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La fama de un líder no es garantía de una buena doctrina

No cabe duda que, entre los dictados de la voluntad divina, estuvo el que su verdad fuese llevada, modelada y predicada por hombres (2 Cor.4:7). La unión entre el hombre y su mensaje, cuando del evangelio se trata, corresponde a aquello que el Señor ha querido hacer.

La unión entre el hombre y su mensaje, bajo la gracia divina y sobre el fundamento de la Palabra de Dios, es una de las más poderosas influencias que recibimos. Pero esto tiene una cara siniestra si es que el hombre y su mensaje salen de los límites de la Palabra de Dios. Debe ser por eso que los falsos maestros revisten tanto peligro, ya que muchos no podrán separar en sus corazones al hombre de sus palabras y el afecto que sienten por él les lleva a aceptar sin discernimiento sus ideas o, por otro lado, la oratoria deslumbrante puede llegar a hacer que las personas, no solo, no disciernan sus mentiras, sino que le pasen por alto una manera de vivir pecaminosa, mundana o sensual.

Pero aquí debemos ser sensibles a un agravante más. Si por la providencia divina, mediante la cual Dios gobierna este mundo según su soberana voluntad, ha dado influencia a un maestro, su bendición será mayor si está sobre la bendita Escritura y el poder operante del Espíritu de santidad, o será un señuelo cada vez más destructor, en la medida que se aparte progresivamente de las Escrituras. La providencia de la influencia es un arma, pero será tan útil para los intereses de Dios en un ministro fiel, como puede llegar a ser un arma diabólica en manos de hombres que se desvían de la verdad o que nunca han estado en ella.

Suele pasar que los creyentes anteponen sus afectos a las sanciones bíblicas y prefieren darles crédito a algunos líderes, y más si son famosos o influyentes, solo en virtud de su fama, reconocimiento y posición, sin discernir bíblicamente sus doctrinas y/o sus prácticas, pues los maestros buenos o malos, también enseñan por vía de ejemplo. En esto comprobamos que existen cristianos sensuales, manejados por sus propios sentires, sus propias percepciones, que darán el crédito del hombre y su doctrina solo por la fama que les precede o por el afecto que les tienen.

La Palabra de Dios así, es llevada a un segundo plano de consideración o lo peor, tergiversada para acomodarla a la vida del líder famoso, para que ella le dé la razón.
Si bien, no existen maestros perfectos, sí hay maestros fieles y la Biblia reconoce la existencia de falsos maestros o maestros errados que se pueden empezar a desviar y a usar su influencia para el error. Esta capacidad de discernirlos se halla solo cuando la Palabra de Dios está en primera consideración y no nuestros afectos o emociones. El cristiano maduro no asumirá que la fama de un hombre, su influencia o múltiples ministerios, es garantía de su fidelidad.

Los maestros de la Palabra de Dios pueden y deben ser calificados en cuanto a su fidelidad doctrinal y su respectivo fruto de piedad. Un hombre puede ser tan recto en su doctrina, pero un mundano en su práctica, enseñanzas o sugerencias, señal que la doctrina solo reposa en su mente de manera carnal y esto no lo hace un buen maestro. Usted también puede ratificar el efecto que las enseñanzas de esos maestros tienen sobre los influenciados.

Temo que, bajo esta consideración, debamos apartar nuestros oídos de algunos maestros, que bajo un mensaje aparentemente ortodoxo te llevan a depender más de ellos, a amar más la cultura, a depender más de los sentidos, a admirar la cultura de la celebridad y a tomar la Palabra de Dios livianamente.

Nuestra lealtad absoluta, confianza plena y compromiso inquebrantable, solo está con Cristo y su Palabra. Es bajo el señorío de Cristo que reconocemos sus fieles ministros y es bajo su gobierno, que deberíamos reconocer a quienes aparentan piedad, enseñan piedad, pero niegan su eficacia. La fama de un ministro no es garantía ni señal de su fidelidad a Dios, pero su apego a las Escrituras y su fruto de santidad, sí que lo es.

Escrito por: Pastor Jorge Enrique Castañeda.
Puede ver más de sus escritos en: http://ibrsuba.org/ibrs/

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