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Amigos y consejos

Los malos olores pueden hacer de aquello que ha sido bueno, algo perverso. Un sonido horrible puede ser desesperante, pero un mal olor es peor, pues puede permanecer en la mente durante mucho tiempo y causar profundas náuseas. Sin embargo, un buen olor es de las cosas más deseables que existe. El buen olor de la parva caliente inspira nuestro apetito y una casa con un olor fresco es más acogedora. Un buen olor, por consiguiente, estimula nuestros sentidos y nos hace sentir a gusto.

Amistad

Pero de la amistad verdadera, fiel y sincera se desprenden aromas que son todavía más gratos y deleitosos. Ella es, en sí misma, un don de Dios al hombre que alegra su corazón. Si las cosas huelen mal a nuestro alrededor, por causa del hedor de algunas circunstancias difíciles, la palabra sincera, cordial y sabia de un amigo puede hacer que la pestilencia se convierta en un dulce aroma. Un consejo en el que reine la sabiduría, una palabra de ánimo en la que habite la sinceridad o una exhortación amorosa que proceda de un corazón leal, puede cambiar cualquier ambiente de tristeza en gozo, de dolor en esperanza, de oscuridad en claridad.

A Dios le importa nuestro ánimo, pues continuamente en la Escritura nos llama a estar alegres y regocijados, dejando el temor y la ansiedad en Él, ¡y sí que tenemos razón para hacerlo al meditar en nuestro Señor Jesucristo, quien para nosotros es precioso, más que montañas de las principales especias aromáticas! Y de igual modo, al hombre santo le debería importar el ánimo de su amigo en semejanza de su Señor. El amor llama al corazón a enlazarse en amistad profunda y sincera con aquel a quien ama, y la amistad es el mayor consuelo del corazón tanto en alegría como, principalmente, en el tiempo de angustia. Un consejo apropiado y a tiempo supera con creces todo regalo.

Amistad verdadera

La amistad verdadera no es aquella que consiste en risas y carcajadas, sino en la compañía santa que prospera y beneficia el alma. La adulación y el lisonjeo no son el aroma de la amistad, sino la palabra franca que ayuda a sobrellevar la carga, aligera la preocupación, aumenta el gozo, guía en rectitud y corrige el error con dulzura. Aquel que desea que tu corazón, del cual mana la vida, sea recto ante Dios y guardado de la amistad con el mundo, es aquel que ama tu alma, endulza tu vida con mieles de pureza y perfuma tu caminar con agradables olores traídos del mismísimo Monte de Sion.

Valoremos al amigo que Dios nos da

Un amigo como este debe ser valorado y correspondido. La infidelidad a Dios deberá ser condenada eternamente, y la traición a un amigo así no agradará jamás al Señor, creador de la amistad verdadera. Busca ser como el amigo de nuestro texto, y cuida al tal si el Señor te lo ha provisto.

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Anamaria

Garcias por el aporte, @andypanda

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