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MAYORDOMÍA CRISTIANA: Nuestro llamamiento, Quinta parte

NOTA DEL EDITOR: para ver la cuarta parte, dirigirse al siguiente link: “Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, cuarta parte”.

5. Darnos “nosotros mismos” al Señor

2 Corintios 8 pone delante de nosotros el ejemplo de un pueblo cuyos corazones estaban tan entregados a la causa a la que contribuyeron, que no dieron solo su dinero, sino que también se dieron ellos mismos (8:5). Al ofrendar el dinero que tanto necesitaban, se sujetaron a sí mismos a grandes padecimientos, y es en este sentido que la Biblia dice que “a sí mismos se dieron […] al Señor”. (Aquí tenemos más luz sobre la actitud de la viuda que dio todo su sustento al Señor). Tal vez ellos dijeron: “abstenernos de comer por un día a la semana para poder mandar ayuda a los creyentes en Jerusalén es nuestro servicio para ellos. Ayunaremos con gozo, para que ellos puedan sobrevivir”. No dieron solamente dinero, sino cualquier comodidad que ese dinero les hubiera comprado. Hicieron un sacrificio personal mediante esta privación.

Toda mayordomía verdadera y digna es así porque planta una diferencia en nuestras vidas. No decimos: “voy a ofrendar únicamente una suma que me deje libre para gastar el resto como yo quiera y para disfrutar cualquier placer o posesión que quiera”. Por el contrario, nosotros debemos decir: “voy a darme a mí mismo al Señor y a Su obra, reduciendo, por lo menos, los gastos extravagantes, los lujos, las cosas superfluas y todos los deleites innecesarios con el fin de que el dinero que hubiese gastado en todas esas cosas sea dedicado a la causa de mi Salvador”.¿Tomamos así de seriamente nuestro ministerio de mayordomía, planeando nuestros gastos de tal manera que podamos apoyar gozosamente la predicación de la Palabra y ayudar a los creyentes necesitados? Sin duda debemos mantener un hogar y un estilo de vida que nos permitan servir eficazmente al Señor. Pero ¿tiene el lugar adecuado en nuestra planificación la maximización de nuestra mayordomía?

La prueba suprema de nuestra sinceridad será nuestra disposición para asumir el privilegio de la mayordomía. “De su agrado han dado”, dice Pablo respecto a los macedonios, “pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia” (8:3-4 RV 1909). Pablo dice después:

“Ahora pues, llevad también a cabo el hacerlo […] porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta”2 Corintios 8:11-12
Si nos damos cuenta de que somos renuentes a dar con generosidad, deberíamos estar muy alarmados. Debemos escudriñar nuestras vidas hasta descubrir las cosas que nos han inducido a dejar nuestro primer amor y a enfriarnos en el amor hacia Cristo. Una vez encontrado el mal, debemos desarraigarlo.

Únicamente cuando estemos dispuestos a perder todo el beneficio personal de nuestro ingreso, y a manifestar la gracia de dar, es que estaremos dándonos realmente al Señor. Pablo anhelaba ver esta disposición en los creyentes, a fin de que dieran “no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). La palabra griega traducida como “con tristeza” no solo significa eso, sino también “con dolor”.

¿Nos resulta difícil elegir la gloria de Cristo en lugar de las comodidades del presente? Si es así, derramemos nuestro corazón ante Dios en arrepentimiento por nuestra frialdad de corazón y avivemos nuestra gratitud por nuestra salvación y por el amor redentor del Salvador, por la nueva naturaleza que hemos recibido, y por toda Su paciencia, misericordia y amor para con nosotros. Pensemos en Su amable providencia en nuestras vidas, y en la certidumbre de la gloria eterna, y seguramente nuestros corazones se derretirán y nos levantaremos con el deseo de asumir nuestra responsabilidad de apoyar la obra del Evangelio. Que seamos capaces de decir con el rey David:  

“Voluntariamente te he ofrecido todo esto”1 Crónicas 29:17

¿Nos resulta difícil elegir la gloria de Cristo en lugar de las comodidades del presente?

Que nunca seamos contados entre aquellos que dan solamente porque tienen que hacerlo. Más bien demos porque nos hemos propuesto en lo más profundo de nuestro corazón dar para la obra de Dios. ¡Cuánto nos alienta saber que la mayordomía alegre y voluntaria agrada al Dios todopoderoso del Cielo! Sin duda, la frase “Dios ama al dador alegre” es demasiado profunda para que podamos entenderla plenamente. Estas palabras notables probablemente significan que Dios manifiesta Su amor al dador alegre, haciendo que Su mano esté sobre su ofrenda y que el mayordomo con la voluntad dispuesta experimente su acogimiento especial.

 

NOTA DEL EDITOR: para ver la sexta parte, dirigirse al siguiente link: “Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, sexta parte”.

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