Crecimiento espiritual

Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error
Efesios 4:14

En ciertos aspectos debemos ser como niños

Pablo está interesado en el crecimiento espiritual de los miembros de la iglesia de Éfeso. Si bien los creyentes debemos continuar siendo niños en varios aspectos, es cierto que debemos procurar el
crecimiento en otros. “Como niños” en aquello que es típico de niños: En lo que respecta a la dependencia total de su padre, al inmenso amor del niño para con su padre y a la obediencia que el hijo le rinde a su padre.

Sin embargo -y este es el punto del Apóstol- en cuestiones como el entendimiento de las hermosas verdades de la revelación Divina en las Escrituras, debemos ser hombres. ¡Oh, hermano, pero ten
cuidado de creer que es bueno haber crecido un poco, con relación a uno mismo o a otro. El estándar no es el hermano fiel, ni un fiel teólogo de antaño. El estándar de crecimiento es el Señor Jesucristo…

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Efe 4:13

El llamado del Apóstol es a que tanto el «recién nacido en el Señor» como «el hombre que está firme en Él» avancen en su crecimiento espiritual y en la comprensión de las verdades Escriturales, porque sólo así no seremos movidos por cualquier «viento de mentiras».

El Padre siempre da crecimiento a quien lo busca

Queridos hermanos, seamos recordados que Dios bendijo a los suyos «con toda bendición de las regiones celestiales EN CRISTO» y que Cristo las hizo efectivas en la Cruz del Calvario. Lo que quiero decir es que Dios mismo ha hecho todo lo necesario para que sus hijos no solo nazcan de nuevo, sino para que por su gracia ellos crezcan en Él, edificando así Su iglesia, para su propia gloria.

Nosotros sabemos, pues, que Dios ha hecho todo lo necesario para que su pueblo crezca en toda sabiduría y conocimiento, y somos conscientes de que Dios es quien da el crecimiento espiritual.

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.
1 Cor 3:6-7

Pero los hijos somos responsables del crecimiento

Pero aún conscientes de que la gracia es de Dios y de que Dios mismo es quien obra el crecimiento espiritual en sus hijos, el punto es este: La responsabilidad de buscar la madurez espiritual y de crecer en el conocimiento del Logos de Dios (Cristo) y del logos revelado (la Palabra de Dios), con el fin de no ser llevados de un lado para otro con cualquier mentira, permanece en cada uno de los hijos de Dios… En otras palabras, es evidente que de Dios es la gracia y que sólo Él da el crecimiento. Pero también es evidente que cada uno de los «niños de Dios» somos los agentes responsables de buscar más gracia para continuar creciendo hasta alcanzar la estatura de un varón perfecto.

¿Por qué debemos crecer?

Hermanos, de la misma manera en la que el crecimiento físico de un niño es manifiesto a sus padres, así debe ser nuestro crecimiento espiritual para quienes nos rodean. Debemos crecer en fortaleza, para resistir el pecado. Debemos crecer a la estatura de varones valientes, para enfrentar a los enemigos de la Cruz. Debemos crecer en nuestro amor por Dios… el amor de Dios para con nosotros no ha cambiado, pero el nuestro para con Dios debe aumentar a diario, a medida que vamos creciendo.

¿Qué debemos hacer para crecer?

Pero para fomentar un crecimiento adecuado, ¿qué debe hacer el niño y el joven en su pubertad? ¡Deben alimentarse bien y hacer sus ejercicios! – ¡Oh hermanos y eso es lo que cada hijo de Dios debe hacer! Por eso afirmo, en línea con la teología reformada, que tú como hijo de Dios eres el agente responsable de procurar el crecimiento, siempre en dependencia de Dios y siempre por medio de su gracia.

Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación
1 Pedro 2:2

¡Aliméntate pues, bien de la Palabra! Si eres niño en el Señor, ¡toma la leche espiritual no adulterada! porque esta te fortalecerá y te dará el crecimiento necesario para que pronto puedas deleitarte en las viandas, como lo hace un varón maduro.

Amigo, ¡Toma pronto los medios de gracia establecidos por Dios para tu crecimiento -en especial, la oración, la lectura de la Escritura, y la asistencia al culto público de adoración!. Hermano, ejercítate en la piedad y ¡pide en oración crecer en gracia y en el conocimiento del Señor!

Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
2 Pedro 3:18

¡Quiera el Señor que cada uno de nosotros sea como «niños inocentes» para el pecado y como «adultos firmes» creciendo y estando firmes, siempre resistiendo ese pecado! Es tu deber -si eres hijo de Dios- buscar crecer en el Señor, y a su vez, es una promesa del Señor concederte ese crecimiento para que «no seas arrastrado por cualquier viento de doctrina».

El llamado…

Dios te ha llamado a crecer en servicio cristiano… el niño no trabaja, el adulto siempre lo hace

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre
1 Cor 15:58

Dios te ha llamado a crecer en el conocimiento suyo, por medio de la Palabra… el niño conoce poco, el adulto conoce más y más a medida que pasa el tiempo

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios…
Col 1:10

Y finalmente, Dios te ha llamado a crecer en gracia…

Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
2 Pedro 3:18

Aunque muchos de nosotros ya no podemos crecer en estatura física, pidámosle a nuestro Dios que podamos ser verdaderos imitadores de Cristo, aún en esto:

Y Jesús crecía en sabiduría… y en gracia para con Dios y los hombres
Luc 2:52

Sé advertido, querido hermano… ¡No hay excusa en la Escritura que justifique el no crecimiento de un creyente!

¡Bendiciones en Cristo!