“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen” (Efesios 5:3-4)

Las redes sociales

Dos de las redes sociales más conocidas hoy en día son Facebook e Instagram, plataformas que reúnen millones de usuarios. La primera tiene más de 2.400 millones, mientras la segunda agrupa más de 1.200 millones. Ciertamente hay muchas otras redes sociales, que pueden entrar en diversas categorías por sus propósitos particulares (como YouTube, para videos principalmente, o WhatsApp, para mensajería, llamadas y videollamadas, o LinkedIn, con un tinte más profesional). Estas abarcan una inmensa cantidad de usuarios adicionalmente. En todo caso, según WeAreSocial.com, hay más de 3.8 millones de personas en todo el mundo que se encuentran conectadas a algún red social, es decir, casi la mitad de la población mundial.

Ahora, ¿por qué nombro estas cifras? ¿Con qué motivación lo hago? Porque su uso tan extendido, que nos incluye a los cristianos, nos debe mover a examinarnos a la luz de la Escritura en lo que a nuestra participación en ellas respecta.

Propósito del artículo

A continuación abarcaré algunas de las ventajas y beneficios del uso sabio de estas plataformas, así como ciertas desventajas y perjuicios que estas pueden traer cuando un cristiano no las maneja de manera honrosa. Por un lado, reconozco los diversos aspectos positivos de su existencia, pero, a la vez, resalto de manera principal que existen una gran variedad de peligros potenciales.

Con el presente artículo, sin embargo, no pretendo hacer un estudio exhaustivo de las redes sociales, tan sólo resaltar algunas de las problemáticas más comunes en su uso. Asimismo, deseo llamar la atención de todo creyente que lea este breve artículo en lo que respecta al uso de su tiempo.

Sobra decir que este tema no fue tratado por aquellos grandes predicadores de antaño ni por ninguno de los autores inspirados de las Escrituras. Sin embargo es allí mismo, en las Escrituras, donde hallamos no sólo la preciosa Ley Moral, sino una nube de principios que son normativos para nuestras vidas. Y eso es lo maravilloso de la Palabra del Señor: sin tratar cada uno de los temas existentes explícitamente, sus principios, ejemplos y normas pueden ser aplicados a cada esfera de la vida y en cada tiempo de la historia. Que la cosmovisión bíblica rija siempre nuestra vida en cada área que la compone.

ALGUNOS BENEFICIOS DEL USO DE LAS REDES SOCIALES

1.  Pueden servir como un medio secundario para testificar

Las redes sociales nunca reemplazarán la predicación pública de la Palabra en las iglesias locales ni la evangelización personal. Sin embargo, un cristiano o una iglesia local pueden llegar a utilizar las redes sociales como instrumentos secundarios por medio de los cuales testificar de su fe a cientos o incluso miles de personas. Ellas pueden servir al creyente serio como una herramienta para “[anunciar] las virtudes de Aquel que [nos] llamó de las tinieblas a Su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Esto siempre y cuando no se descuiden los deberes de servicio personal que el cristiano tiene en su localidad particular.

Ciertamente, si las redes sociales tienen un uso legítimo por encima de cualquier otro, es este: que el Evangelio pueda ser proclamado a través de ellas a muchas personas y que, en general, se pueda promocionar la verdad de Dios revelada en Su Palabra. Testificar la verdad es nuestro llamado principal, y no podemos excluir las redes de él si haremos uso de ellas.

2. Para tener comunión con familiares, amigos o hermanos que viven en lugares distantes

Las redes sociales son como puentes que facilitan la comunicación entre las personas. Sin lugar a dudas, podemos utilizarlas para ‘acercarnos’ a quienes se encuentran en la distancia, y tener cierto tipo de comunión inteligente con otros. En tiempos pasados la comunicación con personas que estaban lejos era bastante difícil, pero en la actualidad muchos cristianos sinceros hacen uso del internet y de las redes sociales con este propósito legítimo que acortó el tiempo de comunicación impresionantemente. De esta manera, se puede tener comunión que de otra forma sería imposible tener a menos que se incurriera en elevados gastos. Por lo tanto, estas plataformas pueden ser usadas legítimamente para hablar con familiares y amigos, tener comunión y alentar a hermanos en la fe, y compartir a la distancia ciertos tiempos de edificación e interacción con nuestros allegados.

