Devocionales cristianos diarios Semana #32

Sermones predicados el domingo 07 de agosto de 2022, Día del Señor

Sermón Evangelístico

El mero profesante de la fe cristiana está en el camino de Caín.

Judas 1:11

¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín

Lunes 08 de agosto

Un mero profesante de la fe cristiana es alguien que entiende intelectualmente algunas doctrinas, siente cierto afecto por algunas prácticas, pero en última instancia nunca ha nacido de nuevo y por consiguiente sigue siendo un pecador no redimido.

El creyente genuino por otra parte es alguien que, no solamente ha entendido intelectualmente el evangelio, sino que también ha nacido de nuevo siendo dotado de fe para creer, y de arrepentimiento para vida eterna. Esta distinción nos ayuda a comprender que Caín fue uno de tantos meros profesantes que se perdieron y Abel fue un genuino creyente que se salvó.

La pregunta que debemos hacernos es, ¿en cuál de las dos categorías de pecadores me encuentro? Puedo decir que soy un pecador redimido (un genuino creyente) o uno que aún no ha sido redimido (un mero profesante).

Si la respuesta es la segunda opción, debo arrepentirme de mis pecados y creer únicamente en la persona y obra de Cristo para salvación. Esto es lo que en su momento ha hecho todo creyente genuino que venido a la fe y ahora tiene un lugar en la familia del señor.

Martes 09 de agosto

Caín ignoró voluntariamente dos cosas: la manera en cómo debía ofrecer sacrificios a Dios y su condición de pecador. Mientras Abel ofreció un sacrificio con sangre reconociendo con esto su condición de pecador delante de Dios, Caín por el contrario no lo hizo; siendo su sacrificio rechazado por el Señor.

El uno fue fiel a la manera en cómo Dios había dispuesto traerle sacrificio, el otro fue rebelde y trajo de su propio parecer de obras. Podríamos decir que uno entendía el sacrificio de la sangre expiatoria representado en las ovejas, el otro ignoraba por completo la expiación demostrando así una adoración basada en obras.

De la misma manera, la adoración de muchos profesantes se ve representada en la de Caín, ya que no solamente han adorado conforme a su parecer, sino que además se acercan impenitentes delante de Dios.

Con esto sólo demuestran que están en el camino de Caín, siendo meros profesantes de la fe cristiana y lastimosamente se pierden la bendición del Dios de gracia.

Estimado amigo, ¿Seguirás adorando conforme al camino de Caín? o ¿Correrás hacia el camino de la gracia que es en Cristo?

Miércoles 10 de agosto

Podríamos decir que Caín en un sentido proporcionó las bases de la religión mundana y carnal que vemos en muchas iglesias hoy en día.

¿Por qué lo afirmo? Porque él sentó las bases de un antropocentrismo (el hombre es el centro) en la adoración; donde el yo, el orgullo humano, la exaltación de la razón y la poca dependencia de Dios son arte y parte de su religión. Esto es lo que los meros profesantes buscan; anhelan iglesias que les acaricien su pecado, la adulación corra por sus pasillos y se busque exaltar sus talentos para vanagloria.

Todo lo anterior hace que podamos afirmar una vez más, que el camino de muchos profesantes sea el mismo en el que transitó Caín, tal y como nos advierte Judas en su carta.

Querido amigo, procura pronto salirte de este camino que te aleja de Dios y tiene un terrible destino.

Jueves 11 de agosto

El final de todo camino diferente al de Cristo es la condenación en el infierno. Todas las obras que hizo Caín en aquella adoración alejada de la voluntad de Dios le pavimentaron su camino al infierno.

Temo decir, que muchos siguen campantemente por este mismo camino que tiene como final el castigo eterno en manos de un Dios, que aparte de ser amor también es fuego consumidor.

Pero otra cosa que aprendemos de esta narrativa acerca del primer homicida es que, este mostró una indiferencia terrible hacia su hermano cuándo Dios le preguntó, ¿dónde está Abel? Y este respondió: No sé. ¿Acaso soy guarda de Abel? Esta misma indiferencia, la manifestamos muchos de nosotros, que siendo creyentes tenemos en poco aquel prójimo que va camino al infierno.

Así que, creo que debemos; intentar persuadir a los que dudan con la predicación del evangelio, salvándolos como si los arrebatásemos del fuego y siempre teniendo misericordia con temor.

Que de nosotros los creyentes genuinos se diga en aquel día final: Siervos inútiles fueron porque hicieron lo que debían hacer. Y no se diga que: Como Caín persistieron en indiferencia al ver que muchos iban camino al infierno.

Viernes 12 de agosto

Contrario al camino de Caín tenemos el único camino que lleva al Padre; el camino de Cristo.

Jesús es el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre, sino es por Él. Esta sencilla pero contundente verdad, es la que es rechazada continuamente por muchos de los que se hacen llamar creyentes.

Así como Caín no quiso saber nada acerca de la simiente prometida que haría expiación por los pecados de muchos, así también muchos hoy en día persisten en resistirse a creer en la verdad del evangelio, que es la vida en obediencia perfecta, muerte sustituta en la cruz y la resurrección gloriosa de Cristo.

Por lo tanto, todo aquel que venga con un corazón contrito, avergonzado por sus pecados y depositando su fe solamente en Cristo y Su obra, podrá ser trasladado del camino de Caín a un camino angosto pero lleno de bendiciones inimaginables que el mismo Señor Jesucristo ha preparado.

