Nota: Acabo de terminar mi sesión nocturna de ejercicios. No sé si las endorfinas han actuado como causa secundaria en mí al escribir este artículo. Confieso que desde que salí del hospital a mediados de este año, sentí el deseo de escribir un artículo al respecto del drama que viví como consecuencia de la complicación mi diabetes.

Hermanos, muchas de las cosas que narraré a continuación, hasta hoy, pocas personas las saben. ¿Por qué decidí escribirlas cuando soy consciente de que hay personas que profesan la fe que me odian y de seguro buscarán usar este escrito para burlarse, criticarme, o acusarme? ¡Sencillo! Porque estoy más dispuesto a continuar soportando la impiedad de quienes me aborrecen, que callar cuando sé, que si el Señor bendice este escrito, este será de bendición para otros hermanos que están pasando por situaciones similares.

La antesala de la diabetes – mala alimentación

Todo comenzó, creo yo, en al año 1996 cuando llegué a Inglaterra. Soltero, sin dinero y sin la más mínima idea cómo cocinar, me alimenté por casi 5 años de kebabs, pizzas, “fish and chips” y “comida para microondas”. Ya en el 2001, del muchacho fornido de 1,76cm y de 80Kg de peso no quedaba nada. Ahora pesaba 100 Kg y mi cuerpo comenzaba a crecer… ¡pero para los lados!

Además de las consecuencias del consumo de drogas (1989 a 28 de Abril del 2001 – cuestión de la que hablaré en otro escrito, en más detalle, más adelante) el desorden alimenticio ya se había convertido en un mal hábito. Aún después de mi salvación en el 2001, ese mal hábito comenzaba a arraigarse y a convertirse en un estilo de vida que era difícil de replantear.

Mientras tanto, los resultados de exámenes médicos siempre salían bien: buena presión arterial, niveles de glucosa en la sangre, normales; colesterol y triglicéridos normales, etc. Es prudente decir en este punto que por aquel entonces un pensamiento frecuente era “yo estoy bien a pesar de que he aumentado 20 Kg de peso!  (Ya estaba en 100 Kg) … ¡nada de bien! … estaba descuidando mi cuerpo y no se me ocurrió pensar que el cuerpo me iba a pasar la factura de ese descuido más adelante.

La antesala de la diabetes – otros factores como el estrés

A todo eso se sumaba el estrés del trabajo. Como creyente estuve sujeto a presiones inimaginables. Comencé en 1996 limpiando baños sucios en Londres (virtualmente 0 estrés) y para el 2007 era el responsable de las transacciones de equipos electrónicos a nivel EMEA (Europe, Middle East, Africa) de una compañía norteamericana de fibra óptica y telecomunicaciones.

En el 2009 fui ascendido a Instructor y Coordinador Logístico a nivel EMEA de dicha empresa, Literalmente a partir de ese momento comencé a viajar por todo Europa y la antigua Unión Soviética hasta la fecha de mi retiro de la compañía, a finales del 2012. De nuevo, con un “tren de vida” tan agitado y viajando por todo Europa, mi alimentación dependía de hoteles, restaurantes y aeropuertos (aunque no esgrimo excusa alguna si de veras me hubiera querido cuidar como era apropiado). Eso explica mi segundo aumento de peso: otros 20 Kg. Sí, mis hermanos, ya por el 2012 ya rondaba los 120 Kg de peso.

La antesala de la diabetes – ¿todo en orden? Hmmm….

Para entonces, múltiples afecciones cardíacas, abdominales, oculares y auditivas comenzaban a manifestarse abiertamente. A pesar del cúmulo de males que mi mala alimentación, elevado estrés, mucho trabajo y falta de sueño había provocado (a la final yo fui el responsable del manejo inadecuado de estos elementos) los niveles de azúcar y la presión arterial continuaban dentro de los rangos normales.

