Extracto del artículo original del Dr. Peter Masters, Pastor del Tabernáculo Metropolitano.

No siempre es apreciado todo lo que Pablo tiene que decir acerca del estilo correcto en el culto público de adoración a Dios. En 1 Corintios 14, aparecen cuatro palabras muy poderosas que establecen el deseo del Señor de una adoración armoniosa, y de cómo los líderes del culto deberían organizar el culto. Estas palabras presentan tanto un reto como una reprensión a la presente situación de muchas iglesias en los cultos públicos de adoración a Dios.

En el culto público de adoración a Dios no debe haber confusión

La primera palabra está en 1 Corintios 14:33 “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos”.

A primera vista, puede parecer que Pablo simplemente está corrigiendo el aspecto de la conmoción en los cultos, pero eso no es enteramente lo que tiene en mente. La palabra griega traducida por “confusión” describe inestabilidad y desorden; gente que actúa por su cuenta y no de acuerdo con las reglas o el orden esperado.

La palabra denota un individualismo descoordinado (incluso anarquía). El sustantivo griego es la forma negativa del verbo “colocar o asentar” o designar. Pablo dice que Dios no es el autor de expresión libre y desinhibida. No es el autor de aquello que no está puesto en su lugar u organizado o establecido. Él desea un enfoque ordenado, reflexivo y guiado.

Entre otras cosas, este versículo desaprueba que los que guían el culto lo hagan de una manera improvisada. También desaprueba un culto formado a base de contribuciones no premeditadas (tales como las profecías espontáneas de hoy en día, lenguas y palabras de sabiduría).

Hay desde luego, una excepción notable a esto. La reunión de oración de la iglesia local requiere de muchas contribuciones de oración que no han sido previamente organizadas, excepto por el anuncio de los temas de oración. Se esperaría que los himnos, la lectura de la Palabra y la exhortación hubieran sido previamente organizados por la persona que preside la reunión; pero en cualquier caso, la reunión de oración de la iglesia local tiene una garantía especial por sí misma en el Nuevo Testamento.[2]

El culto público se debe caracterizar por la paz

Pablo dice: “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz”. La palabra griega no se refiere a la paz del campo, o al silencio, sino a una paz que es opuesta a la guerra o separación. Es la palabra para reconciliación y armonía, y deriva del verbo “unir”.

Las partes que componen el culto no deben ser discordantes, sino que deben “acoplarse” unas con otras para que sea un culto armonioso, no una colección de fragmentos desconectados. Esto no necesariamente significa que organicemos lo que a menudo se llama un culto temático de adoración, en el que cada himno, lectura y oración contienen el tema que va a ser presentado a continuación en el sermón. Significa que todos los componentes bíblicos de adoración contribuyen a un todo comprensible.

¿El culto combina por ejemplo, alabanza objetiva, confesión, acción de gracias subjetiva y afirmación de grandes doctrinas? ¿Hay instrucción y enseñanza? Y ¿existe una aplicación pastoral con devoción, donde se examinen y reten corazones? ¿Hay lugar para la intercesión? ¿Están todos estos elementos representados en un culto que está unido en cada una de sus partes? ¿Hay una entidad armoniosa? Esto, dice Pablo, es lo que el Señor requiere, y no ocurre cuando un culto está compuesto principalmente por música.

Descubrimos que, invariablemente, tales cultos se han saltado la lectura de la Biblia, y no tienen más que una oración breve y superficial. Los líderes de la adoración han intentado crear cierta forma de armonía musical, pero todo a expensas de que exista una armonía con todos los temas necesarios para la adoración.

Todo se debe hacer decentemente

La tercera palabra significativa de adoración en 1 Corintios 14 aparece en el versículo 40: “pero hágase todo decentemente”.

La palabra griega significa literalmente “bien formado”. La NVI lo traduce como “de una manera apropiada”. En otras palabras, un culto debe estar bien conformado y debe ser apropiado para su propósito. Esto confirma y consolida el punto anterior. Un culto debe estar bien formado, en el sentido de estar equilibrado y bien proporcionado.

Imaginemos a un alfarero trabajando con un pedazo de barro, moldeándolo con sus manos mientras la mesa gira. Tiene una idea clara de cómo conseguir un producto bien formado de alfarería. No hace la parte de arriba ni la base demasiado grande. Todo está adecuadamente equilibrado. Todo es hecho “decentemente” o bien formado.

Un culto de adoración no solo debería contener todos los componentes correctos, sino que también estos deben estar unidos en la proporción adecuada. El culto no es un entretenimiento, sino un balance de temas espirituales inteligentes. Esta tercera palabra de Pablo también significa que el culto debe ser apropiado para cosas sagradas, y no más adaptado a cosas del mundo y profanas; el culto debe ser de carácter reverente.

Tampoco es apropiado utilizar los ritmos de una discoteca o de un salón de baile en la adoración a Dios. No es apropiado para el que dirige la adoración comportarse como un maestro de ceremonias. Todas estas cosas no son adecuadas.

En el culto público de adoración a Dios debe reinar el orden

La cuarta palabra importante de adoración está también en el versículo 40. Pablo dice: “pero hágase todo decentemente y con orden”.

Este es un término de suma importancia, confirmando todo lo que Pablo ha dicho, y hablando de nuevo de la necesidad de un arreglo metódico u orden en un culto. Cuando el término griego es aplicado al ejército, se refiere a los arreglos fijos de hombres en rangos, formaciones y configuraciones de batalla, de acuerdo con los planes de los generales. En Lucas 1:8 la palabra se usa para describir cómo Zacarías llevaba a cabo diligentemente sus obligaciones en el Templo de acuerdo con la secuencia prescrita.

Orden en la adoración significa que los cultos son organizados de acuerdo con las reglas y patrón de la Biblia. Obviamente la palabra no debe ser forzada hasta el punto de lo absurdo, pues los apóstoles no leían sermones manuscritos, o escribían liturgias. Sin embargo la palabra orden nos dice que una congregación acepta y se somete gozosamente a un estilo de adoración dado por Dios, donde la innovación, los artificios, la exaltación del ser humano, y el entretenimiento se dejan fuera. La reverencia existe junto con todos los componentes de adoración que nuestro General celestial requiere. “Orden” supone obediencia a Dios. También supone previsibilidad, un componente esencial del orden.

Conclusión

Estos cuatro términos prueban que un culto de adoración debe ser bien planeado; debe contener todos los elementos vitales de la adoración; debe estar bien proporcionado; y en conformidad con los estándares de Dios. La informalidad, espontaneidad y exuberancia alegada por los defensores de la nueva adoración no se encuentran en absoluto en 1 Corintios 14, pues todo es reverencia, seriedad y obediencia a Dios. El verdadero poder y la gloria se encuentran en la gozosa alabanza de creyentes que adoran al Señor de la manera que Él ha elegido.


[1] Junto con muchos pasajes de las Escrituras que establecen los requisitos de los predicadores, hay una exhortación bien conocida a Timoteo: “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4.13). La palabra “lectura” (en griego) se refiere a la lectura pública. Esto muestra que los predicadores eran los que leían la Biblia en el curso de un culto. Este deber es puesto junto con la exhortación y la enseñanza de doctrina como parte del trabajo de predicación de un anciano de la iglesia. Leer la Biblia en el culto era definitivamente el papel de Timoteo.[2] Véase The Power of Prayer Meetings (El Poder de la Reunión de Oración), Peter Masters, un folleto de la revista en inglés Sword and Trowel.

Le invitamos a consolidar la enseñanza de este artíuclo viendo las conferencias del Principio Regulador
de la adoración a Dios. Oramos para que sea de bendición.