Publicada el 19 de Nov del 2020

Cristo es nuestro refugio

Los puritanos solían decir que el Señor Jesucristo representaba un santuario para los santos: un santuario en el que ellos estaban seguros, en el que ellos adoraban a Dios y en el que había salvación, certeza, gozo y bendiciones en abundancia. Y es cierto… en Cristo, somos salvos de la ira de Dios, de la maldición de la ley y de las asechanzas de Satanás. Cristo es la Roca en la que se cimenta la iglesia, y, por ende, el sostén más seguro para las almas de aquellas piedras vivas que la componen.

¡Ese bendito Cristo es nuestra ciudad de refugio! En Él somos librados de nuestros adversarios, y por Él somos protegidos de nuestros temores, tormentas y tentaciones. ¡No hay otro refugio para el pecador más firme o más seguro que el Señor Jesucristo! de hecho, Él no es un mero refugio, ¡es el Refugio, el único refugio!… Él es nuestro Castillo Fuerte al que nadie puede entrar para hacernos daño, y nuestro Ebenezer (Roca de nuestra salvación) que nadie puede desarraigar para derribarnos.

Pero Cristo también es nuestro refugio en términos de provisión, pues ¿de qué servirá entrar en un refugio para que el enemigo no acabe con nuestras almas, si allí nuestras almas morirán de hambre? ¡Si en ese refugio no hemos de hallar descanso para nuestro espíritu, confort para el corazón y alimento para nuestras almas, igual da que nos coma el enemigo afuera! … pero cuando entramos «en el refugio de Cristo», o “en el Cristo del refugio”, nada le hará falta a nuestras almas, pues si vivimos, en Él vivimos, y por Él seremos provistos de todo lo que nos haga falta para glorificarle conforme a Sus riquezas en gloria; y si morimos, en Él morimos y de Él tendremos provisiones inmensurables de gracia, por los siglos de los siglos.

Así que el futuro de su alma depende de si usted ha entrado «EN» el refugio (en Cristo), o aún permanece «FUERA» del refugio (separados de Cristo). Si ha entrado «EN» el refugio, recuerde que una vez adentro […] nadie las arrebatará de Su mano (Jn 10:28 ) ¡Ah! pero si usted aún no ha entrado, no se olvide de la advertencia […] separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:5), pero sobre todo, de las promesas […] el que por mí entrare, será salvo (Jua 10:9), y […] el que a mí viene no le echo fuera (Jua 6:37).

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