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Ten cuidado, mujer… cuídate a ti misma y cuídate de ti misma, quienquiera que seas… cuida tu alma… cuídate de aquellas concupiscencias, consejos y consejeros que te llevan a violar el modelo establecido por el Señor.

El orden trastocado en la iglesia

Sobra recordar que los antivalores reinan en este mundo, que su ética es de nivel rastrero, y que estas cosas salpican, en ocasiones, a quienes integran la iglesia del Señor.

Uno de los asuntos más polémicos en algunas congregaciones es aquel del orden establecido por el Señor en la Creación, es decir, del orden de responsabilidades y de liderazgo que Dios le otorgó al varón sobre la mujer, y de sus implicaciones a nivel familiar y eclesial.

Desde la perspectiva eclesial, considero innecesario entrar en detalles (para efectos de este artículo), salvo lo que se afirma a continuación como punto de apoyo. La inmensa mayoría de los círculos pentecostales y carismáticos se constituyen en la prueba irrefutable de que el orden Divino ha sido violentado; el matriarcado (entiéndase por matriarcado el predominio o fuerte ascendiente femenino en una sociedad o grupo[1]) reinante en el seno de las iglesias es vergonzante, si usted conoce la Biblia y lo que esta dice al respecto del ministerio de la enseñanza en la iglesia.

Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.

1 Timoteo 2:12

Tanto ha sido trastocado el orden Divino en el seno de las iglesias, que ahora hay hasta “iglesias reformadas” con damas usurpando el rol del varón como pastor, y varones carentes de ánimo y valor que lo permiten.

Expresiones como “aquí en esta iglesia, la pastora es la que mejor predica”, o, “la esposa del pastor es la que tiene los pantalones”, son lamentables recorderis del estado de decadencia en el que muchas iglesias se encuentran. Pero la transgresión del orden establecido por el Señor al respecto del liderazgo masculino no sólo se presencia en iglesias, sino en hogares. De hecho, antes de que la mujer usurpe el lugar y la autoridad que Dios le ha dado al varón en la iglesia (en lo público), ya lo ha hecho en su propia casa en lo privado. Así, pues, la afectación la debemos buscar en realidad en la causa primaria (el seno de su hogar), no en las trágicas consecuencias contemporáneas (en el seno de la iglesia).

¿Cuándo comienza el desorden?

Con la caída en el pecado.

A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

Génesis 3:16

Con nada que añadir a la perfecta Palabra del Señor, no obstante creo que es importante resaltar el significado del verbo “enseñorear” en su original Hebreo משׁל (Mashal). Esta palabra se usa con mayor frecuencia en el texto para expresar «el gobierno o dominio» de una persona sobre otra, tal y como aparece en este versículo. Si bien es claro que tanto Adán como Eva tenían una igualdad absoluta en lo que respecta a dignidad delante de Dios, no es posible inferir que el Señor les haya dado a ambos una igualdad en lo tocante al liderazgo.

La enseñanza bíblica es clara:

·      Adán fue creado primero que Eva; Génesis 2:7.

·      Dios pactó con Adán (no con Eva) vida a cambio de obediencia; Génesis 2:17.

·      Dios delegó a Adán, no a Eva, la potestad de “ponerle nombre” a las bestias del campo; Génesis 2:19.

·      Dios llamó a la futura mujer de Adán “ayuda idónea” (Génesis 2:20) lo que implica que la varona sería creada para ayudar al varón, ¡no para gobernarlo!

·      Dios creó a Eva de Adán; Génesis 2:22

Con lo anterior en mente, no creemos que “la caída en el pecado” haya sido la causa por la que Dios le haya concedido al hombre el liderazgo sobre la mujer. Recordemos que todo lo que Dios había hecho en 6 días no fue sólo bueno… ¡fue bueno en gran manera! Génesis 1:31 (se subentiende que todo lo creado por Él incluye también el orden relacional establecido que gobernaría las interacciones entre seres humanos y criaturas, y por supuesto, entre los mismo seres humanos)

Así las cosas, el orden en lo tocante al liderazgo y a la responsabilidad del hombre, lo estableció el Señor en la Creación
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. Lo único que el Señor hizo después de la caída en pecado, fue reiterarle a Eva de manera explícita que, como ayuda idónea, ella no se gobernaba a sí misma, sino que era su esposo Adán a quien Él le había ordenado gobernar, presidir, y ejercer dominio piadoso sobre ella; o puesto de otra manera, ¡como ayuda idónea, ella estaba para ayudar el gobierno de Adán, no para gobernarlo a él!

