Métodos de contracepción (uso apropiado de métodos anticonceptivos)

No hay lugar a cuestionamiento alguno al respecto de dos aspectos relacionados con la sexualidad dentro del vínculo santo del matrimonio: 1) De la orden dada por Dios al hombre y a la mujer de “Fructificad y multiplicaos” Gen 1:28 y 2) De que el uso de métodos anticonceptivos plantea profundos cuestionamientos de índole ético.

Al respecto de la orden de Dios, no cabe la menor de las dudas que uno de los propósitos de la unión matrimonial es la procreación. La orden dada en el comienzo de la creación sigue siendo tan válida para nosotros, como lo fue para Adán y Eva; en otras palabras: a la luz de la Escritura no debería existir matrimonio que no tuviera como fin glorificar a Dios en su hogar, por medio de la procreación.

Lo que sucede mis hermanos es que en esta sociedad caída, no sólo los roles en el hogar se han invertido, sino que el propósito Divino de la procreación ha perdido la prominencia mostrada en la Escritura. Para poner en contexto lo que hemos dicho, considere lo que sucede a menudo con el caso de mujeres jóvenes que contraen nupcias: muchas de ellas suelen estar tremendamente preocupada por la posible deformación de su cuerpo después de un parto, mientras que otras piensan en su carrera y en su futuro, y ven a los hijos como el truncamiento del potencial laboral.

El punto es: en una sociedad progresista y degenerada como en la que vivimos, la mujer le está sacando el cuerpo a la maternidad para la que fue diseñada, y el hombre está siendo cómplice de este pecado, al pactar unirse en matrimonio con alguien que no tiene en su corazón la procreación, la maternidad y el cuidado de su hogar. ¿Y cuál es el medio que usan para lograr sus objetivos? Los métodos anticonceptivos.

Pastor César A. García, IBGR, Pereira

¿Es ético para el cristiano hacer uso de métodos anticonceptivos?

Es apropiado insistir en este punto que no todos los casos son iguales, y no todos se pueden discernir y juzgar de la misma manera; si bien todos los casos demandan una adherencia irrestricta a la Escritura, existen casos especiales en los que hay que apelar a tanta información del caso, y a tantos principios y ejemplos bíblicos como sea posible.

Centrémonos en el caso de la mujer casada que no quiere tener hijos: en tal caso, sería fácil discernir que el uso de métodos anticonceptivos es antiético, pese a que ambos estén unidos en vínculo marital. El querer conservar el buen cuerpo, o conseguir un buen trabajo, no son más que argumentos vanidosos de quien probablemente desea “disfrutar del sexo en el vinculo sagrado del matrimonio, pero sin la responsabilidad de los hijos que amamantar, criar, corregir y educar”.

Ahora, ¿el uso de los métodos anticonceptivos siempre implica pecado?

No, si se usan dentro del contexto del hogar y por razones apropiadas. Por ejemplo, puede que la pareja desee esperar un par de años más antes de tener su segundo hijo. ¿Deben abstenerse del disfrute de la intimidad? ¡Desde luego que no! Esto estaría contradiciendo la orden apostólica

“No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.”
1 Cor 7:5

Procreación sí, pero ¿cuántos hijos?

¿Sería sensato concluir que la voluntad de Dios es que cada vez que el varón se llegue a su esposa, sea con el fin de procrear? Si esto fuera así, entonces una pareja de jóvenes que contraiga nupcias a la edad de 25 años, cuando lleguen a los 45 años de edad y para permanecer obedientes al Señor, ¿tendrían que tener entonces 27 hijos? La respuesta es obvia.

Hermanos, existen hogares que tienen uno o dos hijos, y luego acuerdan piadosa y responsablemente que es prudente no tener más hijos, bien sea porque el sustento del varón no es suficiente, o bien porque la morada no es apropiada, o por cualquier otra causa de orden económico, por citar un ejemplo.

La pregunta en este caso es la siguiente ¿es lícito para ellos, disfrutar de la santa intimidad, después de haber decidido no procrear más hijos de los que pueden responsable y honrosamente sustentar, educar y levantar? ¡Desde luego que sí! El uso de un método contraceptivo adecuado es permitido bajo esas circunstancias.

Ahora, piense en un par de jóvenes que se casan. ¿Pueden los cónyuges dialogar, orar y acordar nunca tener hijos, haciendo uso de un método anticonceptivo temporal o peor aún, permanente? Como lo expresamos hace un momento, en este caso en particular, ambos estarían procediendo de una manera irregular y antiética, al no tener el deseo de procrear, y por ende de obedecer la orden de Dios de “Fructificad y multiplicaos”. Allí hay pecado.

¿Cuál es el mejor de todos los métodos anticonceptivos?

El que ambos acuerden (no el que le convenga más al uno o al otros), el que sea menos invasivo, el que no implique riesgo para quien lo usa (usualmente la mujer), el que no cause daños a la vida que se forma en caso de fallar (los espermicidas son conocidos por afectar el feto), y sobre todo es menester que los hogares de creyentes piadosos eviten a toda costa 3 métodos: 1) las mutilaciones o modificaciones corporales permanentes, como lo son la vasectomía (hombres) y la histerectomía (mujeres); 2) los dispositivos intrauterinos que no previenen la formación de una nueva vida, sino que potencialmente acaban con una vida ya formada, y 3) las pastillas después del acto sexual que se toman al día siguiente: ¿por qué? porque estas no están diseñadas para prevenir, sino para acabar con la vida ya formada.

Si va a escuchar esta ponencia, recuerde las siguientes amables advertencias:

  • Ninguna de nuestras ponencias al respecto de la ética jamás pretende convertirse en un derrotero o modelo moral para su vida en particular.

  • Si tiene dudas, por favor ore, lea la Escritura, y consulte a su pastor. (Si no tiene, sírvase formular la pregunta aquí.

Ética cristiana - métodos anticonceptivos

El uso de anticonceptivos no es correcto en todas las circunstancias, incluso, como ya lo dijimos, en el hogar. El uso legítimo de tales medios presupone que la anticoncepción es usada dentro del matrimonio, y no sólo como un medio para escapar de las consecuencias de la fornicación. Por último, la anticoncepción puede ser utilizada para esquivar permanentemente la obligación de levantar una cimiente piadosa dentro del matrimonio.

Pastor César García, IBGR, Pereira