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La mundanalidad en la iglesia

Nos espanta la idea de pensar en el auge de prostíbulos, discotecas, bares y casinos en nuestra sociedad y de manera particular, en nuestra comunidad. Nos espanta aún más, cuando pensamos en lo que hacen (porque quizás muchos de nosotros hacíamos lo mismo antes de nuestras conversiones)… y no sólo en esto, sino, nos espanta el número de personas que frecuentan estos lugares de perdición como también en las repercusiones espirituales de sus deleites mundanos.

Hasta aquí no hay problema, debemos como creyentes pensar como alcanzarlos de manera bíblica. Todo está bien hasta ese punto… pero

¿Cuál entonces, es el problema?

El problema tiene dos aspectos a considerar. En primera instancia, tenemos el problema de que muchos son quienes se preocupan desmedidamente a causa de la perversidad reinante en estos lugares. Se preocupan de cómo estos lugares moldean el ambiente de un barrio, de una comunidad y de una ciudad, en otras palabras, se preocupan de la influencia de la mundanalidad en la sociedad.

Por el otro lado, tenemos el hecho de que muchos se despreocupan negligentemente de sus congregaciones locales. En otras palabras, si el primer problema era la desmedida preocupación por la influencia de la mundanalidad en la sociedad, el otro extremo del espectro es este: muchos se despreocupan peligrosamente de la influencia de la mundanalidad en sus congregaciones.

Alguien podría afirmar de manera acertada que muchas iglesias locales en la actualidad se preocupan tanto de influenciar al mundo que han bajado por completo la guardia de guardarse ellos mismos del mundo.

¿Cuál es la esencia del problema?

Escuchamos a menudo acerca de “contextualizar el Evangelio” con el fin de que éste sea más relevante al mundo. Sin embargo, muchos de los promotores y defensores de esta idea, son quienes más desprotegidos están de la influencia del mundo. Es una retroalimentación viciosa en la mayoría de los casos: “El mundo primero influencia sus congregaciones y una vez influenciadas, éstas le devuelven al mundo un poco de lo que ya ha recibido.” No hay cambio notable entre las congregaciones y el mundo, no hay diferencia entre lo profano y lo santo, no hay una línea divisoria… “nada, zero, zilch”

Como ya lo expresamos, el problema en primera instancia yace en en la preocupación desmesurada del efecto que causa la mundanalidad en la sociedad. En segunda instancia, mientras estas congregaciones tratan de “evangelizar el mundo” descuidan por completo su deber de protegerse ellas mismas del mundo y de mantenerse separadas del mundo, y por estar tan ocupadas en “influenciar al mundo”, descuidan peligrosamente su necesidad primaria, a saber, de no ser influenciados ellos mismos por la “mundanalidad del mundo”.

Un ejemplo de esto, son muchos de quienes pertenecen a ciertas organizaciones para-eclesiásticas Neo Calvinistas y misionales. Jamás tienen la humildad para aceptar que han hecho mundanos con el fin de alcanzar al mundo… es como si “el fin justificase los medios”, cosa inexistente en el Cristianismo… al menos en el Bíblico.

Antes que el Señor nos conceda “instrumentalidad cristiana para llegar a este mundo necesitado del Evangelio” es imperativo que nos ocupemos primero de nosotros y de nuestro testimonio como iglesia. Hace poco recibí un correo que leía “no importa cómo se predique a Cristo, si con relajo o algarabías o como sea… lo importante es que se predique a Cristo de cualquier manera” ¡Vaya reflejo del poco deseo de ser diferentes al mundo! Proveeré una breve respuesta: En el decreto eterno de Dios, a Él le plació usar aún la desobediencia de Dios para Su gloria, pero eso no significa que las congregaciones tengan el permiso de usar ideas mundanas o de ser desobediente en el servicio al Señor.

Antes de influenciar a otros, dicho en otras palabras, es imperativo que nos ocupemos primero de ser ejemplos de piedad y santidad a un mundo que exhibe arrogante la mundanalidad de los valores opuestos. Repito, es importante para nosotros como creyentes entender que debemos enfocarnos primero en evitar que esa mundanalidad permee, erosione y derribe las “paredes” de nuestras congregaciones antes de predicarle al “mundo acerca de las consecuencias eternas de vivir de manera mundana”.

Si las congregaciones aman las ideas novedosas del mundo por encima de los procederes Escriturales, jamás tendrán la autoridad moral para decirles a otros que aborrezcan al mundo. Entonces, antes de ir y pescar “almas para Cristo”, una congregación debe ocuparse en primera instancia de no haber mordido el anzuelo de las tentadoras ideas mundanas que satanás lanza a diario.

¿Dónde busca el diablo obrar cada día?

