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En los postreros días vendrán tiempos peligrosos (Parte 3 de 3)

 

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Siguiendo con la perversidad del amor a sí mismo, el apóstol hace una lista de otras diez maldades diferentes. Todas tienen que ver con las relaciones entre las personas. Una característica prominente de cualquier tiempo peligroso es la de la perversidad en las relaciones de las personas, tanto con Dios como con quienes los rodean. Una vez que las personas eligen despreciar la autoridad del Dios Todopoderoso, desprecian pronto toda autoridad fuera de sí mismas y renuncian a toda obligación, deber o deuda para con otros, si estas entran en conflicto con sus propios intereses y deseos. (Este es el eje del postmodernismo).

No es sorprendente que períodos de intenso ateísmo produjeren semejante comportamiento. Si las primeras cinco características listadas en la profecía de Pablo son aspectos relacionados con el amor a sí mismo, entonces las siguientes diez son la inevitable consecuencia. Tampoco es sorprendente que el evangelismo sea considerado algo tan “difícil”! Cuán difícil es tocar a las personas con los tiernos temas del Evangelio cuando se han vuelto tan duros?

Es importante recordar que esta lista también apunta a los pecados que deberíamos mencionar en nuestro evangelismo. No es suficiente que quien predica, limite su lista de pecados a las bebidas, las drogas y la fornicación, cuando la Biblia menciona tantas maldades tanto en este pasaje como en otros.

1 Desprecio hacia los padres

Las perversidades en las relaciones comienzan con el término “desobedientes a los padres”. Pablo habla de los tiempos venideros en los cuales la gente no tendrá respeto por aquellos que poseen propiamente cierta dignidad, ya sean estos los padres, líderes sociales y profesionales o cualquiera otro que posea legítimamente un cargo o autoridad. En estos tiempos peligrosos la gente no siente la obligación de respetar u obedecer a nadie y reconoce solamente su propia auto-determinación. ¿No es exactamente este el espíritu de esta era?

Las iglesias se encuentran en grave peligro cuando sus miembros comienzan a copiar esta actitud del mundo, perdiendo todo respeto por el orden de Dios en la iglesia. Sin embargo, esto está pasando en todo lugar donde los cristianos rechazan el consejo y la guía, con el propósito de hacer lo que quieran. De nuevo, el internet provee muchos ejemplos de predicadores llenos de su propia opinión y guías que nunca han sido reconocidos, elegidos o apoyados espiritualmente por su congregación. (… y quizás que nunca lo serían)

2 Ingratitud

El segundo punto en la lista de perversidades en las relaciones es la ingratitud. La deslealtad en cada nivel de la sociedad moderna es posible solamente por causa de la arrogante ingratitud. Los padres son desechados e ignorados por aquellos que tanto les deben. Los esposos abandonan a sus esposas y las esposas a sus esposos, absolutamente olvidadizos y carentes de cuidado con respecto al tiempo que se han dedicado mutuamente.

Una era engreída es una era ingrata en la cual las mentes centradas en sí mismas creen que cualquier cosa que han recibido ha sido merecida, no hay deuda alguna de gratitud o afecto para con nadie, sino para con ellos mismos. Si los padres, esposos, amigos o cualquier otra persona, les hace observaciones al respecto, estas son prontamente ignoradas. Estos horribles rasgos aparecen en estos tiempos peligrosos porque el ateísmo prevaleciente no es solamente malvado en sí mismo, sino que obra maldad en los corazones de las personas produciendo así una sociedad pervertida y retorcida.

La mayor tragedia se presenta cuando vemos esta ingratitud aparecer en las iglesias de Cristo. ¡Imagínese cómo se ve desde el Cielo cuando las personas, frecuentemente jóvenes salvos, alimentados en una iglesia y quienes por Gracia han recibido de Dios incontables e inmerecidas bendiciones (incluyendo, tal vez el compañero de sus vidas), toman una actitud orgullosa y resentida por causa de alguna pequeña dificultad o amonestación! Ellos pueden a menudo proferir fuertes palabras contra la iglesia donde se les cuidó y donde otros cristianos que los amaban oraron por ellos; profieren palabras contra quienes soportaron su falta de madurez, contra quienes les mostraron mucha paciencia y amor y contra quienes los alentaron y ayudaron a lo largo del camino de la fe.

