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MAYORDOMÍA CRISTIANA: Nuestro llamamiento, Segunda parte

NOTA DEL EDITOR: para ver la primera parte, dirigirse al siguiente link: “Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, primera parte”.

2. El propósito principal de la mayordomía

El principal propósito de la mayordomía se encuentra en 1 Corintios 9:14 donde Pablo dice:

“Así también ordenó el Señor a los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio”
Las ofrendas del pueblo de Dios son principalmente para la proclamación de la Palabra de Dios. El Evangelio debe ser proclamado por todas partes y las ovejas del Señor apacentadas. A los mensajeros del Señor se les debe apoyar para que se puedan dedicar a la obra (1 Corintios 9:7-11).

De acuerdo con 1 Corintios 9:14, la idea de que los predicadores deberían ser apoyados no fue inventada por la Iglesia, sino que Dios lo “ordenó” así (lo que significa que Él lo prescribió, preestableció o mandó). Eso es el plan y la voluntad de Dios. El pasaje más largo del Nuevo Testamento relativo a la mayordomía (en 2 Corintios) tiene que ver principalmente con el alivio de los creyentes afligidos; pero la enseñanza de 1 Corintios 9 respecto al apoyo a los predicadores es tan enfática e imperativa, que esta es claramente el deber primordial y principal. Gálatas 6:6 insiste también en el apoyo del ministerio de la Palabra. Pablo dice:

“El que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye”
La palabra griega traducida como “haga partícipe”, significa compartir. Esto demuestra que es nuestro deber compartir con aquellos que han sido apartados para enseñar. Pablo nos ordena la reciprocidad como oyentes y maestros, dando y recibiendo mutuamente.

Si la mayordomía en una iglesia es pobre, entonces la proclamación de la Palabra de Dios sufrirá.

Si la mayordomía en una iglesia es pobre, entonces la proclamación de la Palabra de Dios sufrirá. El pastor se empobrecerá; los misioneros recibirán escasa ayuda; no se podrá adquirir o producir literatura sana para el evangelismo local; no habrá instalaciones ni vehículos disponibles para el ministerio de la escuela dominical; etc. Sin embargo, el Señor ha ordenado que se aparten mensajeros y que la obra del evangelismo sea apoyada con liberalidad.

La mayordomía, desde luego, incluye ayudarnos unos a otros en los problemas y las necesidades de la vida, y el ejemplo supremo de ello es la comunidad de bienes que se narra en Hechos 2:44-45, cuando hubo una gran tribulación que, probablemente, surgió cuando los judíos que se convirtieron fueron rechazados por sus familias. El otro gran ejemplo de ayuda a otros creyentes es la ayuda contra la hambruna que fue organizada en 2 Corintios.

Independientemente de las necesidades extremas que surjan en las vidas de las personas, existen oportunidades constantes para una ayuda considerable. Quizás podemos ayudar a que aseguren una casa a jóvenes cristianos sinceros, serios y fervientes que están comenzando o, por ejemplo, ayudar a alguien a sacarse el carnet de conducir. Este folleto, sin embargo, se concentrará en la mayordomía a través de la iglesia.

¿Acaso tenemos una actitud demasiado despreocupada con respecto a la mayordomía de nuestro dinero? Quizás no nos hemos percatado plenamente de que Dios ha ordenado que nuestra contribución desempeñará un papel importante para llevar a cabo Sus gloriosos propósitos. Quizá no hemos asumido todo el peso del privilegio y de la responsabilidad que esto conlleva. Tal vez nunca hemos considerado, seria y profundamente, cuánto deberíamos dar a la luz de la comisión que Dios nos da y nunca nos hemos comprometido a permanecer leales a nuestras obligaciones.

 

NOTA DEL EDITOR: para ver la tercera parte, dirigirse al siguiente link: “Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, tercera parte”.

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