo que David dijo: «¡Yo soy un extranjero y advenedizo!». David era el rey de su pueblo y sin embargo se declaró a sí mismo como un extranjero y un residente temporal en este mundo. El apóstol Pedro se refirió también a los creyentes como «extranjeros y peregrinos». ¿Nos identificamos realmente con el término “Peregrino”?

Los héroes de la fe en Hebreos capítulo 11 “murieron en fe, sin haber recibido las promesas [en su vida terrenal], sino mirándolas de lejos, y creyéndolas y saludándolas”. Ellos hicieron que las promesas de un hogar eterno fuesen el motor de sus vidas, testificando por su estilo de vida que eran extranjeros y peregrinos sobre esta tierra. Es como si sus vidas hubiesen literalmente dicho: “Nosotros no pertenecemos aquí. Habitamos en este mundo temporalmente y somos extranjeros que vivimos en tiendas de campaña con deseos de algo mucho mejor»

Siempre que hay una gran catástrofe en un país rico como los Estados Unidos de América, quizás un terrible huracán que destruye casas y posesiones, vemos las cámaras de televisión centrarse en los residentes afectados. En el fondo vemos casas destruidas y posesiones esparcidas por todas partes. Sin duda, muchas de estas personas están aseguradas y sobrevivirán: obtendrán nuevos bienes, construirán nuevos hogares y sin embargo se les ve perturbados e inconsolables como si el mundo hubiese llegado a su fin. Somos totalmente conscientes de la conmoción y agitación, y también de la tristeza de perder cosas valoradas y queridas, pero muy a menudo vemos una reacción más apropiada para las pérdidas de muchas vidas. Evidentemente este desastre ha significado demasiado para quienes han sufrido la pérdida de las cosas que poseían. Lo que ha sucedido, es para ellos, el golpe más fuerte imaginable.

Los “Peregrinos” de la Biblia nunca pensaron así. Este mundo no era su lugar. Las pérdidas terrenales y las decepciones nunca fueron el fin del mundo para ellos porque sus mentes y sus corazones no estaban fijadas en lo terrenal. En cierto sentido, viajaron sin mucha carga por la vida y de esa manera debemos también hacerlo nosotros.

Había tres fiestas de peregrinación en el Antiguo Testamento cuando el pueblo iba a Jerusalén. La primera, era la Pascua que conmemora la liberación de Egipto. La segunda, Pentecostés, que conmemora el final de la cosecha. Y por último, la Fiesta de los Tabernáculos, que marcó el final del trabajo del año agrícola, recordando en esta fiesta también, la manera como habitaron los hebreos en tiendas mientras marchaban por el desierto.

Todas estas fiestas tenían que ver con la peregrinación, les recordaba a las personas que sus vidas son un peregrinaje. En sus viajes hacia Jerusalén, ellos cantaban los salmos de peregrinación, o los cánticos graduales (Salmos 120-134), especialmente durante el ascenso final a la ciudad.

¿Estamos preparados para la peregrinación? o esperamos que la satisfacción venga en esta tierra extraña. Como extranjeros debemos aprovechar todas las oportunidades para hacer de este mundo un mejor lugar, quizás más amable, más justo para vivir, pero tenemos que entender que este mundo no es nuestro lugar, y muchas personas mundanas se resienten en contra nuestra cuando vivimos de esa manera.

Es una herejía pensar que el propósito de Cristo es la reforma social del mundo. Las buenas obras de los creyentes son parte de nuestro testimonio pero la visión bíblica clara del mundo es esta: este es un mundo caído y condenado, y Cristo está reuniendo a su pueblo por la gracia.

Nosotros no pensamos como los mundanos (aunque una vez que lo hicimos) o tenemos las mismas aspiraciones, o disfrutamos de las mismas cosas. Estamos destinados a ser vistos como sospechosos, a ser incomprendidos y hasta odiados. Aunque mucha gente puedan ser respetuosos con nosotros, y quizás agradecidos, serán muchos más los que mostrarán su hostil en algún grado en contra nuestra.

Todos los creyentes en algún momento sufren algún tipo de persecución, y para muchos estos momentos serán amargos. Si no entendemos esto entonces va a ser muy doloroso para nosotros. Si sabemos lo que significa ser peregrinos para Cristo, entonces entendemos esto, y obtendremos de parte suya nuestra paz y nuestro gozo.

Esperamos ser calumniados e injustamente tratados por el mundo. No sólo el mundo es hostil a nosotros sino también el diablo. Este a menudo se aprovecha de nosotros mientras estamos “en el camino”, aún lejos de casa, y nos dispara dardos de tentación, abatimiento e incluso de dudas en lo que respecta a nuestra salvación. Pero es imperativo tener presente que contamos con muchas ayudas y bendiciones en nuestra peregrinación para contrarrestar tales ataques.

