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MAYORDOMÍA CRISTIANA: Nuestro llamamiento, Cuarta parte

NOTA DEL EDITOR: para ver la tercera parte, dirigirse al siguiente link: «Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, tercera parte».

4. Una señal vital del carácter cristiano

2 Corintios 8-9 es otro pasaje importante sobre la mayordomía cristiana, donde se nos da un conjunto de retos y estímulos. Aquí Pablo dice a los corintios que ellos deberían saber acerca de “la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia” (8:1). La gracia mencionada se refiere a un espíritu de generosidad y ayuda. “Como en todo abundáis”, dice Pablo, “en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud […] abundad también en esta gracia” (8:7).

Evidentemente, los miembros de la iglesia de Corinto tenían fe, un testimonio efectivo, un buen conocimiento de doctrina, y una gran solicitud en muchas cosas, pero no habían comprendido plenamente el deber de una mayordomía generosa. Ellos revelaron una significativa área de estancamiento al no continuar con la mayordomía que habían empezado (8:10-11). Tenían la intención de dar, y habían empezado a dar, pero no terminaron la obra. El reto para nosotros es claro; ¿cuál es el nivel de mayordomía que tenemos, el de Macedonia o el de Corinto?

Pero ¿por qué se dice que el dar es una “gracia”? Primero, porque es una manifestación de la gracia de Dios en el corazón; una evidencia de Su obra transformadora y santificadora. ¿No les dijo el apóstol Pablo a los corintios que su mayordomía generosa sería una prueba de la sinceridad de su amor? (8:8). También les exhortó con estas palabras: 

“Mostrad […] la prueba de vuestro amor”2 Corintios 8:24
Una mayordomía pequeña es definitivamente un síntoma de que tenemos un amor pequeño por Cristo y por las almas.

Segundo, la mayordomía es una “gracia” por el espíritu con que se lleva a cabo. Damos motivados por la gracia. El dador da voluntariamente y no espera recibir ningún beneficio personal o reconocimiento a cambio. Es motivado a dar porque Dios le ha mostrado Su favor misericordioso, libre y gratuito. Si la iglesia fijara un diezmo obligatorio para sus miembros, entonces sus ofrendas ya no serían una gracia. O si la gente ofrendara porque alguien que promueve el “evangelio de la prosperidad” los hubiera convencido de que Dios los recompensaría a cambio de ello, entonces su ofrenda ya no sería una gracia. Para que agrade a Dios, la dádiva debe provenir de un corazón sincero, debe ser un acto voluntario, y no debe albergar ninguna expectativa o esperanza de recibir alguna recompensa personal.

¿Cuál es nuestra condición ante el Señor? ¿Cuán grande es nuestro amor? ¿Cuán profunda es nuestra convicción? ¿Cuán sincero es nuestro agradecimiento y nuestro deseo para el avance de la obra del Señor y la gloria de Su nombre? Pablo, hablando bajo la inspiración del Espíritu Santo, dice que todas estas cosas son probadas por el vigor de nuestra mayordomía.

Una mayordomía pequeña es definitivamente un síntoma de que tenemos un amor pequeño por Cristo y por las almas.

¿Por qué debe ser la mayordomía la prueba de fuego de nuestro amor y sinceridad? ¿Es una prueba justa y precisa? Si alguien permite que su mayordomía decaiga, ¿significa eso que su estado espiritual también está decayendo ¿Realmente indica falta de amor, de compromiso y de profundidad? La respuesta en 2 Corintios 8 es que, en efecto, eso es lo que demuestra, porque la mayordomía revela la imagen de familia que tienen los hijos de Dios. Pablo argumenta que en nuestra mayordomía el corazón de Cristo se manifiesta en nosotros:

“porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con Su pobreza fueseis enriquecidos”2 Corintios 8:9

Nuestra semejanza a Cristo se hace constar a través de nuestra prontitud y deseo de tener una mayordomía destinada para Su obra y Su gloria y la salvación de almas, y este es un pensamiento que nos desafía profundamente a todos.*

 

NOTA DEL EDITOR: para ver la quinta parte, dirigirse al siguiente link: «Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, quinta parte».

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Notas del editor:

*. Me permito añadir un comentario que el mismo autor de este artículo hizo en otra ocasión:

«Pruebas de nuestra semejanza a Cristo

La mayordomía es una de las pruebas más reveladoras de nuestra semejanza a Cristo, porque refleja muy claramente Su carácter. Él se dio a Sí mismo completa y enteramente para el beneficio de otros. Él se despojó a Sí mismo de la gloria del Cielo por la más profunda humillación, aún hasta la muerte de la cruz motivado por Su compasión de los pecadores.

En un sentido Él «ha dado» Su estado eterno por Su pueblo, tomando sobre Sí mismo un cuerpo (ahora glorificado) que llevará para siempre en Su oficio de Rey y Protector.

El Señor Jesucristo, nuestro hermano mayor, precursor y ejemplo, es inmensurablemente desinteresado, amoroso, tierno, benevolente y generoso. En Su maravillosa gracia y condescendencia se dio a Sí mismo, y se dio a Sí mismo enteramente. Entonces, seguramente la evidencia más grande de nuestra semejanza a Él será vista en nuestra buena voluntad de darnos a nosotros mismos y nuestros bienes por Su causa. Si somos mayordomos infieles, entonces nuestra semejanza «familiar» con Él no será visible».

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