¡Correcto!, en nuestras congregaciones. Ese es uno de los objetivos principales de aquel que busca ejercer sus “destrezas y habilidades” engañosas y perniciosas entre el pueblo de Dios. Cuando una congregación ha sido influenciada e infiltrada por el diablo mismo, no es de sorprendernos ver a esa iglesia usando métodos mundanos a los que ellos mismos llaman “modernos”. Podemos tener cosas modernas en nuestras congregaciones y podemos llevar a cabo ciertas tareas en nuestras congregaciones de una manera más fácil gracias a la tecnología moderna. Habrán ciertas cosas en nuestras congregaciones que se acomode a la cultura local (sin embargo ninguna de ellas debe violar ningún principio regulativo Escritural)

Entonces, pude que hayan cosas modernas en nuestras congregaciones, pero lo que jamás una congregación (al menos bíblica) puede hacer es innovar o modernizar el medio de evangelismo o el método de evangelizar. Jamás una congregación bíblica debe caer en la trampa de modernizar el “Evangelio” ni tampoco de proclamarlo de maneras no estipuladas en la Escritura (obritas de teatro, danzas con mensajes, mimos pintados en las calles, etc…)

En el mejor de los casos, quienes quieren modernizar los métodos prescritos en la Escritura o en el peor, quienes los ignoran por completo, son iglesias que evidentemente han sido permeadas, influenciadas por el mismo diablo. ¡WOW! será la exclamación de muchos “¡Qué atrevimiento! Pero yo invito al lector serio a que no tema llamar por su nombre a la trágica verdad que nos rodea. Una iglesia que recurra a métodos no Escriturales de evangelismo es una iglesia que ha renunciado la influencia de la suficiencia, poder y autoridad de la Palabra de Dios en favor de las sugerencias del diablo y del mundo.

Hermanos, cerremos las puertas de nuestras iglesias a las ideas novedosas sin precedente Escritural… cerremos las puertas de nuestras congregaciones a lo que el Señor no haya estipulado claramente en la Escritura… cerremos las puertas de la membrecía a personas no regeneradas… pero sobre todo: Cerremos las puertas de nuestra iglesia al diablo a pesar que nadie más desee entrar por ellas sino él, porque una vez adentro, más frecuentemente que no, los estragos que causa son de carácter irreversible.

Cuidemos pues que ni en nuestras vidas, ni en nuestras congregaciones el diablo se convierta en la fuente de ideas. El diablo es especialista en convencer a las personas para que hagan lo que Dios jamás mandó. Él es el especialista en persuadir las iglesias de adoptar una actitud más abierta, más moderna, más relevante y ultimada y necesariamente, más mundana.

Pero viene lo peor…

Los antros, los prostíbulos, las casas de drogas, las cantinas y demás guaridas le “pertenecen” al diablo, son suyas y allí viven los suyos bajo la influencia satánica. Pero no contento (como jamás lo ha estado) con lo que tiene, Satanás siempre trabaja de “sol a sol” para que otros lugares también puedan ser influenciados por él. Es evidente que la iglesia de Cristo es el objetivo del diablo. El diablo odia a Cristo y a su iglesia con ferviente pasión, de allí que no hay mayor placer para esta despreciable criatura que este: Que la iglesia, quien por definición declara ser diferente al mundo y apartada de la mundanalidad, ahora se asemeje al mundo y sea influenciada por la mundanalidad.

Cuán ridículo suena esto “Winston Churchill llama a Hitler en Mayo de 1944 para permitirle que entre a las islas británicas con la condición de que no haga daño a nadie.” Sin embargo, cuán inverosímil y lamentable es el hecho de que muchas congregaciones no batallan ni seria ni firmemente en contra de las ideas e influencias mundanas, sino que por el contrario les han dado una calurosa y cordial bienvenida.

Muchos de los pastores que se han dejado influenciar por lo mundano (y quienes por consecuencia natural han expuesto a sus congregaciones a lo mundano) hablan con aparente autoridad y ciertamente con gran facilidad en contra de los grandes herejes (Luna, Maldonado, Castellanos, Méndez, etc…) Pero yo les preguntaría a ellos, ¿Con qué autoridad, usted, que ha sido influenciado por el mundo, juzga a alguien que ahora le sirve abiertamente al mundo? Amigo, lo único que lo separa a usted de ellos no es la esencia sino el grado. En otras palabras, ellos son más mundanos que usted sólo porque ellos han estado expuestos de manera continua a la influencia mundana, pero usted de lejos les sigue los pasos. En esencia tanto ellos como usted han sido influenciados por el mundo. Insisto, ¿Con qué autoridad moral habla y escribe en contra de quienes aman la mundanalidad, si usted le ha permitido la entrada de esa misma mundanalidad a su vida y a la congregación que usted dirige?