Seis beneficios en Cristo

Cualesquiera que sean las pruebas de nuestra peregrinación, debemos contrarrestarlos con los abrumadores beneficios con los que contamos, el mejor de los cuales es descrito por el Salvador en su gran oración sacerdotal que encontramos en Juan capítulo 17. Nosotros somos los iluminados, los que tenemos conocimiento (v8), los que pertenecemos a Dios (v10), personas quienes sin duda alguna serán guardadas (v11) y nunca se perderán (v12), los que tendremos gozo (v13), quienes fuimos enviados a este mundo en una misión divina (v18), quienes seremos santificados (v19), cuya misión tendrá éxito (v20), seremos finalmente vindicados (v23), y quienes finalmente veremos la gloria del Señor (v24).

1.) El beneficio de la confraternidad

Los beneficios vislumbran en Hebreos 11:13 «Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos”. Particularmente notamos la palabra «todos», que nos recuerda que hay un sinnúmero de creyentes. No estamos solos, hay muchos otros.

Es precioso y valioso para los creyentes reunirse en el Día del Señor y en las reuniones entre semana para escuchar la Palabra, para tener comunión juntos, y para gozarnos y consolarnos los unos con los otros. Es triste cuando los cristianos no conocen a muchas personas en su iglesia, pues uno de los mayores alientos que podamos tener en nuestras vidas como peregrinos es que hay muchos de nosotros en esta familia.

Alrededor del mundo hay millones y millones de personas en Cristo. Por supuesto que no podemos conocerlos a todos, pero podemos pensar en los demás, en especial, podemos pensar en aquellos en los lugares más aislados. Innumerables personas aman a Cristo y su Palabra, y viven realmente como peregrinos que transitan a través de este mundo perverso. Hay muchos más de los que pensamos, incluso en nuestra nación, y desde luego en el mundo entero. Grande es el número de quienes nos acompañan en este peregrinaje, quienes han conocido a Cristo y ahora caminan con él. No estamos hablando de unos pocos peregrinos, sino de la más grande “nacionalidad” o grupo de personas de ideas afines aquí en la tierra.

2.) El beneficios de la experiencia

Otro de los beneficios de los que nos habla Hebreos capítulo 13 es el hecho de que nuestra peregrinación es un viaje muy bien comprobado. La frase «Conforme a la fe murieron todos éstos» se extiende desde la primera generación de personas en la tierra hasta el presente día. Miles de millones de personas salvadas han tomado este camino antes que nosotros, y han degustado de la infinita bondad del Señor. Vemos el “retrato” en las Escrituras. Allí tenemos los testimonios de quienes han comprobado al Señor a través de liberaciones poderosas. Ellos fueron restablecidos y bendecidos y terminaron su viaje en triunfo y gran gozo. Cuán conmovedor es leer los relatos biográficos de personas de fe, de famosos predicadores que adornaron la historia! Allí hay gran aliento e incontables estímulos para nuestro peregrinaje… las lecciones son innumerables. Esta es una jornada que ha sido muy transitada y muy bien comprobada y en ninguna manera somos los primeros en transitarla.

3.) El beneficio de la seguridad

Junto con todo lo mencionado anteriormente, vemos en Hebreos 11:13 la doctrina de la perseverancia de los santos; de quienes “murieron en la fe”. Ellos fueron guardados hasta el final por el poder de Dios, aún a pesar de su debilidad y necedad. Si cayeron en alguna trampa necia a causa de su pecado, incluso si el Señor tuvo que disciplinarlos, Él mismo les rescató de esa caída y el gozo de su salvación fue plenamente restaurado. Cada giro y vuelta de nuestra peregrinación es conocido por Dios, quien cuida cada paso que da su pueblo. Ningún hombre y ninguna fuerza nos pueden arrebatar de su mano.

Los creyentes nunca deben olvidar que están transitando hacia el lugar donde no hay mas muerte, pecado, dolor o sufrimiento, y aún desde ahora ellos cuentan con el “pago inicial” (por así decirlo) de su herencia celestial: su nueva naturaleza, nuevo entendimiento, gozo y sus facultades espirituales.

4.) El beneficio del Espíritu

¿Puede haber mayor privilegio y fuente de poder, que tener el Espíritu Santo como nuestro Divino invitado de honor? Santiago 4:5 nos dice que el Espíritu Santo que mora en los creyentes nos anhela celosamente para guardarlos del mundo y para acercarlos a Cristo.

