El reciente fenómeno migratoria de creyentes

Por César A. García

La historia de la raza humana ha sido una historia migratoria. Los seres humanos siempre hemos ido de un lado para otro atraídos por nuevas tierras, empujados por el hambre, o perseguidos por la violencia, entre muchos otros asuntos; asuntos que a la postre no son otra cosa que Providencias Divinas en el cumplimiento de Su Decreto eterno.

Creo que gran parte del problema que viven muchas iglesias locales en la actualidad, como causa del abandono de sus miembros relacionadas con asuntos migratorios, en su mayor parte no sólo se debe el bajo aprecio y concepto que los creyentes tienen de sus iglesias locales (poca lealtad hacia ellas, poca gratitud para con ellas, poco sentido de pertenencia a ellas, etc.), sino que se debe a un defectuoso —y en ocasiones irracional y mundano— proceso decisorio que desemboca en el abandono de su iglesia local en búsqueda de tierras más verdes «con mejores horizontes»

Los creyentes estamos sujetos, junto a quienes no lo son, al gobierno soberano de Dios que se manifiesta por medio de sus Providencias. Dichas providencias pueden ser ocasiones que presenten oportunidad para prosperar, tanto como situaciones desafiantes y apremiantes, a las que solemos llamar pruebas. Existe un tipo de pruebas en particular —las económicas— que muy a menudo se constituyen como el motor impulsor que mueve a un creyente a tomar decisiones radicales, como la de cambiar de lugar de residencia, abandonando también su iglesia. No negamos que en ocasiones hay «providencias de providencias» muy particulares y dicientes, pero no dejamos de resaltar también que la mayoría de las razones por las que un creyente deja su iglesia local y emigra a otro país creyendo que allí encontrará solución a sus problemas, son ilegítimas en el mejor de los casos, y pecaminosas en el peor.

¿Dónde está la confianza en el desierto?

Éxodo 13:21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.

¿Es nuestro Dios un «dios» al que solo le alcanza para proveer en Egipto, pero no en el desierto? La historia la conocemos muy bien, pero se nos vuelven a olvidar las enseñanzas al respecto de la bendita y buena Providencia de Dios para con los suyos. En medio del calor del desierto, Dios era columna de nube en el día; en el típico frío desértico nocturno, Dios era columna de fuego; ¿tuvieron sed? Dios les dio agua de beber; ¿tuvieron hambre? Dios les dio pan para comer; ¿necesitaron calzado y vestido? Quizás no estrenaron, pero Dios les proveyó todo eso (Deut. 29:5) — pero muchos en Israel estaban insatisfechos con la provisto por Dios, y las pruebas a las que constantemente estuvieron sujetos les fastidiaban. Mientras estaban siendo probados en el calor del desierto, ellos pecaron y mostraron su pecaminosidad y descontento mirando hacia Egipto y codiciando todo lo que en ese momento no tenían.

Núm 11:5 Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; v6 y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.

¿Por qué miramos con los ojos de la carne para tomar decisiones en la carne y se nos olvidan las grandes declaraciones de fe y confianza en el Señor y en su Providencia? Deseando ser de alguna utilidad para quienes leen estas palabras, les dejo con dos testimonios claros de personas (el profeta y el salmista) que decidieron confiar en el Señor en medio de pruebas, e incluso de escasez, y el Señor jamás les falló.

1. Hab 3:17 Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; v18 Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.

2. Sal 37:25 Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan.

Hay peligros y pecados que quizás no quiere ver…

Hermanos, no es ilegítimo buscar un mejor futuro para la familia, pero sí es ilegítimo pensar que ese futuro necesariamente está en otro país; de hecho raya con lo pecaminoso —al menos para un cristiano— buscar un mejor futuro a expensas del abandono injustificado de su iglesia local; sí es pecaminoso mirar a Egipto cuando el Señor está tratando con su corazón en el desierto de la prueba; sí es pecaminoso que usted desconfíe de Dios en este país, o asuma en su defecto que Él lo va a prosperar en otro; sí es pecaminoso tomar una decisión basada en una motivación egoísta y facilista; es peligroso que no calcule el posible costo espiritual de su decisión (como trataremos de sugerirlo más adelante); y sí es pecaminoso, de hecho, altamente pecaminoso, abandonar sus responsabilidades como padre o madre, o miembro de una iglesia local bíblica.

Cuidado con las consecuencias

El escritor ha presenciado en varias oportunidades las terribles consecuencias de personas que emigran con la esperanza de «una mejor vida» sin darse cuenta que «ese sueño americano o europeo» muy e menudo es para mal de sus alma, y para destrucción de sus familias. ¡Desde luego! que sería una total impiedad desearle el mal a hermanos que se marchan a otros países, y no obstante, uno continúa observando de qué manera estas decisiones continúan estando plagadas de afán, carne, premeditación para mentir, amor al dinero, y falta de contentamiento, entre muchas otras cosas que podríamos citar.