Desde que llegué a Colombia, llegué a entregarme por completo y de tiempo completo a la obra del Señor. Ya no trabajaba como responsable de más de 240 millones de libras esterlinas (1,056,000,000,000 de pesos colombianos) en material electrónico, pero ahora tenía bajo mi responsabilidad algo de más valor, más importante y que demandaba mucho más cuidado: los redimidos del Señor Jesucristo.

Factores que exacerban la diabetes – el estrés

Cuando reflexiono y miro hacia el pasado, hallo un muy interesante común denominador entre el trabajo secular que tenía y el pastoral que tengo: hasta Julio de este año, ese común denominador fue de nuevo caracterizado por mi mala alimentación, el elevado nivel de estrés, el mucho trabajo y la falta de sueño.

A pesar de siempre haber sido una persona de muy bien apetito, al examinarme no encontraba pecado de glotonería. Lo que sí podía casi que palpar, pero difícilmente batallar, era el estrés inherente a las labores pastorales. Mi manera (equivocada por cierto, pero quizás inconsciente) de lidiar con ese estrés era no alimentándome dentro de los horarios habituales.

Así, pasaron años en los que poco o nada desayunaba porque no me daba apetito; casi nunca almorzaba porque estaba ocupado “en medio de algo”; y así, cuando llegaba la noche, sentía gran hambre y suplía dicha necesidad alimentándome en horas donde no se debe comer, o se debe comer algo muy pero muy liviano.

Factores que exacerban la diabetes – la falta de sueño

Además de ser una pésima práctica que me acarrearía problemas, dicho desorden alimenticio acarreó otro problema: la falta de sueño. Ahora no podía dormir en las noches. Usualmente un día de trabajo típico (hasta antes de Julio del 2019) era así: trabajaba hasta las 4 de la madrugada. Me levantaba entre 7 u 8 de la mañana y continuaba hasta el otro día a las mismas horas de la mañana. Dormía siestas en la tarde, pero el sueño natural de la noche estaba arruinado por completo.

Me recetaron ciertas pastillas para inducir y mantener el sueño. Las tomé por 3 años, desde comienzos del 2016 hasta Julio de este año, para ser preciso.

Factura de cobro: una severa infección a causa de la diabetes

Por mucho que dije querer evitar las consecuencias de un estilo de vida poco saludable, lo cierto del caso es que las consecuencias llegaron. (¿Recuerdan que antes dije que no creía que el cuerpo me fuera a pasar factura? Pues bien, finalmente me llegó la factura a manera de una severa infección entre las áreas inguinal y abdominal.

La infección comenzó a tratarse, pero no cedía, antes se extendía. La frecuencia y la intensidad de los antibióticos aumentó, pero la infección no cedía, se continuaba extendiendo. Se me ocurrió pincharme la “yema del dedo” para medir la glucosa y he aquí, mi nivel era de 520 (el nivel de una persona normal es de entre 70-100) . A raíz de eso, salí para el hospital y decidieron dejarme internado en la sección de Accidentes y Emergencias. Para acortar una historia que es larga, la infección “estaba deleitándose con tanta azúcar en mi cuerpo”. Lo cierto del caso es que decidieron intervenir quirúrgicamente para atacar la infección.

La diabetes haciendo estragos en mi cuerpo

Después de la cirugía, las cosas no marchaban muy bien que digamos. El infectólogo estaba preocupado. Él y el cirujano se miraron el uno al otro de tal manera que mi interpretación de esa mirada fue “esto no se ve nada bien”.

Otro médico me advirtió de un peligro potencial: Si la infección no se podía controlar a pesar de la cirugía y continuaba expandiéndose, quizás ellos comenzarían a estudiar la posibilidad de la presencia de la famosamente devastadora enfermedad de Fournier (le advierto no hacer click en el enlace anterior).

La diabetes haciendo estragos en mi alma

Fueron 5 días de profunda aflicción de espíritu y de reflexión. Me preparé una vez más para ponerme en manos del Señor. 5 días en los que hubo potentes antibióticos intravenosos administrados día y noche. Cuando el medicamento se acababa, ¡venga! … la máquina que regula el paso del mismo, comenzaba a pitar, la enfermera venía prontamente y más antibióticos… fueron días de lágrimas, de arrepentimiento por el mal uso que hice de mi cuerpo por años.

