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¿Es el número de personas en una congregación, sinónimo de bendición?

Una aclaración necesaria

Consciente o inconscientemente percibimos el número de personas que entran al local de la iglesia semana tras semana: unas veces es evidente la ausencia de varios hermanos y en otras oportunidades presenciamos la compañía de nuevos amigos. Sea cual sea el caso, una semana puede ser evidente que hay más personas y en otras oportunidades, menos personas de lo que consideramos como habitual. La iglesia no es ni el local de reunión ni tampoco todas las personas que entran al local. La iglesia local la conforman los redimidos, los hijos de Dios que se reúnen en cierto lugar geográfico (localidad) con el propósito de servir y obedecer a Dios de manera pública y de edificarse los unos a los otros en Su amor.

Surge ahora una pregunta: ¿El tamaño de la iglesia importa?

Es indiscutible que para algunos, el número de personas tiene un efecto alentador o desalentador. Si son muchas las personas que abarrotan el local de reunión, muchos allí estarán gozosos, estarán convencidos que Dios está bendiciendo, se dirán los unos a los otros: “Mira… Dios está bendiciendo el ministerio de la Palabra”, otros amigos quizás dirán “Dios está aquí”. Si por el contrario las sillas vacías son más de las acostumbradas, puede surgir cierto tipo de desánimo: quizás puedan haber preguntas “¿Qué es lo que está pasando?” o afirmaciones “Dios no está bendiciendo la predicación”

Lo que deseo expresar es que lamentablemente son muchas las personas que creen que el número de personas de una congregación es directamente proporcional a la aprobación del Señor de un pastor o de su  ministerio. Pero, ¿Es esa una realidad bíblica? Lamento decir, No. No lo es. Debemos descansar en el hecho de que sólo Dios es quien regula, controla, ajusta y permite el número de personas presentes o ausentes en un local en un momento determinado. La verdad bíblica es la siguiente:

… el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.Hechos 4:12
, entonces deducimos que sólo en Dios reposa el poder de añadir o sustraer números a las congregaciones, conforme sea su Voluntad. (Nota: Cuidémonos de excluir la responsabilidad del pastor como causa de la división, merma o extinción de iglesias locales. De esto hablemos en otro artículo)

Como decíamos, no hay absolutamente nada que tenga autonomía propia fuera de la Providencia de Dios y esto incluye, por un lado, las fieles personas que se reúnen regularmente con el fin de honrar y exaltar el nombre de Cristo y de obedecerle, como también incluye los miles de miles de personas que se aglomeran semana tras semana para escuchar enseñanzas herejes: aún este número de profesantes y de curiosos dentro de un local, es regulado por Dios.

Así que, No! El número de personas en un local jamás ha sido, es o será una muestra de que Dios “está en ese lugar” o “bendiciendo a esta o a otra congregación”.

Un versículo que debemos entender con cuidado

Bien conocidas deben ser para todos las palabras del Apóstol Pablo

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. V7  Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.1 Corintios 3:6
Pero, ¿Significa este versículo que Dios da el crecimiento y que tal crecimiento es manifestado con el número de personas en una congregación? La pregunta nos puede tentar a responder “Si”. Pero la verdad es diferente.

El versículo hace referencia no al número de personas sino a la germinación de la vida en una persona. Una semilla para que nazca debe ser sembrada, regada y cuidada, pero quien lo hace no tiene el poder de otorgar ni vida ni crecimiento. Bien, de igual manera, el crecimiento al que se refiere el Apóstol Pablo es al nacimiento (regeneración) y crecimiento espiritual (santificación) que viene por la gracia de Dios cuando la semilla del Evangelio es sembrada. La vida espiritual es un milagro de la gracia Divina.

¿Más personas en un local es sinónimo de la aprobación de Dios?

Miles de personas se pueden apretujar mutuamente domingo a domingo en un lugar donde sólo se prediquen sanaciones, milagros, el mensaje de prosperidad y otras herejías afines y su mayoría está convencida de que Dios es quien está bendiciendo, su razonamiento es este “Di Dios no estuviera bendiciendo, muchas personas no estarían aquí hoy”.

