Doctrinas de la Gracia – Elección Incondicional

Mas vosotros sois linaje escogido… para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable
1 Pedro 2:9

¿Quién es nuestro Dios?

Dios es supremo, lo cual conlleva que sea soberano y todopoderoso. Él es, asimismo, inmenso, lo cual implica que sea omnipresente y omnisciente. Es perfecto, lo cual conlleva que sea santo y sumamente puro. Es, también, justo, lo cual implica que esté airado con el pecador y su pecado y aborrezca toda injusticia. Todas estas cosas, y muchas otras del carácter divino, las conocemos en parte por la creación que Le revela de forma general, pero principalmente porque Él quiso revelarse a Sí mismo de forma especial y más profunda en la encarnación de Jesucristo, y toda esta revelación ha quedado consignada en escritos que, en Su poder, ha conservado en el transcurso de la historia de forma fidedigna. En la Biblia tenemos, de un modo infalible e inerrante, la revelación de Dios sobre Dios, Sus pensamientos, Su voluntad y Sus obras.

Ilustrando el secreto de la elección

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29:29).

Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley

Deuteronomio 29:29

Las elecciones públicas en nuestro país son, y deben ser, secretas. Es decir, nadie puede saber lo que cada uno de nosotros vota, a quién elige, a menos que quien vota lo revele o a través de acciones fraudulentas se traspase su secreto y se viole su privacidad. Entre los hombres existe esa posibilidad de que se conozcan nuestros secretos, aún en contra de nuestra voluntad, porque somos limitados. No obstante, de Dios sólo podemos conocer lo que Él nos ha dado a conocer de Sí mismo: cualquier otro aspecto está plenamente vedado a nuestro entendimiento, y ninguna inspección del hombre, por más rigurosa que sea, podría encontrar algo del Señor que Él no haya revelado: en ese sentido Él es incomprensible e inalcanzable. Pero en lo que respecta a Su revelación, esta fue ciertamente dada para que Le conozcamos con certeza. Si Dios lo reveló, es conocible y entendible por la mente humana (y espiritualmente, por la habilitación del Espíritu Santo a nuestros corazones corruptos).

Siguiendo con el ejemplo de las elecciones, y suponiendo que se respeta su secreto, nosotros podríamos llegar a saber quiénes votan debido a las firmas respectivas que se requieren al momento de asistir al Centro de Votación, pero no podemos saber por quién votan a menos que cada elector lo diera a conocer. Igualmente sucede con el Señor. Sabemos por Su revelación que Él ha elegido limpiar corazones corruptos (recuerda que en el corazón radica la corrupción: Depravación Total), pero no se nos revela, específicamente, cuáles corazones de entre toda la humanidad Él decidió, por pura gracia, limpiar. A pesar de ello, sí se nos ofrecen evidencias bíblicas sobre aquellos a quienes el Señor eligió, es decir, es posible discernir razonablemente quiénes son. Y es en esto, y no en lo secreto, en lo que debemos enfocarnos.

Las evidencias de la Elección Incondicional del Señor

Muchas son las evidencias, señales, signos o frutos que permiten discernir razonablemente si somos parte del linaje escogido del Padre. Ninguna de estas evidencias es un corazón que haya nacido puro: pues ninguno nació en tal estado; tampoco la perfección: pues no nos fue prometida en este lado de la tumba; y mucho menos nuestra capacidad de seguir al Señor por nosotros mismos: pues nada tenemos que no hayamos recibido del Padre, de quien procede todo don perfecto (1 Corintios 4:7 y Santiago 1:17). En esta ocasión, permíteme enumerarte tres evidencias de la elección amorosa del Padre, para que procures hacer firme tu vocación y elección (2 Pedro 1:10).