No me excusaré diciendo “pobrecito de mí. Me tocaba muy duro” o “nadie sabe lo que es ser pastor” o “esto me lo causó esto o aquello” … ¡No! Siempre he asumido mis errores, por la gracia de Dios siempre he pedido perdón por mis pecados y esta no sería la excepción. Clamé al Señor. Lloré delante de Él. Como es natural, le pedí que me concediera una oportunidad para vivir de manera saludable.

Comenzando a vivir con la diabetes

Pasaron los días y el miércoles 19 de Junio el médico me dijo “ya es hora de ir a casa y esperar a que la última ronda de antibióticos surta efecto”.

La hinchazón continuó, pero comenzó a sanar poco a poco. Lentamente. Al pasar de los días, la hinchazón mermó. La herida de la operación que tenía una profundidad de más de 10cm y un radio de entrada de casi 1 pulgada: la entrada empezó a cerrar poco a poco. Difícilmente podía caminar por aquellos días, y asearme en la ducha era un desafío de proporciones mayores.

Mis hermanos, mi vida cambió por segunda vez. La primera vez (el día de mi conversión el 28 de abril del 2001), Dios había obrado en mi corazón y pude ver mi pecado y venir a Cristo en arrepentimiento y fe, y ser perdonado y reconciliado con Dios. Jamás volví a consumir drogas. La segunda vez, Dios había obrado en mi corazón también, y había usado la diabetes para enseñarme “por las malas” lo que no quise aprender por las buenas. (es un dicho colombiano que me parece apropiado usar para ilustrar el punto: Dios corrige y castiga cuando persistimos en desobedecerle de alguna manera).

Estoy convencido de que a partir del momento de mi entrada al hospital sufrí un cambio. Entré al hospital pesando 121 Kg y con una glucometría de 520 mg/dl y hoy, 6 meses después, estoy pesando 100 Kg y manejando una glucometría absolutamente normal. Claro está, ayudado por el Señor, a quien le ha placido usar de manera eficaz un medicamento que tomo a diario (que por cierto no es Insulina), y darme el ánimo y la constancia de hacer ejercicio. Aunque he perdido 21Kg, aún me quedan al menos 10 Kg por perder.

La diabetes  como instrumento de Dios y el cambio que Dios obró.

Mis hábitos alimenticios antes del diagnóstico de la diabetes eran terribles; hoy son por la gracia de Dios perfectamente saludables (con algún desliz alimenticio de vez en cuando). Mi vida antes de la diabetes era totalmente sedentaria; hoy hago 45 min de ejercicio 2 veces al día. Antes de la diabetes, no podía caminar más de 100 metros sin cansarme; hoy en día camino diario 4 Km y corro otros 4Km. De hecho, hoy fue el primer día en el que caminé rápido 5 Km y corrí otros 5 Km. Antes de que me diagnosticaran diabetes, tomaba por lo general cierto medicamento que me ayudaba a conciliar el sueño; hoy gracias al Señor, voy a cama cuando necesito y puedo conciliar el sueño fácilmente. Antes, mantenía agotado y cansado, hoy doy gracias a Dios porque me siento alentado y con más deseos de servirle al Señor que nunca antes.

¿Conclusión?

Doy gracias al Señor por la diabetes y por la gracia que me ha concedido para vivir con ella. Muchos médicos y diabetólogos me han dicho que rara vez han visto a alguien cuidarse su diabetes tan bien como lo he podido hacer por la gracia de Dios. Yo sólo le doy las gracias a Dios y la gloria a Él, pues sin su obra el cambio de hábitos hubiera sido casi que imposible. Otros me dicen que dentro de poco ya no tendré diabetes, a lo que suelo responder que la diabetes ha sido una de las más grandes bendiciones que Dios me ha dado en toda mi vida.