Los pastores frecuentemente lamentan tales cosas en estos tiempos peligrosos, observando que aquellos quienes se marchan en orgullo y gran resentimiento, han aprendido más de una sociedad liberal y rebelde aspectos como la ingratitud y deslealtad, que la gratitud que caracteriza al pueblo de Dios. El mundo dice que solamente ser el “número uno” importa y esa es la filosofía que se ha apoderado de sus corazones.

Las personas son ingratas en todas las épocas, pero nunca tanto como en estos tiempos peligrosos en los que vivimos. En el pasado, cuando las clases sociales estaban más prominentemente divididas, los pobres oprimidos, los que no tenían nada, manifestaban una asombrosa gratitud por cualquier cosa que les llegaba. Hoy en día, en contraste, aunque la mayoría tiene lo suficiente y otros quizás en abundancia, se cree que todo es derecho propio y merecido: la idea de estar agradecido con Dios o con otros, parece no ser relevante y por el contrario produce resentimiento.

El pueblo de Dios debería rehusarse a ser moldeado por la cultura circundante, recordando que la gratitud hacia Dios es uno de los principales pilares de la obediencia y seguridad del creyente. ¿Manifiestan nuestros jóvenes gratitud, aprecio y lealtad o se han echado a perder por una iglesia liberal y relajada? En muchas comunidades a los creyentes jóvenes se les ofrece más placer y entretenimiento y no se les enseña el deber de servir. Lo que estos jóvenes aprenden de una iglesia así se constituye en el peor entrenamiento para vivir en estos tiempos peligrosos.

 3 Impureza

La impiedad es la siguiente maldad mencionada en la profecía de Pablo. Esto no se refiere a la impiedad en general, porque se pone en una lista que habla de las perversidades en las relaciones humanas y por tanto hace referencia a relaciones impuras. Éstas son de esperar cuando reina el ateísmo, porque si la gente no cree en Dios ni piensa que ha de rendirle cuentas, ¿por qué habría de someterse a las normas atribuidas a Él? Seguramente todo lo que importa es la felicidad personal del individuo. ¿Qué es el pacto del matrimonio para alguien que se halla consumido por el amor a sí mismo? Tan pronto como deja de estar entusiasmado y llegan las pruebas, no encuentra que valga la pena preservarlo y se siente libre de salirse de él. Siendo ley para sí mismo, no tiene gran obligación con respecto a esposa o hijos, especialmente cuando encuentra que el matrimonio impone cargas y restricciones sobre su libertad y deseos.

Un tiempo de extrema maldad como en el que vivimos produce desprecio por todas las normas sobre las relaciones ordenadas por Dios; no solamente en lo que respecta al matrimonio, sino también que tienen gran desprecio por la prohibición de las relaciones íntimas antes del matrimonio, incluyendo los “viles y perversos afectos” entre miembros del mismo sexo.

Las épocas no son iguales en su nivel de pecaminosidad. En tiempos peligrosos como en los que vivimos, estas formas de inmoralidad están siendo oficialmente aprobadas, legalizadas, alentadas, asistidas, aplaudidas y protegidas. Las maldades listadas por el Apóstol Pablo se apoderan de los corazones de las personas en un grado mucho mayor que en épocas pasadas. ¿Qué podemos hacer para proteger a las iglesias y para rescatar a los jóvenes de las ideas promovidas en las escuelas y en la industria del entretenimiento?

Vivimos en días donde nos debemos ocupar fervientemente en el entrenamiento de jóvenes conversos con el objetivo de que honren con sincera lealtad a Dios y todos los compromisos ordenados por Él. Ciertamente necesitamos advertirles acerca de la relajada y desguarnecida cultura actual donde se alienta y promueve el comportamiento altamente táctil entre personas, así como consejerías íntimas entre personas de sexo diferente. Esta nueva cultura está diseñada para la excitación y el libertinaje sexual y es urgente reconocer esta problemática y entrenar a nuestros jóvenes tanto en casa como en nuestras iglesias con el propósito de hacerle frente.