El Espíritu mueve la conciencia del creyente para advertirlo del pecado. También alienta los corazones de los creyentes y profundiza la comprensión de las Escrituras cuando las leemos acompañadas de oración. En ocasiones los creyentes son muy conmovidos al experimentar una elevación inusual en su espíritu porque el Espíritu Santo les concede una clara comprensión y un gran aprecio de lo que se lee en la Palabra.

Entre tanto que los creyentes resisten y mortifican el pecado, el Espíritu Santo les fortalece, lo que les permite tener éxito. Mientras que los creyentes se esfuerzan por tener mejores actitudes, es el Espíritu quien les ayuda a alcanzar el amor, el gozo, la paz y todos los demás elementos del fruto del Espíritu.

«Caminar en el Espíritu» es ser beneficiarios del poder divino, y tener también gran gozo en el camino de nuestra santificación.

5.) Los beneficios de la Providencia

Otro beneficio inestimable de nuestra peregrinación es la certeza de que el Señor siempre está supervisando nuestro caminar, empleando cada situación para nuestro bien espiritual eterno, y tejiendo los hilos de la vida para cumplir sus propósitos en nosotros.

Un incrédulo puede tomar un trabajo en otro país y no encontrarlo tal cual lo esperaba, tornando el proyecto en un terrible error. Él puede decirse a sí mismo: «me metí en este lío y ahora tengo que pagar por el. He firmado un contrato de tantos años: seré miserable, pero sólo tengo yo la culpa”. La peregrinación del creyente nunca es así porque él es capaz de decir: «El Señor me llamó a este viaje espiritual y Él no sólo será mi guía, sino que también se cerciorará que yo llegue a mi destino.” ¡Qué gran diferencia! Somos llamados por nada más y nada menos que el Dios vivo, el Salvador del mundo. Cuando Él llama, Él guarda. Nosotros decimos: “Él me guiará hasta el final del viaje. Yo no soy un voluntario sino una persona que fui por Él llamada. El Señor me ha dado el estatus de residente temporal en este mundo, y eso lo tengo en claro!

El que me ha traído hasta aquí, también me acompañará en todo mi peregrinaje. “El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo.»

Esta es la obra de Cristo, quien no falla. Nos mostró a sí mismo muriendo en el Calvario por nuestros pecados, y caímos a sus pies en arrepentimiento y fe respondiendo a su llamado. En este viaje no somos turistas, pero personas con un llamado, y Dios de manera providencial, supervisa nuestro peregrinaje.

6.) Los beneficios de las bendiciones especiales

Aquí tenemos otras notables bendiciones para nuestra peregrinación. Nuestro peregrinaje no es como un viaje a través de un gran desierto carente de cualquier “gota” de alivio. Este mundo, sin duda es un desierto para los creyentes, pero hay muchos oasis para refrescarnos y levantar el ánimo. Desde luego que para nosotros los creyentes hay un oasis cada día de nuestras vidas, cuando estamos con el Señor y su Palabra. Existen temporadas de felicidad especial, tranquilidad, bendición e instrumentalidad; y desde luego, tenemos el delicioso oasis de comunión los unos con los otros dentro de nuestra familia espiritual, bendición arruinada por la lejanía de algunos miembros, la crítica y el chisme.

Luego están las innumerables veces en las que hallamos un “oasis de deleite» a través de significativas respuestas a nuestras oraciones, evidencia fresca del poder de Dios.

El Señor no ha dejado a su pueblo sin ayudas, alientos, comodidades y muestras de su cuidado a lo largo de la ruta a caminar.

Qué hacer y qué no hacer en nuestra peregrinación

Ahora debemos considerar algunas de las cosas que tienen que hacer y que no pueden hacer los peregrinos que harán una gran diferencia en su viaje. Nos hemos de dirigir directamente a los lectores. La primer cosa que debemos hacer es una seria advertencia: Tenga mucho cuidado de no instalarse y acomodarse. Usted es un peregrino, no se conforme con este mundo ni con las cosas terrenales. No eche raíces en este mundo y no dependa de las cosas terrenales anhelándolas y enamorándote de ellas. Por el contrario, si algo te gusta demasiado, no la tengas, no lo hagas, será un tropiezo en tu peregrinaje.

¿No hemos todos caído en esta trampa? Algo muy valioso ha venido a nuestras vidas, quizás una casa, o una posesión valiosa, o recreación, o ropa o alguna otra cosa que significa mucho para nosotros, y estas cosas nos fascinan y absorben nuestra atención. Hemos llegado a comprometernos y a dedicarnos a ellas, lo cual está totalmente en contra del espíritu de peregrinaje.