La diabetes es una bendición de Dios para mi vida cristiana

Gracias al uso que Dios le dio a mi diabetes, y a la gracia que Él me ha concedido para lidiar con ella, producto de su amor y como respuesta a mis oraciones y a las de muchos hermanos alrededor del mundo que oraron por mí, yo hoy puedo decir sin temor a equivocarme: la diabetes ha sido y es hasta el día de hoy, una bendición para mi vida. Le pido que me crea que lo digo de todo corazón.

Amigos y hermanos, la diabetes fue y continúa siendo aquella cuerda que Dios usó para traerme a una comprensión profunda de la importancia de cuidar el cuerpo, de alimentarlo bien, de descansarlo bien y de ejercitarlo también.

¿Por qué comparto esta historia con usted?

Precisamente porque es una bendición. Mat 10:8 … de gracia recibisteis, dad de gracia.

Pero, ¿por qué comparto esto con ustedes, si hay personas que profesan la fe que me odian y de seguro buscarán en este escrito algo para burlarse de mí, o criticarme, o acusarme, etc…? Sencillo. Porque quiero ser de aliento para otros hermanos que sé que luchan con esta enfermedad, de los cuales algunos están desanimados perdiendo la batalla. Sé también que hay hermanos que luchan contra la glotonería (cosa que no ha sido mi caso), y que viven frustrados porque no pierden el peso que desean. A ellos les digo: ¡Con oración, con una sana alimentación y con ejercicio sí es posible perder peso para la gloria de Dios!

¿Qué necesita? ¡La gracia de Dios para perseverar! Las consecuencias del abuso del cuerpo como lo he descrito en este artículo, en el pero de los casos no desaparecen, y en el peor, tardan mucho en hacerlo.

¿Has sido, como yo, negligente en cuidar tu cuerpo? Ahora seamos diligentes para honrarlo como el templo del Bendito Espíritu de Dios.

Al principio, intenté huir de la diabetes. Gracias al Señor, Él no me lo permitió.

Todos por lo general huimos a las aflicciones y enfermedades. Yo intenté huir de la aflicción pero me di cuenta de que esta era el prólogo de la consolación, la antesala del consuelo Divino. Esta era la escuela en la que Dios mismo me consolaría y me enseñaría a no repetir mi necedad. Yo intenté huir de la enfermedad (de la diabetes), pero ahora vivo agradecido con ella, porque esta es un instrumento que Dios usa para recordarme que Su poder se perfecciona a diario en mi enfermedad.

Viviendo con la diabetes.

Hermano, si este es su caso, o si puede asociar su caso con lo que yo he compartido con usted, sea consciente de la enfermedad y de los peligros mortales que esta causa. Sea diligente con el medicamento, esfuércese por ejercitar su cuerpo y persista en la oración. No se ocupe tanto de los años que le quedan con la enfermedad; ocúpese de honrar a Dios cada día, a pesar de la enfermedad, y esmérate en conservar limpio el templo en el que Su Espíritu habita.

¿Qué pretendo al compartir con usted mi vivencia con la diabetes?

Sé que hombres más grandes en estatura espiritual que yo, han escrito acerca de sus dolencias y enfermedades, ¡y vaya si lo han hecho, y han sido de bendición para muchos! ¿Qué pretendo yo al compartir mi vivencia con usted? Recordarle varias cosas:

  • El Señor perdona el pecado de descuidar el templo de Su Espíritu, pero el descuido del cuerpo puede acarrear consecuencias que cambian nuestras vidas
  • Muchas de esas consecuencias, quizás el Señor jamás las remueva de nuestros cuerpos
  • Antes de ir a la gloria de Dios, quizás muchos muramos a raíz de esas consecuencias
  • El descuido del cuerpo deshonra al Señor, pero Dios nos perdona y nos da la gracia para honrarlo.

¿Quiero ser libre de mi diabetes?

No lo sé… ¿Por qué querría deshacerme de una enfermedad que Dios ha usado como instrumento para bien de mi alma y de mi cuerpo?

¿Qué pienso YO de MI diabetes? Que esta me ha ayudado para bien… que esta ha sido una bendición de Dios para mi vida.