Bien, este es un razonamiento no Escritural. De hecho es un razonamiento mundano y carnal. Porque es fácil probar que si hay mil personas a las que el pastor “A” les promete que escucharán lo que quieren escuchar serán pocas las personas que asistan al lugar pastoreado por “B” donde no van a escuchar lo que quieren sino lo que necesitan. Es natural del ser humano agruparse conforme a sus deseos afines. La Palabra nos habla de eso de manera clara

Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias.2 Timoteo 4:3

Entonces, decíamos, miles de personas se pueden apretujar mutuamente domingo a domingo en un lugar donde se profese la fe cristiana, pero ese número aunque es regulado por la Soberana voluntad de Dios no dice nada al respecto de Su gracia obrando en esta multitud. Por el contrario, las Mega-Iglesias se han convertido en sinónimo de herejía y de mundanalidad. Cuidado, no quiero decir que no pueda haber excepciones (si es que las hay), sólo afirmo que el número de personas en una congregación no es siempre consecuencia de la gracia de Dios obrando en estas personas.

Se puede llegar a la conclusión, entonces, que el número de personas en una congregación está divinamente decretado por Dios pero no implica su gracia obrando en ellos.

Enfoquémonos en la fidelidad (en la obediencia) y no en la contabilidad (los números)

Lo que nos habla de la aprobación de Dios con respecto a una congregación grande o pequeña es la obra del Espíritu Santo en medio de esta congregación a través de la vivificación de inconversos y de la santificación de convertidos. Allí vemos la obra de Dios, allí vemos el crecimiento que Dios da, y no en el número de sillas ocupadas o desocupadas.

Con esto no quiero decir que debemos reposar en la Soberanía del Señor si nuestra iglesia contaba con 80 miembros regulares hace 2 meses y ahora sólo se congregan 25. De hecho, el pastor es responsable de dar cuentas al Señor de cada una de sus ovejas que se congregan. De los cabritos que entran y salen, el pastor sólo es responsable de predicarles el Evangelio tan pronto como sea posible. Pero si las personas se desaniman porque el pastor es obediente a la Palabra y usa métodos avalados por la Biblia, sólo debemos rogarles y alentarles a obedecer en el amor del Señor, jamás abandonando los principios que han causado ese desánimo.

Por ejemplo, si a una persona le desanima que el pastor insista que debemos ser cuidadosos con las conversaciones que tenemos entre nosotros, a esta persona se le debe animar a escudriñar la Palabra y a entender, por ejemplo, que

…las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.1 Corintios 15:33
o se le debe exhortar a que lea y escudriñe qué significa
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.Colosenses 3:16
. Jamás debemos alentar fuera de la Biblia a quien está desalentado por una exhortación bíblica.

Si el Señor usa ese desánimo para que la persona le clame a Él por gracia para entender y obedecer con el fin de afirmarlo dentro de su cuerpo, Amén. Si el Señor por el contrario usa ese desánimo para que abandonen una congregación bíblica y obediente, también debemos decir Amén a su bendita Providencia.

Los puritanos llamaban a la práctica de algunos “creyentes” de abandonar iglesias bíblicas “blessed departures” que en español significa “abandonos bendecidos”. Espero que no haya pastor que se goce porque las personas abandonan la congregación. Pero si como pastores de la grey de Cristo hemos sido fieles y permanecido firmes por la gracia de Dios, entonces si alguien abandona el redil que cuidamos a raíz de nuestra adherencia a la Palabra (aunque quien abandona jamás admitirá que esta fue la causa) debemos descansar y no latigarnos hasta el desaliento.

Los pastores son llamados a medir (si es que jamás alguien puede usar ese término) la bendición de Dios en términos de conversiones y de santificación y no de números de personas que nos escuchan. Al final de cuentas, Dios es quien obra en su iglesia de manera soberana.