3. Para quienes no cuentan con un ministerio local

Hay muchos creyentes que se encuentran en islas remotas o en países donde la mies es mucha, pero los obreros son escasos. Las redes sociales pueden servir para que estos hermanos puedan escuchar predicaciones sanas de forma semanal, o comunicarse con algún pastor que pudiese brindarles alguna ayuda. Un genuino cristiano puede recibir alimentación temporal por medio de las redes sociales desde que sea lo único que tiene a su alcance (si busca con buen discernimiento la fuente respectiva, aclaro), en tanto el Señor conceda que pueda contar con una iglesia local bíblica en su sitio geográfico particular, dado que este último es el modelo escritural.

Esto nos muestra la instrumentalidad providencial de la tecnología para el beneficio del creyente y que bajo ciertas condiciones muy específicas se puede seguir algún ministerio por el internet, en caso de que no haya una iglesia local bíblica disponible geográficamente para quien lo hace. Es importante hacer hincapié en esto porque, aunque hay un beneficio excepcional en lo mencionado, debemos cuidarnos de los movimientos que propenden por minar la importancia que tienen las iglesias locales en el plan del Señor. Luego, si el Señor provee una iglesia local sana, este ya no sería un beneficio principal aplicable al hermano para quien, en la ausencia de aquella, lo llegó a ser temporalmente.

4. Para estar actualizados

Un último beneficio, entre quizás cualquier otro que pudiera mencionarse (como razones laborales), es el de estar actualizados. Las noticias que antes podían ser conocidas solamente después de un largo tiempo de sucedidas, ahora pueden ser alcanzadas en pocos minutos. Siendo mesurados y sabios con esto, para evitar una sobreinformación angustiosa, o disfrazar una pérdida de tiempo constante en el pretexto de estar informados, las redes sociales pueden reportar este beneficio. Aquí me parece importante citar un consejo que J.C. Ryle dio en su tratado sobre las implicaciones prácticas del cristianismo, el cual puede analógicamente ser aplicado a este punto:

«Algunos piensan que es muy espiritual no hacer caso a la ciencia, el arte, la literatura y la política. Estas personas no leen libros que no sean cristianos, no leen el periódico y no saben nada de lo que está sucediendo en el gobierno de su país. Yo pienso que esto es un descuido egoísta y tonto de su deber. Pablo valoraba un buen gobierno, y citaba a escritores paganos en sus sermones; él conocía las leyes y las costumbres del mundo, como podemos ver en las ilustraciones que usaba. Los creyentes que se jactan de ser ignorantes traen reproche al cristianismo».

DESVENTAJAS DEL ABUSO DE LAS REDES SOCIALES

Sin embargo, admito que las desventajas pueden ser muchas más que las ventajas, y son algunas de estas en las que deseo concentrarme a continuación.

Noten que he utilizado la palabra ‘abuso’ en el título porque es en ese exagerado uso de ellas, tan característico actualmente, que radica el verdadero problema. La mayoría de cosas perjudiciales, con la respectiva moderación, no lo serían. Así que recordemos lo que dice la Escritura: ¡Dios nos ha dado espíritu de dominio propio! (2 Timoteo 1:7). ¡Usémoslo!

1. Desperdicio del tiempo

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

La primera de las desventajas que nombraré es la del peligro de derrochar el tiempo. En definición, nuestro tiempo es nuestra vida. Si dejamos que las redes sociales absorban nuestro tiempo, al fin y al cabo, estarán absorbiendo nuestras vidas que fueron compradas por la sangre del Señor Jesucristo: un precio infinitamente valioso. Es por esto que nuestras vidas deben glorificar a Dios y que las debemos vivir sabiamente para Su gloria. No somos nuestros, sino Suyos: y eso implica nuestro tiempo.

En el sitio mencionado al principio, se concluye estadísticamente que las personas utilizan las redes sociales un aproximado del tercio de su tiempo de vida. ¡Un tercio de su tiempo de vida! ¿En verdad eso puede ser encajado en el mandamiento “redimiendo el tiempo” de Colosenses 4:5? Cuando las redes sociales se convierten en un dominante del tiempo (que es lo mismo que una adicción) que lleve a que este se malgaste, malutilice y malinvierta, las redes sociales se convierten en plataformas pecaminosas para nosotros.