Rom 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Nota: Acabo de terminar mi sesión nocturna de ejercicios. No sé si las endorfinas han actuado como causa secundaria en mí al escribir este artículo. Confieso que desde que salí del hospital a mediados de este año, sentí el deseo de escribir un artículo al respecto del drama que viví como consecuencia de la complicación mi diabetes.

Hermanos, muchas de las cosas que narraré a continuación, hasta hoy, pocas personas las saben. ¿Por qué decidí escribirlas cuando soy consciente de que hay personas que profesan la fe que me odian y de seguro buscarán usar este escrito para burlarse, criticarme, o acusarme? ¡Sencillo! Porque estoy más dispuesto a continuar soportando la impiedad de quienes me aborrecen, que callar cuando sé, que si el Señor bendice este escrito, este será de bendición para otros hermanos que están pasando por situaciones similares.

La antesala de la diabetes – mala alimentación

Todo comenzó, creo yo, en al año 1996 cuando llegué a Inglaterra. Soltero, sin dinero y sin la más mínima idea cómo cocinar, me alimenté por casi 5 años de kebabs, pizzas, “fish and chips” y “comida para microondas”. Ya en el 2001, del muchacho fornido de 1,76cm y de 80Kg de peso no quedaba nada. Ahora pesaba 100 Kg y mi cuerpo comenzaba a crecer… ¡pero para los lados!

Además de las consecuencias del consumo de drogas (1989 a 28 de Abril del 2001 – cuestión de la que hablaré en otro escrito, en más detalle, más adelante) el desorden alimenticio ya se había convertido en un mal hábito. Aún después de mi salvación en el 2001, ese mal hábito comenzaba a arraigarse y a convertirse en un estilo de vida que era difícil de replantear.

Mientras tanto, los resultados de exámenes médicos siempre salían bien: buena presión arterial, niveles de glucosa en la sangre, normales; colesterol y triglicéridos normales, etc. Es prudente decir en este punto que por aquel entonces un pensamiento frecuente era “yo estoy bien a pesar de que he aumentado 20 Kg de peso!  (Ya estaba en 100 Kg) … ¡nada de bien! … estaba descuidando mi cuerpo y no se me ocurrió pensar que el cuerpo me iba a pasar la factura de ese descuido más adelante.

La antesala de la diabetes – otros factores como el estrés

A todo eso se sumaba el estrés del trabajo. Como creyente estuve sujeto a presiones inimaginables. Comencé en 1996 limpiando baños sucios en Londres (virtualmente 0 estrés) y para el 2007 era el responsable de las transacciones de equipos electrónicos a nivel EMEA (Europe, Middle East, Africa) de una compañía norteamericana de fibra óptica y telecomunicaciones.

En el 2009 fui ascendido a Instructor y Coordinador Logístico a nivel EMEA de dicha empresa, Literalmente a partir de ese momento comencé a viajar por todo Europa y la antigua Unión Soviética hasta la fecha de mi retiro de la compañía, a finales del 2012. De nuevo, con un “tren de vida” tan agitado y viajando por todo Europa, mi alimentación dependía de hoteles, restaurantes y aeropuertos (aunque no esgrimo excusa alguna si de veras me hubiera querido cuidar como era apropiado). Eso explica mi segundo aumento de peso: otros 20 Kg. Sí, mis hermanos, ya por el 2012 ya rondaba los 120 Kg de peso.

La antesala de la diabetes – ¿todo en orden? Hmmm….

Para entonces, múltiples afecciones cardíacas, abdominales, oculares y auditivas comenzaban a manifestarse abiertamente. A pesar del cúmulo de males que mi mala alimentación, elevado estrés, mucho trabajo y falta de sueño había provocado (a la final yo fui el responsable del manejo inadecuado de estos elementos) los niveles de azúcar y la presión arterial continuaban dentro de los rangos normales.