En unos la abundancia de gracia es evidente en su formación y santificación, mientras que en otros la carencia de la misma es notable, permitiéendo Dios que ellos, por su propia cuenta y desición, abandonen congregaciones bíblicas. Recordemos

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. V7  Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.1 Corintios 3:6
, no habla de números sino del obrar soberano de Dios en la persona y en la persona como parte de la iglesia.

Así que, enfoquémonos en ser fieles y no en ser muchos.

Pero hay una piedra de tropiezo…

Me parece escuchar a unos amigos replicar “Pastor, no será que algunas personas se han ido de congregaciones porque los métodos son muy ortodoxos, disciplinados y no reflejan la sociedad donde viven ni la cultura a la que pertenecen?” Si hay alguien que genuinamente se haga esa pregunta, debo sugerir que se responda pronta, pero cordialmente en tres partes

  1. Amigo, me sorprendería si estas dos virtudes (la ortodoxia y la disciplina en la vida como iglesia y en la manera de reverenciar a un Dios santo) puedan ser piedra de tropiezo para alguien que ama a Dios.
  2. Si algo de las prácticas culturales o de los hábitos personales de un pastor es piedra de tropiezo para alguien, el pastor debe pedir perdón de inmediato y buscar en oración remover esa piedra de tropiezo para que jamás sea ocasión para que alguien caiga.
  3. Sin embargo, si la piedra  de tropiezo es su amor por Cristo y su adherencia a Su Palabra y su celo por la vida santa en la iglesia, si esa es la piedra de tropiezo, el pastor debe permitir entonces que muchos sigan cayendo (si es así la voluntad de Dios). Jamás debe ser tentado a removerla para que las personas no se marchen del local.

¿Muchos? Amén. ¿Pocos? Amén y Amén!

Si el Señor (usando el amor de un pastor por Cristo, por su iglesia y adherencia a Su Palabra) es quien bendice el ministerio y como consecuencia, le place aumentar el número de personas en el local de congregación, humildemente el pastor debería decir: Amén.

Pero debemos mirar la otra cara del asunto…

Si el Señor en su infinita sabiduría y bondad, no desea (a pesar del amor de un pastor por Cristo, por su iglesia y adherencia a Su Palabra) traer muchas personas al lugar de congregación, gozosamente ese pastor debería gritar para sí mismo: Amén y Amén.

Una última palabra de advertencia

La gracia de Dios es la causa del crecimiento que jamás se detendrá. La gracia de Dios será para siempre en Su iglesia universal, sea el número de personas en una iglesia local poco o mucho. Así que cuidado, les exhorto hermanos pastores y consiervos de Cristo.

  • Tengan cuidado con ser tentados a no ofender a nadie con el Evangelio.
  • Tengan sumo cuidado en buscar la popularidad a través de decisiones democráticas que plazcan a los oyentes.
  • Pero tengan mucho más cuidado en sentirse tentados a rebajar la búsqueda de la santidad (que honra a Dios) en favor de ideas pragmáticas (que placen al hombre)

Si cedes ante estas tentaciones te podrás encontrar, conforme sea la Providencia del Señor con estos dos resultados:

  1. El local de congregación será abarrotado de mundanos e inconversos a los que has atraído con métodos no bíblicos; o,
  2. El local de congregación debe ser usado para otro propósito, porque la verdadera iglesia se ha marchado de allí.

Si has cedido ante el pragmatismo para que aumenten los números, lo has arruinado todo! Has despreciado a Dios y a Su Palabra! Has temido al hombre y has tratado de agradarle más que a Dios. Ahora prepárate para dar cuentas ante quien te dijo “Pastorea mis ovejas”.

Quiera el Señor evitar que sus pastores caigan en la tentación de buscar números y no genuinas conversiones… diversión y socialización y no santidad… y pragmatismo y no Escrituralismo.

A Dios y sólo a Él, sea la gloria hoy y siempre. Amén.

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