Mi Amistad con Otros Pastores
Tiempo atrás, comprendí algo que no hubiera podido aprender a menos que lo hubiera vivido: el ministerio pastoral es un oficio caracterizado por las pocas amistades genuinas.
I. Pocos, pero valiosos
Cuento con los dedos de ambas manos a los pastores que puedo llamar amigos de verdad. Durante años pensé que ese número era señal de algún fracaso de parte mía. Hoy estoy convencido de lo contrario. La amistad genuina entre ministros no se mide en su cantidad, sino en la calidad; en la verdad que los une, en los fines comunes que persiguen, en las motivaciones que los gobiernan.
Mis amigos son pocos, no porque sea yo quien eleve el estándar muy alto para que solo algunos pasen, sino porque las Providencias Divinas han labrado progresivamente un criterio más espiritual y bíblico. Ha sido el Señor quien, en medio de las traiciones más viles, de los ataques más rastreros y de las cosas que se «hablan en secreto» en los concilios reformados de este país, me ha concedido amistades más valiosas que el oro de Ofir.
Así las cosas, afirmo sin ambages pero sí con suma determinación que con amistades forjadas en medio de providencias que hubieran hecho desertar a algunos, quizá, vale la pena enfrentar la batalla que se anteponga entre el duro ahora y la gloria futura en la presencia de Cristo. Y por eso me digo a mí mismo, y de paso, a todo ministro fiel: ¡Qué no nos asuste caminar en medio de la malicia, de la oposición, de los ataques! pues con amigos como estos (que no son otra cosa, sino un regalo celestial), la sucia trinchera se convierte en un camino más llevadero, y aun el ataque más impío, es usado por el Señor para unirnos más en Su verdad.
Tengo la bendición de caminar con varones que no negocian la verdad, que no buscan la notoriedad ni el mediatismo, que no se acomodan al espíritu de la época, sino que permanecen sujetos a la Palabra, no suavizando la verdad para conservar relaciones, sino que están dispuestos a perderlas por causa de Cristo.
II. Débiles, pero me animan
Lo más paradójico de estas amistades es que mis amigos pastores no son varones poderosos. Son hombres que también son heridos y sangran en este campo de batalla. Conozco algunas de sus luchas y también algunos de los problemas en sus pequeñas iglesias. Y esa es precisamente la razón por la que cuando me han dicho: «hermano, ánimo… adelante… aguanta», lo creo. Ellos no me hablan desde la seguridad de una montaña, sino desde la trinchera misma. ¿Me hago entender, hermanos? ¡Su ánimo no es discurso vano! — las palabras con las que me animan son su propio testimonio.
Los verdaderos amigos pastores de un ministro no son un lujo, son una necesidad.
Proverbios 27:9 — “El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo del amigo, al hombre.”
Proverbios 17:17 — “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.”

César García, pastor bautista reformado confesional. Casado hace 23 años con Leticia, mi amada esposa, y con dos hijos. Viví en Londres por casi 18 años. Salvo por la gracia de Dios el 28 de Abril del año 2001. Cursé mis estudios teológicos en el Seminario Bautista Reformado de Londres del Tabernáculo Metropolitano (el de Spurgeon). Reconocido y comisionado por el Dr. Peter Masters y los ancianos y diáconos del Tabernáculo Metropolitano. Sólo un instrumento del Señor para la plantación de Gracia Redentora (Pereira, 2013) y de MIREFORMA (Manizales, 2019). ¿Mi anhelo? Llegar a ser un siervo inútil.