Desde que llegué a Colombia, llegué a entregarme por completo y de tiempo completo a la obra del Señor. Ya no trabajaba como responsable de más de 240 millones de libras esterlinas (1,056,000,000,000 de pesos colombianos) en material electrónico, pero ahora tenía bajo mi responsabilidad algo de más valor, más importante y que demandaba mucho más cuidado: los redimidos del Señor Jesucristo.

Factores que exacerban la diabetes – el estrés

Cuando reflexiono y miro hacia el pasado, hallo un muy interesante común denominador entre el trabajo secular que tenía y el pastoral que tengo: hasta Julio de este año, ese común denominador fue de nuevo caracterizado por mi mala alimentación, el elevado nivel de estrés, el mucho trabajo y la falta de sueño.

A pesar de siempre haber sido una persona de muy bien apetito, al examinarme no encontraba pecado de glotonería. Lo que sí podía casi que palpar, pero difícilmente batallar, era el estrés inherente a las labores pastorales. Mi manera (equivocada por cierto, pero quizás inconsciente) de lidiar con ese estrés era no alimentándome dentro de los horarios habituales.

Así, pasaron años en los que poco o nada desayunaba porque no me daba apetito; casi nunca almorzaba porque estaba ocupado “en medio de algo”; y así, cuando llegaba la noche, sentía gran hambre y suplía dicha necesidad alimentándome en horas donde no se debe comer, o se debe comer algo muy pero muy liviano.

Factores que exacerban la diabetes – la falta de sueño

Además de ser una pésima práctica que me acarrearía problemas, dicho desorden alimenticio acarreó otro problema: la falta de sueño. Ahora no podía dormir en las noches. Usualmente un día de trabajo típico (hasta antes de Julio del 2019) era así: trabajaba hasta las 4 de la madrugada. Me levantaba entre 7 u 8 de la mañana y continuaba hasta el otro día a las mismas horas de la mañana. Dormía siestas en la tarde, pero el sueño natural de la noche estaba arruinado por completo.

Me recetaron ciertas pastillas para inducir y mantener el sueño. Las tomé por 3 años, desde comienzos del 2016 hasta Julio de este año, para ser preciso.

Factura de cobro: una severa infección a causa de la diabetes

Por mucho que dije querer evitar las consecuencias de un estilo de vida poco saludable, lo cierto del caso es que las consecuencias llegaron. (¿Recuerdan que antes dije que no creía que el cuerpo me fuera a pasar factura? Pues bien, finalmente me llegó la factura a manera de una severa infección entre las áreas inguinal y abdominal.

La infección comenzó a tratarse, pero no cedía, antes se extendía. La frecuencia y la intensidad de los antibióticos aumentó, pero la infección no cedía, se continuaba extendiendo. Se me ocurrió pincharme la “yema del dedo” para medir la glucosa y he aquí, mi nivel era de 520 (el nivel de una persona normal es de entre 70-100) . A raíz de eso, salí para el hospital y decidieron dejarme internado en la sección de Accidentes y Emergencias. Para acortar una historia que es larga, la infección “estaba deleitándose con tanta azúcar en mi cuerpo”. Lo cierto del caso es que decidieron intervenir quirúrgicamente para atacar la infección.

La diabetes haciendo estragos en mi cuerpo

Después de la cirugía, las cosas no marchaban muy bien que digamos. El infectólogo estaba preocupado. Él y el cirujano se miraron el uno al otro de tal manera que mi interpretación de esa mirada fue “esto no se ve nada bien”.

Otro médico me advirtió de un peligro potencial: Si la infección no se podía controlar a pesar de la cirugía y continuaba expandiéndose, quizás ellos comenzarían a estudiar la posibilidad de la presencia de la famosamente devastadora enfermedad de Fournier (le advierto no hacer click en el enlace anterior).

La diabetes haciendo estragos en mi alma

Fueron 5 días de profunda aflicción de espíritu y de reflexión. Me preparé una vez más para ponerme en manos del Señor. 5 días en los que hubo potentes antibióticos intravenosos administrados día y noche. Cuando el medicamento se acababa, ¡venga! … la máquina que regula el paso del mismo, comenzaba a pitar, la enfermera venía prontamente y más antibióticos… fueron días de lágrimas, de arrepentimiento por el mal uso que hice de mi cuerpo por años.