Hermanos, honramos o deshonramos a Dios en la medida que usamos bien o mal el tiempo respectivamente, y esto incluye la pregunta central: ¿cuánto tiempo paso en las redes sociales y haciendo qué? Sus conciencias respondan con sinceridad. ¿Paso el tiempo justo? ¿Trato sinceramente de emplear todo mi tiempo honrando al Señor en todo lo que hago? ¿Estoy viviendo una vida que honra al Señor en mi soledad, con mi familia, en mi iglesia, en mis estudios, en mi trabajo, en la sociedad, en las redes sociales y el internet en general? El apóstol Pablo decía: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna”(1 Corintios 6:12). Querido lector, ¿puede usted decir lo mismo?

En un estudio de hace algunos años se comprobó que la adicción a las redes sociales activa las mismas áreas del cerebro que la cocaína, el alcohol o el éxtasis, lo que provoca que haya personas, especialmente los jóvenes, a los que el uso de estas herramientas les estimule una dependencia similar al que sufre de alcoholismo. Una adicción. Un vicio. La adicción a cualquier cosa, sustancia o actividad es gran pecado. La adicción a una red social no es la excepción. Dios nos llama a ser libres. El CEO de Netflix llegó a decir que su competencia es el sueño de las personas, y si bien esta no es una red social, se entiende el principio: estas plataformas están diseñadas de tal manera que las personas deseen permanecer en ellas largo tiempo sin control. ¿Pero la esclavitud es el espíritu del cristiano? Ciertamente no, porque “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

El creyente jamás debería poder decir: ‘estaba testificando de Cristo a mis 2 mil amigos en el Facebook y por eso no atendí al servicio congregacional’. O, de manera similar: ‘estuve debatiendo con herejes en el Twitter por 3 días y por eso no rendí en mi trabajo o escuela’. O quizás: ‘estaba leyendo unas frases tan hermosas en Instagram que abandoné mi lectura edificante y descuidé mi oración’. O incluso: ‘lo que estaba haciendo era cuidar almas en las redes, mientras descuidaba la de mi esposa e hijos’. ¡Jamás! La diferencia entre el uso y el abuso de las redes sociales está marcada por una línea que pocos tienen el discernimiento para diferenciar. Para evitar caer en tal dificultad, es necesario que todo aquel que profese la fe en Cristo recuerde que es responsable por el buen uso o desperdicio de su tiempo.

El cristiano debe ser por naturaleza un buen mayordomo. Somos administradores del tiempo que el Señor nos permite vivir en este mundo caído para dar testimonio de Él. No caigamos en el error de creer que podemos honrar a Dios en las redes sociales, aun si somos negligentes en el uso individual de los medios de gracia, si desatendemos nuestros deberes como esposos o padres, si somos desobedientes como hijos, si somos irresponsables en el trabajo o estudios, o si somos perezosos en el servicio en la iglesia por causa de un uso descontrolado de ellas.

Una vez más, si hay alguien que debe valorar el tiempo, mejor que cualquier otra persona, es el cristiano. El cristiano valora el tiempo porque aprecia su importancia y siente su deber de usarlo con sabiduría. “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12). El cristiano es confrontado por la Palabra de Dios acerca de sus deberes y es recordado de manera continua del carácter limitado de su vida terrenal. El genuino cristiano entiende que sus días son pocos y que su corto transitar por este mundo no tiene como objetivo pasar interminables horas improductivas en el Facebook, Twitter o Instagram fortaleciendo los músculos de sus pulgares, brazos y párpados, sino obedecer a Dios en todo, crecer en el conocimiento de Jesucristo, mortificar su carne, salvar y edificar a otros y honrar a Cristo en una vida integral santificada por Su gracia y para Su gloria.

A pesar de todo lo anterior, es una tragedia que se repite muy a menudo que algunos creyentes desobedezcan la clara voz de Dios en Su Palabra  al pasar horas enteras al frente de un computador, tablet o celular usando las redes sociales por el simple hecho de satisfacer a un mundo carnal, un corazón engañoso y a un diablo tramposo. Cristiano, no desperdicie su tiempo.

2. Falta de disposición para leer la Palabra, orar y buscar edificación espiritual

“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).

Un segundo peligro es este: el cristiano que usa las redes sociales desmedidamente a menudo permite que los medios de gracia, tales como la oración y la lectura y meditación de las Escrituras, sean opacados. El peor de los casos lo apreciamos cuando alguien que se llama creyente no tiene una devota comunión con el Señor, creyendo que la misma puede ser reemplazada por debates interminables, frases en imágenes o cortos videos. No busque reemplazo ni a la oración ni a la lectura de la Palabra ni a ninguna de sus responsabilidades como creyente en un aparente uso legítimo de las redes sociales, porque no lo encontrará. El Señor estableció medios particulares para alcanzar fines particulares: cambie los medios y, por consiguiente, no alcanzará los fines. Y, de hecho, los medios del Señor son tanto mandatos Divinos como deleites cristianos, ¿por qué querríamos opacarlos, minimizarlos o sustituirlos?

