¿Quiénes pueden contenerse?

Es fácil comer; más no es fácil, hacer dieta. Es fácil criticar; más no es siempre fácil aceptar críticas. Es fácil hablar y por lo general no es fácil callar.

En ese orden de ideas, es muy fácil que otro hable de uno pero no siempre es fácil para nosotros resistir la tentación de responder, creyendo que la respuesta es una obligación y no una opción. No generalice y sea honesto. Hay cosas por las que moriríamos en la batalla (El Evangelio, para mencionar una sola “cosa”), pero en realidad hay otras nimiedades y trivialidades que demandan de nosotros poder… sí, poder para contenerse y así honrar a Dios por medio de nuestro silencio.

Así que, creer que responder a una crítica o a un señalamiento es una obligación más que una elección libre. comete un error.

Entonces, el punto de la presente meditación no es que el creyente siempre tenga que callar sin importar qué, convirtiéndose así en una persona amedrentada y desmesuradamente humilde, cosa que ya traspasa la línea del servilismo (cuestión opuesta al carácter de un creyente.) El punto es el poder que el creyente tenga para refrenarse de responder cuando así sea prudente.

El creyente es una persona que por la gracia de Dios tiene la capacidad para discernir si las circunstancias, o la persona a quien se pretende responder, amerita su respuesta; también, si dicha respuesta a su vez glorifica a Dios.

Nuestro Señor es el mejor ejemplo de que dependiendo de las circunstancias, lo más sabio es callar:

Mat 26:62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?

Mat 27:12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. v13  Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? v14  Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.

o en el pasaje paralelo vemos el punto más claro aún…

Mar 14:60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? v61 Mas él callaba, y nada respondía

Estas no eran nimiedades, eran acusaciones serias. Aún así, sería bueno que se pregunte ¿Podía responder el Señor ante las falsas acusaciones? ¡Desde luego que podía! Incluso, y humanamente hablando, la ley le otorgaba el derecho a la defensa. ¿Tenía argumentos nuestro Señor para responder? Él es la Verdad encarnada y el Poder de Dios y la Sabiduría de Dios. Él es el Argumento mismo, podríamos afirmar; por supuesto que tenía todos los argumentos para hacerlo. ¿Tenía la obligación de responder ante los señalamientos y falacias en su contra? No; no tuvo que hacerlo; y ¡ese es el punto!

A manera de legítima aplicación: debemos ser lo suficientemente sabios y tener el suficiente autocontrol para saber cuando hablar y cuándo callar. 

Creo que con las aclaraciones pertinentes, Ecl.3:1-8 nos ayuda a comprender el punto en cuestión

“[…] hay tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar

Hermanos, gloria damos a Dios por los señalamientos, porque estos sólo son instrumentos que Él permite de manera Soberana para probarnos. Gloria damos a Dios por Su sabiduría, la que opera en nosotros sus hijos, y con la que podemos discernir entre la respuesta y el silencio. Gloria damos a Dios por Su gracia, sin la que careceríamos de poder para contenernos, y sin la que seríamos esclavos del teclado de un ordenador prontos a responder a cuanta ofensa o descortesía recibamos.

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