Artículos

MAYORDOMÍA CRISTIANA: Nuestro llamamiento, Decimotercera parte

NOTA DEL EDITOR: para ver la duodécima parte, dirigirse al siguiente link: “Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, duodécima parte”.

13. La respuesta de los corazones redimidos

Vivimos en tiempos de ateísmo floreciente y desenfrenado donde mucha gente tiene su mente programada por las fuerzas de la inmoralidad, diciendo que lo malo es bueno, y lo bueno malo. Vemos como quedan pocas iglesias sanas que creen en la Biblia, y pocos predicadores que proclaman el Evangelio. ¿Acaso es esta una época para que aquellos que aman la fe reformada y los caminos bíblicamente establecidos de antaño busquen enriquecerse en la tierra o sucumbir ante la autoindulgencia y las comodidades terrenales? ¡Que Dios conmueva nuestros corazones para que nos rindamos a Él en servicio y mayordomía! Hay tanto trabajo por hacer: predicadores que necesitan apoyo, misioneros que es necesario enviar, iglesias que necesitan ser fortalecidas, ministros o pastores que requieren capacitación, literatura que imprimir, y muchas otras tareas para que avance la obra. Sin duda nuestro mayor gozo debe ser el de asestar fuertes golpes contra el “príncipe de la potestad del aire”, y buscar triunfos para el Evangelio y para la gloria de Cristo.

Hay tanto trabajo por hacer: predicadores que necesitan apoyo, misioneros que es necesario enviar, iglesias que necesitan ser fortalecidas, ministros o pastores que requieren capacitación, literatura que imprimir, y muchas otras tareas para que avance la obra.

Como hemos visto, la verdadera actitud cristiana es que todo lo que poseemos le pertenece al Señor. Él nos prospera específicamente para la obra del Reino. La mayordomía es nuestro llamamiento y la esencia de la adoración verdadera. Ser un dador generoso es una marca crucial del carácter cristiano y de la santificación. Es darnos a nosotros mismos al Señor. El Señor hará fructificar el objetivo deseado de cada dador sincero y honrará toda nuestra abnegación. Él será nuestra seguridad, nuestro escudo y nuestro gran galardón a medida que obedezcamos Sus palabras: “de gracia recibisteis, dad de gracia”.

Cuando William Carey se dio a sí mismo para la obra de Dios en India, las palabras de un himno ardían en su corazón:

¿Y yo debo dejar todo lo que tengo,
Mi amado Señor, por Ti?
Es lo menos que puedo hacer, ya que Tú has hecho
Mucho más que esto por mí.
(Benjamin Beddome, 1771-95)

Las famosas líneas de Isaac Watts deberían también conmovernos para dar al Señor lo que le debemos:

Si todos los reinos de la naturaleza fuesen míos
Ello sería una ofrenda demasiado pequeña,
Pues amor tan asombroso, tan divino,
Demanda mi alma, vi vida y mi todo.

NOTA DEL EDITOR: para ver la primera parte, dirigirse al siguiente link: “Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, primera parte”.

0
  Artículos relacionados