No me excusaré diciendo “pobrecito de mí. Me tocaba muy duro” o “nadie sabe lo que es ser pastor” o “esto me lo causó esto o aquello” … ¡No! Siempre he asumido mis errores, por la gracia de Dios siempre he pedido perdón por mis pecados y esta no sería la excepción. Clamé al Señor. Lloré delante de Él. Como es natural, le pedí que me concediera una oportunidad para vivir de manera saludable.

Comenzando a vivir con la diabetes

Pasaron los días y el miércoles 19 de Junio el médico me dijo “ya es hora de ir a casa y esperar a que la última ronda de antibióticos surta efecto”.

La hinchazón continuó, pero comenzó a sanar poco a poco. Lentamente. Al pasar de los días, la hinchazón mermó. La herida de la operación que tenía una profundidad de más de 10cm y un radio de entrada de casi 1 pulgada: la entrada empezó a cerrar poco a poco. Difícilmente podía caminar por aquellos días, y asearme en la ducha era un desafío de proporciones mayores.

Mis hermanos, mi vida cambió por segunda vez. La primera vez (el día de mi conversión el 28 de abril del 2001), Dios había obrado en mi corazón y pude ver mi pecado y venir a Cristo en arrepentimiento y fe, y ser perdonado y reconciliado con Dios. Jamás volví a consumir drogas. La segunda vez, Dios había obrado en mi corazón también, y había usado la diabetes para enseñarme “por las malas” lo que no quise aprender por las buenas. (es un dicho colombiano que me parece apropiado usar para ilustrar el punto: Dios corrige y castiga cuando persistimos en desobedecerle de alguna manera).

Estoy convencido de que a partir del momento de mi entrada al hospital sufrí un cambio. Entré al hospital pesando 121 Kg y con una glucometría de 520 mg/dl y hoy, 6 meses después, estoy pesando 100 Kg y manejando una glucometría absolutamente normal. Claro está, ayudado por el Señor, a quien le ha placido usar de manera eficaz un medicamento que tomo a diario (que por cierto no es Insulina), y darme el ánimo y la constancia de hacer ejercicio. Aunque he perdido 21Kg, aún me quedan al menos 10 Kg por perder.

La diabetes  como instrumento de Dios y el cambio que Dios obró.

Mis hábitos alimenticios antes del diagnóstico de la diabetes eran terribles; hoy son por la gracia de Dios perfectamente saludables (con algún desliz alimenticio de vez en cuando). Mi vida antes de la diabetes era totalmente sedentaria; hoy hago 45 min de ejercicio 2 veces al día. Antes de la diabetes, no podía caminar más de 100 metros sin cansarme; hoy en día camino diario 4 Km y corro otros 4Km. De hecho, hoy fue el primer día en el que caminé rápido 5 Km y corrí otros 5 Km. Antes de que me diagnosticaran diabetes, tomaba por lo general cierto medicamento que me ayudaba a conciliar el sueño; hoy gracias al Señor, voy a cama cuando necesito y puedo conciliar el sueño fácilmente. Antes, mantenía agotado y cansado, hoy doy gracias a Dios porque me siento alentado y con más deseos de servirle al Señor que nunca antes.

¿Conclusión?

Doy gracias al Señor por la diabetes y por la gracia que me ha concedido para vivir con ella. Muchos médicos y diabetólogos me han dicho que rara vez han visto a alguien cuidarse su diabetes tan bien como lo he podido hacer por la gracia de Dios. Yo sólo le doy las gracias a Dios y la gloria a Él, pues sin su obra el cambio de hábitos hubiera sido casi que imposible. Otros me dicen que dentro de poco ya no tendré diabetes, a lo que suelo responder que la diabetes ha sido una de las más grandes bendiciones que Dios me ha dado en toda mi vida.