Sermón de Enseñanza

Una fe llena de fe

Romanos 1:17
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Lunes 08 de agosto

Una de las virtudes cristianas más enfatizadas en las Escrituras es la fe. Ella es, por decirlo así, la fuente del resto de las virtudes de piedad, por la cual subsisten las demás, siendo Dios mismo Su Autor en nuestros corazones y el objeto de su existencia. Antes que nada y sobre todo, somos creyentes: aquellos en los que reposa el don de la certeza y la convicción en la verdad del Señor.

Ahora, esa fe que Dios nos ha otorgado, no sólo fue el medio para ser justificados al comienzo, sino que también es el llamado de la totalidad de nuestra vida como cristianos. Dios quiere que vivamos por la fe en Él, y que crezcamos en nuestra fe hacia Él.

Esa fe tiene al menos 7 elementos o características de los que debemos ser llenos si deseamos ser creyentes más arraigados en Cristo, más esperanzados, más fieles. Y estos elementos comienzan con el nombre de esta virtud a fin de que los recordemos con mayor facilidad:

1. Federal.
2. Feliz.
3. Fervorosa/Ferviente.
4. Fértil.
5. Feroz/Férrea.
6. Fecunda/Feraz.
7. Fehaciente.

En la medida en que tengamos más presentes estás características, y nos esforcemos más porque hagan parte de nuestra fe, llenándola y fortaleciéndola, nuestras almas estarán más establecidas y serán más perfeccionadas.

Martes 09 de agosto

En primer lugar, nuestra fe debe ser federal. Esta palabra está ligada al concepto de pacto. Dios ha hecho un pacto con Jesucristo y, por tanto, con aquellos que estamos en Él. Jesucristo nos representa de manera perfecta y completa. Si hemos recibido con fe sincera al Señor como nuestro suficiente Salvador, entonces debemos estar seguros en la relación de pacto que Él ha establecido. Aunque lleguemos a ser infieles, Él permanecerá fiel. Cristo jamás perderá a una oveja de Su redil. Esto nos debería persuadir a una confianza plena en el Señor. Llenemos nuestra fe de un entendimiento federal: Cristo nos representa; ¡estamos seguros! No hay condenación para quienes estamos en Él.

En segundo lugar, nuestra fe debe ser feliz. Si estamos seguros en Cristo, entonces somos los seres humanos con más derecho a ser felices. Estamos repletos de promesas inmutables e imperecederas, hechas por un Dios sumamente atento y considerado con nuestros clamores que siempre nos librará de nuestros temores y angustias. Si bien no hay promesa de ausencia de tristeza y penas, sí hay promesa de consuelo, paz y gozo permanente. Solamente quienes confiamos en Él poseemos tal seguridad, y esa seguridad debe ser la generadora de una dicha sin parangón. Llenemos nuestra fe de felicidad: tenemos a nuestro Dios en todo Su favor hacia nosotros.

Miércoles 10 de agosto

En tercer lugar, nuestra fe debe ser fervorosa y ferviente. Dado el Dios que tenemos, las promesas tan perfectas que nos ha dado, la seguridad absoluta en la que reposamos, deberíamos explotar de alabanzas. Así mismo, como el hierro sometido al calor, nuestra fe debería llevarnos a ser fáciles de moldear por Jesucristo: con un entusiasmo confiado en que el Señor está haciendo lo mejor. Como la levadura sobre la masa, el fervor piadoso nos debería saturar los corazones de un ardor inapagable. Llenemos nuestra fe de fervor: nuestro Dios es digno de nuestros más elevados sentimientos.

En cuarto lugar, nuestra fe debe ser fértil. Con esto me refiero a la capacidad de llegar a dar vida. La fertilidad no implica necesariamente reproducción, sino que es la posesión de las condiciones necesarias para generar vida. La fertilidad espiritual es, por tanto, una predisposición del corazón que dará a luz obediencia. Esto sólo se consigue creciendo en el conocimiento del Señor y de Su Palabra, de tal suerte que cuando la semilla del deber sea lanzada pueda crecer un árbol de verdadera obediencia. Llenemos nuestra fe de fertilidad: necesitamos hacer del terreno de nuestras almas un lugar propicio para la obediencia mediante el crecimiento en el conocimiento de la verdad.

Jueves 11 de agosto

En quinto lugar, nuestra fe debe ser férrea y feroz. Como el hierro debemos permanecer firmes ante cualquier circunstancia y filosofía. Nuestra fe debe ser fuerte y resistente, sin tolerancias al error, sin ceder a ninguna falsedad de nuestro siglo. Y, así mismo, debemos tener una fe feroz. Una fe que procura llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo; una fe que, si bien no cede al error, procura persuadir a otros a ceder a la verdad. Llenemos nuestra fe de un sentido férreo y feroz: defendamos nuestra fe con ardor y procuremos convencer a quienes contradicen la verdad razonando con ellos con denodada convicción, clara argumentación y sincera persuasión.

En sexto lugar, nuestra fe debe ser fecunda y feraz. Deberíamos ser hacedores de discípulos para Jesucristo. Reproducirnos en nuestra fe y expandirnos en nuestra convicción debe ser parte de nuestro hábito de vida. Lo bueno debería compartirse, y nada es mejor que la paz que Jesucristo ofrece. Nuestra fe debe ser generadora de vida; debemos ser ganadores de almas. Llenemos, por tanto, nuestra fe de feracidad: mantengamos presentes siempre nuestro llamado supremo a hacer discípulos para nuestro Señor, enseñándoles todas las cosas que Cristo nos ha enseñado.

Viernes 12 de agosto

PENDIENTE