Lo que sucede es que, a partir de ese momento, a la mujer le costaría sujetarse al varón a causa de su pecado.

Habiendo establecido aquello que Dios demanda del varón, queda una pregunta…

¿Qué demanda Dios de la mujer?

Es indiscutible que la Escritura demanda que dicho trato/gobierno del varón para con su esposa sea amable, cortés, sabio y delicado, en virtud de la naturaleza de la mujer. No es justificable bajo ningún punto de vista inferir que la mujer es un ser inferior, débil o incapaz… ¡todo lo contrario es cierto! – El Señor le da a la mujer un puesto en honra a la altura del varón en el sentido de que ambos fueron creados a Su imagen y semejanza, pero diferente al del varón en lo concerniente a dominio, liderazgo y responsabilidades.

Pero, a menos que usted no crea en la literalidad de Génesis, que haya sido influenciada por el movimiento feminista, o que crea que hay que “contextualizar” la Palabra de Dios y acomodarla a las épocas, y similares, Dios demanda de la mujer que se sujete al gobierno del esposo sobre ella. ¡Eso es claro y evidente!

… por la voz de Pablo

Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén [sujetas] a sus maridos en todo.

Efesios 5:24

La orden de Pablo para con la mujer es absolutamente la misma que reiteró explícitamente el Señor en la Creación: ¡gobierno piadoso del varón… sujeción de la mujer en todo! … claro, salvo en lo que respecta a indicaciones impías o inmorales que vayan en contra de la misma Palabra de Dios.

… por la voz de Pedro

Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas.

1 Pedro 3:1

La enseñanza del Apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, va totalmente en línea con lo implícitamente establecido por Dios antes de la caída (ver las 5 razones del liderazgo del varón que citamos anteriormente), con lo explícitamente promulgado después de la caída (Gén 3:16), y a lo repetido anteriormente por medio del Apóstol Pablo (Efe 5:24) – ¡La autoridad sobre la mujer le pertenece a su esposo y a nadie más que al esposo! (cuando está casada)

¿Pero qué pasa cuando la mujer no está casada, es abandonada o ha enviudado… es decir, ¿qué pasa cuando una mujer no está bajo el gobierno piadoso de un varón con carácter?

Desafíos de las mujeres.

La labor de sujeción de la mujer para con el varón (y el gobierno piadoso y ejemplar del varón para con su mujer) fueron asuntos que se complicaron con la caída; es decir, la obediencia del hombre para con su misión de gobernar a la mujer, y la obediencia de la mujer para sujetarse a ese gobierno, comenzaron a ser asuntos dificultosos, y en ocasiones álgidos. La lucha de egos y personalidades se comenzaría a manifestar en los hogares con graves e irreversibles consecuencias, y como testifica el despliegue del Decreto de Dios en el teatro de la redención (mundo), a medida que el tiempo pasa la sujeción se hace más difícil.

En conclusión, el pecado en el corazón del varón comenzaría a dificultar la ejecución de un gobierno seguro, amable y piadoso sobre su esposa, y en el de ella comenzaría a cuestionar la idoneidad de su esposo para gobernar; es así como estos asuntos quedaron profundamente afectados por el pecado en el Jardín del Edén.

No deseando escribir un tratado extenso, sino un artículo útil principalmente para las damas, deseamos resaltar un par de asuntos que pueden ser considerados como riesgosos para una mujer, y al respecto de lo que aconsejamos en todo respeto cristiano, ¡tengan cuidado!

A continuación, algunas de las causas que deben ser consideradas por ellas, particularmente:

1. Vació de autoridad varonil por negligencia

Un hombre débil en el gobierno de su hogar propicia el pecado en su hogar en el sentido de crear un vacío de autoridad que la mayoría de las mujeres pecaminosamente llenan. ¡Cuidado! jamás la falencia de un hombre de gobernar su casa conforme a la Palabra de Dios se constituye en la excusa que impulse a su esposa a decir “me tocó a mí”. No obstante, el hombre que no gobierna su casa no sólo es desobediente al orden establecido por Dios, sino que es una tentación para que su esposa también desobedezca y se apropie de una autoridad que el Señor nunca le delegó a ella.