Frecuentemente se ve tanto a jóvenes cristianos como a adultos creer que con leer unas frases en Facebook y marcar como Favorito algunas otras en Twitter, ya han ‘cumplido’ su tiempo devocional. Pero eso en engañarnos. Nada nunca debe anteponerse a los medios que pueden concedernos gracia para avanzar en santificación hacia las moradas celestiales mientras trabajamos en esta tierra. Si usted ha perdido su pasión por orar, por leer la Palabra o por meditar en algún libro edificante, por mencionar algunos de los medios de gracia más elementales, y si por el contrario encuentra deleite en las redes sociales con una inclinación casi que enfermiza, está en graves apuros y es necesario que recuerde que yace a merced del enemigo de las almas, sin gracia para resistir sus ataques y, lo peor, incluso sin el deseo de hacerlo. El mucho tiempo improductivo suele generar una capa de desánimo, pereza e indisposición continua: “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida” (Proverbios 24:10). Algunos han apodado a sus celulares, irónicamente, “reyes pequeños”, ¿y sería una descripción correcta de lo que es para usted: un rey, quizás no tan pequeño?

El tiempo online debe ser utilizado con medida. Si es usado correctamente quizás pueda ser de edificación, no lo niego. Pero es de suma importancia para la vida del creyente ordenar bien sus prioridades y, de hecho, las redes sociales no son una de ellas. Debemos priorizar nuestras actividades en agrado a Aquel por y para quien vivimos y en sometimiento a Su Palabra. Enfatizo: la oración y la lectura de la Palabra son de carácter irremplazable. Y así cualquier otro medio de gracia. ¿Cuál es su pretexto para minimizar su tiempo en el ejercicio de estas disciplinas espirituales? Que no sea ninguno, mi hermano, y mucho menos el uso insensato de algo que, sin ser necesariamente malo, puede estar siendo de tropiezo para usted.

3. Las redes sociales como catapultas de valores mundanos y ofensivos a Dios

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias” (Efesios 5:3-4).

Un tercer peligro lo podemos encontrar en el uso de las redes sociales para escribir cosas inoficiosas, seguir asuntos vanos y compartir contenido deshonroso y necio. La sociedad caída lo hace de continuo. No podemos pedir un efecto santo en una causa perversa. Pero nosotros, los creyentes, estamos llamados a ser luz y sal de la tierra, y eso incluye nuestra participación en las redes sociales, donde el mandamiento no se coloca en pausa por el tiempo que se usan.

Si no es para edificación, lo más seguro es que sea para lo contrario, y si es así, lo mejor es no hacer uso de ellas. Si gastaremos nuestro tiempo consumiendo, escribiendo o compartiendo, a diestra y a siniestra, únicamente cosas que no conducen a nada, innecesarias, futiles, en vez de invertirlo en un contexto de asuntos que sean de edificación, estamos haciendo un mal uso de estas redes y en nada nos diferenciamos del mundo.

Todo tiene su tiempo y su lugar: el entretenimiento no siempre es necesariamente malo. Pero no ignore la voz de su conciencia: ¿cierto que usualmente hay más entretenimiento que edificación? ¿No es verdad que muy comúnmente ese entretenimiento es más bien la costumbre, el hábito y su mismo estilo de vida que la excepción?  Sea sincero. ¿Cierto que una gran parte de ese entretenimiento no es más que vanidad y aflicción del espíritu de un santo? ¿O ha dejado de serlo porque usted ha acallado su conciencia? Piense en esto. ¿Qué tanto de la moda, las costumbres y las formas del mundo se han vuelto algo tolerable o incluso agradable para usted por su constante consumo de ello?

Recuerdo una frase de un pastor y hermano: «Honestamente no encuentro otra razón por la cual un creyente participe en las redes sociales que no sea impulsar el Reino de Dios». Honestamente, yo tampoco. ¿Qué reino impulsa usted? Las redes sociales, como una parte de su vida, deben ser usadas para el mismo propósito para el cual le fue dada la vida por el Señor. ¿Y es así? Mi hermano, no ignore la pregunta. ¿Es así? “Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús” (Filipenses 3:12). ¿Es su caso?

