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MAYORDOMÍA CRISTIANA: Nuestro llamamiento, Primera parte

NOTA DEL EDITOR: Sabemos que el mal llamado “evangelio” de la prosperidad se encuentra en un auge sin igual en nuestros días. No es nada diferente a lo profetizado por el apóstol Pedro cuando, hablado de los falsos profetas, los distinguió con una característica clara:

“por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” 2 Pedro 2:3
 De similar forma, el apóstol Pablo dice acerca de ellos que son hombres corruptos
“que toman la piedad como fuente de ganancia” 1 Timoteo 6:5

Debemos apartarnos de los tales y, en imitación de Cristo y de los apóstoles, denunciarles abiertamente para la protección del Cuerpo del Señor. Sí, ese mensaje de la prosperidad material a través de supuestamente darle a Dios, el dueño del oro y plata, dinero, es aborrecible y condenable, y debemos hablar fuerte y claramente contra toda desviación de la verdad. Sin embargo, no podemos olvidar el aspecto positivo del Consejo de Dios. Tanto como debemos hablar en contra de toda desviación de la verdad, debemos proclamar el camino correcto que la Escritura enseña al respecto. 

No es suficiente, por ejemplo, que digamos que la salvación no es por obras, debemos aclarar que es solo por gracia a través de la fe sola en Cristo únicamente. Así mismo, no es suficiente que denunciemos la aborrecible mercadería de la fe sin que hablemos de la correcta enseñanza bíblica sobre el uso y administración de los bienes que el Señor nos ha provisto. Que el auge de nuestra defensa no se concentre en un solo lugar, sino en todo el Consejo de Dios. ¡Gloria a Dios si estás en contra de los falsos maestros y sus enseñanzas dañinas y destructoras sobre el dinero (y todo lo demás)! Pero gloria a Dios, doblemente, si no te quedas ahí y con el mismo auge con que predicas en contra de ello, enseñas acerca del principio bíblico de la mayordomía cristiana.

Esta parte del Consejo de Dios no se puede olvidar por nuestro ardor contra la distorsión del mismo, al contrario, rescatando la correcta enseñanza sobre este valioso tema estaremos, al mismo tiempo, contendiendo contra quienes lo han tergiversado. Mi oración a Dios es que esta serie de publicaciones acerca de este tema sean de bendición para los creyentes, y podamos comprender el grandísimo privilegio que tenemos al dar tal y como el Señor nos lo ha ordenado.

 

Mayordomía cristiana
Nuestro llamamiento*
por el Dr. Peter Masters

“Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es Tuyo, y de lo recibido de Tu mano te damos” 1 Crónicas 29:14

Hace más de treinta años, mi esposa y yo solíamos visitar a una anciana cristiana a quien apreciábamos mucho, la cual estaba demasiado débil como para vivir sola, por lo que tuvo que mudarse a un hogar para ancianos. Ella vivía tan austeramente y tenía tan poco en su despensa que uno pensaría que no tenía un centavo. Pero cuando sus amigos de confianza fueron a recoger las cosas de su departamento rentado, y empacaron sus pocas posesiones, encontraron en cajones y aparadores, aquí y allá, sobres llenos de billetes destinados a varios misioneros. Era claro que casi todo lo que ella poseía, después de pagar la renta y sus gastos básicos, lo ofrendaba al Señor, pues todo su corazón era para Él y Su obra.

Este no fue un incidente aislado, pues años atrás uno a menudo se encontraba con indicativos de la devota mayordomía de los creyentes de edad avanzada, independientemente de cuán pobres eran. Los pastores más veteranos, en todas partes, sin duda harán eco de esta experiencia. ¿Acaso ha pasado esa era de abnegado amor?

Hoy en día tenemos mucho. Los trabajadores más jóvenes manejan carros tan recientes y de tal calidad que sus iguales en los años 70’s y 80’s ni siquiera podían soñar. Nuestros recién casados generalmente empiezan con todos los artículos para el hogar (y mucho más), todo lo cual sus padres tuvieron que adquirir gradualmente, en una larga marcha hasta la madurez. Sin embargo, a juzgar por lo que escuchamos, existen iglesias y pastores en muchos países que con frecuencia sufren estrechez financiera, y es alarmante ver cuán pocos misioneros reciben apoyo estos días. Grupos grandes de iglesias financian un puñado de misioneros, cuando uno esperaría que muchas de las congregaciones locales fueran capaces de apoyar al menos un par cada una.

