“Echando toda vuestra ansiedad sobre Él,
porque Él tiene cuidado de vosotros.”

—1 Pedro 5:7 (2)

La primera palabra de este versículo debería llamar más significativamente nuestra atención. No dice: “echa una vez y para siempre tu ansiedad sobre el Señor”, como si se refiriera a algo que fuese posible cumplir en el pasado y que ya no nos afectara en el presente. Tal cosa atentaría con nuestra experiencia continua y con el testimonio del resto de la Escritura. Tampoco dice: “echarás toda tu ansiedad sobre el Señor”, como si fuera una promesa que solo estuviese disponible para algún momento en el futuro, pero no en el presente. Tal cosa golpearía nuestra esperanza.

El texto dice, más bien: “Echando”. Esa terminación en ‘ando’ se conoce como gerundio: y el gerundio expresa una continuidad de la acción. Por lo tanto, lo que el Señor nos dice no es que echemos una sola carga sobre Él, sino todas; y no que lo hagamos una sola vez o esperemos un tiempo particular a futuro, sino que echemos cada carga de nuestro corazón a medida que estas vayan apareciendo en nuestro peregrinaje.

Esto es similar a que un hombre pudiente le dijera a un hombre indigente: ‘te daré comida cada vez que tengas hambre y vengas a mí’. El estaría haciéndose cargo del hambre de aquel otro hombre, porque tiene cómo alimentarlo. Asimismo, el Señor está haciéndose cargo de nuestras ansiedades, porque tiene el poder suficiente para cargarlas y la gracia necesaria para saciar nuestros corazones, fortalecer nuestras almas, alimentar nuestros espíritus y satisfacer nuestra vida en plenitud.

‘Echando’ expresa continuidad. No es una acción que puedas terminar: tal como siempre hay un poco más de polvo que barrer, siempre hay alguna carga o ansiedad que llevar ante el Señor.

‘¿Cómo hacerlo?’, preguntas. A través de la oración sincera, confiada y humillada, buscándolo como todo lo que tú corazón necesita, con una dependencia absoluta de Su gracia y poder. Este es el propósito de Dios: que vivas una vida dependiente de Su gracia. No que vayas a Él una sola vez, o solo cada domingo: sino cada mañana, cada noche, cada día, cada que la ansiedad llega, cada que la carga se posa sobre tus hombros, cada que la inquietud trae inestabilidad a tu corazón, cada que la fuerza se agota, cada que la armadura se gasta, cada que el gozo merma, cada que alguna situación te entristece, enoja, angustia o sobresalta: no hay tiempo para esperar. Toda ansiedad debe ser traída al Señor tan pronto aparece: su sola aparición es muy pesada para nuestros débiles brazos, pero el Señor promete ocuparse de ella si vamos a Él a pedírselo.

¿La razón de esto? Que Él tiene cuidado de nosotros. Ese cuidado no fue solo en el momento de nuestra conversión, sino hasta nuestra glorificación. Ese cuidado no sólo fue de nuestro corazón angustiado por el pecado aquella primera vez, sino de cualquier angustia que surja en el camino. Él tiene cuidado de Su pueblo; Él vela por Sus hijos; Él no permitirá que tras haber dado a Su propio Hijo Unigénito por los creyentes, estos sean aplastados por alguna carga. Él se compromete, Él mismo, en cargar todas nuestras ansiedades: las cuales aunque parecen una montaña para nosotros, no alcanzan a ser ni un grano de arena para Él.

Él tiene cuidado de nosotros, de ti. ¿Lo crees? Y si lo crees, ¿por qué no vas a Él con esa confianza? Y si lo crees, ¿por qué cargas tú mismo ese ajobo? Y si lo crees, ¿qué esperas para entregar, o más que entregar, para lanzar y echar sobre Cristo las diversas ansiedades que te agotan? Él las llevará por ti, porque Él cuida de ti. No tienes límite de ansiedades: así que ven pronto y trae todas, hermano. No dejes ni una sobre tu débil corazón, no te enlaces con ninguna de esas sanguijuelas que consumen tu vigor. Es momento de que lances sobre Cristo todas las preocupaciones de tu alma y confíes en Él sin reservas.

¿Y el resultado? Seremos perfeccionados, afirmados, fortalecidos y establecidos (1 Pedro 5:10). No necesitamos nada más. El Señor no sólo recibirá nuestra carga, nuestra ansiedad particular, y todas cuantas traigamos a Él, sino que, además, nos hará más como Cristo, nos concederá estar más firmes para Providencias futuras, nos fortalecerá en fe para ser más constantes en Sus caminos y nos establecerá para que ninguna marea o tormenta, interna o externa, nos mueva ni un milímetro de donde debemos estar.

Tienes grandes promesas, cristiano. ¿Qué harás al respecto? Espero que sea echar siempre todas tus preocupaciones sobre el Señor en razón a que Él siempre tiene cuidado de todas Sus ovejas: y esto te incluye a ti, hermano, hermana. Si a ti te agobia, a Él le importa: y te ha dejado esta tremenda promesa que debes tomar con fe y seguir sin restarle parte alguna.

Eres objeto del cuidado paternal de Dios: Él está atento a ti, Él tiene interés en ti, eres Su especial tesoro. Valiste la vida de Su Hijo. Que la duda no sea un obstáculo: ¡Dios ciertamente puede! Él no solo no se cansará con ninguna de tus preocupaciones que sinceramente lleves a Él, sin importar su número, sino que no se cansará de que lo hagas continuamente: porque Él te ama y vela por ti.

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