  1. Primer sello de la elección divina: la fe en Jesucristo

    1. Según la Escritura, aquel a quien Dios eligió en la eternidad pasada cree en Jesucristo en el presente. Recuerda que las cosas secretas de Dios, en este caso Su elección, no son para ti ni para mí, pues Dios se ha reservado ese conocimiento plenamente para Sí mismo por razones justas y sabias. No obstante, las cosas reveladas son para ti. Y esto esta revelado: la fe en el Señor Jesucristo es el primer gran sello de la elección. No indagues en el corazón divino, el cual está cerrado a la llave de tu razón, mas bien indaga en tu corazón: ¿habita en él una fe genuina en el Señor Jesús? Sí es así, ¡entonces es porque Dios te ha amado con amor eterno! Y si no es así, ¡entonces corre al Señor Jesucristo y confía arrepentido en Él, y si lo haces, sabrás que Dios quiso hacerte parte de Su linaje escogido desde mucho antes de que nacieras y vivieras! “Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48)

Bienaventurado el que Tú escogieres y atrajeres a Ti, para que habite en Tus atrios

Salmo 65:4

      2. Segundo signo de la elección divina: el amor por Su Pueblo

    1. Aquel ha quien Dios ha elegido, Él lo injerta a través de la fe en el Cuerpo de Jesucristo, es decir, lo hace parte de Su bendita Iglesia, de Su familia. Pero no solo lo hace parte de Su Iglesia universal, la cual solo Él conoce con exactitud, sino de alguno de Sus rebaños locales. Nota las palabras de David en su cántico: “Bienaventurado el que Tú escogieres y atrajeres a Ti, para que habite en Tus atrios” (Salmo 65:4). De nuevo, no indagues pecaminosamente en el secreto de Dios, pero mira los frutos dignos de arrepentimiento en ti, es decir, las evidencias que permiten discernir que el Señor te ha concedido gracia por Su amor eterno: ¿amas la comunión con el pueblo de Dios? ¿Te deleitas en la compañía de los que de corazón limpio invocan al Señor? ¿Tienes preferencia espiritual por la familia de la fe general, sí, pero particularmente por la familia en la fe específica en la que Dios te ha puesto? ¿Te esfuerzas por estar con ellos tanto como puedas para compartir, animarse, exhortarse, aprender y adorar juntos? Este es un signo de la elección, el cual, si también está en ti, te permitirá ver con más seguridad que Dios te amó desde siempre por Cristo y quiso hacerte parte de Su Pueblo, al cual te ha unido con el vínculo perfecto del amor.

       3. Tercer signo de la elección: el servicio santo a nuestro Rey

    1. El elegido por Dios fue escogido para un fin particular: manifestar la gloria de Jesucristo, el Amado del Padre. La elección no se trata de nosotros, tanto como se trata de Él; no fuimos escogidos para nuestra satisfacción, tanto como para Su deleite. Una tercera señal que puede ser discernida es el servicio a Cristo: “Te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché” (Isaías 41:9). Estas palabras se corresponden con aquellas escritas por Pablo después: “Somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Las buenas obras son, básicamente, aquellas que se corresponden con el servicio al Señor y a Su Pueblo. ¿Eres siervo de Dios? Es el empleador el que escoge a su empleado, y el amo el que elige a su siervo: y si tú fuiste escogido por el Jefe y Amo supremo, fuiste escogido para servir. ¿Ese sello es evidente en tu vida? ¿Caminas en obras de justicia y rectitud, de obediencia a la Ley bendita del Señor? Si es así (aunque con torpezas e imperfecciones muchas veces), si tu voluntad e inclinaciones han cambiado a tal punto que el centro y prioridad de tu vida es Jesucristo y Su Reino, y vives para Él, entonces es como consecuencia del amor salvador de nuestro bendito Dios! “No me elegisteis vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16). Este servicio, valga resaltarlo, debe ser uno caracterizado por la santidad y la piedad, y no según el modelo superficial y externo que tenían los fariseos: el que sirve en el Reino de Dios, porta las vestiduras de la Santidad a Jehová: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados” (Colosenses 3:12).

¡Nuestra respuesta a tan inmenso amor!

¡Oh, bendito amor del Padre! ¿Qué más queda después de meditar todo esto, sino el clamar, fuerte y ardientemente ¡aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Gloria al Señor “porque Jehová ha elegido a Sion”! (Salmos 132:13)?

Amigo mío, tú que todavía estás rodeado de incertidumbre: mira a Jesucristo, porque Su obra es eficaz y suficiente para ti. Si tu pecado es grande, Su gracia es mayor. Deja de tratar de conocer el secreto de Dios sobre Su elección, más bien mira a Jesucristo porque Él fue elegido por Dios para ser nuestro Salvador, y eso sí te ha sido revelado: así que confía al Ungido de Dios tu alma.

  1. Artículo acerca de la depravación total