¿Acaso la nueva generación de personas que han sido convertidas no llega a entender lo que implica la mayordomía de sus medios?

¿Están los cristianos, en general, menos comprometidos de lo que estaban antes? ¿Acaso la nueva generación de personas que han sido convertidas no llega a entender lo que implica la mayordomía de sus medios? ¿Acaso nos hemos convertido en una generación consentida que no quiere renunciar a muchas cosas para darlas al Señor? Si es así, entonces nos hacemos daño a nosotros mismos y perdemos una tremenda instrumentalidad espiritual. Que el Señor bendiga a nuestros corazones este estudio de algunos versículos del Nuevo Testamento que enseñan los deberes y las bendiciones de la mayordomía por parte del pueblo de Dios.

Estamos usando el término mayordomía en vez del de diezmo porque este último término (que significa el pago o dación de la décima parte) es una obligación judía, y en ninguna parte del Nuevo Testamento se menciona que esto sea un deber para los cristianos. La regla del Nuevo Testamento dice que el dar debe estar relacionado con los medios que la persona posea

(“según [Dios le] haya prosperado” Nota 1)1 Corintios 16:2
 y no necesariamente tiene que ser un diez por ciento exacto. Para muchos creyentes tal vez sea mucho más del diez por ciento. No obstante, más adelante veremos que el diezmo del Antiguo Testamento es un buen mínimo para el pueblo de Dios en todas las épocas.

Este folleto examinará varios textos del Nuevo Testamento, cada uno de los cuales presenta algún aspecto de la mayordomía, incluyendo la actitud del creyente, los propósitos de Dios, la proporción de la ofrenda, y guía práctica importante.

1. Todo lo que tenemos pertenece al Señor

El primer principio de la mayordomía característicamente cristiana fue enseñado por el Salvador, según está escrito en Lucas 21:1-4. Viendo a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas, y con ellos a una pobre viuda que echaba sus dos blancas, Cristo hizo la observación de que ella había dado más que todos los demás, pues mientras ellos dieron una pequeña porción de su gran riqueza, ella “de su pobreza” había echado todo el sustento que tenía.

La gran lección aquí, y el estándar para la vida cristiana, es que todo lo que poseemos le pertenece al Señor. Aunque tenemos que proveer para nuestra vivienda, ropa, comida y otras muchas responsabilidades, vivimos de Su dinero, pues todo nuestro ingreso es Suyo. Esta actitud hará que tengamos cuidado y que seamos realistas acerca de cómo gastamos nuestro dinero, ya sea en cosas innecesarias o en cosas de mucho lujo o demasiado caras para nuestras necesidades. Debemos deshacernos de la mentalidad que considera algunas cosas como “nuestras” y otras como “Suyas”. Deberíamos pensar que todas las cosas son “Suyas”, y de ellas tomamos una asignación, a fin de cubrir nuestras necesidades terrenales adecuadas y razonables.

El corazón del Señor fue conmovido por aquella mujer que destinó todo lo que tenía y el apóstol Pablo alaba esta actitud en sus palabras a los corintios:

“no sois vuestros […] porque habéis sido comprados por precio” 1 Corintios 6:19-20
El rey David entendió esto muy bien cuando oró:
“Pues todo es Tuyo, y de lo recibido de Tu mano te damos” 1 Crónicas 29:14
Amamos al Señor por sobre todas las cosas y nos hemos entregado completamente a Él y, por consiguiente, deberíamos utilizar todos nuestros recursos y energías para Él, pues somos hijos e hijas privilegiados de un Salvador amado, soberano y glorioso.**

 

NOTA DEL EDITOR: para ver la segunda parte, dirigirse al siguiente link: “Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, segunda parte”.

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Notas del traductor:

  1. El griego original indica que es Dios quien nos ha ayudado en el camino y por ende un mejor equivalente al original es “según [Dios le] haya prosperado”, lo cual es consistente con la versión inglesa King James.

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Notas del editor:

*. Este texto es tomado de la primera edición en español del 2012, por Sword & Trowel del Tabernáculo Metropolitano, con traducción a cargo de Omar Ibañez y Thomas R. Montgomery; modificaciones a cargo de Bibiana Ortega y René Ramírez; y revisión a cargo de Michael Hunt y José Santana. 

**. Una versión anterior agregaba esta parte que veo la pena mencionar: “No preguntamos: “¿Cuál porción debería ofrendar?”, sino más bien, y puesto que todo es de Él, deberíamos preguntarnos: “¿Cuál es la parte que debo retener?”.

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