Me lamento hasta el polvo por aquellos hogares que, buscando «un mejor futuro para sus hijos», hoy tienen a sus hijos perdidos en las drogas y a sus hijas apartadas del camino que una vez transitaron con sus padres; me lamento por los esposos que, procurando no estar tan estrechos y apretados económicamente, hoy están con dinero (tal y como lo querían), pero divorciados (ya no les importa). En ningún momento se insinúa que estas cosas siempre suceden a todos los que emigran; solo se recuerdan porque lamentablemente este es un patrón observable en muchos de quienes piensan que en España o en Estados Unidos hay un mejor futuro.

Hermano que piensas emigrar, un consejo, entre muchos que quizás desearía darte, pero que no pides porque sabes qué pienso de este asunto. Un consejo: ¿quieres dejar tu país para procurar un futuro más cómodo? ¡Ten cuidado de lo que deseas! Porque la decisión de emigrar es uno de esos asuntos que, cuando entra en tu corazón, no salen de allí hasta que sean llevados a cabo. El deseo de tener más no sólo enceguece a quienes por dinero asesinan, sino que también enceguece a quienes persisten en desatender el consejo de Dios en Su Palabra.

¿Deseas agradar a Dios? ¡Ruega a Dios que no te deje hacer lo que quieres! … a la postre, no hay peor cosa que Dios retire de nosotros la luz de su Espíritu y nos deje a merced de la ceguera de nuestros propios deseos.

El costo de emigrar es altamente pecaminoso.

¿Cuál es tu postura al respecto de una persona que sabe que va a hacer algo pecaminoso, pero que dice «lo haré y luego me arrepentiré»?

Quiero que preste atención a algunos de los pecados a los que se exponen las personas que, so-pretexto de un mejor futuro, emigran a otros países, violando la Ley del Señor una, y otra, y otra vez.

  1. Posible violación del Cuarto Mandamiento: Muchos de los trabajos para migrantes demandan ocuparse el primer día de la semana. A menudo el emigrante no tiene opción más que violar el Cuarto Mandamiento flagrante y abiertamente. ¿lo harás, y luego te arrepentirás?
  2. Segura violación del Quinto Mandamiento: Entrar a un país a violar la ley migratoria y laboral de ese país es una inequívoca violación de este mandamiento.
  3. Segura violación del Noveno Mandamiento: Tendrás que mentir al entrar al país, y estarás viviendo en el pecado de la mentira cada día que permanezcas en ese país. Aún en caso de que en la entrada no te pregunten ¿a qué viene a España, caballero? el saber que tienes otras intenciones diferentes a las estipuladas en la visa el turismo que presentas, te hace un mentiroso. (La mentira no se consuma por el acto de la palabra, sino cuando es pensada y sostenida en la mente)
  4. Segura violación del Noveno Mandamiento: Desear que Dios te provea en otro país aquello que a Él no le ha placido proveerte en el tuyo, es un acto de falta de contentamiento, lo que es una violación del mandamiento.

Aprende de quienes pidieron consejo sin tener en sus corazones el deseo de obedecerlo.

Querían emigrar y pidieron consejo de Dios, prometiendo cumplirlo sea cual sea…

Jer 42:1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor, y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos) v3 para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer. v4 Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra. v5 Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros. v6 Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien.

Consejo les fue dado: «No salgan del país rumbo a Egipto»

Jer 42:7 Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías. v9 y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia: Jer 42:10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. Jer 42:11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano; Jer 42:12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.

Una amenaza fue entretejida en el consejo de Dios

Jer 42:13 Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios, Jer 42:14 diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá moraremos; Jer 42:15 ahora por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para morar allá, Jer 42:16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis. Jer 42:17 Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ello

El pueblo desestima el consejo de Dios de no salir para Egipto, no temiendo Sus amenazas.

Jer 43:1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos, v2 dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí,

El pueblo emigra hacia Egipto

Jer 43:7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.

¿Qué fue del pueblo?

Jer 43:8 Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo: v9 Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá; v10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas. v11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada.

¿Enseñanza? El mal que quisieron evitar los encontró a ellos, y el bien que quisieron obtener para ellos y sus familias, nunca lo obtuvieron.

Palabras finales

Deseamos el bien espiritual, incluso de nuestros opositores y enemigos; pero más deseamos que nuestros hermanos no sigan ni los caminos ni las motivaciones del mundo, y aún muy por encima de eso, deseamos que nuestros hermanos busquen en la Palabra y sigan el consejo de Dios… consejo, que, por cierto, difícilmente lo alejará de su iglesia local, y absolutamente jamás lo llevará a violentar la Ley de Dios para conseguir lo que quiere.

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