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Vosotros sóis la sal del mundo

Manteniendo la Iglesia separada del mundo

Por J Gresham Machen

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿Con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.Mateo 5,13

Estas palabras de nuestro Señor establecieron en el comienzo la distinción de la iglesia y la separación de la iglesia de la mundanalidad. Si la distinción entre la iglesia y el mundo no existe o no se distingue, el poder de la iglesia se habrá ido. La iglesia, entonces, será como la sal que ha perdido su sabor, y sólo será apta para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Este es un gran principio, y nunca ha habido un momento a través de los siglos de la historia cristiana en el que no se haya tomado en serio. El verdadero ataque en contra del cristianismo no ha sido el ataque llevado a cabo con fuego y espada, o con amenazas de lazos de muerte. Ha sido, por el contrario, el más sutil de los ataques que se ha disfrazado con palabras amistosas; no el ataque desde el exterior, sino el ataque desde su propio interior. El enemigo ha llevado a cabo su trabajo mortal cuando ha venido con palabras de amor y paz. ¡Y vaya, cuán persistente ha sido! Jamás la vida de la iglesia que ha sido totalmente relajada; siempre ha existido aquel proceso químico en el que, si hubiese sido descuidado, la preciosa sal se hubiese fusionado con la insipidez del mundo.

El proceso se inició en el comienzo mismo, en los días en que nuestro Señor todavía caminaba por las colinas de Galilea. Había muchos en esos días los que le oían de buena gana. Él disfrutaba en el principio, el favor del pueblo. Pero en ese favor, el Señor Jesucristo vio un peligro mortal. Él no tendría nada de un medio discipulado que resultase de la mezcla de sus discípulos con el mundo.

¡Cuán fuerte él se refirió al mero entusiasmo sentimental! «Dejad que los muertos entierren a sus muertos»; así se refirió a aquellos que vinieron con entusiasmo a él, pero que no estaban dispuestos a renunciar de inmediato a todo. «Una cosa te falta», le dijo al joven rico, y el joven se fue triste de distancia. Verdaderamente Jesús no hizo fácil las cosas para quienes quería seguirle. «El que no está conmigo,» dijo, «es contra mí … Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos … no puede ser mi discípulo.» ¡Qué cosa tan seria era permanecer firme para Cristo por aquellos días! Y era un asunto serio, no sólo en la esfera de la conducta, sino también en la esfera del pensamiento.

No puede haber mayor error que suponer que un hombre por aquellos podía pensar como le diese la gana y aún así ser un seguidor de Jesús. Por el contrario, la ofensa se basa tanto en el ámbito de la doctrina como en el ámbito de la vida. Había «dichos duros», tanto en aquel entonces como ahora, que tuvieron que ser aceptados por los discípulos de Jesús.

Jesús tampoco se las puso fácil a los murmuradores. Él les dijo: «De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.» Al oír eso aún sus discípulos, se ofendieron. ‘Este es un dicho muy duro’ dijeron, ‘¿Quién lo podrá oír? «Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Queréis vosotros iros también? Entonces Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna». Así era la preciosa sal conservada.

La muerte y la vida nueva

Luego las nubes se tornaron grises, y finalmente, la cruz. En la hora de su agonía, todos le abandonaron y huyeron; al parecer, el movimiento que había iniciado estaba irremediablemente acabado. Pero esa no era la voluntad de Dios. Los discípulos fueron amedrentados, pero aún quedaba algo. Pedro fue perdonado; los discípulos vieron al Señor resucitado; la preciosa sal todavía aún fue conservada.

Ciento veinte personas se reunieron en Jerusalén: no fue mayor cosa. Pero la sal, si realmente posee sabor, puede permear toda la masa. El Espíritu vino de acuerdo con la promesa de nuestro Señor, y Pedro predicó el primer sermón en la iglesia cristiana. ¡Era verdaderamente un sermón en el que ninguna concesión fue hecha! Pedro dijo

a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;Hechos 2:23
¡Cuán falto de bondad Pedro era! Pero por esa misericordiosa falta de bondad aquellos fueron compungidos de corazón, y por la gracia de Dios, aquel día tres mil almas fueron salvas.