4Sin afecto natural

La siguiente característica desagradable de las relaciones humanas en los tiempos apóstatas en los que vivimos es la siguiente: muchísimas personas se vuelven, en un grado cada vez mayor, sin afecto natural, o insensibles y sin ninguna empatía. Obviamente, como lo hemos expuesto en esta tercera parte del artículo, si las personas son dominadas por el amor a sí mismas, si no sienten ninguna gratitud, si pierden el respeto por Dios y la lealtad hacia los compromisos familiares dados por Dios, entonces naturalmente se convertirán en “personas sin corazón” cuyo único afecto será para con sí mismos y para con aquellos que lo puedan beneficiar o excitar de alguna. El amor sincero, profundo y leal escaseará.

Vemos el comportamiento de las personas en tantas disputas maritales y de manera particular en lo que respecta a su cruel indiferencia para con sus hijos. Vemos las estadísticas sobre el aborto escalar aterradoramente. ¿No es esta una generación anormalmente atroz? Uno de los frutos más horribles del ateísmo, tan ampliamente visto en estos tiempos peligrosos, son las mujeres cuya ternura natural materna se ha transformado en una insensible y cruel disposición para destruir la vida.

Debemos mantener fuera de nuestras iglesias esta dureza de corazón satánica por medio de un constante llamado a amar a Dios, los unos a los otros y por supuesto a los perdidos. Tal amor no puede nacer, crecer o sobrevivir sin que sea ejercitado y expresado en hechos de servicio práctico. La iglesia que no labore para el Señor y que no se esfuerce por trabajar para Su gloria, pronto se convertirá en una comunidad de amor a sí mismo donde a las personas sólo les importan sus propias heridas y lloran solamente por sus propias dificultades.

Una dañina procesión de escritores supuestamente cristianos (pero que tienen más de filósofos y humanistas que de Cristianos) obtienen su dinero atizando las llamas de la preocupación por sí mismos. Que no sea así con nosotros! Nosotros por el contrario, debemos rechazar estas tendencias impías y hacer todo lo que podamos para cultivar un verdadero Cristianismo abnegado, que sienta dolor por los demás y amante de Cristo. ¿Por qué debería el mundo dar forma a la iglesia?

El apóstol continúa hablando de los implacables – estas son personas desagradables y no dignas de confianza. Pablo menciona a los calumniadores o injuriadores y chismosos. Menciona a los que son intemperantes o sin autocontrol, incluyendo gente malgeniada o violenta. Se refiere a las personas que desprecian a los de buena conducta, viéndolos con desdén. Habla de los traidores. Pablo también habla de aquellos que creen saberlo todo y cuyas vidas desbordan de confianza en sí mismos. De los infatuados –significando literalmente envueltos en humo (o soberbia); y también de aquellos que son amadores de los deleites más que de Dios.

Todos estos rasgos prevalecen en los tiempos peligrosos en los que vivimos. Todos estos rasgos reinan en la sociedad secular, así como en el mundo de la religión nominal. (Por esta razón solamente, podemos ver que el ecumenismo es un verdadero desastre para las verdaderas iglesias). El apóstol, por consiguiente, advierte acerca de personas “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. Nuestra confianza yace en Dios y en Su gracia, no en nosotros mismos. Nuestra confianza yace en el hecho que Dios dará gracia y preservará y mantendrá a Su pueblo.

El análisis profético del apóstol Pablo acerca de los tiempos peligrosos ha probado ser desgarradoramente preciso y sirve como una poderosa vindicación de la inspirada precisión de la voluntad revelada en la Palabra de Dios. Nada está pasando en la actualidad de lo que la Palabra de Dios no nos haya advertido.

El mundo no se entiende a sí mismo, pero nosotros lo entendemos y sabemos el por qué necesita desesperadamente el mensaje salvador de Cristo.

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