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Llevando el oprobio de la verdad en un mundo tolerante con el error

Aquellos que celan y defienden la verdad de la Palabra de Dios, que anuncian los peligros de amistar con el mundo y de diluir las doctrinas, aquellos que trabajan para definir mejor las doctrinas y levantar así, los muros de protección, han tenido que pagar un gran costo en esta generación, no solo por los ataques de parte del mundo sino de otros llamados cristianos. Y cuando le digo que han pagado el precio, hago referencia a que han ganado burlas y desplantes, a ser hechos a un lado, a ser calificados de violentos, radicales, inflexibles.

Acusados de causar división, tropiezo, de entorpecer la unidad de la iglesia y más. Y sé que estas cosas pueden venir por el pecado, la imprudencia o la malicia, pero creo que lo que pasa es que hoy hay un ídolo, un baal en el mundo y en medio de la iglesia cuya apariencia no es claramente horrible porque viene astutamente cobijada de piedad, y tocar este ídolo, o tan solo pretender empujarlo, nos pone en una posición de ir al rincón, a la soledad y de muchas veces debilidad de creer que en verdad lo nuestro es pecaminoso y la causa de ellos la verdadera.

Hemos afrontado el costo de vernos afrentados y malentendidos, de que abandonen nuestras comunidades, de sacrificar espacios que nos traerían ciertas ganancias temporales, hemos sacrificado reputación y alcance y se nos ha calumniado continuamente de falta de amor, solo por tocar el baal de la Unidad. Y no me mal entienda, creemos en que la unidad del cuerpo de Cristo es un propósito al que debemos apuntar y hemos hecho esfuerzos por mantenerlas, a veces torpes esfuerzos por procurarla. Pero el baal se esconde bajo ese manto piadoso, porque la unidad que se proclama hoy, es una unidad a costa de la verdad del evangelio.

La unidad a la que se nos presiona hoy tiene que ver con bajar la guardia doctrinal y hacer concesiones en cuanto a creencias para que cumplamos Jn.17:11. Nos aconsejan y reclaman que mientras tengamos posturas dogmáticas en cuanto al evangelio estaremos siempre poniendo una barrera por la que la unidad del cuerpo de Cristo no va a avanzar. Es una unidad según ellos, en lo fundamental y tolerancia en lo no fundamental. Pero ¿Alguien me podría remarcar la línea entre lo fundamental y lo no fundamental? ¿Qué tantas doctrinas deben ser tratadas con rigor bíblico hasta sus últimas consecuencias y qué otras no? ¿Quién nos puede decir que creer en la Trinidad es fundamental pero que observar el día de adoración no lo es?

Y creemos estar llegando a un tope de no resistir más que se nos acuse con la misma Biblia por este proceder. Pero yo diría, si vas a citar Juan 17 como prueba de la unidad, debes saber que también nos habla de ‘santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad’. Que si me citas ‘la letra mata’ debes saber que 2 Cor.3:2 no está hablando de la doctrina versus amor sino del Antiguo pacto versus el Nuevo. Que, si me vas a sacar a la luz 1 Cor 13, te diría que el amor se goza en la verdad, etc.

Es un costo que vamos a seguir pagando por ser una iglesia Bíblica que pretende someter a las Escrituras todas las cosas. Parafraseando al teólogo puritano: “Si Cristo llevó una corona de espinas y el vituperio por mí, ¿Por qué yo no he de llevar la cruz y seguirle? Si Él no se avergonzó de mí en mis miserias y llevó la cruz ¿Por qué me avergonzaría de un Salvador resucitado y glorioso que me pide llevar la verdad como una insignia?”. Nuestro compromiso solemne es por la verdad y en contra del error donde este se manifieste.

Sin embargo, la iglesia debe estar dispuesta a sufrir cargando la verdad si es que es honesta y consecuente porque precisamente nos movemos en un mundo adverso a la verdad. Pero la mayor motivación para seguir en pie de lucha a favor de la verdad y de la verdadera unidad es saber que Dios mismo nos encargó que así lo hiciéramos. Anhelamos solícitos mantener la unidad que Cristo ganó, esa que está basada en la verdad o lo que la Ef.4:13 nombra como la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios.

No, no escribimos para ganar simpatía o palmadas en la espalda. La verdad escribimos para que cada creyente se pare firme sobre el fundamento de las Escrituras y discierna con su biblia en mano y sobre sus rodillas, la verdad del error, la pureza dela contaminación, lo recto de lo desviado.

Esto no se trata de personalidades, se trata de al verdad de Jesucristo. Se trata de haber recibido un depósito, de retenerlo, comunicarlo con fidelidad y proclamarlo. Se trata de dejarle un legado bendito a nuestros hijos y de llevar el evangelio puro un paso más allá de donde lo recibimos. La ambiguedad doctrinal, es una carga miserable que como un grillete no permite que la iglesia avance. Por lo que, quien escribe (y muchos conmigo), sabiendo que solo estamos de paso por aquí, nos esforzaremos por cumplir nuestro encargo en esta generación. Que Dios nos ayude y Solo a Dios la Gloria.

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