Así que, allí estaba la primera iglesia cristiana en medio de un mundo hostil. Esa “pequeña compañía” era separada del mundo como por océano mismo. Como por una barrera invisible, que sólo podía ser cruzado por el milagro del nuevo nacimiento, así fueron separados los discípulos de Jesús, del mundo circundante. Cuando los discípulos de Jesús son realmente fieles a su Señor, ellos inspiran pavor y asombro. Pero no ocurre lo mismo cuando la iglesia cristiana transa con el mundo.

Pero después de las primeras persecuciones, llegó a la iglesia primitiva un tiempo de paz… ¡Si! Una paz mortal, engañosa y  mortal; una paz en realidad más peligrosa que la persecución más amarga. Muchos de la secta de los fariseos, entraron en la iglesia – falsos ‘hermanos’ fueron traídos al seno de la iglesia. No eran verdaderos cristianos porque confiaban en sus propias obras para la salvación, y ningún hombre que hace eso puede ser un cristiano.

Sin embargo, eran cristianos de nombre, y trataron de imponerse sobre los demás. Era una amenaza seria, y por un momento parecía que incluso Pedro, verdadero apóstol, sería engañado. Sus principios  doctrinales eran verdaderos, pero por un momento, a causa de su comportamiento en Antioquía, esos principios fueron por un momento desmentidos. Sin embargo, no era la voluntad de Dios que su iglesia pereciese, por lo que el ‘hombre que salvó el día’ providencialmente estaba allí.

Había en ese momento un hombre que no tomó en cuenta las consecuencias personales, cuando un gran principio estaba en juego; un hombre que puso todas las consideraciones personales resueltamente de lado. Este hombre se negó a serle infiel a Cristo temiendo que la ‘iglesia se dividiera’. «Cuando vi que no andaban con rectitud», dijo Pablo, “de acuerdo con la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos…» Así la preciosa sal fue conservada.

Pero por otro lado la iglesia también fue amenazada por las tentaciones y los halagos del mundo. Fue amenazada no sólo por el falso judaísmo, lo que implicaba la sustitución de la gracia de Dios por la justicia propia del hombre, sino también por el paganismo arrasador de aquellos días.

¿Conversos Improbables?

Cuando las “iglesias paulinas” se plantaron en las ciudades del mundo grecorromano la batalla apenas comenzaba. Pero, ¿Se mantendría viva la chispa de la vida nueva? Ciertamente parecía improbable en gran manera.

Los conversos eran en su mayor parte no aquellos independientes en lo que respecta a su sustento y a su manera de pensar, sino esclavos y comerciantes humildes. Estaban rodeados por los “mil lazos” del paganismo de aquellos días. ¿Cómo podían evitar ser dejados llevar por la corriente del mundo? Ciertamente el peligro era grande; y cuando Pablo se marchaba dejando atrás una iglesia recién plantada, como Tesalónica, su corazón se llenaba de temor. Pero Dios fue fiel a su promesa, y la primera palabra que salió de aquella iglesia joven fue buena.

La maravilla de hecho se había logrado. Los conversos se mantuvieron firmes. Ellos estaban en el mundo sin ser del mundo. Su distinción se mantuvo y en medio de la impureza pagana que los rodeaba, ellos estaban viviendo sus vidas de una manera verdaderamente cristiana.

El mismo conflicto se observa con más detalle en el caso de Corinto. ¡Qué ciudad era aquella Corinto, y cuán poco probable era que hubiese una iglesia cristiana en un lugar como estos! Bengel comenta en lo que respecta al saludo de Pablo «A la iglesia de Dios que está en Corinto» que este saludo es una poderosa paradoja. En 1 de Corintios vemos en toda su plenitud el esfuerzo del paganismo, no para atacar a la iglesia con un ataque frontal, sino para conquistarlo por un método mucho más mortal, a saber, el de la fusión pacífica y gradual con la vida del mundo.

Esos cristianos en Corinto estaban conectados por muchos lazos con la vida pagana de aquella gran ciudad. ¿Qué debían hacer al respecto de sus membrecías con clubes de «comercio» y con actividades afines? ¿Qué deben hacer sobre las invitaciones a cenas donde la carne que había sido ofrecida a los ídolos era puesta delante de los invitados? ¿Qué debían hacer al respecto del matrimonio? Estas fueron cuestiones de índole práctico, pero estas cuestiones incluían el gran principio de la distinción y la exclusividad de la iglesia. Ciertamente el peligro era muy grande; los convertidos estaban en peligro de hundirse de nuevo en la vida corrupta del mundo.