Ahora, debo aclarar que con esto no quiero decir que no se pueda hablar absolutamente de nada que no sean directamente las Escrituras a través de estos medios, sino que la edificación, en su multiforme expresión, debe ser la mayor prioridad en caso de que decidamos utilizarlas. De igual manera, que el resto de cosas que se vayan a publicar, consumir o compartir deben pasar primero por este filtro antes de pulsar ‘Enter’, compartir, dar un ‘me gusta’ o reproducir: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). ¿Se puede decir que sus pensamientos, en el uso de sus redes, encajan en alguna de esas categorías verdaderamente? Es de la abundancia de nuestros corazones de lo que hablaremos, escribiremos, seguiremos y compartiremos también en nuestras redes. 

4. Abandono de las relaciones interpersonales

“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos” (Hebreos 10:25).

Un cuarto peligro del que muchos creyentes lamentablemente caen presas, es el de menoscabar la relevancia bíblica de las relaciones interpersonales, como el fortalecimiento de la relación conyugal, el compartir entre padres e hijos, la comunión entre hermanos, el congregarnos y el evangelismo personal. El creyente que cae en este error tiende a acercarse a quien está lejos, al mismo tiempo que ignora a quienes se encuentran cerca. A veces sabemos más de los famosos que de nuestros hermanos, y compartimos más con imágenes inertes que con personas vivas. Lastimosamente, para muchos resulta más fácil escribir un mensaje bonito debajo de una fotografía en vez de tender una mano a alguien que se encuentra en necesidad cerca de ellos, o estar allí presente cuando un amigo o un hermano lo necesita. Pablo fue consolado con la visita de Tito (2 Corintios 7:6), ¿pero cómo puede haber ‘una visita de Tito’ si Tito no se despega de su celular? Valore las relaciones interpersonales, hermano, porque, en todos los casos posibles que esto pueda ser dicho, no es bueno que el hombre esté solo. Así nos creó el Señor. Valore la comunión con el pueblo de Dios, en el Día del Señor, y en medio de cualquier otra convocatoria provechosa. Eso es agradable al Señor. Valore todas las relaciones interpersonales provechosas que el Señor le ha concedido.

Asimismo, hay muchos, no algunos, sino muchos llamados creyentes, que se escudan en el Facebook y en el internet en general (medios totalmente impersonales) para ‘cumplir’ con su propia interpretación de la Gran Comisión. Esto es un gran error. No niego el uso soberano que Dios quiera darle en diversas ocasiones a un mensaje compartido a través del internet, pero el método bíblico para la proclamación de Cristo es a través de la ‘locura de la predicación’: esa que es particularmente personal. Así que nadie tiene justificación para excusarse de la Gran Comisión, de proclamar el Evangelio a otras personas necesitadas y participar de su edificación, en un ‘pseudo-evangelismo’ a través de cualquier red social. Se puede hacer lo uno, con la debida mesura del caso, sin jamás dejar de hacerlo lo otro.

Si usted, por ejemplo, siente temor o le da pena ser rechazado cuando toca una puerta y presenta el Evangelio de la gracia redentora de Cristo, es muy probable que se sienta tentado a reemplazar esta manera bíblica por una interacción a través de una red social. Ambas cosas pueden subsistir, pero ciertamente el evangelismo personal jamás podrá ser reemplazado. Si este es su caso, le ruego que examine profundamente sus prioridades y ore al Señor por la fortaleza de su carácter, y piense seriamente en ‘tomarse un descanso apropiado’ de algo que, por sus frutos, no está causando efectos de santificación en usted.

5. Popularidad y autopromoción

Un quinto peligro que deseo tratar muy por encima en este artículo es el de la autopromoción. Y hay que tener sumo cuidado con esto también. Por la forma de estas redes es fácil caer en este pecado que no es otra cosa que buscar ser el enfoque de las luces y la atención de las personas con las cuales interactuamos. El buscar ser reconocido por lo que se hace o por lo que no se hace; el tratar de encontrar el agrado de los hombres, sus aplausos o sus aprobaciones; el buscar un ‘me gusta’ o un ‘Favorito’, o cualquier análogo respectivo constantemente para que ese ‘algo’ que sabemos está dentro de nosotros, ese hambriento orgullo, sea alimentado. ¿Está esforzándose por ser reconocido y admirado? ¿Cuál es su motivación al publicar fotografías o incluso mensajes técnicamente correctos? ¿Qué necesidad hay de decirle a medio mundo cómo se siente hoy?

