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MAYORDOMÍA CRISTIANA: Nuestro llamamiento, Sexta parte

NOTA DEL EDITOR: para ver la quinta parte, dirigirse al siguiente link: «Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, quinta parte».

6. Definición de generosidad bíblica

Supongamos que nos encontramos en dificultades económicas, ¿es razonable esperar que demos generosamente? Nuestro pasaje en 2 Corintios 8 nos ayuda también en este punto, porque define la generosidad bíblica en relación con nuestros medios diciendo:

“Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene”2 Corintios 8:12
Si queremos dar para el Señor, y hacemos lo que mejor podemos en circunstancias difíciles, el Señor honrará y bendecirá la ofrenda. Esto lo vemos en las blancas (las pequeñas monedas) que ofrendó la viuda (Lucas 21). Desde la perspectiva divina, la “generosidad” es un asunto de las circunstancias de cada uno. Como J. C. Ryle lo expresó:
“Lo que hacen los creyentes pobres tiene tanta dignidad como lo que hace un príncipe, porque Cristo toma en cuenta algo más que el simple valor de nuestra ofrenda para medir su generosidad: Él mira la proporción de nuestra ofrenda en comparación con todos nuestros bienes, y también mira la abnegación que esta nos supone”

Vea el ejemplo de los macedonios, quienes se encontraban “en grande prueba de tribulación” y, sin embargo, “la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad” (8:2). Motivados por su gratitud ante la bondad de Dios para con ellos, hicieron su mejor esfuerzo para contribuir, y el resultado fue registrado por el Espíritu Santo como las “riquezas de su generosidad”. Según la opinión de Dios, el gozo cristiano se combina con la pobreza para resultar en “generosidad”.

Nunca debemos desanimarnos ante la idea de que la capacidad (o potencial) de nuestra mayordomía es pequeña. Vemos en el lenguaje del Salvador y de Pablo que el corazón de Dios se goza ante la «generosidad” de Su pueblo, sin importar cuán pequeña sea la cantidad, ya que eso es amor y adoración verdaderos, y Dios obrará grandes bendiciones de tales ofrendas. La ofrenda pequeña pero que nos es costosa, dada con gozo, lleva la fragancia de la gracia de Cristo viviendo en un corazón redimido.

La ofrenda pequeña pero que nos es costosa, dada con gozo, lleva la fragancia de la gracia de Cristo viviendo en un corazón redimido.

Podemos pensar que en tanto que demos una porción de nuestro ingreso, digamos un cómodo diez por ciento, seremos reconocidos como unos siervos obedientes. Pero vea otra vez a los creyentes de Macedonia, pues ellos se esforzaron en dar más allá de su capacidad (8:3). Aquí encontramos un deseo profundo de esforzarse al máximo, y esto es lo que el Espíritu Santo aprueba y encomienda. ¿Sucede así con nosotros? ¿Cuándo fue la última vez que revisamos nuestra mayordomía? ¿Es nuestro deseo constante el avance de la obra de Dios? O, ¿hemos caído en la situación de pagar un “impuesto” fijo al Señor considerando todo el resto como nuestras propias cosas?

 

NOTA DEL EDITOR: para ver la séptima parte, dirigirse al siguiente link: «Mayordomía Cristiana: nuestro llamamiento, séptima parte».

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