Tal vez nos dimos cuenta de esto. No era una cosa inmoral, mala o terrible, pero consumía nuestro tiempo y por la gracia de Dios, hemos decidido dejar de lado estas cosas al recordamos a nosotros mismos que éramos peregrinos que debemos estar listos para seguir adelante sin trabas de esta índole; completamente dedicados al Señor y a su causa. Somos llamados a ser peregrinos –pasajeros por este mundo- no nos atrevemos a asentarnos permitiendo así que las cosas terrenales nos enreden y detengan.

Otra regla para la vida del peregrino es recordar que cada etapa de la vida es temporal. ¿Somos jóvenes? Bueno, no siempre vamos a serlo. El tiempo rueda y tenemos que dejar de ser jóvenes. El peregrino serio emplea su juventud preparándose para la siguiente fase, no se aferran a la etapa actual por la que transita. Los hombres jóvenes deben pensar en el matrimonio. En los tiempos postreros en los cuales vivimos (tiempos sin Dios) esto no es visto como una obligación, pero sin lugar a dudas, para los creyentes si lo es, a no ser que el Señor intervenga claramente en las circunstancias particulares. Desde luego, no deseamos desarrollar un espíritu de coquetería sino que por el contrario debemos tener un espíritu de oración y un corazón siempre dispuesto.

En un mundo no salvo cuando se le pregunta a los jóvenes: Qué pretenden hacer en su vida? Ellos generalmente responden mencionando algo que disfrutan, como si las cosas en las que se deleitan fuesen la base de la elección de sus carreras. Pero los creyentes peregrinos piensan en las carreras que serán de utilidad y en las que podrán permitirá al reino de Dios, y si es posible, hacer un buen trabajo bondadoso para las personas. El mundano tiene como objetivo el placer personal, la satisfacción y la plenitud, pero el peregrino tiene como objetivo el servicio a Dios y las buenas obras. Cuando el peregrino es joven, este se entrena para la siguiente etapa de su vida, emulando a los cristianos como Hudson Taylor, quien en su juventud contuvo su dieta y negó a sí mismo muchas comodidades razonables con el fin de acondicionar y fortalecerse a sí mismo para el servicio misionero en China.

Algo vital que los peregrinos de todas las edades no pueden hacer es: Nunca rendir las prioridades o perder el tiempo. Una vez conocí a un hombre cristiano que tenía en su jardín un modelo de trenes cuidadosamente diseñado y construido. El motor, las locomotoras y vagones eran bastante grandes aún capaces de cargar a niños, y la impresión fue sorprendente. Pero, ¿Cómo un hombre cristiano justifica dedicar tantas horas, sino años, a la construcción y mantenimiento de un juguete gigante! Nunca debemos perder el tiempo que le pertenece al Señor.

El tiempo, sin embargo, no sólo se pierde en la atención excesiva a la casa, a las posesiones y a la recreación, sino también en la ociosidad y en la quietud prolongada. Tal vez hemos estado enfermos o distraídos por un intenso periodo de trabajo o estudio, y somos incapaces de hacer todo lo que normalmente haríamos para el Señor; ahora, ese período de distracción ya ha pasado hace mucho tiempo pero no hemos reanudado nuestro antiguo patrón de asistencia a los servicios ni tampoco nuestro servicio al Señor. Bueno, el tiempo es corto, y nosotros somos peregrinos! Estamos aquí para hacer que cada etapa de la vida honre al Señor, y por eso debemos apresurarnos de nuevo a la acción y a la asistencia a los servicios, resistiendo todos los preludios del mundo, de la carne y del diablo. Este hermoso himno de Thomas Gill Hornblower refleja la convicción en una e sus estrofas:

No quiero Señor, con celo mediocre transitar
  Por este mundo errante que vueltas da,
Sino que con la mano puesta en el arado celestial
  Desde ahora y para siempre deseo, para tu gloria ​​laborar.

Los peregrinos no se desvían tampoco. Una vez conocí a un hombre, un cristiano ferviente, que compró una casa mucho más grande de la que necesitaba. Fue una casa muy bonita con muchas habitaciones. Esta casa totalmente capturó su corazón, pero arruinó su mayordomía cristiana; absorbió todos sus recursos y prácticamente consumió su vida. No podemos dejar que ese tipo de cosas nos suceda a nosotros en cualquier área o etapa de nuestras vidas. No podemos asumir compromisos que nos gobernarán, y nos impedirá utilidad cristiana.