Cuidado con la doctrina

Pero el conflicto no sólo existía en el ámbito de la conducta. Fue fundamentalmente en la esfera del pensamiento. El paganismo en Corinto era demasiado astuto como para pensar que la vida cristiana podría ser atacada cuando la doctrina cristiana se mantenía firme.

Y es así como la práctica pagana fue promovida haciendo referencia a las teorías paganas. El enemigo, entonces intenta desviar de cause y explicar someramente las cosas fundamentales de la fe cristiana. El paganismo en la iglesia de Corinto trató de sustituir la doctrina cristiana de la resurrección con la noción griega de la inmortalidad del alma. Pero Dios tiene a sus testigos. El apóstol Pablo no fue engañado; y en un gran pasaje -las palabras más importantes, tal vez, que alguna vez han sido escritas- él mismo dejó en claro la base ciertísima de la fe cristiana.

Pablo dejó en claro –

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;  y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras1 Corintios 15:3
Allí está el cimiento del “edificio cristiano.”

El paganismo fue royendo ese fundamento en Corinto, como lo ha estado haciendo en una forma u otra desde entonces, dondequiera que se halle una verdadera iglesia de Cristo. Pero Pablo estaba allí, y muchos de los quinientos testigos estaban aún vivos, por lo que el mensaje del Evangelio se mantuvo distinto de la sabiduría y de las ideas del mundo, y la preciosa sal, una vez más fue conservaba.

Luego, en el siglo II, se produjo otro conflicto mortal. Era otra vez un conflicto con un enemigo no de afuera sino de adentro. Los gnósticos usaban el nombre de Cristo. Ellos trataron de dominar a la iglesia e incluso citaban las epístolas de Pablo. Pero a pesar del cuidadoso uso de lenguaje cristiano eran paganos hasta la médula. La iglesia se salvó – no por aquellos que gritaron: «Paz, paz; cuando no hay paz «, sino por aquellos que contendieron de manera celosa por la fe. Una vez más, en medio de un gran peligro, la preciosa sal fue preservada.

Luego vino la Edad Media. ¡Cuán largo y oscuro, en algunos aspectos, fue este periodo! Es difícil darse cuenta de los once siglos transcurridos entre Agustín y Lutero, sin embargo, tal era el caso. Nunca en tal intervalo Dios permaneció sin testigos fieles. La luz todavía brillaba de las páginas sagradas; pero, ¡Cuán tenue aquella luz en esa densa atmósfera parecía ser! El Evangelio parecía haber sido enterrado para siempre. Sin embargo, en el perfecto tiempo de Dios salió con nuevo poder el mismo Evangelio que Agustín y Pablo habían proclamado.

De ese Evangelio que sobrevivió a la Edad Media, bien puede ciertamente esperarse que se convierta en la palabra de vida hasta el fin del mundo. Sin embargo, en esos primeros años del siglo XVI, ¡Cuán oscuros eran aquellos tiempos cuando Lutero hizo su visita a Roma! ¿Qué encontró – Qué encontró allí, en el centro del mundo Cristiano? Encontró el paganismo flagrante y sin vergüenza proclamándose triunfante.

Encontró las glorias de la antigua Grecia cobrando vida en el Renacimiento italiano, pero con esas glorias, venía también la autosuficiencia y la rebelión contra Dios, junto con toda la degradación moral del hombre natural. Al parecer la iglesia al fin había llegado a ser absolutamente indistinguible del mundo.

Pero en medio de este escenario de total abandono, una cosa, al menos, fue preservada. Hubo muchas cosas que se perdieron, pero al menos una cosa todavía permanecía, una cosa jamás se perdió: la Palabra de Dios.

La Biblia de hecho se había convertido en un libro con siete sellos. Había sido enterrada bajo una masa de interpretaciones erróneas jamás igualadas por nada semejante, hasta que llegaron las insensateces y los desvaríos de la modernidad de nuestros días. Esta horrible masa de mala interpretación escondió efectivamente la Palabra de Dios de los ojos de la gente. Pero por fin un monje agustino penetró por debajo de la masa de error y se dedicó a leer las Escrituras con ojos iluminados, y así nació la Reforma. Una vez más, la preciosa sal fue conservada.