Si es que el esposo es hombre de poco carácter, él debería procurar -por el bien de su hogar y para la gloria de Cristo- buscar en oración dicha gracia, y de ser posible, complementar con ayuda pastoral. Mientras el Señor obra, su esposa debe ser paciente y cuidadosa con su alma con el propósito de no ceder ante la voz de la serpiente que muy probablemente le dice “toma el control, tu esposo es un hombre débil” – Lo enfatizamos: No obstante el carácter del varón, la mujer no tiene excusa para usurpar la autoridad del varón en ninguna circunstancia. Si lo hace, ya no es uno de los dos en pecado (el varón que no gobierna juiciosamente su casa) sino los dos (él y su esposa que está gobernando en su lugar).

El objetivo, en todo caso, es que cada una de las partes se sujete a la Palabra del Señor, cumpla con las funciones o roles particulares consignadas allí, y honren al Señor ocupando cada uno el lugar y orden que el Señor estipuló en su diseño original. Mujer: la sujeción a su esposo no es un sinónimo de servilismo, ni es un reflejo de inferioridad o de menor valor; es el producto de la gracia Divina en su corazón que la lleva a honrar a Dios, honrando a aquel a quien Dios ha puesto para que la presida.

2. Vació de autoridad varonil por viudez, abandono, o divorcio

Existen damas piadosas a quienes lamentablemente les toca asumir el papel de autoridad de la casa porque fueron abandonadas irresponsablemente por sus esposos. El lector sabrá comprender que estos casos son excepciones a la regla y no la regla. En este grupo podemos también añadir a aquellas hermanas piadosas quienes lamentablemente han sufrido la pérdida de sus esposos.

Partiendo de la base que un gobierno piadoso -no perfecto- es una bendición de Dios, estimo que las damas que no gozan de dicha bendición, sea la razón que sea, deben esforzarse el doble por honrar al Señor sujetándose al señorío de Cristo. Entendiendo que este es deber de todo creyente, ahora no obstante, es imperativo para las mujeres solteras, viudas o abandonadas establecer honesta y más claramente la figura de la autoridad de Cristo en sus vidas y hogares, de tal manera que por medio de su obediencia a la Palabra, la gente testifique de su sujeción a la autoridad Divina.

Se subraya que es lamentable ver algunos casos de mujeres divorciadas, abandonadas o viudas, que no están bajo el gobierno de un varón, y que tampoco parecieran estar bajo el gobierno de Cristo, por las obras que hacen… por las palabras que dicen.

En conclusión, ser mujer y no estar sujeta al gobierno de un varón piadoso, es en sí algo serio y peligroso para su alma. Usted es llamada a preservar su alma del engaño de creer que usted es gobierno para sí misma.

Entonces, si bien estar sujetas a la autoridad del varón es algo bueno y necesario para el alma de la mujer, exhorto a quienes no están sujetas al gobierno de un esposo fiel y piadoso, a procurar estar ahora muchísimo más sujetas a la autoridad de Cristo, pues Él será de consuelo y gozo, y llenará -en ciertas maneras- el vacío en su vida, incluso el de la autoridad que su esposo ha dejado al abandonarla o al morir.

De regreso a lo establecido

La vida del verdadero creyente es una vida de reformarse (entendemos, con el favor de Dios) conforme a la revelación del Señor en Su Palabra. Los tiempos cambian y las personas con sus ideologías también, pero ¡no el Señor y lo que Él estableció como patrón de conducta! – El hombre es igual a la mujer en dignidad y honor, pero la preside en autoridad, gobernándola de una manera protectora y benigna para con ella, y honrosa para con Dios. El pecado impide que cualquier gobierno ejercido por el varón sea perfecto (y por ende la sujeción de la mujer también), pero parte de su batalla personal en contra del pecado tiene como propósito gobernar mejor (al varón) y sujetarse más apaciblemente (a la mujer).

Este escritor repudia por completo la autoridad que anti bíblicamente le ha sido añadida al varón en detrimento de la libertad de la mujer. Nadie puede robar el puesto de autoridad que Dios le ha dado al varón, y nadie puede instar a la mujer a que usurpe dicha autoridad so pretexto de un asunto u otro.

Ten cuidado, mujer… cuídate a ti misma y cuídate de ti misma, quienquiera que seas… cuida tu alma… cuídate de aquellas concupiscencias, consejos y consejeros que te llevan a violar el modelo establecido por el Señor, y procura por el contrario la gracia de Dios para sujetarte con contentamiento a la autoridad que Dios haya establecido sobre ti, pues por medio de una sujeción gozosa tus acciones dan gloria a Dios y testifican de la sujeción tuya para con tu Creador.

[1] Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua

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