Otro aspecto que no podemos hacer como peregrinos, es de las quejarnos y murmurar. Esto fue lo que llevó a los hijos de Israel a rondar en círculos y los mantuvo tanto tiempo alejados de su destino deseado. William Cowper, en su himno, describió la cura perfecta para estas expresiones de falta de fe:

Habiendo consumido la mitad de mi aliento en vano
  Elevemos al cielo gran súplica de sincero clamor,
Y que nuestra canción sea a menudo de gozo con mi hermano,
  «Escuchen lo que por mi ha hecho el Señor”

Sin embargo, otra cosa que no podemos hacer, es ser hostiles entre los creyentes. Aquí está la desobediencia directa a la ley especial de Cristo que su pueblo redimido debería prevalecer el amor de los unos para con los otros. Hay algunos creyentes profesantes que ventilan una hostilidad permanente o peor aún, para con otros creyentes. Ellos causan un gran daño, y contristan el Espíritu, aún por años, si no se controla. Oímos hablar de pastores llamados a pastorear iglesias quienes se han dado cuenta que ha existido hostilidad entre creyentes dentro de la iglesia durante años. ¡Qué gran tragedia! Los verdaderos peregrinos seguramente no pueden permitir que estas cosas arruinen sus vidas.

Incluso podemos decir que los peregrinos están debidamente vestidos para el viaje, y así también lo debemos estar nosotros. En porte y apariencia los creyentes claramente no se asemejan a los mundanos que disfrutan de excesos y de apariencias, ni tampoco toman parte en sus actividades. Los verdaderos creyentes no siguen los estilos de ropa ni moda ostentosas… Las iglesias emergentes y las iglesias misionales parecen hacer hincapié en las modas mundanas con algunas de sus pastores presentándose como pícaros adolescentes que todo lo creen saber; estos pastores e iglesias están claramente desesperados por alejarse de la imagen humilde y gozosa que tenemos aquellos que en realidad somos «extranjeros y peregrinos».

Dios nos bendice con discernimiento y comprensión si vivimos como peregrinos, pero estas facultades, al igual que muchas otras bendiciones, son condicionales y dependen de nuestra manera de vivir. Este es el mensaje del famoso capítulo 11 de Hebreos, que registra fielmente las sus crónicas de fe y peregrinación de quienes transitaron por este mundo como peregrinos. El espíritu peregrino nos provee una rica experiencia espiritual, junto con instrumentalidad y utilidad. Nuestra confianza en Dios aumenta poderosamente porque le hemos probado muchísimo! Avanzamos en santificación por su gracia y poder, y obtenemos una visión celestial cada vez más clara.

No podemos detenernos a mirar con nostalgia las cosas materiales o la fama en este mundo. Debemos pensar constantemente en el final del viaje, y corroborar todas las cosas con esta pregunta «¿De qué manera afecta esto mi peregrinaje?

Es muy triste que exista la tendencia entre los cristianos, y ya nos referimos a ello, de despreciar voluntariamente la actitud del peregrino. Los llamados emergentes y las misionales iglesias (el movimiento de las iglesias en casa, entre estos) recomiendan cosas extraordinarias. Ellos quieren que los creyentes renuncien a la iglesia tradicional (muchos dicen que la predicación no tiene lugar más en la iglesia de Cristo), y les invitan a ser totalmente informales.

La verdad de esta tragedia se originó en las iglesias liberales que rechazaron el Evangelio. Ellos comenzaron con estas ideas y con esta línea de pensamiento y convenientemente los autores misionales (como los de las iglesias en casa) las modificaron convenientemente y luego las adoptaron. Pero esta política no sólo es totalmente contraria a lo que los cristianos han creído durante siglos sino, a lo que enseña la Palabra de Dios.

Incluso, a pesar de esta tragedia, cualquier persona puede acudir a seminarios y colegios bíblicos (presenciales o por Internet) y obtener un título en “hacer iglesia». CH Spurgeon tenía una frase: «Nunca sabremos lo que hemos de escuchar a continuación: Moriremos de asombro.»

Algunas de las cosas que escuchamos hoy en día son tan increíbles, tan anti-bíblicas y están tan mal, que nos estremecen cuando los escuchamos. Nunca debemos perder de vista el hecho de que nuestro Salvador nos ha llamado a salir del mundo, no a enamorarnos de este y de sus cosas. Debemos estar llenos de compasión por las almas perdidas y es nuestro deber laborar para su salvación. No podemos rechazar el concepto de peregrinaje espiritual, entristeciendo el Espíritu Santo de Dios.

Dice el apóstol:

prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Prosigamos adelante como peregrinos, como pueblo distinto de este mundo caído y condenado… Esta es la única actitud válida para la vida cristiana y el servicio cristiano: vivir como peregrinos.

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