La victoria de la Verdad

Pero si los subproductos de esta reforma fueron magníficos, más gloriosa, en gran manera, fue la propia Verdad que hizo que los hombres vivieran. ¡Qué dulce y hermosa era la vida en un hogar cristiano protestante, donde la Biblia era la única guía y norma!

Aun así el conflicto y el ataque contra la iglesia continuó, mientras que el paganismo se preparaba para un asalto en su contra a gran escala y de la manera más desleal y malévola que se haya visto antes. Al principio hubo un ataque frontal – Voltaire y Rousseau y la diosa “Razón” junto con los terrores de la Revolución Francesa.

Espíritu del mundo

Como siempre era el caso, este tipo de ataque estaba destinado a fracasar. Pero el enemigo ha cambiado su método y como lo mencionamos, el letal ataque, viene, no desde fuera, sino de manera mucho más peligrosa, desde dentro. Durante los últimos cien años las iglesias protestantes del mundo poco a poco han sido permeada por el paganismo en su forma más insidiosa. Poco a poco la iglesia se impregna por el espíritu del mundo. Se está convirtiendo en una iglesia “incluyente”. Se está convirtiendo en sal que ha perdido su sabor y es a partir de ahora donde ya no sirve para nada sino para ser echada fuera y ser hollada por los hombres.

En este momento, ¿Qué deben hacer los que aman a Cristo? Creo que al menos deberían enfrentar la realidad. Yo no creo, como muchos lo hacen, que sea correcto enterrar la cabeza en la arena, como las avestruces; No creo que deberían contentarse con los informes y los números figuras que revelan las revistas cristianas.

Verdaderamente hemos deambulado y hemos vagado lejos, muy lejos de aquellos días en los que la entrada a la iglesia involucraba una confesión de fe en Cristo como Dios, Señor y Salvador. Pero, ¿qué haremos? Creo, amigos míos, que cueste lo que cueste, debemos al menos permanecer firmes para hacer frente a los hechos.

Sera difícil. Incluso parecerá impropio para almas tímidas. Muchos serán heridos en sus sentimientos. Pero en nombre de Dios vamos a deshacernos de las máscaras para así tener una imagen real. Hagamos frente a esas realidades espirituales y regresemos a esos estándares de oro.

Sólo cuando nos acercamos a Dios y presentamos humildemente esos hechos delante de Él en oración – como Ezequías extendió ante Dios la carta del enemigo – las cosas comenzarán a cambiar y esto a su vez llenará de gozo nuestros corazones. Dios no se ha desprovisto a sí mismo por completo de testigos. Caracterizados por la humillación que sufren y despreciados por la sabiduría de este mundo… tienen algo que los demás no tienen: el favor de Dios.

¿Qué va a hacer usted en este tiempo de gran crisis? ¡Qué tiempo tan apropiado para que finalmente usted se decida! ¿Se va a asociar con el mundo para que no haya controversia? ¿Va a ser testigo de Cristo sólo cuando testificar no le cueste nada?

Quiera Dios que algunos de ustedes pueden decidirse a orar para que el Señor les permita ser instrumentos en la conservación de la iglesia. Quiera Dios que algunos de ustedes, a pesar de que no estar decididos en este momento, puedan pronto decir, a medida que avanzan por el mundo: «Es difícil en estos días ser un verdadero cristiano. Los adversarios son fuertes y yo a la verdad soy débil, pero tu Palabra es verdad y tu Espíritu estará conmigo” Quiera el Señor concederte que de tu corazón salga un sincero “Aquí estoy, Señor, envíame a mí.”

Nota 1: © 2014 Este artículo fue escrito por  J. Gresham Machen
Nota 2: © 2014 Publicado en el Sword and Trowel y en el sitio web del Tabernáculo Metropolitano. Los usuarios tienen la libertad de compartir este artículo.
Nota 3: © 2015 Este artículo fue traducido de manera independiente por César A. García y no por el equipo oficial de traducciones del Tabernáculo Metropolitano.

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