Isa 58:13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, v14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.

Este no es un mero día de descanso. En un día común de descanso podemos ver alguna película, dormir un poco más, jugar fútbol o dar un paseo. Pero este no es un día común de descanso. Este es el Día del Señor y, por lo tanto, el descanso o reposo del mismo es totalmente definido por el Señor del Día: es un cese de toda actividad cotidiana innecesaria, o laboral, comercial y recreativa (para lo cual se nos han dado seis días), y es un cese de esto a fin de entregarnos, todo el tiempo, a la adoración, devoción y servicio dedicado y directo a Cristo de manera privada, familiar y particularmente eclesial.
Por tanto, ¡llamen delicia a Su Día, no sólo con sus labios, sino más bien con sus corazones, y asimismo llámenlo delicia con sus conversaciones, pensamientos y hechos! Si se deleitan en el Señor, un Día no será mucho, sino poco. Y ese deleite se verá evidenciado en la forma en que dediquen la proporción de tiempo que el Señor les ha dado para santificar.
¿No es justo observar con santa reverencia y alegría el Día de fiesta que conmemora nuestra liberación plena? ¿No es digna de consideración obediente la voluntad de nuestro Salvador quien desea que apartemos estas horas de nuestras propias labores a fin de dedicarnos a las Suyas? Que su agradecimiento a su Redentor sea manifestado por su obediencia a Su voluntad revelada. Él desea que seamos un pueblo caracterizado por la observancia santa de Su Día señalado.