El grado de influencia mundana en las iglesias locales

Yo no diría que el diablo sólo quiere acabar con una parte de la verdad en la iglesia. Yo afirmaría que el diablo la quiere acabar por completo. Que lo pueda lograr, es otra cosa diferente… Pero que cause desastres y estragos en su intento, de eso nadie debe tener la menor duda. Si bien es cierto que ni el diablo ni el mismísimo infierno entero prevalecerán sobre la congregación de los santos, es también cierto que a la menor de las oportunidades, usará su malicia y persuasión engañosa para inyectar una dosis de mundanalidad.

A pesar que en unas congregaciones esta dosis de mundanalidad sea más evidente que en otras, lo que vale la pena resaltar es el hecho de que muchas congregaciones están siendo influenciadas por la mundanalidad, antes y por encima del deber que las congregaciones tienen de influenciar al mundo con la Escritura. Muchas congregaciones invitan a otros a obedecer a Cristo mientras ellas desobedecen lo que Cristo dijo en su Palabra… Muchas congregaciones quieren ganar almas para Cristo mientras venden las suyas a ideas demoníacas y mundanas… Muchas congregaciones… ¡Oh! Podríamos continuar y continuar, pero sólo basta escuchar (entre muchas otras cosas) lo superficial de sus sermones, la carencia doctrinal en sus enseñanzas, su manera vulgar y obscena de alabar a un Dios santo, sus innovadoras maneras (no-bíblicas) de contextualizar el Evangelio y la irreverencia y el relajo moral entre sus miembros… Repito, sólo basta mirar estas cosas para entender en un mejor grado la influencia mundana en muchas congregaciones y los daños causados como consecuencia.

Tenga cuidado cuando un “pastor” abre las puertas

Por eso, entre en estado de alerta cuando un “pastor” abre las puertas para que en la congregación entren ideas innovadoras sin fundamento Escritural. Cuando un “pastor” adapta y adopta métodos del mundo para que a su congregación “las cosas de Dios les parezcan más relevantes” y para que a su vez, su congregación haga que “las cosas de Dios sean más relevantes” para el mundo, éste (me refiero al pastor) renuncia explícitamente a liderar la congregación con la autoridad de la Palabra de Dios. Los oficiales de la iglesia o la iglesia misma deben solicitarle su renuncia inmediata, porque él mismo ha renunciado a su posición de liderar en obediencia a la Escritura, poniendo la Escritura en segundo plano y dando prelación a métodos no Escriturales.

Es decir, en vez de la Escritura ser la fuente de todo proceder dentro de la iglesia, ahora él ha permitido que las ideas mundanas lo sean. La congregación queda pues a merced no del pastor sino del arquitecto de esas ideas novedosas, anti-Escriturales y mundanas: el diablo. En una congregación cristiana gobierna la Palabra de Dios no las ideas del hombre. Toda idea deber ser puesta bajo la lupa de la Escritura y examinada a la luz de la Palabra.

Último pensamiento…

El diablo no es tonto, él sabe perfectamente que puede causar daños en la Iglesia de Cristo por medio de la influencia mundana… Tampoco seamos tontos nosotros, creyendo que estamos inmunes de sus oscuros planes! ¡Cuán cuidadosos debemos ser! ¡Cuánto dependemos de su gracia para no desviarnos! !Cuán bendecidos somos quienes tenemos la Escritura como la regla final de fe, de conducta y de vida!

Os exhorto en humildad a vosotros, hermanos que hacéis parte de una iglesia local, dondequiera que se encuentre, a que antes de  perder el sueño pensando desproporcionadamente en cómo podrá la iglesia influenciar al mundo, se ocupe antes de eso en cómo evitar que el mundo influencie la iglesia. Hermanos, consideren estas palabras: Antes de predicar el Evangelio a quienes viven en el mundo y aman la mundanalidad, la iglesia se debe ocupar en primera instancia de ser diferente al mundo. ¿Cómo mostraremos las virtudes de quien nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, si somos influenciados por las tinieblas? ¿Cómo le mostrará usted a otros el Cristo que lo salvó del mundo cuando usted ama más las cosas del mundo que las de Cristo? Prediquemos a este mundo caído pero siempre apartados de su influencia.

Quiera el Señor guardar a los suyos de aceptar e implementar grandes e innovadoras ideas que tienen apariencia bíblica, pero que por dentro sólo son un “caballo de Troya” que tiene como objetivo destruir congregaciones desde su interior.

Quiera el Señor darnos gracia para gozarnos en la suficiencia de la Escritura… Quiera el Señor darnos contentamiento en su Providencia… Quiera el Señor darnos luz para descubrir nuestros propios errores y sobre todo, como lo mencioné al comienzo de este artículo, quiera el Señor dar a los verdaderos pastores de sus ovejas, carácter para cerrar las puertas de la iglesia al diablo, aun cuando parezca que sólo el diablo quiera entrar en nuestras congregaciones para ocupar un asiento. Debemos preferir –si es que esa es la voluntad de Dios- que en nuestras congregaciones hayan sillas sin ocupar antes de permitir la entrada de la mundanalidad a nuestras congregaciones.

Amén.

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