No debemos buscar brillar y ser el centro de atención en ninguna sección de nuestras vidas, incluyendo nuestras redes sociales. Así que el exponernos y promovernos a nosotros mismos y hacer alarde de nuestras habilidades, conocimientos o pertenencias es una tentación muy grande que se da en medio de las redes sociales y una muestra inmensa de deseo de exaltación y gloria propia, y falta de humildad.

Examinemos, entonces, nuestros corazones y veamos nuestras redes sociales (y nuestro diario vivir) para comprender si estamos cayendo en este pecado. Busquemos, al igual que Pablo, decir esto con nuestro corazón: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14). No descuide sus motivaciones.

6. Tomar en vano el nombre de Cristo

“Todo hombre prudente procede con sabiduría; mas el necio manifestará necedad” (Proverbios 13:16).

Si no tenemos gracia para decir la verdad con mansedumbre a quien vemos, seguramente no la tendremos para hablar del amor y de la justicia de Dios ante quienes no vemos, y en todo caso podría resultar fácilmente en hipocresía. Seamos cautos y prudentes antes de publicar cualquier cosa. No nos olvidemos que muy a menudo en las redes sociales se blasfema y se toma en vano el nombre de nuestro bendito Dios de una manera profana. Así que mientras que quizás las redes sociales nos permitan alentar a otros y aun retarlos con amor, no caigamos en el error de convertir estas plataformas en centros de debate con quienes pisotean con su desobediencia la Palabra de Dios.

Estoy casi seguro que este mandamiento es constantemente roto en las redes: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo” (Tito 3:10), porque se persiste en escuchar y debatir con el necio, conflictivo y divisor o, en todo caso, usted mismo es el tal. Tengamos cuidado. Uno puede discernir una actitud sincera de una actitud contenciosa, y “si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (1 Corintios 11:16). Las redes sociales a veces parecen ser ‘tierra de nadie’, donde no hay Dios ni Ley. Oh, mi hermano, no se engañe. Todo lugar es tierra donde Dios es Dios y Su Ley es Ley. Cuide su ‘andar’ en las redes sociales, todas sus interacciones y participaciones. No tome el nombre de Cristo en vano de ninguna manera y en ningún lugar, “porque no dará por inocente Jehová al que tomare Su Nombre en vano” (Éxodo 20:7).

Conclusión:

Seguramente habrá mucho más por decir, pero creo que con lo expresado dejo un terreno suficientemente fértil para la meditación. Pregúntese sinceramente: ¿en verdad estoy glorificando a Dios con esto? ¿Cómo es que lo estoy glorificando según Su Palabra? ¿Qué mensaje estoy comunicando? ¿Estoy siendo piedra de tropiezo o estoy edificando? ¿Qué dice el ‘Tiempo de Pantalla’ de mi celular sobre mi uso del tiempo? ¿Qué inclinaciones están expresando mis ‘me gusta’? ¿Estoy siendo piedra de tropiezo o estoy edificando? ¿Cómo estoy reflejando a Cristo? ¿Qué efecto estoy causando en aquellos que me leen? ¿Qué efecto está causando todo esto en mí? Recuerde que usted es una carta leída, y piense: ¿qué leen mis contactos de mí en mis redes sociales? ¿Cuál es la imagen que mis contactos tienen de mí a la luz de mis publicaciones, mis interacciones o mis fotografías? 

Espero, queridos hermanos, que puedan mirar hacia atrás y ver su interacción en las redes sociales y hallar, no algo de que avergonzarse, sino una conducta edificante y honrosa. Eso se cosecha desde ahora.

Si de alguna forma usted se encuentra preso de estos medios, pida ayuda, ore al Señor, examine con determinación sus prioridades y, si llega a ser necesario, deje de conectarse a sus redes por un tiempo o, talvez, para siempre. Ante todo, coseche el dominio propio para que aprenda a caminar en madurez en todo momento. Sea sensato y “[tenga] cuidado de [si] mismo” (1 Timoteo 4:16). Muchos prefieren no perder un ‘like’ a costa de perder sus almas. Que ese no sea su caso. 

Finalmente, recuerde siempre esto, querido hermano: lo único que debe importarnos en toda área de nuestras vidas es la voluntad objetiva del Señor en Su Palabra, y esto incluye el manejo que hacemos de las redes sociales. Que su conciencia imprima sobre su corazón esta pregunta como de parte de Dios: “¿Qué estás haciendo?“.

[Este artículo es una actualización de uno similar publicado en el 2014].

 

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