La diabetes es una bendición de Dios para mi vida cristiana

Gracias al uso que Dios le dio a mi diabetes, y a la gracia que Él me ha concedido para lidiar con ella, producto de su amor y como respuesta a mis oraciones y a las de muchos hermanos alrededor del mundo que oraron por mí, yo hoy puedo decir sin temor a equivocarme: la diabetes ha sido y es hasta el día de hoy, una bendición para mi vida. Le pido que me crea que lo digo de todo corazón.

Amigos y hermanos, la diabetes fue y continúa siendo aquella cuerda que Dios usó para traerme a una comprensión profunda de la importancia de cuidar el cuerpo, de alimentarlo bien, de descansarlo bien y de ejercitarlo también.

¿Por qué comparto esta historia con usted?

Precisamente porque es una bendición. Mat 10:8 … de gracia recibisteis, dad de gracia.

Pero, ¿por qué comparto esto con ustedes, si hay personas que profesan la fe que me odian y de seguro buscarán en este escrito algo para burlarse de mí, o criticarme, o acusarme, etc…? Sencillo. Porque quiero ser de aliento para otros hermanos que sé que luchan con esta enfermedad, de los cuales algunos están desanimados perdiendo la batalla. Sé también que hay hermanos que luchan contra la glotonería (cosa que no ha sido mi caso), y que viven frustrados porque no pierden el peso que desean. A ellos les digo: ¡Con oración, con una sana alimentación y con ejercicio sí es posible perder peso para la gloria de Dios!

¿Qué necesita? ¡La gracia de Dios para perseverar! Las consecuencias del abuso del cuerpo como lo he descrito en este artículo, en el pero de los casos no desaparecen, y en el peor, tardan mucho en hacerlo.

¿Has sido, como yo, negligente en cuidar tu cuerpo? Ahora seamos diligentes para honrarlo como el templo del Bendito Espíritu de Dios.

Al principio, intenté huir de la diabetes. Gracias al Señor, Él no me lo permitió.

Todos por lo general huimos a las aflicciones y enfermedades. Yo intenté huir de la aflicción pero me di cuenta de que esta era el prólogo de la consolación, la antesala del consuelo Divino. Esta era la escuela en la que Dios mismo me consolaría y me enseñaría a no repetir mi necedad. Yo intenté huir de la enfermedad (de la diabetes), pero ahora vivo agradecido con ella, porque esta es un instrumento que Dios usa para recordarme que Su poder se perfecciona a diario en mi enfermedad.

Viviendo con la diabetes.

Hermano, si este es su caso, o si puede asociar su caso con lo que yo he compartido con usted, sea consciente de la enfermedad y de los peligros mortales que esta causa. Sea diligente con el medicamento, esfuércese por ejercitar su cuerpo y persista en la oración. No se ocupe tanto de los años que le quedan con la enfermedad; ocúpese de honrar a Dios cada día, a pesar de la enfermedad, y esmérate en conservar limpio el templo en el que Su Espíritu habita.

¿Qué pretendo al compartir con usted mi vivencia con la diabetes?

Sé que hombres más grandes en estatura espiritual que yo, han escrito acerca de sus dolencias y enfermedades, ¡y vaya si lo han hecho, y han sido de bendición para muchos! ¿Qué pretendo yo al compartir mi vivencia con usted? Recordarle varias cosas:

  • El Señor perdona el pecado de descuidar el templo de Su Espíritu, pero el descuido del cuerpo puede acarrear consecuencias que cambian nuestras vidas
  • Muchas de esas consecuencias, quizás el Señor jamás las remueva de nuestros cuerpos
  • Antes de ir a la gloria de Dios, quizás muchos muramos a raíz de esas consecuencias
  • El descuido del cuerpo deshonra al Señor, pero Dios nos perdona y nos da la gracia para honrarlo.

¿Quiero ser libre de mi diabetes?

No lo sé… ¿Por qué querría deshacerme de una enfermedad que Dios ha usado como instrumento para bien de mi alma y de mi cuerpo?

¿Qué pienso YO de MI diabetes? Que esta me ha ayudado para bien… que esta ha sido una bendición de Dios para mi vida.

Rom 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.