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Texto base

Deu 11:19 Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes.

Usted es responsable de sus hijos

Desde el principio es necesario ser claro; y si para algunos lo que diré a continuación suena un poco dogmático, ruego comprensión, aunque no excusas:

La educación de los hijos más que una encomienda, es una santa comisión que Dios les hace a los padres.

La educación no es responsabilidad del estado, ni de los colegios, ni de las escuelas, ni de nadie, sino de los padres. Ahora, si los padres deciden enviar a sus hijos a escuelas y colegios, lo hacen en ejercicio de esa responsabilidad sin querer esto decir que quedan exonerados de cerciorarse del cumplimiento de dos aspectos: el primero, que la información recibida de parte del ente educativo no colisione con los valores cristianos que se le inculcan en casa y que el hijo ve en la iglesia; el segundo, que los padres son los actores primarios en la educación religiosa de sus hijos, y por ende, los directos responsables de educar a su hijo no sólo en los asuntos del Señor, sino conforme a Su voluntad.

Entonces, no es el estado el ‘ente’ responsable de la educación de los hijos, sino los padres; no son las normas del estado las que rigen la educación de los hijos, sino las leyes, estatutos y preceptos consignados por el Espíritu Santo en la Escritura.

Pero hablando de la responsabilidad de la educación de sus hijos, no podemos dejar de hablar de lo que sucede cuando en uso de esa responsabilidad, usted le confía dicha educación a escuelas y colegios. En teoría, los maestros deberían limitarse a instruir a sus hijos en los asuntos que les aporten el conocimiento para su normal desarrollo académico. Pero eso es en teoría, porque en la realidad sucede todo lo opuesto. En la vida real, encontramos a diario un choque; un pulso entre la parte de la educación piadosa y Escritural que sus hijos reciben de ustedes en casa, y aquella que ellos reciben de otros en los centros de educación. Debemos reconocer la realidad de ese conflicto, y negarlo no nos ayudará para nada en la tarea que tenemos de criar a nuestros hijos y de levantarlos en el amor y temor a Dios y a sus mandamientos.

Si encontramos tacho en la práctica repudiable de aquellos que tienen hijos y que luego delegan la crianza de ellos a los abuelos del niño; y si encontramos grandes reparos con aquellos padres cristianos que creen que enviar a sus hijos a las escuelas o colegios, los exime de la responsabilidad que ellos tienen de contrarrestar activamente cualquier enseñanza impía que mane de estas instituciones, ¡cuánto más reparo! deberíamos tener con la negligencia de algunos padres que profesan la fe cristiana y que no participan activamente en la crianza piadosa de sus hijos.

Sean recordados estos padres que, en última instancia, la responsabilidad de cerciorarse de la calidad de la información (tanto secular como religiosa) que reciben sus hijos es de ellos y no de terceros, sean estos abuelos, escuelas, colegios, gobiernos, etc. Desde un punto de vista práctico, el padre es responsable, o de educar a su hijo en casa (si bien esta no es una obligación, sí es un derecho que debe ser libremente ejercido), o de cerciorarse de que su hijo no esté siendo educado de una manera antagónica a la Ley de Dios.

Sería algo totalmente irracional pensar que Dios nos bendice con hijos, y que luego nos deja en plena libertad de escoger cómo educarlos. El señorío de Cristo debe primar en todo asunto, y este no es la excepción: Dios nos bendice con los hijos y a la vez nos encarga de una manera especial que los criemos para Él, de la manera como Él lo estipula.

Si usted no educa a sus hijos de buena gana, otros lo harán por usted para su desgracia

Si usted sabe que el mundo aborrece a Dios; si sabe que no hay nada más satisfactoria para Satanás que corromper a sus hijos; si usted es consciente de que vive en medio de una sociedad corrupta y repleta de enseñanzas ateas, humanistas y materialistas que presionan a sus hijos para que las adopten, acepten y practiquen… ¿qué está esperando usted mi hermano para darle la prioridad que merece la educación espiritual y piadosa que Dios le ordena impartir a sus hijos? ¿No se da cuenta, que, si usted como padre no influencia a su hijo de una manera bíblica, los colegios en los que estudian los van a influenciar de una manera mundana? ¡Hermano, si su hijo no es instruido y educado positiva y piadosamente por usted, el mundo lo hará por usted y lo hará a su manera; a saber, el mundo le enseñará a su hijo lo que usted no quiere que ellos aprendan, pero, sobre todo, el mundo le enseñará a aborrecer a Dios y a rebelarse contra Él, ¡so pretexto de una búsqueda humanista de libertad y del libre desarrollo de su personalidad!

¿Ama a sus hijos? ¡No escatime tiempo en su educación!

El amor que nosotros tenemos por nuestros hijos, solemos en ocasiones confundirlo con la dación de regalos y similares; en otros casos más serios, con el no disciplinarlos y evitar darles la vara que en ocasiones es justa y necesaria. ¡Estas cosas no son amor! El amor de un padre para con su hijo viene de Dios, se adhiere a lo que la Palabra de Dios ordena, y tiene como fin, crear en los hijos amor por el Dios de la Palabra (claro, por Su gracia, y con la ayuda de Su Espíritu).

Si ama a sus hijos, prepárese para los tiempos devocionales: ¡es su oportunidad para enseñarles la verdad!; como padre, pida a Dios que bendiga su testimonio en el seno del hogar: ¡es su oportunidad para enseñarles cómo se vive la verdad que le enseña!; dedíqueles tiempo, e interésese por aquello que les enseñan en las escuelas; si no hay colisión entre los valores cristianos que usted le inculca y los que recibe en la escuela, ejerza prudencia y continúe vigilante, pero si hay colisión, no dude tan siquiera por un segundo, corregir persistente y decididamente toda enseñanza atea, progresista, inclusionista, y similares, a las que sus hijos puedan estar siendo sujetos…

Resumen

¿Quiénes son los llamados por Dios a la enseñanza de los hijos? Los padres… Deut. 11:19a Y las enseñaréis a vuestros hijos

¿Requiere Dios algo de estos padres? Sí; dos (2) cosas.

  1. Los padres deben ser referentes de amor un por Dios que se manifieste en la obediencia de aquellas cosas que ellos mismos habrían de enseñar a sus hijos Deut. 11:1 Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días
  2. Los padres tenían el deber de conocer y la Palabra de Dios y de ser sumamente diligentes con su observancia Deut. 11:18 Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.

¿Cada cuánto hay que educar a nuestros hijos? En todo momento. Deut. 11:19b […] hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes.

Conclusión

No permita que la influencia sobre sus hijos la tengan los influenciadores del YouTube, ni sus amigos, ni los ideales del mundo, ni las ideologías particulares de las escuelas; esfuércese delante del Señor por ser el mejor maestro de sus hijos tanto en doctrina como en práctica, y pídale al Altísimo la gracia necesaria para que usted, y no el mundo, sea la influencia que prevalezca y moldee la vida de sus hijos.

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